Por Geraldina Colotti y Carlos Aznárez
Marco Paulsen Figueroa es miembro del equipo
editorial del órgano de información política Réplica
Comunista y militante de la Intersindical de
Trabajadores y Trabajadoras Clasistas (AIT) en
Chile. Durante la dictadura militar de Augusto
Pinochet, fue militante del Movimiento de Acción
Popular Unitaria (MAPU), organización marxista-
leninista y político-militar. Debido a su participación
activa en la resistencia armada contra la tiranía, fue
encarcelado y permaneció durante cuatro años como
prisionero político. Tras su liberación, el primer
gobierno de la «transición democrática» decretó su
exilio, viviendo durante 13 años en Bélgica. Tras
retornar a Chile, se integró activamente en la lucha
territorial y sindical por la construcción de un
verdadero partido comunista revolucionario.
A continuación, presentamos la entrevista realizada
durante su participación como invitado en el
programa radiofónico «Abrebrecha Venezuela»,
donde analiza la crisis estructural del capitalismo, el
agotamiento del progresismo institucional, la
avanzada del neofascismo y los desafíos estratégicos
de la clase trabajadora.
–Bienvenido Marco ¿Consideras que la vía electoral
en América Latina ha quedado reducida a una
mera administración de la crisis del capitalismo
dependiente o aún existe margen para que un
gobierno progresista tensionara el Estado sin
desmovilizar ni traicionar al sujeto popular que lo
llevó al poder?
-Muy buenas tardes compañera, compañero. Antes que
cualquier cosa, me parece que corresponde dar las
gracias por esta invitación. Me siento muy honrado de
la posibilidad de participar en un debate, de
manifestar las ideas que desde acá hemos construido
frente a la situación tanto en nuestro país como en el
mundo. Que está muy parecida porque estamos
viviendo en general en una época en que el
imperialismo está atravesando una crisis de duración
prolongada, inusualmente prolongada, y además de
esta onda larga de crisis de una amplitud también
generalizada toca todos los aspectos de la vida, no es
solamente una crisis que se aloja en la esfera
económica, sino que cultural, política, institucional,
todo está trastocado, todo está en crisis, todo se está
moviendo y una expresión de ello es la crisis también
que está viviendo la democracia liberal.
Cuando hablamos de crisis de democracia liberal no
estamos por ningún motivo pensando que la
democracia liberal puede ser una alternativa posible,
progresista para los pueblos. Sino que estamos
únicamente afirmando que la forma democrática en
que la dictadura de clase burguesa se expresa también
está en crisis, no es capaz de dar respuesta a los
derechos ni siquiera más básicos de los pueblos de la
clase trabajadora por el mundo. Y esto a causa de lo
que veníamos diciendo, esta crisis del capital
internacional.
El mismo capital ha postulado como una táctica
propia de ellos, bajo su interés y para servir su interés,
ha postulado la salida, la táctica de estos gobiernos
progresistas que me atrevería a afirmar que no
representan un ímpetu de transformación estructural.
Al contrario, se han en algunos lados manifestado
bajo un discurso, con un relato que apuntaría hacia
allá, pero que efectivamente si uno analiza las
políticas concretas que están planteando en todo el
mundo son maquillaje, son cosméticas y no apuntan a
lo esencial, por tanto, lo estructurante del modelo de
dominación, es decir, no apuntan a transformar el
modelo de dominación. La socialdemocracia hoy día
es menos que reformista, la socialdemocracia se ha
transformado en socioliberalismo que únicamente
representa el ángulo, el lado, la mano izquierda del
bloque en el poder, y eso a nivel mundial.
Ha sido utilizada para detener lo ímpetu
transformador de las masas, eso sí, como una
herramienta del bloque en el poder de la burguesía
internacional para justamente intentar sortear la
profunda crisis en que están viviendo. Por tanto, mi
primera afirmación sería que no tienen este ímpetu.
Entonces, tampoco es que choquen contra limitations
de la democracia y la institucionalidad burguesa.
