José Sant Roz: Venezuela está llena de revolucionarios que nunca han revolucionado nada por Ángel Ciro Guerrero
Cuando se le pregunta a este matemático, cuya pasión verdadera es la literatura, cuál sería a su entender la mejor República: si las imaginadas por Platón y Bolívar o acaso la V que oferta Chávez, el filósofo José Rodríguez afirma que es aquella donde sólo el trabajo y el pensamiento puedan hacer que un grupo de hombres refunde una sociedad más justa, en la que se viva ordenada y equilibradamente. Pero Sant Roz, el hombre de fuete y pluma en ristre contra toda clase de injusticias, soldado en mil batallas, escogidos amigos y muchos adversarios, sentencia que hablar de una Quinta República no pasa de ser una solemne pendejada dado que, a esta fecha y en su opinión, ni siquiera hemos tenido la primera.
Aunque de hablar pausado, sin embargo y no lo niega, es un hombre de gesto y de palabra dura. Asienta que está en su derecho y califica de deber el emplearla como instrumento para sanear la sociedad y, dentro de ella, las funciones de gobierno.
Escritor y panfletista para unos, crítico acerbo y exagerado pero inteligente para otros, va por la calle y la gente apuesta a si se le saluda o no. No es asunto que le importe, porque se anota entre quienes han medido y entendido la importancia de la amistad y, por supuesto, la peligrosidad o no del adversario.
Este guariqueño aposentado en nuestra serranía, ya lleva más de quince años advirtiendo, por la prensa y desde el aula, que al país se lo come la corrupción. No sólo, queda claro, la que se contrae al robo del erario público. Para este atildado profesor de Ciencias, de la ULA, resulta más grave, perjudicial, perniciosa la acelerada pérdida de la moral y de la ética. Es un cáncer, que avanza y se enquista en cualquier órgano del cuerpo social.
Por supuesto, el país vive su peor crisis. La economía está en quiebra y difícil encontrar su solución, por lo menos inmediata. A pesar de los lanzamientos desde la lomita de Miraflores a todos los sectores, nacionales y extranjeros, en solicitud tanto de consejos como de dinero.
El entrevistado, de pensamiento abierto -aunque algunos no lo admitan- recuerda que si la improvisación abrió boquetes en la nave del Estado, la imaginación pareciera haberse ido muy lejos, al extremo que nadie la tiene ni menos la encuentran.
Ácido, espera que la manía presidencialista de querer ser dueño del equipo, cuarto bate y novio de la madrina, pronto termine, porque, de no ser así, el país perdería el juego. Entre democracia y libertad, este ensayista, cara quemada por el sol, pelo gris, manos largas, de mirada permanentemente escudriñadora, afirma que lo uno y lo otro desde siempre se complementan. Sólo que en los últimos cuarenta años quienes la han conducido, antes que llevarlas juntas, las separaron y dañaron cada una por su lado. Ahora, cuando hay gente empeñada en hacerla participativa, cree que la democracia debe partir de cero, como si fuese originaria, permitiendo que en su nombre se cambien muchas cosas, incluyendo rostros e ideas
No se muestra temeroso pero sí contrario a que en el país la espada y la bota terminan imponiéndose sobre la manera tan alegre e irresponsable como los venezolanos vivimos; y advierte que es tiempo ya de que el país y sus habitantes nos disciplinamos. No hay otra manera, agrega, de repensar a Venezuela y de ordenarla para que ingrese, sin traumas, al nuevo milenio.
Este aspirante a constituyentizarnos -en formal campaña, con propuestas claras, solicitando el voto al soberano-, es hombre de estricto cumplimiento de horario y compromisos. Buena señal en una ciudad, por cierto, en donde todos culpan de sus impuntualidades al clima. Como pensador, asimismo está consciente del papel que cada venezolano de estos tiempos debe asumir en función del país y su futuro: mayor responsabilidad,
Por lo pronto afirma que en la tierra de Bolívar, donde ahora hay tanto patriota, lo cual dificulta distinguir si lo reinante es patriotismo puro o puro patrioterismo, debe imponerse la sensatez y el diálogo. De no ser así, lo advertimos en sus reflexiones, advendrá la anarquía. En América Latina, explica, eso tiene nombre y apellido: se llama guerra civil.
– Usted lo cree así?
