El Líbano resiste. Trump desesperado busca una victoria que no consigue…

Por Sergio Rodríguez Gelfenstein

Más allá de la grandilocuencia de Donald Trump, de su usual retórica sustentada en
mentiras y de su hábito imperial de hacer política a partir de amenazas, chantajes y
guerra, lo cierto es que no puede exhibir triunfos visibles en Asia Occidental. Al
contrario, Irán le acaba de proporcionar una contundente derrota que le cuesta
comprender y a la que solo atina a responder con más amenaza y más guerra.
Su política en la región se sostiene en el respaldo de Israel como instrumento de
conflicto latente que genera un mercado de armas permanente para el Complejo
Militar Industrial, principal puntal de su economía. De otra parte, sus aliados árabes,
en su mayoría putrefactas monarquías medievales bastante alejadas incluso de los
cánones tradicionales de la democracia occidental, mantienen un firme vínculo con
Washington a fin de escapar del escrutinio mundial que esconde la cara para no
observar sus satrapías y la violación permanente de los derechos humanos. Esos dos
pilares son los que sostienen el edificio de la política exterior de Estados Unidos en la
región. Su ambición mayor es acercarlos y para ello han diseñado los Acuerdos de
Abraham. Pero han chocado con la férrea firmeza de Irán y del Frente de la
Resistencia que paulatinamente ha ido desmoronando los planes imperiales en el Asia
Occidental y el norte de África.
Ahora pretenden exhibir un acuerdo entre Israel y el Líbano como éxito de su
diplomacia. Pero una cosa son los planes, los objetivos y la narrativa que la mantiene y
otra, la realidad. El relato de Washington y de Occidente es que el conflicto en el
Líbano tiene su origen en la existencia de los “proxys” que Irán “maneja” en la región.
Así, desde el 7 de octubre de 2023, Estados Unidos e Israel han atacado dos veces a
Irán responsabilizando a Hamás en Palestina, a Hezbollah en Líbano, a Ansar Allah en
Yemen y a las Fuerzas de Movilización Popular en Irak de los problemas de esa zona
del planeta.
De esta manera ha sembrado la idea de que Irán es un peligro para la región y para la
política occidental. Por ello se ha planteado como objetivo impedir el proyecto nuclear
pacífico iraní, desmembrar el Frente de la Resistencia y producir un cambio de
régimen en Teherán.
Una mirada distinta señala que en realidad, el 7 de octubre de 2023 dio inicio al
desgaste de Estados Unidos y Occidente. Esto, unido a la incapacidad de resolver a su

favor la crisis ucraniana y la creciente superioridad económica financiera, científica y
tecnológica de China, marca -en términos estratégicos- una ruta distinta a la que la
retórica de Trump pretende mostrar. .
La consolidación de los frentes de apoyo de Irán a Líbano, Irak y Yemen han cambiado
la ecuación regional a partir de una modificación en la correlación de fuerzas. Es en
ese contexto que Estados Unidos respondió con ataques a Irán en junio de 2025 y
febrero de 2026, pero al observar los resultados es fácil concluir que Washington no
obtuvo lo que se proponía: Irán consolidó un control sobre el estrecho de Ormuz que
antes no tenía; Estados Unidos demoró 30 años construyendo su entramado de
intervención militar en la región a través de 21 bases militares que Irán destruyó
total o parcialmente en menos de 24 horas y que ahora operan de manera restringida;
el Frente de la Resistencia se ha afianzado como fuerza regional; Washington se vio
obligado a sentarse a negociar y firmar un memorándum de entendimiento sin
importar que lo acepten o no, que lo cumplan o no, porque es sabido que Estados
Unidos firma estos acuerdos solo para ganar tiempo y nunca los cumple.
Por otra parte, la negación de Israel a cumplir el acuerdo condujo a que Trump
insultara a Netanyahu y el vicepresidente Vance hiciera lo propio con los ministros
israelíes, produciendo una fractura en los vínculos que solo se sostiene por una
relación simbiótica en la que cada vez menos ciudadanos creen tanto en Estados
Unidos como en Israel. Así mismo, la imagen del ente sionista cayó al punto más bajo
de su historia mientras que la de Irán se elevó generando respeto y hasta admiración
como se hizo público en el evento de futbol de la FIFA; finalmente, Trump tuvo que
aceptar que “si todo el mundo tiene misiles, ¿por qué Irán no los puede tener?”.
En esta situación, en la guerra de apoyo a Gaza. el 24 de noviembre de 2024 se
produjo un cese al fuego en el Líbano. No hay duda que en ese conflicto, Israel le dio
golpes significativos a la Resistencia tras el asesinato de Hassan Nasrrallah,
secretario general de Hezbollah, y la operación “Grim Beeper” que dejó 42
combatientes y comandantes de Hezbollah muertos y alrededor de 3.000 heridos en
dos días. Además, Israel bombardeó importantes almacenes de la Resistencia. De igual
manera logró incluso que en el parlamento fueran nombrados un primer ministro y un
presidente controlados por ellos. Los representantes legislativos de la Resistencia no
votaron en contra. Necesitaban ganar tiempo y recuperar fuerzas después de la
muerte de su máximo líder y la caída de algunos de sus principales comandantes.