Evitan el choque permanentemente, sino que lo que
apuntan es a establecer consensos en disputa, pero
consensos con el sector más reaccionario de la
burguesía. Por tanto, van cediendo una vez que están
en el gobierno, y digo en el gobierno y no en el poder,
porque el poder es otra cosa, estas posturas políticas
de la socialdemocracia y el progresismo únicamente, y
no puede ser de otra forma, han llegado a los
gobiernos estatales en distintos países, pero no
rasguñan, no tocan el poder, no lo piensan disputar,
porque tampoco representan una clase alternativa, una
clase antagónica, que es la clase trabajadora, que es la
que efectivamente se plantea como proyecto histórico
la transformación de esta sociedad, la destrucción de
esta sociedad y la construcción de una sociedad nueva
y distinta.
Ahora, efectivamente, sí han servido y han favorecido
el regreso de la derecha más radical.
¿Por qué?
Porque la crisis permanece, la crisis perdura, la crisis
persiste, y las masas sufren esta crisis, y al ver las
masas, al vivenciar, al experimentar que el
progresismo, la socialdemocracia, no da soluciones,
sino que perpetúa estas situaciones de opresión,
explotación, busca en otros lados, busca otra
alternativa. Y aquí diría yo también dos afirmaciones:
en todas partes del mundo, la socialdemocracia y el
progresismo pavimentan el camino de la extrema
derecha, por sus políticas, porque no son capaces de
llevar la contradicción hasta el final, porque en los
momentos en que incluso el reformismo radical llega
a un momento de decisión, a una disyuntiva, y esa
disyuntiva es, o profundizar, cambiar de eje,
profundizar el proceso de reforma y transformarlo en
reformas estructurales, efectivamente estructurales, o
ceder frente al poder de la burguesía. Y el
progresismo en cada uno de los países ha optado por
ceder, por claudicar, de una u otra forma, con
expresión más o menos combatida, pero en el fondo
claudican.
Y en este proceso de claudicación, las masas,
lamentablemente, y aquí es la otra afirmación, no
encuentran otra alternativa, pues la alternativa
popular, revolucionaria, alternativa comunista, está
debilitada por todos lados, en todo el mundo.
¿Hay alternativas?
Hay salvedades, por supuesto, esta situación no es
homogénea, pero si hay que hacer una tendencia más
bien internacional, si hay que hacer una mirada que
homogeneice, aunque considere las diferencias,
deberíamos decir, digo, afirmo, que estamos en un
periodo de reflujo, en el que las ideas de la revolución
están debilitadas, las organizaciones revolucionarias
están debilitadas, no hemos podido encontrar la tecla
sobre la cual apretar, que significa, efectivamente, la
propuesta de una táctica concreta, acertada para los
desafíos que estamos teniendo. Ahí hay un asunto
importante a plantear, y por tanto, frente a la ausencia,
la derecha radical pareciese ocupar un lugar,
pareciese, aparte de su discurso, ofrecer una
alternativa, porque esta derecha radical se presenta
como rupturista, se presenta como desordenada, se
presenta incluso como antisistema, en muchos casos,
con discursos contra las élites y la oligarquía, que son
discursos que también el tradicional fascismo, y
particularmente el nazismo, defendió, pero sabemos
muy bien que, más allá del discurso, su defensa se
arrima a los intereses de la burguesía.
Eso hace que, objetivamente, los gobiernos
progresistas, llamados los gobiernos socialdemócratas,
han servido de pavimentadores del camino de la
derecha extrema, y ahí es donde tenemos que intentar
encontrar soluciones, y esta solución no va a estar, no
puede estar en volver a confiar en quienes no sirven a
los intereses del pueblo y las clases trabajadoras.
Estamos en un momento del mundo en el cual el
imperialismo en todas sus facetas, tanto el
imperialismo yanqui como esta nueva lacra que es
el sionismo, están avanzando en Latinoamérica
realmente con mucha fuerza y utilizan, a diferencia
de la década del 70-80 en que las dictaduras
militares abundaban por todas partes, utilizan el
método de la democracia burguesa, la democracia
parlamentaria, que institucionaliza un sistema de
dominio y un programa económico único que se
aplica a rajatabla. ¿Cómo estás viendo la respuesta
que pueden dar los pueblos frente a esta avanzada?
