Arq. Gamal El Halabi
“Conozco de aquellos que se hacen llamar judíos sin serlo,
Sino que son sinagoga de Satanás…”
Apocalipsis 2.9
Aclaremos algo para comenzar: Cuando hablamos de Israel, nos estamos refiriendo a la Palestina Árabe ocupada y no a esa estafa histórica del sionismo Internacional -clavada como un puñal en el corazón del Mundo Árabe- estafa ésta a la que hacemos referencia sólo para desarrollar el tema y nada más. El título de este artículo fue tomado del nombre del libro de Hussein Triki (He aquí Palestina… el sionismo al desnudo), cuya lectura recomiendo a quien tenga el interés de saber más del conflicto árabe-sionista. Con gusto puedo enviar una copia del mismo, en formato PDF, a quien lo solicite.
El origen de los pueblos semitas tiene hoy dos enfoques en su interpretación. Una histórica y la otra religiosa:
La interpretación histórica nos habla de pueblos originarios de la península arábiga, llegados en los primeros siglos de la civilización (aprox. 3.500 años a.C.) a las fértiles tierras ubicadas entre los ríos Tigris y Éufrates (la antigua Mesopotamia, hoy la masacrada tierra de Iraq), donde florecieron las primeras ciudades estado. Esta región fue escenario de constantes incursiones de pueblos, sucediéndose una dominación tras otra. En su mayoría, estos eran pueblos de origen semita, provenientes del desierto arábigo. Esta familia incluye las formas antiguas y modernas del árabe, arameo, hebreo, asirio, acadio, etc. Como puede verse, su origen debe ubicarse entre las antiguas tribus nómadas del desierto en cuyo ámbito en que se desarrolló el pueblo árabe y no en el judío y, menos aún, en aquellos que hoy dominan y masacran al pueblo árabe-palestino: una sub-raza de arios (si señor…de arios. En otra oportunidad hablaré de esto). De arios centro europeos, emparentados con cualquier cosa, menos con la raza semita, conversos por razones políticas y de usura, los denominados judíos Askenazis, quienes se desviven explicando su “derecho divino” a retornar a una tierra que nunca pisaron, porque… ¿Cómo se pueden justificar ningún derecho de regresar a un lugar donde nunca estuvieron y por ende jamás salieron?
Desde el punto de vista religioso, el término semita hace referencia a los pueblos citados en el Antiguo Testamento, los descendientes de Sem, hijo primogénito de Noé. En el libro del Génesis se encuentra la narración del diluvio y en ella está la genealogía de los pueblos donde se hace referencia a los semitas. Los antiguos pueblos de herencia semítica incluyen a los habitantes de Aram, Asiria, Babilonia, Siria, Canaán (incluidos los palestinos y hebreos) y Fenicia. Las poblaciones actuales consideradas como semitas incluyen a los árabes, los judíos (los judíos semitas, se entiende), los etíopes y los arameos (pequeñas comunidades del Líbano y norte de Iraq). Entonces ¿Cómo es que una ridícula pretensión de una supuesta “promesa divina” hecha por no se sabe que racista dios, otorga derechos a un grupo humano a quienes nunca se le hizo la tan manoseada promesa? Se han preguntado ustedes, solo por poner un ejemplo, ¿Cómo es eso que una señora nacida en Ucrania con el nombre de Golda Mabovitch, nacionalizada estadounidense, llega a gobernar, con el nombre de Golda Meir, a una tierra que ni ella ni sus ancestros pisaron nunca y a la que solo llegó para ser primer ministro? Casos como el de esta señora se pueden citar por centenares, como el del mismísimo señor Ben Gurión, polaco de nacimiento con el nombre de David Green, o el bielorruso Menahem Beguín, o el ucraniano Levi Eshkol, o como tantos otros usurpadores, imponiendo su voluntad y su poder sobre millones de seres a quienes, desde hace más de sesenta años, someten a las condiciones más inhumanas que se puedan concebir, ante la mirada cómplice y complaciente del mundo entero (con honrosas excepciones como la de nuestro presidente Hugo Chávez).
Pero la cosa no termina ahí. Hay otra “promesa divina” hecha por ese exclusivo dios de ellos (que mas que dios, parece un conveniente instrumento al que siempre tienen a mano para justificar cada una de sus fechorías a lo largo de la historia) según la cual este dios la habría dado a Abraham y a su descendencia, la posesión perpetua de la tierra de Canaán. Dios nunca le ha sido tan útil a pueblo alguno como lo ha sido para los judíos. Hasta el genocidio se permiten alegando un “mandato divino” adecuadamente formulado a sus intereses. Este Abraham (Ibrahim para los árabes) tuvo dos hijos varones, según cuentan los textos religiosos. El mayor de nombre Ismael padre de los árabes, y el segundo llamado Isaac, considerado el padre de los judíos. Si la fulana promesa de posesión de las tierras de Canaán tuviera algún rasgo de veracidad, esta debería hacerse efectiva por la rama del hijo mayor, como es costumbre histórica en todos los pueblos de origen semita, incluyendo a los judíos (el Antiguo Testamento está lleno de estos ejemplos) y no por medio del menor, no importando para el padre de cuál de las dos mujeres es hijo. El mayor es el depositario de su herencia y listo. Esa tierra es árabe mírese por donde se mire, por derecho humano o divino. Es tierra árabe por derecho propio.
Por último, y respondiendo a la pregunta que da título a este artículo: ¿Hay semitas en Israel? Diremos que hay un pueblo semita que sufre, que sobrevive con coraje a los campos de concentración y al exterminio sistemático, que hasta el más elemental derecho humano, como el derecho a defenderse, les es negado, porque si tal hacen son acusados de terroristas. Un pueblo que hoy es víctima del odio y la bajeza del mismo grupo humano que ayer cobijó: se trata del Pueblo Árabe Palestino, los únicos semitas que hoy sobreviven dentro de las fronteras de ese estado artificial de Israel, estado este que nunca será viable sin el concurso y la aprobación del mundo árabe.