-Yo todavía no creo en guerra civil en Venezuela, porque después que compraron a casi todos los revolucionarios que se alzaron en armas en los años sesenta, y Caldera los empleó en la Fiesta Cuatricentenaria de Caracas, esos guerrilleros se desinflaron y se enfriaron. De hecho, las dos últimas asonadas te revelan que si bien se justificaba una rebelión popular, fuerte, no hubo estremecimiento más allá de los dos días tanto del 27N como del 4F.
-¿En qué fundamenta usted tan cruda radiografía?
-Sencillamente en la verdad. Hoy en día en Venezuela nadie se preocupa por nadie. Hay mucha falta de coherencia y de sentido social en todas las capas de nuestra población. No hemos tenido tradición de solidaridad social ni de lucha social. Es doloroso. Así como te digo que aquí no hay «esperanza» de guerra civil, porque nadie la quiere, te indico que tampoco hay valor, hidalguía ni dignidad para enfrentar los grandes problemas sociales.
-Es decir, los puntofijistas fracasaron. ¿A los ahora zamoranos, bolivarianos, pietistas, radicales y chavistas les sucederá lo mismo?
– En Venezuela, como en otros países, no se afianzó ideológicamente algún movimiento. Quizás ese propósito lo desintegró la presencia, tremenda, del dinero fácil, el del chorro petrolero. Aquí no hubo lucha ideológica profunda. Todos los que usted nombró, estimado amigo, no pasan de ser puras palabras, mezcladas en un sancocho de ideas.
-¿Una sopa de letras que hace daño?
-Más que hacer daño, aburre. Por ejemplo, aquí cualquiera se llama zamorano. Carlos Andrés Pérez así se proclamó. Recuerde el homenaje que le hizo al llamado Valiente Ciudadano en Barinas. Fiesta por cierto a la cual asistió José León Tapia. Eso no pasa de un simple pretexto para llamarse revolucionario, más nada.
-En su opinión, ¿cuál es, entonces, la verdadera revolución?
-La del conocimiento, la del respeto, la del trabajo, la de la obra concreta. Esa es la única revolución posible .Recuerde cuando Rafael Alberti viajó a México y a su llegada le recibieron Octavio Paz y un numeroso grupo de poetas que le llevaron poemas «revolucionarios» para que Alberti los leyera, los aceptara o los publicara en alguna revista
-“El Corno emplumado», por ejemplo.
-Si.
¿Qué sucedió?
-Pues que al gran Alberti, el poema que le gustó fue el de Octavio Paz, porque no hablaba de revolución y sí del hombre y su dolor, pero de manera profunda y auténtica.
-¿En Venezuela le hubiese acontecido lo mismo?
-Usted bien sabe que Venezuela está llena de revolucionarios que nunca han revolucionado nada. La mayoría, becados desde hace años por el Estado, no ha escrito una sola obra. A pesar de haberse pervertido por estar al servicio de los más grandes macacos y mafiosos de la nación, todavía siguen llamándose revolucionarios. Eso es absurdo.
-¿Entonces realmente no los hubo?
-Revolucionarios de verdad: Jacinto Convit, Francisco Venanzi, José Francisco Torrealba, Pepe Izquierdo. Lo han sido en el trabajo, en su producción filosófica.
-¿Mucho ruido y pocas nueces ¿ES eso lo que hemos heredado?
-Si. Es un fracaso que venimos arrastrando desde el siglo pasado. Aquí ocurrió un grave error que Bolívar trató de evitar al darle fuerza al Estado. Pero como en Europa, con el liberalismo se quería aniquilar el Estado nosotros, adelantándonos a todos, tratamos de aniquilarlo, incluso antes de que como tal entre nosotros existiera. Y todavía estamos aniquilándolo, pero ahora utilizando la corrupción como mandarria.
-Y empeñados en fundar la V República.
-Bueno, eso de primera, segunda, tercera, cuarta y quinta son puros cuentos. Habría que preguntarle a los «quintarrepubliqueros» quiénes fueron los primeros, los segundos, los terceros y los cuartos republicanos. Esa es la pendejada más grande que yo he escuchado. Tenemos una nación que, a partir de 1811, viene arrastrando toda una serie de traumas sociales que le han impedido fundamentarse como un Estado serio; y que, además, lamentablemente, no ha tenido gobernantes ni gobernados que cumplan sus deberes con igual responsabilidad como la exigida para sus derechos. Y eso sí sería una verdadera república porque, a mi entender, todavía no hemos tenido la primera.