Efectivamente, efectivamente la derecha más radical
está a la ofensiva, y esa ofensiva se nota, basta con
mirar el mapa de los gobiernos y de las fuerzas que se
están creciendo, ya lo decía un poco antes, en esta
crisis, quienes están capitalizando por el momento son
las expresiones de la derecha más radical, neofascista,
populista, reaccionaria, y están aprovechando
efectivamente la batalla cultural, la batalla de la idea,
y están de alguna manera, me parece claro,
lamentablemente, me parece claro que han logrado
avances, han logrado toma de posiciones que se
expresan en un sentido común de masas,
individualistas, despolitizados, contrario a las ideas de
la revolución, un sentido común de masas que intenta
refugiarse en el identitarismo, por tanto que tiende a lo
conservador, no al cambio, no a la transformación, no
a usar la revolución.
Frente a eso ¿cuál es la tarea prioritaria para las
fuerzas revolucionarias?
Bueno, está difícil porque estas tareas, sin ninguna
duda, van variando de país en país, de continente en
continente, la situación no es la misma, aunque
podamos establecer una tendencia general, la
situación no es la misma, y cuando hablamos de tareas
concretas prioritarias, estamos hablando de
situaciones muy concretas que deben dar respuesta en
cada territorio a las condiciones concretas, a las
condiciones objetivas, que esta particular formación
socioeconómica está estableciendo.
Entonces, los retos son más o menos distintos. No me
atrevería a decir que puede haber a nivel general una
tarea prioritaria para las fuerzas revolucionarias, pero
sí me atrevería a decir que entre algunos aspectos que
deben existir en estas tareas de urgencia, establecer las
tareas de base, están las disputas de las ideas, porque
la batalla de ideas es fundamental, es una de las
batallas que debemos desarrollar con premura, con
urgencia, y con decisión. Disputando a las masas
también, y esa disputa es de masas, no solo con la
idea, sino que es con la participación concreta en los
territorios populares de lucha, nuestros territorios y
frentes concretos, poniéndonos a la cabeza junto a las
masas populares en las luchas por las reivindicaciones
inmediatas, en las luchas por los derechos que están
siendo amenazados.
Estamos viviendo una época en que esta crisis de la
democracia liberal se expresa en una ola regresiva
profunda, en que incluso los países donde la clase
trabajadora había logrado avances, hoy día están
siendo borrados, están siendo negados, están siendo
expoliados. Por tanto, ahí, resistir frente al fascismo,
al neofascismo, a la reacción. Resistir con las ideas,
como decíamos en la lucha de ideas, pero también en
forma muy urgente en la defensa de los derechos hasta
ahora obtenidos, en no permitir la regresión, en no
permitir la contrarreforma, y establecer frentes
comunes populares en cada uno de los países y que
tengan una perspectiva de unidad al menos
continental.
Al menos continental requerimos las características de
la lucha hoy en día, aun cuando defiendo que hay
particularidades en cada territorio, tiene una tendencia
a internacionalizarse y debemos contar con ese dato.
Ahora, también otro que es fundamental y que es una
tarea permanente que debemos tener los
revolucionarios, los comunistas, es la formación de
verdaderos partidos comunistas revolucionarios. Esa
es una tarea, al afirmar que no existen, que han estado
debilitados, que hay que reconstituirlos a veces, que
hay que recrearlos o formar nuevos, la creación de
partidos comunistas de nuevo tipo es vital.
Sin la organización política revolucionaria, sin la
organización política que sea capaz de mirar en
perspectiva y enfrentarse decididamente a la clase
dominante de forma integral. Sin duda estoy diciendo
que con todos los terrenos de lucha y entendiendo que
queramos o no, más allá de nuestros deseos, más allá
de nuestras ilusiones, el enfrentamiento radical, es
decir, armado contra la reacción es inevitable y estas
organizaciones tienen que saber muy bien que hay que
prepararse para eso y hay que prepararse desde la
resistencia para pasar a la ofensiva y para pasar a
etapas superiores de lucha. Que van a tener escenarios
nacionales pero una necesaria y urgente coordinación
internacional, al menos a nivel continental. La unidad
de los comunistas, de las comunistas a nivel
internacional es vital, es vital y tiene que empezar a
ejercerse desde hoy día.
Los métodos que usa el imperialismo y sus lacayos
sionistas son respuestas concretas que están dando a
cada época diferente el desarrollo de la lucha de
clases. Corresponden a sus intereses, no responden a
veleidades, sino que efectivamente es la situación
política que está dada en cada territorio, en disputa, en
cada escenario de la lucha de clases. En nuestro
continente, efectivamente, en los 70, en los 80,
necesitaron de las dictaduras militares.
