Es muy IMPORTANTE leer este trabajo: Café y Cooperación – Un Circuito Económico Comunal en Tiempos de Bloqueo…

Parte 1)

En la región montañosa cafetalera del municipio Morán, en el estado Lara, generaciones de familias campesinas han construido su vida sembrando café. Las lomas empinadas, las mañanas de neblina y el duro trabajo físico forman parte de la vida diaria en este territorio, donde el café no es solamente un cultivo, sino una forma de organizar el tiempo, el trabajo y la comunidad. En los últimos años, esta larga historia de cooperación ha tomado una nueva forma a través del Circuito Económico Comunal Vida Café, una iniciativa que reúne siete comunas cafetaleras en un esfuerzo conjunto por sostener la producción, la vida y la organización colectiva bajo condiciones adversas.

Los circuitos económicos comunales son iniciativas promovidas por el gobierno bolivariano para organizar la producción, el procesamiento, la comercialización y la reinversión a nivel territorial, buscando funcionar fuera de la lógica del mercado capitalista. Vida Café es uno de esos circuitos: un proyecto relativamente reciente, pero sólido, que reúne productores libremente asociados organizados dentro de sus comunas, al mismo tiempo que atiende necesidades más amplias de la comunidad, como infraestructura, comunicaciones y acceso a la salud y los servicios. El café sigue siendo su columna vertebral productiva, pero el horizonte del circuito es más amplio: la reproducción de la vida y la dignidad en el territorio.

Este trabajo testimonial explora los orígenes, el funcionamiento y el significado de Vida Café a través de las voces de las personas que lo construyeron. En esta primera entrega, los comuneros y comuneras reflexionan sobre la historia del territorio y sus prácticas históricas de cooperación. Las próximas entregas profundizarán en los esfuerzos organizativos detrás del Circuito Económico Comunal, forjado durante algunos de los años más difíciles del bloqueo estadounidense. Lo que emerge no es solamente una historia sobre sembrar café, sino —más importante todavía— sobre construir comuna, resistencia colectiva y el esfuerzo permanente por construir soberanía económica.

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Echando raíces en un territorio

Norkys Ramos: Antes de que nuestros abuelos y bisabuelos llegaran a este territorio, pueblos indígenas vivían en estas montañas: eso nunca debemos olvidarlo. Más tarde, particularmente en el siglo XX, la zona volvió a poblarse. La gente fue llegando poco a poco a estas montañas. Y cuando llegaron, se quedaron para siempre.

Aquí levantaron su vida. Sembraron café, pero también otros cultivos y criaron ganado. Al principio no era solamente café. Con el tiempo, el café se volvió el cultivo principal, porque esta tierra es muy buena para eso, porque tiene sentido económicamente y también porque hace muchas décadas hubo planes gubernamentales que impulsaron la producción cafetalera aquí.

Estamos bendecidos con una tierra generosa y con un clima que produce uno de los mejores cafés del país. Por eso la gente se quedó aquí, y por eso el café terminó dándole forma a Villanueva.

Enrique Guédez: Yo nací en 1960. Todo lo que sé del café lo aprendí de mis abuelos, que eran caficultores. En aquel tiempo el café era de variedad criolla. No lo llamábamos orgánico; sencillamente lo era. No usábamos agroquímicos ni fórmulas, y no dependíamos de empresas que imponen sus prácticas de despojo empujando productos que queman la tierra y crean dependencia. El café se cultivaba con lo que la misma tierra ofrecía y con conocimientos forjados en la práctica, no impuestos desde afuera.

En la taza, aquel café era incomparable por la profundidad de su sabor. Muchas décadas después, sigo esforzándome por preservar los conocimientos y las prácticas de mis antepasados.

La gente se asentó en este territorio principalmente para sembrar café. Llegaban, limpiaban el terreno, abrían caminos y poco a poco levantaban sus casas. Eso no pasó rápido. Tomó décadas. Pero esa gente se quedó. No vinieron a probar suerte e irse; echaron raíces aquí. Así fue con mi familia.

El café organiza la vida. Todos sabemos cuándo toca sembrar, cuándo toca podar, cuándo hay que prepararse para la cosecha. El año se divide según el ciclo del café. Las familias y la comunidad planifican alrededor de eso.

Johnny Valera: Mis ancestros fueron caficultores y yo crecí aquí mismo, en esta ladera, entre los cafetales. Todas las mañanas caminaba bastante para ir a la escuela, entre el frío húmedo y la neblina espesa que se queda sobre los árboles durante la noche. Pero mi oficio no lo aprendí en la escuela. Lo aprendí de mis mayores, trabajando todos los días desde muy muchacho: estando en la tierra, viendo cómo crecen los cafetos, cómo espantar las plagas usando métodos naturales y aprendiendo cuáles condiciones ayudan a que den mejores cosechas.

Entre mi familia y yo tenemos diez hectáreas de café.

Esa tierra nos da de comer, pero no sola. Nos alimenta porque trabajamos duro y porque nunca trabajamos solos. Aquí, si un vecino necesita ayuda, uno lo ayuda. Si alguien necesita trabajo, trato de dárselo. Así es como la gente sobrevive aquí arriba.

Pero este territorio es más que trabajo. Los guerrilleros —los de las luchas armadas de los años sesenta y setenta— pasaron por aquí. La gente no habla mucho de eso, pero fue así. Cruzaron estas montañas y dejaron historias y enseñanzas que todavía siguen con nosotros. Las llevamos encima mientras seguimos defendiendo nuestra soberanía y la Revolución Bolivariana, como parte de una historia mucho más larga: desde la lucha por la independencia, hasta las guerras campesinas antioligárquicas dirigidas por el General Ezequiel Zamora en el siglo XIX; desde la lucha guerrillera hasta la rebelión popular de 1989 [Caracazo].

¡El café, la tierra, nuestro trabajo duro y un pedacito de esa historia… así fue como llegamos hasta aquí! Ah, y trabajando juntos. ¡No se puede sembrar café solo!

Guédez: En los años sesenta, el Ministerio de Agricultura y Cría llegó al municipio Morán con programas orientados a modernizar la producción. Trajeron orientación técnica y formas estandarizadas de trabajar.

Nos capacitaron en nuevas variedades de café, nuevos métodos de cultivo y nuevas prácticas de producción. En aquel momento entendíamos todo eso como progreso.

Reemplazamos el café criollo, que era muy resistente. Introdujimos químicos. Empezamos a depender de insumos que venían de afuera. Con el tiempo, el suelo cambió. La acidez aumentó. La tierra sufrió. La gente empezó a enfermarse. Ese proceso nos marcó profundamente.

Y en cierto modo sí era progreso. Pero tampoco entendíamos del todo todo lo que estábamos cambiando.

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Ejemplos pasados de cooperación

Ramos: Antes de que existiera el Circuito Económico, en los años sesenta y setenta, y hasta los ochenta, existió PACCA [Productores Asociados de Café, Compañía Anónima]. PACCA ofrecía planes y programas a los caficultores y durante un tiempo cumplió un papel importante. Pero poco a poco fue decayendo, porque no pudo cumplir lo que prometía.

Fue en ese contexto que apareció COPALAR [Cooperativa de Productores Agrícolas de Lara, promovida con apoyo del Centro Gumilla, una organización jesuita]. COPALAR se fundó a comienzos de los años noventa, en un momento en el que los caficultores estaban cada vez más expuestos a las presiones del mercado.

Los intermediarios pagaban muy poco, el transporte era difícil y el acceso al crédito era casi imposible para los pequeños productores por cuenta propia.

