Por Joaquín Ramos
Escribo esta nota para advertir una conducta cada vez más acentuada que vengo observando, que consiste en declarar o escribir algo en contra del Gobierno Nacional, aparentando «criticar» a la Oposición; es decir, «hecho el pendejo o hecha la pendeja».
Tal conducta a veces se concreta repitiendo textualmente en nuestros espacios, sin desmontar el argumento, las tesis de la Oposición, algo similar al viejo truco de reenviar correos o mensajes con la frasecita «como me llegó lo reenvío».
Otra forma de camuflaje es planteando la propia tesis, lo que pensamos y concebimos; con el subterfugio de un escenario hipotético de eso diría o podría decir la Oposición; aunque nada haya sido asomado por dicha Oposición en el sentido de lo que decimos, y somos los primeros en dar la idea, para que se haga o se difunda, según sea el caso.
Lo peor es que en los sitios de la Web que consideramos nuestros, sus administradores caen en la trampa, y colocan inadvertidamente y de manera acrítica, el planteamiento, con lo cual terminan siendo instrumento del ataque a nuestra causa.
Ante esta última circunstancia, un camarada, coadministrador de uno de tales sitios Web, nos responde que, cito: “…no dejar de ser coherentes en el tema de la ‘libertad de expresión’. A un camarada que haga critica del accionar del gobierno en cualquier área, por más aguda que sea, ¿sería posible negarle la posibilidad que la haga?”
Tal afirmación es cierta; pero precisamente el estilo, la forma delata al verdadero enemigo; distinto es el que asume directamente la crítica, certera o no, y contra la que vale la réplica; y otra cosa es simular estar defendiendo a la Revolución, pero estar haciendo todo lo contrario: el lector agudo, políticamente formado, con conocimiento de la comunicación y bien informado, detecta esta táctica y no se deja engañar; pero ese lector es muy minoritario.
Ahí está la tarea y el deber de quienes somos comunicadores, detectar estas prácticas, no caer en la trampa, no dejarnos usar como caballo de Troya; sé que no es fácil, pero estamos obligados a ello.
En cuanto a lo de «libertad de expresión», la misma eso tiene sus límites. Ensartaos, por ejemplo, es un medio a favor de una tendencia, como lo son todos los medios de expresión; y en Ensartaos, por mucha «libertad» que se quiera admitir, nunca estará publicando ataques a la tendencia que defiende; porque eso llevaría a que se tornara en un defensor de lo contrario, como, lamentablemente, ha sido el caso de otras páginas que nacieron con perfil revolucionario y terminaron en la más abierta posición de Derecha extrema, y atacando, por mero interés político, toda posición o accionar del Gobierno Nacional.
Y es allí donde está el peligro, al hablar de «un camarada» que hace una crítica; porque tendemos a asumir que «camarada» es cualquiera que esté o haya estado en el Gobierno, o que escriba con los códigos y consignas nuestras; y sabemos que tal supuesto es falso: sólo veamos el ejemplo de Rodrigo Cabezas, por citar sólo uno de los muchísimos, demasiados, casos.
De hecho, en la táctica que denuncio no es aplicable el argumento de la “libertad de expresión de la crítica”; porque precisamente en los ataques disimulados no hay crítica al Gobierno ni al chavismo; aparentan ser lo contrario; pero ese es precisamente mi punto: el ataque disimulado, el que surge de una persona supuestamente de izquierda (o todavía de izquierda) y que no se ve como un ataque, lo cual nos hace bajar la guardia y, por ende, nos hace más daño ¿me explico?.
Ya, desde hace años, camaradas irrefutables y con alta formación política y profesional, como lo son Carlos Lazo García y Carlos Lanz Rodríguez nos han advertido sobre las técnicas de la Quinta columna en contra de nuestro proceso político.

