Esas dictaduras militares provocaron una represión
feroz que no es necesario relatar ahora, y esa represión
feroz estuvo dirigida fundamentalmente a la clase
trabajadora, a sus dirigentes, al dirigente obrero, y a
las organizaciones de vanguardia, a las organizaciones
políticas militares, a las organizaciones
revolucionarias. Hoy día no existe una realidad
extendida de dictaduras militares, pero sí existe una
realidad extendida de recortes, incluso de la estrecha
democracia liberal, la cual, repito, está en crisis, y
están utilizando cada vez menos. Quiero decir que
siempre, y esto lo sabemos, no es un aporte que vaya a
dar, las sociedades de clases, el Estado es una
dictadura, más o menos fuerte, más o menos feroz,
más o menos abierta, más o menos descarada.
Han necesitado pasar de la dictadura a esas
democracias liberales distintas, restringidas, y hoy día
están necesitando que esa democracia liberal
restringida sea cada vez menos democrática y cada
vez más autoritaria, cada vez más Estado policial,
cada vez más Estado contrainsurgente. Esa es la crisis,
esa es la expresión institucional que se está dando en
casi todas partes del mundo. Esta democracia liberal
es cada vez menos liberal, por tanto está cada vez más
traicionando incluso los valores promovidos
teóricamente por el liberalismo y por la burguesía. No
da respuesta ni siquiera a la fantasía de los derechos
que ellos planteaban como promesa fundadora.
Por tanto, debemos reconocer esa situación y debemos
prepararnos y actuar en consecuencia. Y esa
consecuencia significa que los pueblos debemos
prepararnos para vivir esta restricción democrática,
por tanto, esta nueva era de gobiernos totalitarios,
policíacos, totalmente antiliberales, que van a
expresarse o no con dictaduras militares directas.
Puede que no sean, hasta el momento, sin dictaduras
militares directas, tal como fue con el caso de Hitler y
el nazismo en Alemania, están arribando los gobiernos
por vía democrática, lo que ellos llaman democrático.
Entonces, la democracia no sirve. La democracia hoy
día, menos que antes, sirve para satisfacer las
necesidades de la clase trabajadora y los pueblos. No
es una herramienta que esté en esta época concreta
siendo posible utilizar. Me refiero a la democracia
sobre todo en su expresión institucional.
Por tanto, quiero decir también que no podemos
desechar la participación en las organizaciones de
base, en las organizaciones sindicales, estudiantiles,
en las organizaciones gremiales. Debemos disputarle,
debemos crecer ahí, pero sin la ilusión democratista,
comprendiendo el cambio de carácter que hoy día
tiene estas llamadas democracias, que son
democracias totalitarias, que tienden efectivamente al
Estado policial y a la fascistización. Por tanto, la
respuesta de los pueblos debe basarse en esta
convicción.
Y debe entender también la respuesta de los pueblos
otra situación clave, que es la crisis del capitalismo a
nivel internacional y la decadencia de la hegemonía
capitalista de los Estados Unidos. Esta decadencia es
casi inevitable, mas no significa inminente, no
significa inmediata. Este imperialismo está
debilitándose, pero es fuerte, es feroz, es destructivo,
y va a defenderse con todo, y está haciendo eso,
utilizando efectivamente guerras de agresión, el
genocidio a través del títere sionista en Gaza, en
Palestina, la agresión criminal que hay contra el
pueblo iraní, expresión de esto también es la nueva
vuelta a la doctrina Monroe, reactualizada, y la
decisión del imperialismo norteamericano de dominar
directamente y tratar de desalojar al enemigo chino de
nuestro continente.
Entonces, nuestra respuesta de los pueblos frente a
esta avanzada tiene que ser entender que el fascismo,
el neofascismo, es un enemigo que hay que derrotar,
pero también comprendiendo las experiencias del
pasado y ningún frente antifascista es efectivo si está
dirigido por sectores de la burguesía, por más
democráticos que se pinten, porque esos sectores
siempre van a defender en última instancia el sistema
de dominación y de explotación. Por tanto, la
independencia de clase es fundamental en la
construcción de estos nuevos y necesarios frentes
antifascistas, dirigidos por fuerzas populares y
revolucionarias. Esa es una tarea insoslayable que hay
que enfrentar con decisión.