COPALAR nació de esa necesidad. Fue un esfuerzo de los mismos productores por organizarse para defender su trabajo y su producción.

Guédez: COPALAR fue un intento de darle una estructura directa a la cooperación, distinto a experiencias anteriores que no eran realmente cooperativas y estaban mediadas por intereses privados. La idea era alejarnos de esquemas donde los productores tenían poca voz y avanzar hacia una organización donde las decisiones se tomaran colectivamente.

El objetivo no era solamente ayudarnos unos a otros durante la cosecha —eso ya lo sabíamos hacer— sino organizar la comercialización, el acceso al crédito y los insumos de una manera verdaderamente cooperativa.

Para muchos de nosotros, fue la primera vez que intentamos enfrentar el mercado como grupo y no como productores aislados. En Morán, COPALAR fue un actor clave en aquel momento y fue muy importante en nuestra lucha constante para superar el flagelo de los intermediarios.

Valera: Individualmente éramos muy vulnerables. Trabajábamos todo el año y después teníamos que aceptar el precio que nos quisieran pagar. No había espacio para negociar. COPALAR fue una manera de intentar cambiar esa situación.

Se trataba de vender juntos, comprar juntos y no estar solos al momento de tratar con compradores e intermediarios.

Kennedy Linares: COPALAR también trajo nuevos desafíos. Una cosa es cooperar en el trabajo; otra es la organización y las responsabilidades que eso trae. Había decisiones que tomar, cuentas que llevar y diferencias que resolver. No todo el mundo veía las cosas igual. Eso también fue parte del aprendizaje.

Guédez: A través de COPALAR, los caficultores pudieron acceder a crédito colectivo, organizar la comercialización y mejorar algunos procesos productivos. Nos permitió dar pasos que individualmente eran imposibles.

Pero también había límites. La infraestructura era débil [por ejemplo, las vías]. Las condiciones de crédito eran difíciles. Las presiones externas eran fuertes. Y todavía no teníamos el nivel de apoyo institucional que llegaría después con el Circuito Económico Comunal.

Ramos: COPALAR terminó desapareciendo, pero aun así dejó algo muy importante. Demostró que la organización económica colectiva era posible. Cuando COPALAR dejó de funcionar como lo hacía al principio, la experiencia no desapareció. El aprendizaje quedó sembrado en el territorio y la gente entendió mejor que nunca qué hacía falta para sostener la cooperación en el tiempo.

Valera: COPALAR no fue el final del camino. Fue parte del proceso. Aprendimos haciendo, y a veces también equivocándonos. Pero no volvimos a trabajar como individuos aislados. Cuando uno aprende a organizarse colectivamente, eso no se olvida.

Guédez: En ese sentido, COPALAR fue un antecedente de lo que vendría después. Mostró la necesidad de una organización más fuerte, mejor infraestructura y una relación distinta con el Estado: una relación de cooperación. Esas enseñanzas se volvieron fundamentales con la creación del Circuito Económico Comunal.

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Trabajando en conjunto

Guédez: Incluso con la llegada de nuevas formas de producción cafetalera, nuestra cultura cafetera nunca ha dejado de ser el centro de la vida. La cosecha todavía reúne a la gente. Si alguien no puede terminar de recoger, otros llegan a ayudar. Si un vecino está pasando trabajo, alguien le tiende la mano. Así siguen funcionando las cosas hoy. Así se construyó nuestra cultura.

Mauro Jiménez: El café organiza el año. Te dice cuándo preparar la tierra, cuándo podar, cuándo cosechar. La vida se mueve con ese ritmo. Y por eso uno nunca trabaja solamente para uno mismo. Siempre se trabaja junto con otros.

Si uno no entiende eso, el café lo derrota.

Linares: Así aprendimos a trabajar aquí. Ayudando. Intercambiando jornadas de trabajo. Estando presentes cuando alguien necesitaba apoyo.

Eso nadie lo escribió en un libro. Se aprendió haciéndolo.

Eso ha alimentado la construcción de la comuna en el territorio. Aunque el cultivo de café suele verse como una empresa familiar, en realidad construye un tejido social de colaboración. Sin ese tejido de colaboración no puede existir una comuna que funcione, y mucho menos un circuito económico que una siete comunas.

Valera: Cada quien tiene su propia parcela, pero nadie está aislado. Si un vecino necesita trabajo, uno le da trabajo. Si alguien tiene un problema, uno busca cómo resolverlo entre todos.

Así fue como la gente levantó a sus familias aquí. Así fue como la gente salió adelante.

Claro, estoy hablando de los pequeños productores, que somos la mayoría. También hay algunas fincas más grandes que funcionan bajo una lógica muy distinta. No están basadas en la cooperación, sino en trabajo asalariado y extracción. Es un modelo más explotador y tiene poco que ver con cómo vivimos y trabajamos la mayoría aquí.

Guédez: El café hace que uno piense más allá de su propia parcela. Todos tenemos que cuidar las fuentes de agua, la vialidad; todos dependemos de otros para la cosecha, para el transporte, para los conocimientos. Con el tiempo eso va creando lazos.

Esos lazos son los que permitieron que la vida siguiera aquí, incluso cuando las condiciones se pusieron más difíciles por el bloqueo estadounidense. Y esos mismos lazos son muy importantes para hacer funcionar la comuna.

Ramos: Esas maneras de trabajar juntos existían mucho antes de que se hablara de comunas. La gente ya sabía cooperar desde antes. Lo que vino después fue el reto de darle a esa cooperación una forma, una estructura y un sentido político.

Pero la base ya estaba ahí.

Vicente Paul Colmenares: La cultura no es algo separado del trabajo. Es la forma en que la gente se relaciona, cómo respeta la tierra, cómo cuida la vida. Nuestras tradiciones, nuestros cantos y nuestras décimas vienen de trabajar juntos.

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La Construcción de Vida Café: Organización y Economía (Parte 2)

En la región montañosa cafetalera del municipio Morán, en el estado Lara, generaciones de familias campesinas han construido sus vidas cultivando café. Las pendientes empinadas, las mañanas de neblina y el duro trabajo físico forman parte de la vida cotidiana en este territorio, donde el café no es solamente un cultivo, sino una forma de organizar el tiempo, el trabajo y la comunidad. En los últimos años, esta larga historia de cooperación ha tomado una nueva forma a través del Circuito Económico Comunal Vida Café, una iniciativa que reúne siete comunas cafetaleras en un esfuerzo conjunto para sostener la producción, la vida y la organización colectiva bajo condiciones adversas.

Los circuitos económicos comunales son iniciativas promovidas por el gobierno bolivariano para organizar la producción, el procesamiento, la distribución y la reinversión a nivel territorial. Vida Café es uno de esos circuitos: un proyecto relativamente reciente, pero sólido, que reúne productores libremente asociados organizados dentro de sus comunas, al mismo tiempo que atiende necesidades comunitarias más amplias, como infraestructura, comunicaciones y acceso a la salud y a los servicios.

Este trabajo testimonial explora los orígenes, el funcionamiento y el significado de Vida Café a través de las voces de las personas que lo construyeron. La primera entrega se centró en la historia del territorio y en sus prácticas históricas de cooperación. Esta nueva entrega profundiza en los esfuerzos organizativos detrás del Circuito Económico Comunal como parte de una historia más amplia sobre la construcción de comunas, la resistencia colectiva y el esfuerzo continuo por construir soberanía económica.

