El comemierda Milei no encuentra quien le eche una foto… Miren eso…

El presidente realizó un histórico papelón diplomático en España: rechazado por la Casa Real, esquivado por Feijóo y hasta por Abascal, solo encontró consuelo en el abrazo de Isabel Díaz Ayuso tras destilar odio e ignorar la realidad de miles de compatriotas.
Desde España

Si la diplomacia internacional fuera una disciplina olímpica, Javier Milei acabaría de marcar un récord mundial imposible de superar: la gira perfecta del repudio. En un despliegue de vértigo y desfachatez, el presidente argentino irrumpió este miércoles en la capital española para completar su séptima travesía en diez meses, consolidando su estatus de paria político en el Viejo Continente. Lo que en la cabeza del libertario pretendía ser un victorioso desembarco para bendecir a las derechas locales a poco más de un mes de las cruciales elecciones generales del 29 de noviembre, terminó convertido en un auténtico papelón diplomático que dejó un tufo a incomodidad y vergüenza ajena a ambos lados del Atlántico.

Para entender el nivel de toxicidad política que irradia el mandatario argentino en la Península Ibérica, conviene radiografiar el tablero local. España transita el tramo final hacia las urnas en un ambiente de altísima tensión política tras el adelanto electoral. Las encuestas otorgan ventaja al conservador Partido Popular (PP), de Alberto Núñez Feijóo, aunque sin la mayoría absoluta que le permita gobernar en soledad, lo que convertiría al espacio de extrema derecha Vox, liderado por Santiago Abascal, en la llave indispensable para la gobernabilidad. Frente a ellos, el presidente del Gobierno y candidato a la reelección por el PSOE, Pedro Sánchez, resiste ondeando la bandera de las conquistas sociales y el crecimiento económico. En este escenario de orfebrería electoral, donde cada voto del centro indeciso cuenta como oro en polvo, la irrupción estruendosa de un presidente extranjero insultando a diestra y siniestra cayó en el bloque conservador español con la gracia de un elefante en una cristalería.

La jornada madrileña arrancó bien temprano en un desayuno informativo de la Nueva Economía Fórum, ante un auditorio donde brilló por su ausencia cualquier miembro de la plana mayor del PP o de Vox. Allí, lejos de guardar el más elemental decoro institucional, Milei ofreció una lección magistral de modales de taberna. Desatado, calificó al jefe del Ejecutivo español de “impresentable dictador”, “delincuente”, “ladrón” y “corrupto”, instando al liberalismo a “sacar a los socialistas a patadas” en la cita del 29-N para evitar que los españoles “se suiciden” votándoles.

Habló en un escenario que solo mostró un fondo azul oscuro, sin los nombres de las empresas que auspician el foro, que, según trascendió, no quisieron aparecer con él. “Desde mi lugar como presidente argentino pondero a la nación española porque es la que trajo la civilización occidental a América”, dijo.

No contento con agredir al anfitrión, el líder libertario dedicó parte de su repertorio a la prensa local, tachando de “corta intelectualmente y miserable política” a la periodista de la Cadena SER Julia Molina por el atrevimiento de indagar si su presencia estorbaba a la derecha tradicional y ultra.

Sin embargo, el instante cumbre de la esquizofrenia discursiva del mandatario argentino llegó al abordar el fenómeno migratorio. Con tono apocalíptico, denunció que la izquierda fomenta una “invasión” en las fronteras y enclaves como Ceuta para cosechar votos a costa de “incendiar monumentos ancestrales y desintegrar la sociedad europea”. El detalle —nada menor para cualquier analista con dos dedos de frente— es que, al escupir semejante proclama xenófoba, Milei decidió ignorar convenientemente la realidad de las decenas de miles de compatriotas argentinos que residen en España, muchos de ellos expulsados de su país por los resultados de las políticas que él mismo impulsa desde que llegó a la Casa Rosada.

La disparatada travesía continuó al mediodía en la Universidad Pública Rey Juan Carlos (URJC), donde el presidente argentino pretendía ofrecer una conferencia de pretendido perfil académico. Lo que encontró, en cambio, fue una impresionante muralla de dignidad estudiantil. Centenares de jóvenes se concentraron en el campus al grito de “Milei, fascista, estás en nuestra lista”, “Milei, rata, muérete” y “Fuera reaccionarios de la universidad”, acompañados por el retumbar de cacerolas, silbatos y pancartas que rezaban “Milei, das asco”. La Plataforma URJC por la Pública denunció que invitar a un personaje que ahoga el presupuesto universitario en Argentina supone hacer propaganda reaccionaria bajo el amparo institucional. En medio de momentos de fuerte tensión con la policía antidisturbios y forcejeos en las puertas del aulario, la comitiva presidencial tuvo que ingresar y retirarse a hurtadillas, en vehículos con vidrios polarizados y escolta reforzada, mientras los estudiantes los perseguían al clamor de “No pasarán”.