Y en esta, ya está dicho, ya lo hemos dicho, no se
puede llevar hasta su última instancia, su realización
plena, si no es con la construcción de verdaderos
partidos comunistas revolucionarios que sean capaces
de interpretar el sentido de las masas, el proyecto
histórico de las masas y la clase trabajadora, y
efectivamente desarrollar una táctica consecuente y
que esa táctica consecuente esté estrechamente ligada
a la estrategia de la toma del poder y la construcción
del socialismo.
Mientras la izquierda institucional pacta en el
parlamento, la extrema derecha disputa con
agresividad la hegemonía cultural y capitaliza el
malestar mediante la guerra cognitiva y el
punitivismo. ¿Cuáles deberían ser hoy la tarea
prioritaria y los medios de lucha para reconstruir
el tejido popular y disputar el sentido común más
allá del marco de una democracia liberal que el
propio imperialismo está erosionando?
Frente a la guerra cognitiva, el punitivismo y el
desgaste irreversible de la democracia liberal, la tarea
de las fuerzas revolucionarias pasa en primer lugar por
desmentir la ilusión democratista. No podemos seguir
jugando en el terreno de una democracia liberal que el
propio imperialismo erosiona y desecha cuando ya no
le sirve para sus fines de dominación. La disputa del
sentido común no se hace desde las bancadas
parlamentarias ni adaptándonos a sus marcos
institucionales, sino poniéndonos a la cabeza de las
luchas concretas del pueblo en los territorios: por la
vivienda, por la salud, contra la carestía de la vida y
contra la represión estatal.
Para disputar esa hegemonía y reconstruir el tejido
popular roto por la ofensiva ideológica del capital, los
medios de lucha deben combinar la batalla de ideas
—desenmascarando el discurso punitivista y
demagógico de la extrema derecha— con la presencia
territorial efectiva. Es ahí, en la resistencia cotidiana y
en la defensa de los derechos conquistados ante la ola
regresiva, donde se combate la despolitización y el
individualismo. Y todo este esfuerzo de
reconstrucción del tejido de masas carece de horizonte
si no se articula en torno a la construcción de partidos
comunistas de nuevo tipo, capaces de elevar esas
luchas defensivas hacia la preparación política y
organizativa para el enfrentamiento directo contra la
reacción y la toma del poder.
Los tribunales estadounidenses han decidido
prolongar aún más el secuestro del presidente
legítimo Nicolás Maduro y de su compañera, la
diputada Cilia Flores. La respuesta mundial ya no
es la misma que vivimos en el mes de enero, cuando
se había producido este dramático hecho y todo lo
que significó para el pueblo de Venezuela los
bombardeos, los ataques del imperio norteamericano.
¿Cuál es la posibilidad para
generar una matriz de opinión positiva en el
sentido de poderle devolver la libertad a Nicolás
Maduro cuanto antes? Porque el riesgo que se
corre es que con el correr del tiempo, como suele
pasar en el mundo que vivimos, un hecho más
grave tapa al otro hecho ocurrido la semana
pasada. Por lo cual, se corre el peligro de que la
detención, el secuestro de Maduro siga
prolongándose y eso para el pueblo venezolano es
realmente una situación muy grave y muy dolorosa
sobre todo.
El ataque realizado el 3 de enero fue un acto agresivo,
brutal, criminal, anunciado e instrumentalizado desde
hace tiempo. El bloqueo e impacto de la operación
tuvieron su punto culmen en el ataque y en el
asesinato de más de 100 personas, entre ellas 32
combatientes cubanos. Repitámoslo: brutal, ilegal y
criminal.
Sabemos que no podemos pedirles que respeten las
leyes, las mismas leyes que les sirven a ellos cuando
lo requieren y que traspasan cuando lo necesitan. No
hay orden internacional, no hay jurisprudencia, no hay
leyes ni nada que les impida cumplir con los objetivos
que se han fijado. Uno de estos objetivos es someter a
América Latina, y someter a América Latina pasa
también por someter los intentos de cierta
independencia, de construir una alternativa y de hacer
reformas radicales a los Estados que rigen en este
continente nuestro.