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Cómo nació Vida Café

Mauro Jiménez: Llegó un momento —recogiendo todo lo que habíamos aprendido durante años de construcción comunal y bajo la presión del bloqueo— en el que nos dimos cuenta de que producir café no era suficiente. Nuestra experiencia organizándonos en el territorio ya nos había enseñado a deliberar colectivamente, planificar y resolver juntos problemas comunes. Habíamos forjado una práctica comunal sólida. Como productores, muchas veces trabajábamos hombro con hombro y cosechábamos buen café, pero cuando llegaba el momento de venderlo, cada quien enfrentaba solo a los intermediarios. Eso seguía estando fuera de nuestro control colectivo, y significaba que un año entero de trabajo podía depender de una sola negociación, en la que teníamos poca capacidad de maniobra y ninguna estrategia compartida.

El producto de nuestro trabajo era extraído en el último paso del proceso. Los intermediarios imponían precios bajos a nuestra cosecha y, al comienzo del ciclo productivo, justo cuando necesitábamos dinero para comprar insumos, ofrecían crédito bajo condiciones explotadoras. Cuando se entregaba la cosecha y se cerraban las cuentas, quedábamos con márgenes muy reducidos, apenas suficientes para cubrir costos. Cuando llegaba la siguiente temporada, teníamos pocas opciones aparte de volver al mismo intermediario por crédito, reproduciendo nuestra dependencia año tras año.

Tiempo atrás habíamos tenido los proyectos PACCA y COPALAR, dos esfuerzos para reunir productores y mejorar nuestra capacidad de negociación en el mercado [ver Parte 1]. De esas experiencias aprendimos que la organización importa. Con el tiempo, también llegamos a entender algo todavía más importante: sin conexión entre las comunidades del territorio, cualquier estructura económica queda frágil. Si las comunas no están conectadas económicamente, se estancan. ¡El mismo Chávez lo advertía!

La idea del Circuito Económico Comunal nació de esa comprensión. Nunca se trató solamente de vender café juntos; significaba organizar todos los eslabones de una cadena larga —producción, recolección, procesamiento, transporte y reinversión— bajo una visión comunal. Así comenzaron las conversaciones entre nosotros y con voceros del Ministerio de Comunas. Así fue tomando forma poco a poco lo que más adelante se llamaría “Vida Café”.

Norkys Ramos: Para 2021–22, cuando comenzamos a diseñar el Circuito Económico Comunal, muchas de las comunas ya estaban consolidadas —aunque una comuna siempre es una construcción en marcha, siempre está haciéndose. Sin embargo, en el plano económico, los productores todavía operaban en gran medida de manera aislada al momento de llevar su café al mercado. Había cooperación, pero no había cristalizado en una estructura integrada capaz de organizar colectivamente la producción y la comercialización.

Vida Café surgió como una forma de entretejer lo que ya venía tomando forma en el territorio. Productores de siete comunas —cada una con su propia historia y carácter— compartían el mismo producto principal: el café. Nos preguntamos: si el café le da forma a nuestra cultura como productores, si organiza nuestra vida cotidiana y si ya cooperamos de tantas maneras, ¿por qué no unirnos también económicamente?

Kennedy Linares: La situación no era nada fácil. Estábamos viviendo bajo la presión de la guerra económica. Los insumos escaseaban, el combustible era inestable, los costos de transporte aumentaban y los precios cambiaban constantemente. Si cada productor intentaba enfrentar esas dificultades por separado, algunos de nosotros podíamos terminar llevados al límite, luchando simplemente por poner comida en la mesa. En ese sentido, el Circuito Económico nació como una medida defensiva.

Pero nunca fue solamente defensivo. Desde el comienzo abrió un nuevo horizonte. Vida Café fue una manera de reorganizar la economía colectivamente —poniendo la producción, el transporte y la reinversión bajo coordinación comunal. Al hacerlo, no solamente nos protegía; fortalecía también las conexiones comunales dentro del territorio.

Rafael Sequera: En nuestras asambleas discutimos esto largamente: una comuna no puede existir solamente como una entidad política. Tiene que sostener la vida materialmente. El Circuito Económico genera esa dimensión material. Conecta a los productores con el gobierno comunal y permite que las decisiones económicas se tomen colectivamente, entre quienes participamos activamente en Vida Café.

Morelys Malvacias: Para nosotros, construir el Circuito Económico Comunal no era una abstracción. Conocíamos a los productores y conocíamos las necesidades. Cuando comenzamos a reunirnos, la pregunta era sencilla: ¿cómo hacemos para evitar que el café salga del territorio sin dejar valor detrás?

Mairelis Escalona: ¿Y cómo garantizamos que lo que se produce aquí beneficie primero a la comunidad? Esas preguntas nos guiaron desde el comienzo.

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Lo que significa en la práctica un Circuito Económico Comunal

Ramos: Un Circuito Económico Comunal no es una empresa privada. No es una cooperativa. Conecta productores. Ellos siguen siendo productores en sus parcelas, pero se asocian libremente con Vida Café a través de sus comunas. El Circuito Económico planifica el uso de nuestros activos compartidos —incluyendo la motoniveladora para reparación de vías, la gandola y una camioneta de carga pesada perteneciente a la Comuna Sectores Unidos— y coordina crédito, transporte, ventas y reinversión. Las decisiones no se toman individualmente; son deliberadas colectivamente en nuestra Mesa de Planificación.

Jiménez: En términos prácticos, organizamos la recolección del café, manejamos la logística del transporte, coordinamos el procesamiento en Café Cardenal [una planta procesadora de café a una hora de Morán], y llevamos la planificación financiera. También evaluamos necesidades: quién requiere crédito, cuáles vías deben repararse y qué maquinaria debe priorizarse. No eliminamos la iniciativa individual; la fortalecemos a través de una estructura colectiva.

Linares: Si alguien piensa que esto se trata de centralizarlo todo, no lo entiende. Cada comuna participa. Cada una está representada. La Mesa de Planificación no es simbólica: funciona como el órgano de coordinación de Vida Café.

Sequera: La diferencia con proyectos anteriores de este tipo es que aquí el factor económico es inseparable del autogobierno comunal. No se trata solamente de mejores precios. Se trata de soberanía en la producción y, en última instancia, de vivir mejor.

Mesa de Planificación

Ramos: La Mesa de Planificación es donde ocurre la coordinación. Cada comuna envía sus voceros a las reuniones. Revisamos proyecciones de producción, necesidades de infraestructura, flujos financieros y prioridades de reinversión. No siempre es fácil —¡hay muchos debates!— pero eso es lo que exige una construcción colectiva.

Jiménez: La Mesa de Planificación incluye una comisión financiera, donde la transparencia es fundamental. Si la gente va a confiar en el Circuito, tiene que entender cómo circulan los recursos y cómo se toman las decisiones. Por eso el trabajo de la comisión tiene que ser cuidadoso y preciso. No se trata solamente de contabilidad; se trata de construir confianza y compromiso. Sin confianza, no se puede consolidar una comuna ni fortalecer los vínculos entre comunas y productores.

Malvacias: La planificación no es solamente sobre producción; es sobre el territorio. Si una vía colapsa —como pasa a menudo en estas montañas— la distribución se ve afectada. Si fallan las telecomunicaciones, la coordinación se rompe. ¡Todo está conectado!

Escalona: La Mesa de Planificación está liderada, en gran medida, por mujeres. Eso no fue impuesto. Ocurrió porque ya veníamos haciendo gran parte del trabajo organizativo en las comunas. Asumimos responsabilidades. No esperamos a que alguien más venga a resolver los problemas. Lideramos con el ejemplo.

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Apoyo institucional inicial

Ramos: Al comienzo tuvimos un fuerte respaldo institucional. El Ministerio de Comunas no solamente apoyó, sino que promovió activamente la creación del Circuito Económico. Los productores recibieron crédito. Se transfirió maquinaria a Vida Café. Nos acompañaron técnica y políticamente. Ese apoyo nos permitió dar nuestros primeros pasos concretos.

