José Sant Roz
Seguimos simplemente en ese gran plan de ir mejorando la raza, nuestro colorcito, pedigrí… and olso our background,…
Ya, don Jorge dejará de ser para la oposición enferma y ultra-radical, un tipo “feo”, “detestable”, “agresivo”, “perverso”, “malo”, “Cabeza e` huevo” y “amargado”. De tú a tú podrá seguir dándole la mano a doña Dinorah Figuera, quien ha sido ungida por los ungüentos sacramentales del Departamento de Estado y absolutamente bendecida por el Catire Bello, disparada en franca carrera política, cogiendo ya, a la vez, hasta ciertos aprestos de alcurnia…
Vean la elegancia de doña Dinorah, los afeites, los modales, los trajes, el peinado que le van morigerando el indio y el mulato que lleva en su alma y en sus venas. Con toda una nube de pajes de alto pelaje. Cotizándose bien alto…
Entrará don Jorge, como se va viendo, al club de los “decentes”, de los “cordiales” y “comprensivos”, de los “inteligentes” y “de los más humanos de América Latina, por encima de Bukele”. Reuter recoge la información de que es tal la grandiosa relación que Estados Unidos está teniendo en este momento con Venezuela y su cultura, que don Marco Rubio y Pete Hegseth han mostrado gran interés en leerse esas dos monumentales obras de don Jorge “El mar que me regalas” y “La piel del lagarto”.
Qué bien vamos.
Así como el mundo lo está viendo: la OFAC ha perdonado a don Jorge Rodríguez, lo cual a la vez es un inmenso logro para nosotros, que llevamos trepando matas de coco y comiendo cambures desde que mataron a Chávez. Ya es hora de que se nos tome en cuenta, y de que sepan lo que valemos… No somos tan indios, negros y mulatos como erradamente lo ha dicho míster Trump.
No señor…
También la OFAC ha perdonado a aquel horrible terrorista hoy presidente de Siria, Ahmed al-Sharaa (conocido anteriormente como Abu Mohamed al-Golani). Así va cambiando el mundo, como de trajes, son otros looks, imagínense..
Vamos bien, el país va ganando puntos y aceptación entre los seres más bellos y simpáticos del orbe occidental. Milei está encantado con nosotros. La Keiko quiere visitarnos. A lo mejor mañana no concede la gracia de un encuentro don Abelardo de la Espriella. Gracias a Dios que ya no tenemos tantos enemigos en el mundo, como cuando nos comparaban a todos nosotros los venezolanos con el mulato Chávez y el mono Cipriano Castro. Gracias a Dios que no nos iremos a morir sin confesarnos, sin dejar de recibir la extremaunción milagrosa y sagrada, llegando a quedar como entre los malditos de la tierra… de los que por nacimiento y condición social les corresponde ir directo a las pailas del Infierno.
Vamos siendo otra vez gente decente. Como lo fuimos con aquellos adalides de CAP y Betancourt, de Caldera y Lusinchi, bendecidos por la presencia de esos catires impolutos y sabios como Clinton, por ejemplo. Pueda que tengamos la dicha que tuvo aquel gran izquierdoso de Teodoro Petkoff, el de poder estrecharle la mano al impresionante pedófilo Trump, si es que se digna visitar a este pobres país de negros y mulatos, de indios come-mierdas…, como lo ha prometido…
Cuánto lo necesitamos.
Esto nos irá permitiendo, codearnos un poquito con mandatarios de Europa como, por ejemplo, ocurrió hace poco con don Pedro Sánchez.
Algo es algo.
Poco a poco iremos dejando atrás el término basura con el que Trump ha estado llamando a los venezolanos. Mejoraremos, insistimos, sin duda, nuestra injusta y maltratada raza.
Volveremos a celebrar el Día de La Raza, y a sentir que ya no llevamos un guayuco en el cerebro, porque de veras hemos abandonados el taparrabos de los indios apestosos y atrasados, que dejaremos de ser tan bestias, tan horriblemente morados (a coñazos) y mulatos como siempre se nos ha presentado.
¡Ojalá!
Vamos viento en popa, pues, siendo asimilados por la poderosa civilización occidental, la bella, la rica, la profundamente acatirada y culta, la de aquel noble Teodoro Roosevelt quien con toda la razón del mundo nos llamó en 1903, «contemptible little creatures», lo que habitualmente se traduce al español como «despreciables criaturillas». Nada malo… algo es algo, hermanos…