-¿Cuál le gustaría, realmente? ¿La de Platón, la de Bolívar o la que pregona Chávez?
-El ideal de Platón, la realidad de Bolívar y el desastre que ha heredado Chávez ponen de manifiesto una cuestión puntual: sólo el trabajo y el pensamiento pueden hacer que un grupo de hombres refunde una sociedad más justa, donde se pueda vivir ordenada y equilibradamente. Lo que deben hacer es crear la república del trabajo, la república del respeto y la república de la solidaridad entre todas las clases sociales y una de las cuestiones fundamentales que propugna el Libertador y que nunca pudo ver concretadas: la revocatoria de todos los privilegios.
-Para que ese anhelo no siga siendo una utopía, habrá que organizarse y disciplinarse.
-Una de las cosas esenciales que uno aspira es que la gente pueda organizarse, producir y administrar sus propios recursos; además de exigir educación, salud y sobre todo mantener la solidaridad. Por eso la verdadera organización social debe surgir de abajo y con fuerza reclamar justicia. Para impedir, por ejemplo, que cualquier funcionario, delincuente ante los ojos del mundo, sea designado en un puesto de importancia.
-La solidaridad se pierde con igual velocidad que la ética y la moral. ¿Sobre cuáles bases descansará la Venezuela decente, en lo adelante?
-El hombre honrado y trabajador ya no quiere mezclarse en los problemas de la administración del Estado, porque lo espantan la estridencia, el desparpajo, la vulgaridad para negocios y el descaro allí reinante para malversar los dineros públicos. Esa es uno de los daños más graves que la política le ha hecho nuestro país.
-¿Panfletario, Pío Gil, Sanín o el Arrechedera de los años 90?
-Soy amable por naturaleza, pero la verdad es que la política me ha convertido en un hombre arrecho. He tenido que vivir indignado como igual debe haberle sucedido a usted por tanta injusticia que nos rodea.
-Cite un caso.
-El observar a un mediocre, a un imbécil o a un tarado dominando el escenario de una Universidad o de un Instituto autónomo y no hay Cristo que lo pueda remover. Y lo peor es que ese señor, erigido allí en mandamás, sea quien decida sobre nuestras vidas y sobre todo el mundo que nos rodea cometiendo, encima, toda clase de exabruptos y barbaridades.
-¿Acaso visceral con el enemigo?
-A pesar de que soy duro y digo cosas duras, no albergo odio contra nadie. Puedo haber criticado a una persona pero no me la planteo como enemiga. Digo la verdad, sí, y esa verdad creo que debe ser recogida por quienes están atentos a la evolución del país. Por la verdad murió Cristo. Tengo un sentido de la verdad que me obliga a gritarla: es como si llevara esa obligación en la sangre. A lo largo de quince años se la he dicho a tirios y troyanos, pese a quien le pese. Por ejemplo, cuando critiqué a obispos, rectores y gobernadores me acusaron de mercenario, de cobrar por decir verdades. Ello porque la gente se ha acostumbrado en Venezuela a ser borrega y atacar sólo cuando existe un interés de por medio.
-¿Por eso en Mérida se emplea tanto la guerra sucia, la calumnia, la injuria y el anónimo?
-El anónimo es la cosa más detestable que pueda existir. Debo aclarar: tengo un seudónimo. Por cierto, hubo un profesor ignorante de la historia, aunque es historiador, que confundiendo seudónimo con anónimo, escribió un largo artículo en contra mía. Yo registré este seudónimo, el de José Sant Roz, para que no se me confundieran con otros José Rodríguez; un nombre muy común.
¿Solo por eso?
– Porque de las cosas muy duras que yo decía culpaban a unos señores que nada tenían que ver con mis afirmaciones y, por igual, me achacaban alguna que otra cosa que a mí me parecían tonterías dichas por ellos. El «Sant» es por Santa María.
-¿De Ipire? ¿En el Guáríco?
– Sí. Santa María de Ipire, donde nací. El «Roz» es una abreviación de Rodríguez. Con ese seudónimo he publicado muchos libros e infinidad de artículos. Pero los libros de matemáticas, que también he publicado, llevan mi nombre verdadero: José Rodríguez.