Jiménez: La gandola “Toronto” que recibimos a través del Ministerio de Comunas lo cambió todo. Antes de eso, los costos de transporte reducían la producción. Ahora, con nuestros propios vehículos, podemos organizar la recolección del café de manera más eficiente y reducir la dependencia de transportistas privados.

Sequera: Otras dos máquinas, el camión volteo y la retroexcavadora que fueron transferidos a gestión comunal, también fueron decisivos. Las vías en estas montañas se deterioran rápido. Si no se mantiene el acceso, el café no puede salir del territorio. Ahora, con la maquinaria operando bajo coordinación comunal, podemos responder directamente en lugar de esperar indefinidamente por una intervención municipal.

Malvacias: El Circuito Económico Comunal se forjó en un momento de estrecha coordinación con el Ministerio de Comunas. Ese apoyo institucional fue fundamental.

Escalona: Hoy la situación es distinta. En todo el país hay decenas de Circuitos Económicos Comunales, pero ya no ocupan un lugar tan central dentro de la visión del Ministerio. No tenemos resentimientos. Lo importante es que la estructura que construimos sigue en pie, y el apoyo que recibimos en esos primeros años nos dejó bienes que todavía siguen ayudando a la región. Todos los créditos que recibimos fueron pagados completos y a tiempo.

En el camino aprendimos algo esencial: no podíamos depender indefinidamente del respaldo externo y necesitábamos nuestras propias raíces. La creación del Circuito Económico Comunal fue un salto cualitativo. Nos hizo menos vulnerables como productores y fortaleció nuestras comunas. La infraestructura ahora recibe mejor mantenimiento. El excedente generado por nuestra actividad económica no desaparece en manos privadas; vuelve a la comunidad mediante créditos justos, apoyo a nuestro centro de salud y mantenimiento de bienes y servicios compartidos.

Chávez hablaba del salto desde el consejo comunal hacia la comuna, y luego desde la comuna hacia el Estado comunal. Para nosotros, el Circuito Económico ha sido ese puente necesario: un paso que permite que el proyecto comunal escale. Sin él, las siete comunas que conforman Vida Café podrían convertirse en poco más que consejos comunales ampliados, atendiendo necesidades organizativas mientras dejan intacta la esfera económica. Con el Circuito Económico, la vida comunal comenzó a darle forma a la producción misma.

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Reinversión y lógica del Circuito Económico

Jiménez: El Circuito Económico funciona por ciclos. Cuando los productores necesitan fertilizante o apoyo para la cosecha, se les otorga crédito. La necesidad de comprar fertilizante es la principal causa de endeudamiento para los pequeños caficultores aquí. Si uno no fertiliza bien las matas, la cosecha se desploma; pero si uno le pide prestado a los intermediarios, eso genera dependencia.

Establecimos un principio claro y transparente en nuestras asambleas durante los primeros tiempos de Vida Café: el pago se hace en café verde [sin tostar] al momento de la cosecha, bajo condiciones definidas por nosotros, no por usureros. Esto rompe con la lógica de “doblaje”, donde un prestamista entrega dinero o insumos equivalentes a un saco de café verde y luego exige dos o hasta tres a cambio, atrapando al productor en un ciclo de dependencia año tras año.

Una vez que se recoge el café, se procesa a través de nuestro acuerdo con Café Cardenal y se vende como “Café Cardenal: Hecho en Comuna”. El primer paso es saldar los créditos pendientes. Lo que queda no va a bolsillos individuales; el excedente regresa al Circuito.

Ramos: Durante la temporada de cosecha, guardamos una parte del excedente en café verde. De esa manera, cuando hay inflación, el café se convierte en una reserva de valor. Nos protege de la devaluación.

A partir de ahí, organizamos lo que llamamos nuestros “tres potes” [tres fondos]. El primer fondo es para el mantenimiento de vías —sin acceso vial, el café no puede salir de las montañas. El segundo es para los servicios de salud: el Circuito Económico ayudó a reparar la ambulancia local y ahora apoya el mantenimiento del centro médico cuando hace falta. El tercer fondo es para telecomunicaciones, que son esenciales para la coordinación a lo largo de este amplio territorio.

Por eso decimos que, en Vida Café, la economía está al servicio de la comunidad, y no al revés.

Sequera: Los créditos iniciales que recibimos nos permitieron comprar fertilizante, organizando el pago en café verde. Al mismo tiempo, vehículos y maquinaria fueron incorporados a la estructura comunal. La gandola es administrada directamente por el Circuito Económico. El camión volteo y la retroexcavadora operan a través de nuestra Empresa de Propiedad Social de Vialidad (EPS) [Empresa de Propiedad Social Comunal de Vialidad].

Una EPS es una empresa comunal cuyos bienes no son propiedad privada, sino que son gestionados colectivamente para beneficio social. Poner en marcha la EPS de Vialidad nos dio capacidad operativa y estructura legal para reparar las vías rurales. En este territorio montañoso, donde la lluvia daña constantemente los accesos, contar con una empresa de vialidad cambia todo.

La sede de Vida Café, llamada El Rastrillo, fue adquirida mediante un crédito no reembolsable del Ministerio de Comunas. Se convirtió en un espacio permanente para asambleas y actividades culturales.

Desde entonces, el sistema de crédito se ha expandido para incorporar a cientos de productores, reforzando el ciclo de financiamiento colectivo con pago en café verde.

Malvacias: Todas las decisiones financieras pasan por la Mesa de Planificación. Cada comuna envía sus voceros. Evaluamos proyecciones de producción, necesidades de crédito, prioridades de infraestructura y planes de reinversión.

Nuestros informes económicos son presentados en asambleas generales. Los productores saben cuánto café se recogió, cuánto se vendió, cómo están funcionando los créditos y cómo se está distribuyendo el excedente.

La transparencia no es algo decorativo aquí: construye confianza.

Vida Café no es simplemente una iniciativa de comercialización. Es una estructura económica que tiene como propósito construir vida comunal —política, económica, social, cultural e incluso espiritualmente.

En la práctica, el Circuito Económico interviene en el punto más vulnerable —la fertilización— mientras organiza el pago sin intereses de los préstamos en café. También coordina el procesamiento mediante Café Cardenal, desarrolla y mantiene empresas comunales como la EPS de Vialidad y administra bienes colectivos adquiridos tanto con apoyo estatal como mediante el esfuerzo de las comunas.

Las ganancias provenientes de las ventas de café no se acumulan de manera privada. Circulan colectivamente y regresan al territorio convertidas en infraestructura y servicios, reforzando así las bases materiales de la vida comunal.

El Circuito Económico Comunal no se trata solamente de comercializar café bajo la etiqueta “Hecho en Comuna”. Se trata de transformar las relaciones de producción en el territorio. Garantiza que el valor generado por el trabajo comunal permanezca bajo control comunal, al tiempo que convierte la coordinación económica en un pilar del autogobierno. Así es como se profundiza la autonomía, como se hace posible el escalamiento comunal y como la soberanía económica deja de ser una consigna para convertirse en una realidad vivida.

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Integración Industrial e Impacto del Bloqueo de EE.UU.: Circuito Económico Vida Café (Parte 3)

En la región montañosa cafetalera del municipio Morán, en el estado Lara, generaciones de familias campesinas han construido sus vidas cultivando café. Las pendientes empinadas, las mañanas de neblina y el duro trabajo físico forman parte de la vida cotidiana en este territorio, donde el café no es solamente un cultivo, sino una forma de organizar el tiempo, el trabajo y la comunidad. En los últimos años, esta larga historia de cooperación ha tomado una nueva forma a través del Circuito Económico Comunal Vida Café, una iniciativa que reúne siete comunas cafetaleras en un esfuerzo conjunto para sostener la producción, la vida y la organización colectiva bajo condiciones adversas.