En ese contexto, Israel violó el acuerdo del cese al fuego bombardeando durante
quince meses al Líbano, tiempo en que la Resistencia no lanzó misil alguno contra el
territorio ocupado de Palestina, lo cual fue leído equivocadamente por Israel y
Estados Unidos que pensaron que Hezbollah había sido destruido. La lluvia de plomo
que recibió Israel a continuación y la existencia de un arsenal de más 60,000 cohetes
y misiles, que según fuentes del ejército israelí tiene ahora la organización libanesa y
que le permite “alcanzar cualquier parte de Israel con ataques precisos y continuos”,
los ha hecho reflexionar y aceptar su error.
Para Irán y la Resistencia el objetivo estratégico es sacar de la región a Estados
Unidos, verdadero y único soporte de Israel. Pero haciéndole el juego, el presidente y
el primer ministro del Líbano (jefe de gobierno) asumieron a Hezbollah como una
organización ilegal en el país, lo cual no deja de ser extraño cuando ese mismo
gobierno tiene 5 ministros que pertenecen a la Resistencia y que manifestaron su
rechazo a esa medida apoyada por una minoría del país.
Precisamente, la idea de Estados Unidos e Israel era patrocinar que esos ministros
abandonaran el gobierno, lo cual hubiera propiciado su caída, pero con mirada
estratégica, no le dieron en el gusto al enemigo a pesar de que el gobierno tomó una
inexplicable decisión contra ellos.
Para entender esto, hay que saber que el Líbano tiene un “equilibrio religioso” para
manejar el Estado. Así, el presidente siempre es cristiano maronita, el primer
ministro, sunita y el presidente del parlamento, chiita. Esta estructura surgió de una
imposición de Francia que creó tal régimen confesional absolutamente desigual e
inequitativo, toda vez que en el sur donde existe mayoría chiita, para ser elegido
diputado se necesita de alrededor de 80 mil votos, mientras que en el norte y
noroeste del país y en el este de la capital de mayoría maronita basta con entre 3 mil
y 5 mil votos para elegirse. Eso ha permitido crear una falsa correlación de fuerzas en
el parlamento.
El régimen confesional no admite hacer válido -desde la lógica de la democracia
representativa- el resultado de las elecciones de 2018, cuando Hezbollah obtuvo 12
escaños y su alianza ganó las elecciones al obtener 70 de los 128 escaños del
Parlamento del Líbano.
En el momento actual, tras las negociaciones entre Israel y el Líbano propiciados por
la Casa Blanca y los acuerdos suscritos, el gobierno libanés ha mostrado su verdadera
faz como marioneta de Washington, toda vez que no hicieron nada para evitar que la

entidad sionista asesinara a más de 500 ciudadanos durante los 15 meses de “alto al
fuego”, al tiempo que mantenía una relación normalizada con el enemigo, mientras se
producía este exterminio. Al contrario, equivocando al enemigo real, han condenado a
la Resistencia.
Hay que saber que la población del Líbano se compone en un 69% de musulmanes
(chiitas 32%, sunitas, 31% y drusos 6%) y alrededor de 30% de cristianos (maronitas,
greco-ortodoxos, greco-católicos y armenios apostólicos). El 95% de los musulmanes
rechazan la alianza con Israel, apoyan a los sunitas de Gaza y están en contra de
cualquier paz o normalización de relaciones con la entidad sionista. Este enfoque los
lleva a asumir una posición radical frente a Israel porque, ante todo, el genocidio que
este ha desatado contra la población palestina sunita de Gaza no admite ninguna
aceptación de parte de la nación árabe. En este marco, por el contrario, Hezbollah e
Irán han proporcionado ayuda en una cuantía que ningún otro actor ha podido igualar.
El presidente del Líbano Joseph Aoun viene de ser jefe del ejército. Por su parte, el
primer ministro Nawaf Salam es un diplomático, jurista y académico que fue -hasta su
nombramiento en el cargo actual- juez de la Corte Internacional de Justicia (CIJ)
durante un período de nueve años. Ninguno de los dos tiene el más mínimo arraigo
social. Uno y otro han pasado sus vidas alejados de la acción política.
Aoun como jefe del ejército mantuvo excelentes relaciones con Estados Unidos donde
tiene propiedades y cuentas bancarias que lo hacen susceptible de chantaje por las
probables sanciones que se le aplicarían sino cumple las ordenes de Washington. Hay
que decir que como jefe del ejército, también tuvo una buena relación con Hezbollah y
con Irán pero ahora está presionado por Estados Unidos.
En todo caso, no hay una opinión única en el ejército sobre este asunto. El General de
división Abbas Ibrahim ex Director General de Seguridad Nacional por 12 años, ha
defendido a Hezbollah argumentando que la resistencia «es producto de esta tierra» y
que su legitimidad proviene del apoyo popular, por lo que considera que no es algo que
«se pueda arrebatar”.
De igual manera, Émile Lahoud exgeneral y expresidente entre 1998 y 2007,
considerado uno de los políticos más influyentes de Asia Occidental ha apoyado
firmemente a la resistencia y ha calificado la idea de retirar las armas de Hezbollah
en medio del conflicto como una «traición» militar. Opina que la unidad nacional en
torno a la resistencia es la clave para lograr victorias, tal como ocurrió en el pasado.