-¿Por qué?
-Porque ahí no tengo ningún problema.
-Raro que no pensó en utilizar, siendo maestro, el de «Samuel Robinson».
– Porque ya existía.
-Pero ese «Robinson» por igual enseñó a sumar, restar, multiplicar, dividir como a crear naciones. .
-Sí, es cierto. Pero cuando a ese «Robinson» le recordaban haber sido el maestro del libertador; aclaraba tener, además, muchos otros títulos.
-¿Y usted tiene muchos amigos, Sant Roz?
-Pocos, realmente. Tengo, sí, personas que me aman, No que me admiran. Me interesa ser amado, no admirado. Esos pocos amigos son los que han mostrado una profunda identificación con lo que siento, con lo que escribo y con lo que hago. Es algo dictado por el destino.
-La balanza, entonces, la inclina el gran número de adversarios.
A lo mejor. Los tengo, y muchos, pero la mayoría al final dejan de serlo; desaparecen con el tiempo. Si bien se molestan hoy, sin embargo mañana no mantienen su posición y los ves por ahí cabizbajos y retirados de lo que sostenían ayer. Por mi parte sostengo lo que escribo y por lo que luchó. Creo que moriré así.
-¿Por qué matemático?
-Desde la escuela y el liceo de todas las materias fue la que más me gustó. Creí en primaria, luego en bachillerato, porque sacaba buenas notas y tenía algún talento para las matemáticas. Aunque después descubrí que no lo tenía comparado con las verdaderas luminarias que conozco aquí en la ULA y en Venezuela. Lo poco que he conocido y aprendido de esta ciencia me apasiona. Eso no quiere decir que la matemática esté en contradicción con el conocimiento de la literatura, de la Historia o de los problemas sociales. En política dos y dos son tres, a veces cinco, nunca cuatro. Porque de la política, que no es una ciencia exacta, puede esperarse cualquier cosa. La política es un continuo debatir en donde el hombre pone su pasión y donde hay unos principios que por lo general ni se cumplen ni respetan. Lo que uno aprende de la política, cuando realmente se entrega con sinceridad a ese ejercicio, es a conocer más de las debilidades o potencialidades del hombre.
-¿Usted vive de la matemática o vive de la literatura?
Mi pasión, sin duda, es la literatura, pero si me dedicara a vivir de lo que escribo, resultaría de verdad difícil. No cobro absolutamente nada por lo que publico en la prensa. Cumplo con mi deber de profesor de matemática, dando clases, realizando investigaciones y he publicado alrededor de cinco libros sobre la materia. En realidad de eso vivo.
-¿Alguna diferencia entre usted y su hermano Argenis, que también es escritor?
-Comparado con Argenis no soy nada. Argenis es un intelectual nato, un gran pensador, un novelista.
-¿Quijote o Sancho?
-Quijote. Sancho era más práctico. Y yo no lo he sido. No tengo bienes de fortuna. Vivo con lo poco que gano. Nunca he utilizado el escaso talento que tengo para obtener cargos notables, aunque muchos me han ofrecido. Hasta hoy, a lo único que me he postulado es a la Constituyente, cargo que apenas durará seis meses.
-¿La pluma o la espada?
– Fundamentalmente la pluma. No soy plumífero, aclaro, que viva resolviendo las cosas con retórica. Lo de la espada es una necesidad en su momento. No he sido hombre de admirar a los militares. Confieso admiración profunda por la posición militar de Bolívar que fue en él una necesidad y gracias a la espada nos dio la libertad, porque a fuerza de pluma hubiese resultado imposible.
-¿Le negarías agua al enemigo?
-Algunos dicen que yo soy un desadaptado social. No les quito razón en el sentido de que no acepto la sociedad tal cual como está. Otros dicen que soy un resentido, que me regodeo en la crítica por las críticas Creo que la gente debe sustentar la crítica, porque si tengo 15 años criticando injusticias con la dureza y fiereza con que lo hago y al presente no he sido desmentido, quiere decir que alguien tenía que asumir esa tarea y cumplirla.
-¿Cree haber sobrepasado ya las fronteras de la utopía para adentrarse en un país real?