Los circuitos económicos comunales son iniciativas promovidas por el gobierno bolivariano para organizar la producción, el procesamiento, la comercialización y la reinversión a nivel territorial, buscando operar fuera de la lógica del mercado capitalista. Vida Café es uno de esos circuitos: un proyecto relativamente reciente, pero sólido, que reúne productores libremente asociados organizados dentro de sus comunas, al mismo tiempo que atiende necesidades comunitarias más amplias, como infraestructura, comunicaciones y acceso a la salud y los servicios.

Este trabajo testimonial explora los orígenes, el funcionamiento y el significado de Vida Café a través de las voces de las personas que lo construyeron. La primera y segunda entrega se enfocaron en la historia de la región, sus prácticas históricas de cooperación y cómo se construyó el circuito económico comunal Vida Café. Esta entrega analiza el esfuerzo por ampliar el proyecto mediante el procesamiento del café, junto con el impacto del bloqueo estadounidense sobre la vida cotidiana y la producción.

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La alianza con Café Cardenal

A medida que Vida Café consolidaba el Circuito Económico Comunal, avanzó hacia el siguiente eslabón de la cadena productiva —el procesamiento del café— incorporando la planta municipal de torrefacción Café Cardenal, en la cercana ciudad de El Tocuyo, al proyecto comunal.

De la economía privada a la economía comunal

Jesús Silva: Café Cardenal ha pasado por distintas manos: privadas, cooperativas y públicas. La planta fue fundada en 1974 como Industrias Alimenticias Cardenal. En 2004, el municipio Morán la adquirió mediante compra directa.

Dos años después, la administración de la planta pasó a una estructura cooperativa llamada Organismo de Integración La Voz de los Caficultores de Morán, una cooperativa de segundo grado que agrupaba ocho cooperativas de base. Recibieron la planta en comodato.

Sin embargo, con el tiempo, esa estructura de dirección se fue separando de la base. La rendición de cuentas se debilitó a medida que la cooperativa de segundo grado se distanciaba de las cooperativas primarias. Finalmente, fueron los mismos productores quienes le pidieron al alcalde de Tocuyo revocar el acuerdo.

En 2010 se creó EPSAM C.A. (Empresa de Propiedad Social Alimentos Morán), y desde entonces ha administrado la planta. La empresa es propiedad municipal, pero fue fundada bajo principios de propiedad social. Yo participé en su creación.

La propiedad social no es simplemente propiedad estatal. Una empresa pública puede terminar funcionando bajo lógica privada, mientras que la propiedad social involucra directamente al pueblo. En última instancia, la verdadera pregunta es quién controla el excedente.

Cuando regresé para administrar la planta en 2021 junto con algunos compañeros, el país estaba atravesando la fase más dura del bloqueo estadounidense. Empresas privadas se acercaron a nosotros. Propusieron “alianzas estratégicas” en las cuales noventa por ciento del excedente sería para ellos y diez por ciento para la planta, con la gestión bajo su control.

Nos negamos. No recuperamos esta planta para convertirnos en espectadores mientras otros extraían el valor generado aquí. Poco después, en 2022, entramos en una alianza mutuamente beneficiosa con Vida Café, integrando la planta a una iniciativa orientada a fortalecer la economía comunal.

Mauro Jiménez: Cuando nuestros compañeros de Café Cardenal estaban recuperando el control de la planta y debatiendo cómo ponerla al servicio del pueblo, justo en ese momento nosotros estábamos construyendo la arquitectura del Circuito Económico Comunal. Entendimos que producir café verde no era suficiente. La única solución era avanzar hacia el control de todo el proceso productivo.

Nos preguntamos: ¿cómo hacemos para evitar que el café salga del territorio sin dejar valor aquí?

Café Cardenal estaba aquí mismo, en el municipio. Si la planta existe en nuestro propio territorio, y particularmente si está dirigida por compañeros comprometidos con el proyecto comunal, ¿por qué nosotros, los productores, debíamos seguir siendo solamente proveedores de materia prima?

Silva: Después de que Vida Café tomó forma, existían condiciones objetivas para integrar Café Cardenal a la estrategia económica más amplia del proyecto. Los productores se estaban organizando mediante el Circuito Económico Comunal y la planta estaba en manos municipales. La pregunta era si Café Cardenal iba a operar bajo la lógica del mercado o si iba a alinearse con el proyecto comunal.

Para nosotros, la respuesta estaba clara. Nosotros estamos comprometidos con la estrategia de Chávez, que es la comuna —no como una consigna, sino como una forma concreta de organizar la producción y el poder en el territorio. Así fue como nació la alianza entre Vida Café y Café Cardenal.

Rafael Sequera: La comuna no puede quedarse siendo algo solamente político. Tiene que sostener la vida materialmente. El acuerdo con Café Cardenal le dio a Vida Café una base industrial para avanzar en esa dirección.

Silva: Hoy administramos la planta democráticamente. El excedente se reinvierte. Tenemos una alianza estratégica con las comunas, que son en sí mismas la máxima expresión de la democracia revolucionaria. El objetivo no es maximizar ganancias, sino fortalecer la economía comunal.

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Ampliando la capacidad de procesamiento con las comunas

Silva: Cuando regresamos a Café Cardenal, la planta estaba operando muy por debajo de su capacidad —prácticamente se había paralizado. Había problemas técnicos, pero otros eran de gestión y políticos. El bloqueo hacía todo más difícil: era complicado conseguir repuestos, el combustible escaseaba y los precios subían constantemente, mientras los trabajadores estaban desmoralizados porque los salarios eran muy bajos. Al mismo tiempo, intereses privados rondaban la planta como buitres.

El Tocuyo [donde se encuentra Café Cardenal] tiene una fuerte tradición metalmecánica, así que acudimos a talleres locales para reparar lo que teníamos. Las máquinas no son de alta tecnología, y en este caso eso nos ayudó. Así fue como reactivamos la primera línea de producción.

Más adelante, con apoyo del Circuito Económico Comunal, logramos reactivar la segunda línea de producción y modernizar el horno de tostado, aumentando la capacidad de dos sacos por tanda a cinco.

Antes de estas mejoras, producíamos entre veinticinco y treinta sacos diarios. Después de reactivar ambas líneas y ampliar la capacidad del horno, llegamos a producir entre 100 y 120 sacos diarios —alrededor de 4.500 kilogramos.

También había un cuello de botella en el área de empaque. Sin embargo, con la incorporación de una nueva máquina empacadora a través del Circuito Económico, esa limitación se resolvió.

Lo que logramos no fue un ajuste menor. ¡Significó multiplicar la capacidad productiva aproximadamente cuatro veces! En medio del bloqueo, con mano de obra local y cooperación comunal, estabilizamos la planta y pusimos ambas líneas nuevamente en funcionamiento.

Todavía tenemos asuntos pendientes. El sistema de emisiones es obsoleto y requiere inversión. Pero hoy la producción es estable. Hemos avanzado hombro a hombro con Vida Café. El avance no es solamente productivo: la planta ya no es una empresa aislada, sino una estructura vinculada al territorio. Sus cuentas están abiertas al control comunal, y el trabajo industrial está alineado con las decisiones tomadas en asambleas.