A Venezuela y al proceso bolivariano lo vienen
atacando desde hace mucho tiempo. Lo habían
anunciado, no hay sorpresa en aquello. De hecho, con
total descaro, la administración actual había dicho que
iban a ir por Maduro y por la dirigencia bolivariana, y
algo así han hecho ya.
No podemos quedar pasivos frente a esta situación. La
exigencia de la libertad de Nicolás y Cilia es una
exigencia democrática de urgencia. En estos tiempos
de crisis las urgencias se van acumulando y nuestra
debilidad se va haciendo cada vez más patente.
Tenemos que enfrentar estas urgencias, aunque sean
múltiples, y en ese proceso ir fortaleciendo también
nuestras posiciones. Por supuesto que hay que generar
un movimiento de apoyo solidario general y
continental exigiendo la libertad de Nicolás y Cilia.
Nicolás Maduro es el presidente de Venezuela;
continúa siendo el presidente de Venezuela que está
encarcelado en situación de prisionero de guerra. Por
tanto, no podemos olvidar esto. Avanzar en un
movimiento que pueda exigir su libertad es necesario,
urgente, justo, legítimo e éticamente una urgencia. La
posibilidad de que esto se obtenga va a depender de la
fuerza que podamos desarrollar. La base de este
proceso de lucha por la libertad de Maduro tiene que
estar en la acumulación de fuerza que se realice en el
propio territorio venezolano.
Hay que ligar la lucha por la independencia, por la no
injerencia, por no someterse a los dictados del
imperialismo y por no aceptar la intromisión sionista
con la lucha por la libertad de Nicolás Maduro y de
Cilia Flores. Va a ser parte del proceso de
acumulación y despliegue de fuerza para asegurar la
independencia de Venezuela, para no aceptar el
tutelaje del imperialismo norteamericano sobre
Venezuela y, desde nuestro punto de vista, para
radicalizar el proceso bolivariano e ir hacia
expresiones del poder del pueblo aún más radicales
que las que existen hoy día.
Cuando digo «no solo a la independencia», por
supuesto no estoy negando el valor elemental que
tiene evitar el tutelaje norteamericano, pero en las
condiciones de las luchas revolucionarias en el
mundo, la lucha antiimperialista va ligada a las tareas
de transformación revolucionaria de la sociedad y a
destruir las estructuras del orden capitalista burgués.
En los tiempos de hoy no hay independencia si no se
liga con la lucha por el socialismo.
El imperialismo está en una fase destructiva y feroz;
van a intentar sortear esta fase, y aunque sostengo que
no tendrán éxito y que es irreversible, el margen de
tiempo es prolongado y el imperialismo será cada vez
más feroz. Una real lucha antiimperialista tiene que
ser asimismo el camino de lucha por la revolución. No
hay antiimperialismo directed por supuestas
burguesías nacionales que tengan contradicciones con
el imperialismo. Estos sectores pueden y deben
participar en luchas antiimperialistas si son
consecuentes, pero la dirección de estos procesos debe
estar en el campo revolucionario.
En ese sentido, la lucha por la libertad de Nicolás
Maduro y Cilia Flores es parte de la lucha
antiimperialista y debe transformarse en parte de la
lucha por construir una alternativa anticapitalista
efectiva: una alternativa de poder efectivo del pueblo,
de voluntad de construir una nueva sociedad y de
avanzar en la construcción socialista.
Para aquello, que suena mucho más fácil decirlo,
tenemos un enorme desafío que debemos enfrentar
desde la debilidad relativa que hoy tenemos, pero
avanzando en coordinación, en unidad y en luchas
comunes. Aún cuando quienes nos inscribimos en el
campo popular tengamos contradicciones, diferencias
de opinión o líneas políticas distintas, estas deben
confrontarse a la realidad en unidad y lucha para
lograr síntesis correctas que permitan avanzar. Es
necesario construir alternativas en cada país y un
frente de lucha antiimperialista a nivel continental
para enfrentarnos a nuestro verdadero enemigo. Es un
camino difícil, pero la historia de las luchas de
liberación en el mundo siempre ha estado en esos
derroteros. Cuando es difícil se requiere más empeño,
más decisión, más voluntad y claridad política para
enfrentarla, junto con el gran desafío que es la unidad
continental.