-Al haber encontrado alguna respuesta en el medio social, donde hay gente que lo respeta y lo acepta a uno en el papel de luchador por toda clase de reivindicaciones, creo que sí. Utópicos seguiremos siendo, sin embargo, porque habrán cuestiones específicas que nunca se solucionarán tal como aspiramos y como deben ser resueltas. Hay que poner los pies sobre la tierra y entender que cuesta mucho concretar los sueños.
-¿Maquiavelo o Freud?
-Los dos son interesantes: Maquiavelo encontró las reglas básicas entre las cuales debían moverse los hombres cuando se encargan del Estado. Freud es el pensador que nos Iluminó sobre traumas Internos y morales que todos preferíamos dejar de lado. Por eso califico de grandiosos los aportes que los dos le hicieron al hombre, a la ciencia, a las sociedades y a las naciones.
-¿Hitler, Chávez, Clinton?
-Me quedo con Chávez, un mulato venido de la clase menos que media, con un carisma político natural que a fuerza de perseverancia logró imponerse prácticamente solo contra los partidos y romper con una situación política dominada por dos grandes partidos durante más de medio siglo. Si bien Chávez tiene mucha garra como político, nadie sabe cómo, cuándo, dónde ni en qué irá a terminar su ansiedad por transformar esta sociedad: De momento no me parece que lo esté haciendo bien. Pero se le debe reconocer que representa mucho el sentido auténtico de los venezolanos.
¿Cree que está pichando bien desde Miraflores o se quiere convertir en dueño del equipo, cuarto bate y novio de la madrina?
-Como dice William Izarra: conocí a Chávez pero no al presidente. Desde que está en el poder no hay manera de acercarse. Está hablando y dejando hacer mientras el país de hoy se encuentra en peores condiciones que el recibido ayer. No sabemos si la Constituyente en realidad terminará siendo el gran despegue. Chávez tiene en sus manos todas las decisiones nacionales, pero a la fecha no ha adoptado alguna que pueda traducirse en un relanzamiento del país. No se nota ningún cambio. Sólo un hombre que dice verdades pero que no actúa.
-Tres tiempos: la Liberal Restauradora, la Democracia Puntofijista y la V República por venir.
-Me anoto con lo que se avecina. La Restauradora acabó con el trauma de las guerras civiles entre conservadores y liberales y pacificó la nación, lo cual debemos agradecérselo a Cipriano Castro y a Juan Vicente Gómez por lo menos, pero terminó convertida en dictadura. La democracia puntofijista, fracasó estruendosamente. Como a la V República no la vislumbramos todavía, es bueno advertirle a Chávez que está rodeado de muchas sabandijas; que está unido a muchas sabandijas, repito, y que ha sido él mismo quien las ha buscado
-En quién confía más, ¿en la espada o en la cruz?
-Seré sincero: no me gusta la hipocresía empleada por la Iglesia cuando, al defender sus intereses, utiliza a los pobres para que le carguen la cruz. Tampoco me gusta la espada, porque la espada representa la fuerza, la soberbia, la petulancia y el endiosamiento, cuestiones que yo rechazo por naturaleza.
-Defina democracia y dictadura.
-Aquí se habla de democracia y quienes más dicen defenderla son unos bandidos, que la usan y te usan cuando están gobernando pretendiendo, además, se les acate todo lo que digan. En conclusión, la democracia es la dictadura de los idiotas. La dictadura es el régimen que hace a los hombres bestias.
-Muy dura aseveración.
Que la creo totalmente cierta. Sucede así porque, al tener todo el poder y no haber quien los critique ni dios que se les oponga, quienes así actúan terminan siendo bestias. Por eso, lo más triste es un pueblo sometido a una dictadura.
–¿Dónde se ubica el centro, derecha, izquierda?
-Yo, que nunca pertenecí a un partido político, sin embargo soy de izquierda, pero no como se entiende en Venezuela, donde ahora nadie quiere ser de izquierda, ni siquiera Chávez, sino como lo entienden los revolucionarios europeos.
-En la cabecera, ¿La Biblia, Mi Lucha y también El Capital?
-Leo La Biblia y leí Mi lucha, no he leído realmente El Capital. Entiendo que Marx le sacó las cuentas al capitalismo y aunque soy matemático, para ese tipo de cuentas soy muy malo.
-¿Para ese tipo de cuentas solamente?
-Para ese tipo de cuentas, solamente.
-¿Quién es más bolivariano: José Rodríguez o Sant Roz?