Jiménez: Colaborar con Café Cardenal no significó perder control desde la comuna. Al contrario, significó avanzar en nuestro control sobre la cadena productiva. Antes, lo que salía de las montañas era café verde. Ahora sale tostado, empaquetado y distribuido —con participación directa de las comunas, trabajando mano a mano con nuestros compañeros de Café Cardenal.

“Hecho en Comuna”

Norkys Ramos: Los productores del Circuito Económico llevan su café verde a Café Cardenal. La planta lo procesa. Luego se comercializa como “Café Cardenal: Hecho en Comuna”. Debo agregar que Hecho en Comuna es una marca lanzada por el presidente Maduro y no es exclusiva de Vida Café: todos los circuitos económicos comunales tienen derecho a utilizarla.

Silva: Hay dos presentaciones de Café Cardenal. Una corresponde a la comercialización regular de EPSAM, y la otra es “Hecho en Comuna”, vinculada a Vida Café.

Así funciona “Hecho en Comuna” aquí: el Circuito Económico aporta el café verde; nosotros lo tostamos, lo molemos y lo empacamos. Una vez cubiertos los costos operativos, el excedente se distribuye: setenta y cinco por ciento regresa a las comunas a través del Circuito Económico, y veinticinco por ciento permanece en Café Cardenal.

La parte que queda en la planta no es ganancia privada. Sirve para sostener la logística de programas públicos de distribución de alimentos, incluyendo Pueblo a Pueblo [organización de productores que abastece escuelas], y otras responsabilidades municipales.

Jiménez: Antes, el café verde salía de la montaña y ahí terminaba nuestra participación en el ciclo. Ahora, mediante Vida Café y nuestra alianza con Café Cardenal, participamos en toda la cadena de producción y distribución —desde la producción hasta el procesamiento, desde el empaque hasta la distribución. ¡Y eso no es poca cosa!

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Planificación conjunta y debates

Ramos: Tenemos un espacio de coordinación y seguimiento donde representantes de las comunas y de la planta revisan producción, costos y comercialización. La transparencia es fundamental para que los productores confíen en el proceso.

Silva: En los debates, a veces surgen tensiones entre los intereses de los productores individuales y los principios comunales. Algunos productores piensan en términos estrictamente económicos. La comuna introduce otra perspectiva: planificación colectiva, responsabilidad colectiva y bienestar colectivo. Eso genera tensiones que son propias de una transición.

El reto ha sido demostrar que las comunas no deben estar separadas de la producción. La producción ocurre en cualquier territorio, y vincularla con las comunas es el único mecanismo real para resolver los muchos problemas que enfrentamos.

Ramos: Con Café Cardenal, las decisiones económicas ya no se consideran algo externo al autogobierno comunal. Se discuten colectivamente. Creo que esto es lo que Chávez tenía en mente cuando hablaba de democracia participativa y protagónica.

El impacto del bloqueo estadounidense

Las medidas coercitivas unilaterales impuestas por Estados Unidos han perjudicado tanto la vida cotidiana de los venezolanos trabajadores como el aparato productivo del país. Aquí, las personas que construyeron Vida Café reflexionan sobre cómo las sanciones han moldeado la vida y el trabajo en su territorio.

La vida bajo asedio

Kennedy Linares: Estados Unidos decía que buscaba tumbar nuestro gobierno democráticamente electo, pero la verdad es que cada venezolano sintió directamente los efectos de las sanciones. El combustible desapareció. Los insumos se volvieron inaccesibles. Lo que antes era difícil pasó a ser casi imposible.

Cuando bloquean a un país que depende de bienes importados, incluyendo insumos y maquinaria, lo que buscan es producir parálisis y desesperanza.

Jiménez: A veces la gente habla de “la crisis” como si hubiera caído del cielo. Pero lo que nosotros vivimos fue una guerra económica. El objetivo estaba claro: asfixiar al país para que la producción colapsara y la gente se volteara contra la revolución. No lo lograron.

Ramos: Las sanciones cortaron canales financieros, bloquearon importaciones básicas y generaron incertidumbre. Los precios cambiaban constantemente y planificar se volvió extremadamente difícil. Todo era inestable al comienzo, pero poco a poco fuimos encontrando el camino. Para nosotros, Vida Café es la salida de la crisis que Estados Unidos trajo hasta aquí.

Combustible y producción

Jiménez: Ellos podrán decretar sanciones desde Washington, pero el café sigue creciendo en estas montañas. ¡Nosotros no podíamos abandonar la producción, aunque los rendimientos bajaran!

Linares: Lo primero que nos golpeó fue el combustible. Sin gasoil no se mueve nada. Uno puede cosechar buen café, pero si no hay transporte, el café se queda en la montaña. Hubo semanas en que el combustible simplemente no llegaba. Los camiones se detenían. Los productores esperaban, pero la cosecha no espera por la logística.

Jiménez: Hubo un momento en que un barril de gasoil podía costar 150 o hasta 200 dólares. Para un pequeño productor eso es insoportable. Cuando el combustible se pone tan caro, afecta cada etapa de la producción. El transporte se come tu margen de ganancia y uno se lo piensa dos veces antes de mover café.

Johnny Valera: Si el café se acumula, pierde calidad. Secarlo se vuelve más difícil. A veces uno pierde parte de la cosecha. No es que la gente dejara de trabajar, sino que las condiciones se hicieron más duras.

Ahora las cosas son bastante distintas: ha habido una recuperación económica en todo el país. Sin embargo, más importante todavía para nosotros, Vida Café ha desarrollado mecanismos para superar el bloqueo y hacerlo de una manera nueva.

Linares: La maquinaria también depende del combustible. El mantenimiento vial se volvió más lento. Si las vías se deterioran en estas montañas, el café sencillamente no sale. Aquí todo está conectado.

La producción cayó, esa es la verdad, pero no porque abandonáramos la tierra, sino porque el bloqueo alteró las condiciones materiales del trabajo.

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Inflación inducida por el bloqueo y trueque

Jiménez: Durante el peor período de hiperinflación, los precios cambiaban constantemente. Uno podía vender algo un día, pero a la mañana siguiente el dinero que había recibido ya había perdido valor.

Valera: Aquí arriba, en la montaña, era normal intercambiar café verde por otros bienes. El trueque siempre ha existido. Pero en los peores años se volvió más común.

Ramos: El café tiene valor, y la gente sabe lo que representa un saco de café verde. En un contexto donde la moneda se devaluaba tan rápido, el café se volvió más estable que el dinero.

Linares: Incluso hoy, uno puede cambiar café por insumos, servicios e incluso comida.

Jiménez: El bloqueo creó inestabilidad a nivel nacional, y después vino la hiperinflación. En esa situación, el café verde era algo estable y confiable.

Presiones sobre la salud y la educación

Rosimar Vargas: Las sanciones tuvieron un impacto muy rápido sobre el centro de salud. Hubo períodos en los que conseguir medicinas era extremadamente difícil, y el transporte era inestable; por lo tanto, incluso cuando los suministros podían conseguirse en otros lugares, traerlos hasta aquí era extremadamente complicado.

Diana Higuera: En la farmacia lo vimos claramente. La gente venía buscando tratamientos básicos que normalmente suministraba el sistema público de salud, y algunas veces sencillamente no los teníamos. El transporte era la parte más difícil. Cuando un paciente tenía que ir al hospital en El Tocuyo, la escasez de combustible hacía de cada traslado una odisea.

Linares: La crisis también golpeó las escuelas. Algunos maestros migraron porque sus salarios perdieron poder adquisitivo. Las familias lo sintieron. Y los niños fueron quienes recibieron el golpe más duro. Fue cruel.