Vale decir que el artículo 275 del Código Penal Libanés castiga con pena de muerte a
cualquier persona de esa ciudadanía que conspire con el enemigo o mantenga contactos
con él para ayudar a sus fuerzas a lograr la victoria. Adicionalmente, la Ley N.º 1/1955
sobre el boicot a Israel prohíbe de manera expresa y directa cualquier tipo de
acuerdo, comunicación o transacción con personas o entidades que residan en Israel.
En esa medida, desde el momento que el presidente y el primer ministro comenzaron a
negociar directamente con la entidad sionista, mientras centenares de ciudadanos
estaban siendo asesinados, lo cual podría configurar un delito porque la única salvedad
que hace el Código es que dichos contactos solo pueden hacerse de forma indirecta.
Todo ello se ha verificado como una maniobra de Washington para restar validez a los
Acuerdos de Islamabad entre Irán y Estados Unidos que fueron las que -al menos en
el papel- paralizaban las acciones de Israel en territorio libanés. Las negociaciones en
Washington son ilegales e ilegítimas, por lo cual ambas autoridades podrían incluso ser
juzgados por traición a la Patria.
En el orden práctico, ni el presidente ni el primer ministro tienen peso político para
hacer valer ese acuerdo. Tampoco pueden utilizar al ejército para llevarlo adelante.
Debe saberse que los miembros del Ejército y los de la Resistencia son hijos de las
mismas familias y no van a aceptar ser utilizados para cumplir el cometido de
Washington y Tel Aviv.
Vale también regresar en la historia para recordar que el 17 de mayo de 1983,
después de la invasión israelí del año anterior al Líbano, también hubo un acuerdo
entre Israel y Líbano promovido por Estados Unidos. No obstante solo tuvo validez
por un período menor a un año culminando en fracaso toda vez que nunca logró ser
implementado: encontró un fuerte rechazo interno en el Líbano que llevó a la guerra
civil y a la división del ejército por lo que fue revocado al año siguiente dejando el
territorio bajo ocupación sionista.
En 1983 cuando Hezbollah aún era una organización política y militarmente pequeña
además de frágil aun y cuando Irán se encontraba inmerso en la guerra contra Irak lo
cual le impedía hacer efectiva su fuerza política económica, militar y científica para la
solidaridad, se propusieron expulsar a “los estadounidenses, los franceses y sus
aliados definitivamente de Líbano, poniendo fin a cualquier entidad colonialista en
nuestra tierra”. Ese objetivo se logró en el año 2000.

Ahora, siendo fuerzas poderosas desde el punto de vista político, económico y militar,
la misión se encara desde una mejor perspectiva. Como señaló, Nahib Berri, presidente
del parlamento. “Quienes redactaron el acuerdo marco quieren provocar conflictos e
intriga interna, pero yo no lo quiero, y estoy trabajando para evitar una explosión.
Incluso Hezbollah está trabajando para calmar la situación interna, pero quieren
persistir en un acuerdo peor que el del 17 de mayo… Quieren un conflicto interno”.
Un periódico libanés al referirse al acuerdo lo describió claramente: “Lo firmaron en
Washington. Lo celebraron en Tel Aviv, mientras que en Beirut, el pueblo salió a las
calles a rechazarlo”. Netanyahu lo llamó un logro, pero el pueblo libanés lo dijo
claramente: “La soberanía no se discute ni se firma, se defiende en la lucha”.

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