El discurso eufórico de ayer, el discurso del avasallado de hoy…

José Sant Roz
Una revolución necesita todos los días el fuego sagrado de las palabras. Eso aquí ya no existe. Uno lee que en la época de la revolución francesa hubo millones de seres que sólo alimentaban sus espíritus y sus cuerpos, con los discursos y juicios sublimes de Georges Danton, Maximilien Robespierre, Camille Desmoulins, Jean-Paul Marat, Louis Antoine de Saint-Just («El Arcángel del Terror»)… nosotros en Venezuela, entre 1810 y 1812, tuvimos notables oradores (Miranda, Peñalver, José Cortés de Madariaga, Miguel Peña, Juan Germán Roscio, Francisco Javier Yanes…), alma y fuego del gran espíritu revolucionario de la época, sobre todo durante los primeros años de la Independencia, destacándose Bolívar como el más claro, sincero y profundo de todos…
Luego vino el Comandante Chávez y sacó a este pueblo del vil letargo de casi dos siglos, y le dijo como Jesús a Lázaro: “-Sal, fuera y camina…”. Con él tuvimos un gran visionario, líder y orador.
Ahora, enciende uno el televisor y lo que hay es deporte. Deporte en la mañana, al mediodía, por la tarde y en el resto de las horas de mayor audiencia. Posteriormente en la noche buscamos algún aliciente de tipo popular, alguna señal todavía de aquellos sueños propios, de aquellos aires en busca de nuevos horizontes (luego de haber tenido tantos), y no hay en las pantallas de VTV que chamos corriendo tras una pelota. Nada de movilizar al pueblo, porque esto al parecer como que produce escozor y también algo de pánico en los que temen inmolarse. Todo el mundo anda en plan de querer vivir mucho, morirse de viejo o no morirse nunca. O seguir así, muerto en vida. Por otro lado, y esto también influye mucho, los bolsillos no están para que caiga la Bolsa, ni se disparen los desconciertos cuando no sabemos cómo pintan las acciones dentro de las Fuerzas Armadas, si están o no con el pueblo. Quién sabe cómo está la cosa en tantos cabezas y mundos.
Los misiles han hecho reconfigurar los estamentos del estado y nadie sabe cómo van las procesiones por dentro. Los altos mandos de la revolución siguen sonrientes, hablan y actúan como si nada hubiese pasado. La jodererita típica de vosotros sigue su curso imparable hacia la nada. Aunque no es para hacerse los suecos, pues es algo neto y formal que los misiles sí han afectado los discursos, las posturas, las miradas y las sonrisas (ahora más que nunca falsas). La cosa no se puede disimular tanto. Unos misiles que afectaron seriamente nuestro sistema nervioso central, nuestro neuma, las células más recónditas de nuestro ser, los pareceres, las ilusiones. Por ejemplo, han hecho renacer y retoñar cosas que jamás imaginamos ver. Renacer es buscar la paz y unirnos todos en familia. Principio Número Uno: como en toda familia hay que calarse a los coños de madre.
Sí señor, por ahí vemos como un logro INESPERADO, esa palabra maravillosa que debió parirla alguien que entró en pánico el 3 de enero: ¡RENACER! Yo renazco, tú renaces, todos renacemos. Estamos renaciendo de las cenizas de los misiles, debe ser. Bueno, no seamos tan negativos me dice mi novia María Eugenia: “RENACER es una palabra noble”. Y le respondo: “¿Cómo carajo, pueden renacer gloriosas ideas después de haber sido asesinados 120 compatriotas? No es cualquier mensaje eso de RENACER de las cenizas luego de unos cuantos misilazos”.
Me matan, luego RENAZCO. Y así vamos y seguiremos yendo…
O me matan, luego ya no soy el mismo. Creo en la paz de millones de hermanos con una sonrisa de oreja a oreja, pero a la vez anegados en lágrimas por dentro. Porque lo que suele ocurrir es que: PIENSO, LUEGO RENAZCO Y MANDO TODO A LA MIERDA, y ahí sí está el peligro de los que puede venir para este país.
Y claro, deberíamos renacer para bien, pero eso no siempre funciona como se espera.