Vargas: Aun así, el centro de salud nunca cerró. La presión era constante, pero la comunidad resistió. En esos años entendimos con mucha claridad qué significaba el bloqueo: una política diseñada para asfixiar al país. Pero también llegamos a entender quién estaba verdaderamente de nuestro lado dentro del país.

Mediante la organización comunal y el Circuito Económico empezamos a resolver problemas colectivamente. La ambulancia fue recuperada, la infraestructura mejoró y los servicios se estabilizaron. Hoy la situación es mucho mejor. No colapsamos: nos organizamos.

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Sostener la Vida, Construir Comunas: Circuito Económico Vida Café (Parte 4)

En la región montañosa cafetalera del municipio Morán, en el estado Lara, generaciones de familias han construido sus vidas cultivando café. Las pendientes empinadas, las mañanas de neblina y el duro trabajo físico forman parte de la vida cotidiana en este territorio, donde el café no es solamente un cultivo, sino una forma de organizar el tiempo, el trabajo y la comunidad. En los últimos años, esta larga historia de cooperación ha tomado una nueva forma a través del Circuito Económico Comunal Vida Café, una iniciativa que reúne siete comunas cafetaleras en un esfuerzo conjunto por sostener la producción, la vida y la organización colectiva bajo condiciones adversas.

Los circuitos económicos comunales son iniciativas promovidas por el Gobierno Bolivariano para organizar la producción, el procesamiento, la comercialización y la reinversión a nivel territorial, buscando operar fuera de la lógica del mercado capitalista. Vida Café es uno de esos circuitos: un proyecto relativamente reciente, pero sólido, que reúne productores libremente asociados organizados dentro de sus comunas, al mismo tiempo que atiende necesidades comunitarias más amplias como infraestructura, comunicaciones y acceso a la salud y los servicios.

Este trabajo testimonial explora los orígenes, el funcionamiento y el significado de Vida Café a través de las voces de las personas que lo construyeron. La primera, segunda y tercera entrega se enfocaron en la historia de la región, sus prácticas históricas de cooperación, cómo se construyó el circuito económico comunal Vida Café y el impacto del bloqueo estadounidense. Esta entrega final se enfoca en las respuestas colectivas que han permitido que la vida continúe a pesar de las sanciones, al mismo tiempo que se construyen condiciones para el socialismo.

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Soluciones colectivas en tiempos de bloqueo

El Circuito Económico Comunal Vida Café tomó forma bajo las sanciones impuestas por Estados Unidos que alteraron la vida cotidiana en Venezuela, incluyendo la producción, la movilidad, la salud y el acceso a bienes básicos e insumos agrícolas. Las comunas de la región de Morán se organizaron para generar soluciones colectivas frente a esta situación que amenazaba la vida.

SALUD PARA LA COMUNIDAD

Morelys Malvacías: A causa del bloqueo, pasamos más de una década sin una ambulancia operativa en el pueblo. Si alguien se enfermaba gravemente y necesitaba ir al hospital, que queda a más de una hora de aquí, no había cómo trasladarlo. Era un problema serio: ¡perdimos vidas por eso!

Así que en 2021 decidimos organizarnos. Le pedimos a cada familia de la parroquia un kilo de café verde, que en ese momento valía alrededor de dos dólares. No fue fácil porque la gente ya estaba golpeada económicamente, pero se entendía que eso iba a beneficiar a todo el mundo. Así fue como logramos recuperar la ambulancia: trabajando juntos.

Se puede decir que eso fue parte de la prehistoria de Vida Café, pero también una enseñanza. Poner a funcionar la ambulancia fue apenas el primer paso. Ahora necesita mantenimiento constante —combustible, repuestos, cuidado. Ahí es donde el Circuito se volvió esencial: una parte de su excedente cubre esos costos permanentes, sosteniendo algo que le pertenece a todos.

En ese sentido, la ambulancia refleja lo que es Vida Café: devolverle a la comunidad lo que se produce colectivamente. Aquí, el excedente se está aplicando a las condiciones de vida de la zona. Por eso nos llamamos Vida Café, y por eso cientos de caficultores deciden trabajar dentro del Circuito Económico Comunal, con toda la participación que exige, en lugar de seguir el camino más inmediato pero aislante de venderles a intermediarios.

Norkys Ramos: El Circuito no se trata solamente de organizar la producción de café. También nos permite sostener cosas como la ambulancia y apoyar el ambulatorio. A veces ese apoyo es material, otras veces es organizativo. Lo importante es que esas necesidades —necesidades que todo el mundo tiene en algún momento— se atienden colectivamente. La salud no es algo separado de lo que estamos construyendo; forma parte de ello.

Ahorita mismo, por ejemplo, estamos trabajando en la renovación de un ala del centro de salud. Parte del financiamiento viene de una Consulta Popular Nacional, pero el Circuito también está aportando.

Nosotros no vemos la salud como algo externo a la comunidad. Es algo que sostenemos juntos, al mismo tiempo que exigimos que el Estado —a nivel regional y nacional— cumpla con sus responsabilidades. La misma lógica aplica a otras áreas donde la crisis ha hecho más difícil la vida cotidiana.

COMBUSTIBLE Y DISTRIBUCIÓN COLECTIVA

Javier Ramos: Hubo un período en el que sencillamente no podíamos conseguir gasoil y, cuando aparecía, era extremadamente caro. Hubo un momento en que un tambor de 200 litros podía costar el equivalente a dos o incluso tres quintales de café verde [aproximadamente 46 kilos cada uno]. El litro llegó a costar alrededor de un dólar, a veces más. Para muchos productores eso significaba escoger entre secar el café perdiendo dinero o perder la cosecha por completo.

El acceso dependía de quién tenía más dinero o de quién tenía contactos. Eso creó mucha desigualdad y dejó a muchos pequeños productores sin posibilidades de seguir trabajando.

Así que dejamos de esperar y empezamos a organizarnos. Cada consejo comunal hizo un censo de productores y de sus necesidades reales. A partir de ahí creamos comités para manejar la distribución, y las comunas comenzaron a asumir un papel coordinador.

Mauro Jiménez: Ahora el proceso está mucho más organizado y existe buena coordinación institucional. Los consejos comunales identifican las necesidades, que luego se centralizan a través de las comunas. Ahora, cuando llegan cargamentos de gasoil, ya existe una planificación.

Hoy, mediante este sistema, un tambor [de gasoil] puede conseguirse a un precio mucho más bajo —alrededor de 31 dólares— comparado con precios mucho más altos en el mercado convencional. No es que todo se haya resuelto, pero la diferencia entre antes y ahora es evidente. La gente sabe cuánto va a recibir y puede planificar.

Lo que antes dependía del dinero o de las conexiones ahora pasa por la organización. La distribución no es perfecta, pero es más transparente, más equitativa y más predecible.

El Circuito Económico Comunal forma parte de este proceso más amplio, ayudando a resolver problemas y sostener la producción, especialmente durante la cosecha, cuando el combustible es más crítico.

Esta experiencia demuestra cómo las cosas pueden mejorar cuando la gente se organiza. Lo que antes era una lucha individual marcada por la incertidumbre se convierte en un proceso colectivo, donde las decisiones se toman juntos y las condiciones empiezan a cambiar.

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VIALIDAD

El Circuito Económico Comunal ha desarrollado una Empresa de Propiedad Social de Vialidad (EPS de Vialidad) para mantener las vías en esta región montañosa.

Norkys Ramos: En un territorio montañoso, cuando las vías se deterioran, los costos aumentan. Durante años, el mantenimiento vial dependió de actores externos, cuyas respuestas muchas veces llegaban tarde o eran insuficientes. El bloqueo agravó esta situación.