-He escrito varios libros sobre Bolívar. Uno de ellos lo prologa Ramón J. Velásquez, Virgilio Tosta y Eloy Chalbaud: No es ahora que he salido a hablar del Libertador. Desde hace más de 20 años me he dedicado a la investigación bolivariana.
-Hay muchas voces advirtiendo sobre la posibilidad de un totalitarismo, y miedo porque ya se inició la militarización.
Chávez me parece una persona muy contemporizadora como para volverse dictador. Además, ya le está cayendo simpático a los inversores y cuando eso sucede es porque no tiene la garra ni el coraje para hacerse dictador. Un hombre que fue a los EEUU, jugó pelota y se portó muy simpático con los dueños del gran capital no puede regresar a Venezuela y hacer la morisqueta de un golpe de estado. Con esas cosas no se juegan.
-Pero si hay mucha improvisación.
-En Venezuela, toda la vida hemos sido todos unos grandes improvisadores. Venezuela es un país de improvisaciones. Chávez llega y tiene que echar mano de lo poco que tiene a su alrededor.
-¿Quiénes?
-Nosotros, los venezolanos, somos los reyes de la improvisación. Habrá que llegar a un gran acuerdo para organizarnos porque no será Chávez quien va a organizar esto, ni su mano, ni su presencia, ni su égida lo que le dará una nueva orientación al país. No. Vamos a tener que hacerlo nosotros mismos, para convertir la actual en una nueva Venezuela.
-¿Por ello hay que marchar rápido hacia una constituyente y apurar la construcción de la quinta república?
-Ya la gente está entendiendo la necesidad de la Constituyente. En un comienzo a ese proceso se le entendía simplemente como el de quitar leyes para sepultar el pasado y poner nuevas leyes para arreglar el país en función de esa nueva Carta Magna, pero gobernantes y gobernados obligándolos a respetarla y cumplirla, no vaya a suceder lo mismo que ocurrió con la del 61: que fue violentada en toda instancia por unos pocos en perjuicio de la mayoría.
-Y si por decisión del soberano, los ahora malos resultan mayoría frente a los ahora «buenos», ¿qué pasaría?
-Recuerde lo que ocurrió en la Gran Convención de Ocaña, en 1828. Se disolvió porque los bolivarianos se fueron; rompieron el quorum y Bolívar, al quedarse solo sin lenguaje político, tuvo que asumir la dictadura. No sé si ese escenario pudiera repetirse aquí cuando los chavistas, viendo que son minoría, se retiren y no le dejen a Chávez otra opción que la dictadura.
-¿Por qué decidió pedirle el voto al ciudadano?
-¿Al soberano Chávez?
-Creo que no ha llegado a ser rey todavía, me refiero al pueblo.
-Pienso que uno tendría una especie de mínimo poder, como ciudadano, en una magna asamblea, para exigir cambios sociales en virtud de lo que yo he denunciado y por lo cual he luchado en Mérida: el permanente daño al medio ambiente y las innumerables injusticias y barbaridades sociales que a diario se cometen imponiéndose contra la razón, la decencia y hasta el sentido común. Voy con el sueño ver si es posible que uno pueda crear alguna clase de rectificación social, sin partidos políticos, sino a través de las propias comunidades.
-En concreto, ¿qué lleva a la Constituyente?
-El poder revocatorio de mandatos y privilegios.
-¿A cualquier nivel?
-A cualquier nivel. Desde el mandato del prefecto hasta el del Presidente de la República
-¿Pasionario?
-Sí. Pongo mucha pasión en lo que hago. Es mi manera de vivir con autenticidad.
-¿Una voz en el desierto, tal vez?
Probablemente. Quizás are en el mar. Pero a lo mejor uno está signado a llevar esta clase de vida hasta el final.
A José Rodríguez, un guariqueño nacido en Santa María de Ipire, estado Guárico, quizás sólo le teman sus alumnos en la Facultad de Ciencias de la ULA, donde enseña matemáticas. En cambio, a José Sant Roz tirios y troyanos le escurren el bulto temeroso de caer en su pluma, que la blande como espada contra toda clase de corrupción y de injusticias. A pesar de saberse un hombre amable por naturaleza, sin embargo confiesa que la verdad de la política lo convirtió en un hombre arrecho.
Este foro fue publicado originalmente en Frontera, en su edición del lunes 21.06.99