Pues, yo sigo petrificado en esa madrugada tenebrosa, sin explicación alguna. Petrificado como una momia. Pues fue una invasión tan anunciada, que todos estábamos esperando y que llegó nos dejó aturdidos y sin alma. Una invasión que ha ido fue dejando una gran estela de muertos. Yo aún sigo en el cementerio de esos millones de desahuciados que ya no creen ni en los Evangelios, por ejemplo.
Ahora, después del 3-E, cada vez que aquellos radicales ductores de pueblos toman la palabra, se expresan con un verbo suasorio, muy moderado con la idea de no amoscar para nada al cotarro. Para no alterar las armoniosas serenidades que exigen los nuevos amos. Después de haber divagado nuestros dirigentes durante dos décadas con harto dominio del arte del disimulo, con sinuosidades ditirámbicas y un verbo atronador, con una lengua feroz que lanzaba metralla y truenos contra el imperialismo, pues ahora, nada difícil les está resultando tener que manejar con parvedad las ideas, hacerlo con la ecuanimidad y el sosiego que exigen estos tiempos turbios, peligrosos. A estos dirigentes suele trabárseles la lengua cuando chocan con los viejos sentimientos; merodean con el vocabulario buscando argumentos convincentes, creíbles. Nada fácil. No los consiguen. Por lo que bajan el tono y se dedican a ponderar de la fortaleza inherente a los cadáveres que aún respiran, de una supuesta resistencia que delira en el vacío. Dicen ahora por ejemplo a sus oyentes estos líderes: “-Estamos dando saltos cualitativos a la velocidad de la luz de manera imperceptible, aunque eso sí con una radicalidad que irá propiciando los valores de la organización dentro del movimiento comunal. No estamos en absoluto rehuyendo el compromiso ineludible de nuestros libertadores porque para nada entregaremos las armas legítimas de la liberación popular cada vez más consolidadas en las glorias del pasado, eso sí, si lo ameritasen las circunstancias que en algunos casos se podrían llamar de jurisprudencia negociada tendremos que ver las cosas con otros ojos y ser extraordinariamente estratégicos… Lo importante hoy es evitar a toda costa cualquier confrontación…”.
Los susodichos dirigentes, otrora radicales, toman el micrófono y la gente piensa que nos van a dar lecciones memorables para encontrar nuestro destino en esta hora. Para enterarnos sobre la lucha de resistencia en términos organizativos y de defensa nacional. Por ejemplo, que se va a hacer con la milicia. Si se disolverá o no. Qué va a pasare con nuestras Fuerzas Armadas. Si se disolverán o no. Uno espera que todo esto se vaya haciendo a tiempo, con valor y sinceridad. La sinceridad en política es esencial, tal cual como lo hacía el Comandante Chávez en las circunstancias más difíciles. Imagina uno que nos van a orientar, que se nos va a sacar de esta pasmada incertidumbre, tan pasmosa como pavosa y letal, y que nos van a decir con palabras duras, cual lo hacía un Bolívar, en qué estado se encuentra la salud de la república. Con la radicalidad, con el verbo que durante mucho tiempo se manejó con harto furor y con severo desafío ante al imperio.
Por ejemplo, ¿cómo es que no le vamos a responder nada al protuberante pedófilo cuando presume ante el mundo de que se está robando nuestro petróleo? Cómo es que vamos callar cada que sale a burlarse de la manera como nos invadió y a salir a decir que volvió trizas en minutos todo el poderío bélico de Venezuela (con arsenales chinos y rusos). Algo grave estamos padeciendo en estas lóbregas alturas de nuestra desolación que buscamos a los otrora ductores de este movimiento y lo que vemos son miles de avestruces con la cabeza hundida en el fango o como santos tapados con capucha o mirando para otro lado. Para no ver la horrenda realidad que nos rodea. Dos discursos con dos muertes en un solo acto… RIP
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Un comentario

  1. Hace falta que algunos salgan a la calle a ver si desde alli nos vamos organizando sin desesperación, pero concientes de que el pais necesita un nuevo rumbo

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