La EPS de Vialidad significa que ahora podemos mantener las vías de manera autogestionada. Es un cambio cualitativo.

Javier Ramos: Empezamos recuperando maquinaria que había sido abandonada, pero después incorporamos un camión volteo y una retroexcavadora con apoyo del Ministerio de Comunas. Al principio ni siquiera teníamos operadores de maquinaria, así que tuvimos que traer a alguien de afuera. Pero con el tiempo nos fuimos formando nosotros mismos. Ahora tenemos operadores, tenemos mecánicos, y la EPS de Vialidad mantiene las vías con participación directa de las comunas dentro del Circuito Económico Comunal.

Hacemos la mayor parte del trabajo con las comunas, pero también trabajamos directamente con productores individuales. Y lo hacemos a menor costo —a veces 40 o 50 por ciento menos que empresas privadas. Eso hace una gran diferencia, especialmente en un lugar donde las vías requieren mantenimiento constante.

Alexander Grabovic: La EPS no solamente tiene equipos —tiene personas que saben usarlos, que saben mantenerlos, que saben organizar el trabajo. Eso es lo que permite que el proyecto continúe en el tiempo. El mantenimiento vial, en este contexto, no es simplemente una tarea técnica. Se convierte en parte de un proceso más amplio para aumentar nuestra producción… ¡y nos mantiene trabajando juntos!

MONEDA ALTERNATIVA, APOYO MUTUO Y SOLUCIONES COTIDIANAS

Javier Ramos: Hubo un tiempo en que todos estábamos pagando con café verde. Todo el mundo cargaba una bolsita, y así comprábamos lo que necesitábamos: desde comida hasta insumos y combustible. De hecho, todavía pasa, aunque menos que antes.

Esta forma de intercambio no fue planificada; surgió por necesidad, cuando la guerra económica nos dejó sin efectivo. Al mismo tiempo, tiene raíces más profundas —nuestros abuelos también usaban café para conseguir bienes. En ese sentido, esta práctica reapareció como una respuesta práctica frente a la hiperinflación y la escasez, permitiendo que los bienes circularan cuando el dinero convencional desaparecía.

Norkys Ramos: Aprendimos muchas cosas durante esos años, y también recuperamos formas de hacer de nuestros padres y abuelos.

Mairelys Escalona: Muchas prácticas colaborativas reaparecieron durante lo peor de la crisis, y no siempre se mencionan. El apoyo a las escuelas, a los maestros y a los servicios básicos se volvió importante. A veces no se trata de plata, sino de trabajar juntos para resolver un problema.

Estas prácticas —trueque, apoyo mutuo, resolución colectiva de problemas— no resuelven por sí solas problemas estructurales, pero forman parte de un tejido más amplio que permite a las comunidades atravesar situaciones creadas por el bloqueo.

Tomadas en conjunto, estas experiencias apuntan hacia una forma compartida de responder. Frente a interrupciones que afectaron todos los aspectos de la vida, las comunas y Vida Café no dependieron únicamente de actores externos o estrategias individuales. Más bien, nos organizamos —a veces de maneras más estructuradas, otras veces más informales— para responder a lo que estaba ocurriendo.

Lo que surgió no fue una única solución, sino la capacidad de organizarnos alrededor de problemas comunes y generar respuestas arraigadas en el propio territorio. A partir de esa experiencia acumulada, comienza a tomar forma un horizonte más amplio.

El horizonte comunal

Las prácticas dentro del Circuito Económico Comunal Vida Café tienen una importancia estratégica que trasciende lo inmediato. En Villanueva, los esfuerzos comunales para sostener la producción y la vida están dando forma a nuevas maneras de pensar, organizarse y relacionarse entre sí que apuntan hacia el socialismo.

EDUCACIÓN POLÍTICA Y TEJIDO SOCIAL

Mairelys Escalona: Cuando hablamos de la comuna, no estamos hablando solamente de producir café o resolver problemas. Estamos hablando de formarnos.

Hemos tenido muchos maestros: el mismo Chávez, personas mayores de la comunidad, Hernán Vargas [exviceministro de Economía Comunal] y nuestros compañeros de Escuela Nuestra América.

Jesús Silva: Escuela Nuestra América es un espacio de formación política. Estudiamos y reflexionamos, pero siempre en relación con procesos reales existentes. La escuela se nutre del pensamiento marxista y de experiencias venezolanas, incluyendo el trabajo de nuestro querido Carlos Lanz, pero no es algo separado de la práctica. La acompaña. En ese sentido, contribuye con procesos como Vida Café —no dirigiéndolos, sino ayudando a los comuneros a entender qué están construyendo y por qué.

Mairelys Escalona: Escuela Nuestra América es muy importante porque nos ayuda a reflexionar sobre lo que estamos haciendo. No se trata solamente de trabajar —se trata de entender por qué trabajamos juntos y qué tipo de sociedad estamos tratando de construir.

Sin embargo, la educación no ocurre solamente en los salones de clase. También está metida en la práctica cotidiana —en las asambleas, en la toma colectiva de decisiones y en la responsabilidad de administrar recursos compartidos.

Carlos Terán: La formación política es fundamental. Uno puede tomar tierras y arrancar un proyecto, pero si la gente no está organizada y clara sobre lo que está haciendo, eso no se sostiene.

Esa es la parte más difícil —no lo material, sino construir conciencia y compromiso con el tiempo.

EL LEGADO DE CHÁVEZ Y EL FUTURO DE LA COMUNA

Antonia (Nilda) Gil: Me acuerdo cuando Chávez pasó por aquí en los años noventa. La gente salía a verlo, a escucharlo. Era muy carismático; era lo que el pueblo estaba buscando.

Había mucha esperanza en ese momento, una sensación de que las cosas podían ser distintas y mejores. Después, cuando Chávez fue elegido, sentimos que era uno de nosotros. ¡Eso era una novedad en nuestra historia!

Mauro Jiménez: Chávez hablaba de la necesidad de pasar de los consejos comunales a las comunas, y de las comunas hacia un Estado comunal. Pero para que eso ocurra, las comunas no pueden quedarse aisladas.

Si cada comuna resuelve sus problemas internamente pero no tiene vínculos económicos con otras, queda limitada. No puede escalar. El Circuito Económico Comunal que hemos construido forma parte de un esfuerzo más amplio para superar esa limitación.

Chávez nos dejó un plano para una estructura más grande. Nosotros, desde el Circuito Comunal, estamos poniendo algunos ladrillos para construirla.

Carlos Terán: Chávez hablaba de una revolución dentro de la revolución. Para nosotros eso significa organizarnos como pueblo, no depender de otros para resolver nuestros problemas. De eso se trata la comuna.

Morelys Malvacías: El Circuito nos permite conectar comunas. No se trata solamente de producción cafetalera —se trata de enlazar comunas, de garantizar que lo que hacemos en un lugar tenga impacto más allá de él.

Lo que está en juego, entonces, no es solamente mejorar las condiciones dentro de un territorio específico, sino crear las bases para una forma más amplia de organización —una que pueda extenderse más allá de lo local sin perder su carácter comunal.

Este proceso sigue siendo incompleto y está lleno de desafíos. Pero apunta hacia una manera distinta de organizar la vida económica y social, basada en la toma colectiva de decisiones y en los vínculos regionales.

Lo que surge en Vida Café no es simplemente un conjunto de soluciones frente a un momento de crisis. Es el esbozo de una lógica distinta: una en la que la producción, la infraestructura y el cuidado son organizados por el propio pueblo, y donde la capacidad de responder a necesidades inmediatas abre la posibilidad de algo más.

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