A mí primo,
Simón Enrique Puerta
Cronista de Cagua.
Libro de todos los días,
difunde saberes,
eres centro de libertad,
luz que penetra hondo
llegas al corazón.
Rompe cadenas,
derrites la opresión,
eres el filo, la hojilla
cortante de dictaduras.
Perseguido, incinerado
por conquistadores, inquisidores,
religiones, por imperios
de ayer y de hoy,
tus páginas en las cenizas
son refractarias,
sobreviven a persecuciones,
a cruces fascistas del terror,
del tormento,
al disfraz de la civilización
que te niega
en la superficialidad de su “inteligencia”.
Tu gloria, tu celebración
no es un día en cada año,
es la de todos los días,
cuando los niños
dejan sus huellas marcadas en tus hojas,
cuando el pueblo su impronta
recorre cada letra,
humedece tu cuerpo
el sudor bendito del obrero,
de la mujer, del anciano
devorando tus mieles,
esparcidas en tus alas de abeja,
florecida en cada panoja vallepascuense
Eres llanura inmensa,
armonía brisa marina,
olor a Martí,
eres los Andes
a paso de vencedores,
de Bolívar, Neruda, Mistral,
Eres educación y cultura
humanidad,
en manos de Simón Rodríguez,
Andrés Bello,
Eres el llanto y la alegría
del campesino
en la escritura libertadora
de Pio Tamayo,
de las cosas sencillas,
y las muñecas de trapo de Nazoa,
de la sonrisa titiritera de Terán,
que hace feliz a los niños,
con sus cuentos,
su silueta de Barcos
y escritos de poesía.
Eres memoria histórica,
americana, universal,
Eres el todo
para el universo entero
Eres campo de reposo,
de batallas,
viña de pensamientos,
esencia humana,
presencia eterna,
gloriosa, heroica.
Mil lágrimas presentes,
el luto cubre,
en manto de tiniebla,
es la oscuridad de medianoche
tu ausencia en los municipios,
en los espacios vacíos,
de sepultadas bibliotecas,
inexistentes imprentas,
desconocida las ediciones
del pasado, del presente
hojas no escritas, no impresas
en instituciones oficiales,
se impone la ignorancia,
el analfabetismo de políticos,
en sus casas de gobierno,
Gobernantes indiferentes
a tu diosa grandeza,
son muro, blindaje,
el infierno
para tu no cabalgar brioso,
imponente
en las manos callosa,
en los ojos ávidos y humilde
del pueblo.
Te acarician en sus manos,
profesores de profesión
que no leen,
no pueden enseñar el gusto
por la lectura,
alejados de tí
te encierran en vitrinas,
olorosa a naftalina.
Sus vistosas enciclopedias,
mutiladas, paralíticas
en eterna silla de rueda,
vendados los ojos
eruditos para el silencio,
presente en el desierto,
la aridez en lecturas,
resecas, amarillas las hojas
en manos ilustradas,
víctimas del sistema,
de una sociedad en apuros
de soluciones para la subsistencia,
para la vida material,
alejan lo espiritual, las artes, las ciencias
contenidas en tu grafía.
Todos los días
son tu día,
sin decretos oficiales,
sin burocracia institucional,
te celebren en cada casa,
en el campo, en cada comuna,
en los pueblos
te impriman, te repitan y difundan
tus hojas de dignidad, de valentía,
de sabiduría, democracia del saber
en la inmortalidad de tu existencia,
obliga al Estado tu impresión,
tu edición, tu infinita y masiva circulación.
Eduardo Orta Hernández
Cagua, 23 de abril 2026
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