Ante semejante despliegue de pirotecnia verbal y escándalo en las calles, las fuerzas políticas españolas reaccionaron con un arco que fue desde la estupefacción indignada hasta la huida despavorida. El Palacio de la Moncloa, a través del Ministerio de Asuntos Exteriores que encabeza José Manuel Albares, emitió un durísimo comunicado condenando “los insultos y calumnias” y el “llamamiento al uso de la violencia”, recordando que España es una nación soberana que “no acepta injerencias externas ni ataques e injurias a su presidente”. Por su parte, Pedro Sánchez prefirió responder con fina ironía desde sus redes sociales: camino a un acto de campaña en Burgos, el líder socialista publicó una captura de pantalla escuchando Fanático, el tema musical de la artista argentina Lali Espósito que satiriza la obsesión del mandatario libertario con sus críticos. A esto se sumó la sede central del PSOE en la calle Ferraz, que amaneció engalanada con una gigantesca lona publicitaria dirigida al visitante: “Hola, Milei. Los zurdos y las zurdas te dan la bienvenida a España, el país que más crece de Europa”.

Sin embargo, el verdadero termómetro del papelón histórico no estuvo en la esperable trinchera progresista, sino en el frío distanciamiento de la propia derecha, que mutó de la devoción de otros tiempos al pánico escénico. El líder del PP y aspirante a la Presidencia del Gobierno, Núñez Feijóo, aplicó la estrategia del ninguneo absoluto: ignoró por completo la presencia del argentino, no coordinó encuentro alguno y dejó en claro que la cercanía con un ultra desquiciado resta más de lo que suma en el centro del espectro electoral. La sola foto con Milei se convirtió de pronto en una bomba de tiempo que ningún estratega de campaña conservador estaba dispuesto a desactivar. En los cuatro años que lleva al frente del PP, Núñez Feijóo se ha preocupado por no coincidir nunca con el ultra argentino.

Incluso la Casa Real dejó en evidencia las desprolijidades de la diplomacia de la motosierra. Fuentes del Palacio de la Zarzuela confirmaron que el Ejecutivo argentino sondeó de manera informal la posibilidad de una audiencia privada entre Milei y el rey Felipe VI. La respuesta desde la Zarzuela fue un elegante pero tajante portazo institucional: se le recordó a la comitiva visitante la norma inflexible del protocolo español, según la cual un encuentro con el Jefe del Estado requiere de forma obligatoria y previa una reunión formal con el jefe del Gobierno. Como Milei mantiene rotas las relaciones con Sánchez —a quien en su anterior excursión ya le había calificado a la esposa de “corrupta”, provocando el retiro temporal de la embajadora española—, la puerta del monarca permaneció cerrada a cal y canto, obligando al libertario a mascullar excusas sobre sus “problemas de agenda” y su pretendida “excelente relación” real.

Pero el fiasco adquirió tintes de sainete tragicómico cuando hasta su supuesto “hermano de armas”, Santiago Abascal, prefirió poner pies en polvorosa. El candidato de la extrema derecha de Vox, que en tiempos pasados paseaba sonriente junto a Milei en multitudinarios actos de masas, descubrió repentinamente urgencias territoriales insalvables. Escudándose en una providencial “agenda de precampaña”, Abascal puso cientos de kilómetros de distancia y se recluyó en las ciudades de La Coruña y Avilés, en el norte del país, para no posar en la foto. Dirigentes de Vox salieron a justificar la huida argumentando que Abascal tenía como “prioridad estar con los españoles” y que los actos estaban reservados ante “trabas de los ayuntamientos socialistas”. El despecho se resolvió con una paupérrima videollamada de consolación entre despachos, en la que el presidente argentino, rodeado por la segunda línea del partido ultra en la Fundación Disenso, se consoló soltando ante una pantalla que “no hay nada más divertido que patear culos zurdos”.

En medio de semejante desierto diplomático y aislamiento político, la única dirigente de la derecha española que aceptó gustosa el papel de anfitriona fue la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso. La baronesa del PP madrileño, empeñada en mantener su propia agenda radicalizada y marcarle la cancha al propio Feijóo, recibió a Milei por la tarde en la Real Casa de Correos. Compartiendo ese mismo libreto incendiario, desregulador y de desmantelamiento de lo público, Ayuso le ofreció al mandatario la única foto oficial de su viaje, sirviéndole de oasis institucional en medio del naufragio y demostrando que la extrema derecha madrileña es el único refugio que le queda al libertario.

El paso por Madrid dejó además flotando la incógnita sobre la Cumbre Iberoamericana del 4 y 5 de noviembre. Milei evitó confirmar su asistencia argumentando que “tengo un país a cargo”, mientras relativizaba la eventual presencia de figuras internacionales diciendo que él no es “un autoritario como ‘Pedrito’”. Javier Milei completó así una gira grotesca, costosa e inútil para los intereses soberanos de la República Argentina. Con las manos vacías de acuerdos bilaterales, las puertas de los estados europeos cerradas herméticamente y el repudio generalizado de la diplomacia internacional, el presidente libertario vuelve a casa habiendo demostrado que, en el tablero geopolítico mundial, su figura provoca hoy bastante más vergüenza que respeto. El mismo bochorno que experimentan los miles de argentinos que residen en España cada vez que el presidente de su país de origen pisa la tierra que los acoge.

Fuente: Pàgina 12

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