DIARIO DE ARGENIS RODRÍGUEZ… 1963…

(EN LA GRÁFICA: ARGENIS CON AMÉRICO MARTÍN…)

7 de Noviembre 1963.

El título definitivo seria: Es tiempo aún de combatir. Verso de Lazo Marti. Mientras tanto pienso en que podría editar un libro con todos los relatos que considero acabados hasta ahora. Ocho en total. Encuentro con Salvador Garmendia en una cervecería. La hablo de mi última novela. Está complacido de ella. Por la tarde visita a Antonio Márquez Salas. Planes para una antología del cuento venezolano. “¿Pero tú crees que no resulte en estos días?” Yo pienso en la campaña electoral y en la violencia y le contesto que sí, que si daría resultado. “La gente se está acostumbrando a vivir en este clima”, le respondo. Veo sobre su escritorio “La muerte de Virgilio”, de H. Broch. Lectura de W. Goyen, Hemingway y una biografía de Goebbels.

8 de Noviembre.

Una novela nace de la vida. Puede decirse experiencia también. Peor creo que queda mejor decir de la vida. La experiencia es limitada y la palabra de la sensación de que es lección o enseñanza. Creo que así es como es tomada o empleada. En cambio al referirme a la vida lo abarco todo. Incluso la experiencia.

Cada vez que lo recuerdo este relato (me refiero a Intermedio) lo escribí en 1958, posiblemente en febrero, la noche que describo es real, los personajes son reales y su nombre, el de Carlitos, es auténtico. Es completamente autobiográfico. No obstante ser así, me parece el más imaginario que haya escrito. Tal vez por el clima, la bruma, el misterio que me envolvía y que todavía me envuelve. Por ese tiempo leí mucho a Dostoievski (“El Idiota”, “Un Adolescente”, “Notas desde el Subsuelo”) Carlitos compartía una habitación conmigo en esa casa. Gil que aparece allí también, era otro huésped, Carlitos estudiaba derecho. Gil trabajaba en un ministerio.

Por la mañana visita a Domingo Fuentes. Compro “22 cuentos”, edición del M de E. Veo a Tablante en la Librería “El Gusano de Luz”. En casa, mi papá está a la puerta esperándome a las 12 y media a.m. Desde que me hicieron preso me espera a la puerta. Me dice que si falto van donde Julieta a informarse. En la calle encuentro con Edecio Mujica, antiguo compañero por quien siento gran aprecio. Comparte la oficina con Márquez Salas. Antonio y yo planeamos sacar una revista: Imaginación. Cuento, poesía, ensayo, acordamos. Planes y bosquejos.

En casa, Clara que me recibe y me muestra los zapatos nuevos que compró. Lectura de Poe, Rulfo y Carrington. Son las 8 y media de la noche. Se me olvidó anotar que vi a Calzadilla en el Museo. Lo encuentro escribiendo a máquina. Le escribe una carta a Ludovico Silva. Me la deja leer y le hago varias observaciones. Una, donde decía en la carta, en término despectivo, que las librerías están en manos de judíos y españoles. Me dice que tengo razón, borra y me da las gracias.

9 de Noviembre.

Por la mañana donde Fuentes. Le pido el presupuesto para la revista que proyecto con Márquez Salas. Corrijo el posible primer capitulo de “Es Tiempo aún de combatir”. No me gusta como está escrito. Pero no dejo de pensar que es un buen comienzo.

Al mediodía cervezas con Fuentes, Medina. Fuentes me dice: “-A propósito, en estos días leyendo una lista de presos me encontré con que hay uno que se llama como yo”.

Yo conozco a ese Fuentes, le digo. Lo llaman Dominguito.

A las 2 me lleva a casa de mi mamá. Me baño y como. Adolfo le reclama a mi papá su comportamiento en casa de Luisa (su mujer) y yo discuto con Adolfo por esto. Le digo que nunca más iremos por su casa. Dice que no quiere decir eso, pero yo le digo que esa no es forma de reclamar y que para evitar reclamaciones futuras mejor será no visitarlo más. Salgo a encontrarme con Julieta en la parada de autos por puestos del Paraíso en el Silencio. Compro “El Mundo” y entro en La Fuente de Soda de “El Nacional”. Cada vez que entro en ella recuerdo la muerte de Federico Pacheco Soublette. Allí está el Poeta José Salazar Martínez tomando un whisky. Pido el café y abro el periódico. Bella Bailarina acribillada a balazos por su esposo.

“-¿Este no fue el caso que tu atendiste anoche?”- Le pregunta un periodista a otro.

“-No, responde el periodista otro, el de una rubia”.

“-Esa era aquella- dice un hombre de bigotes que tiene un vaso de cerveza en una mano, aquella que no sabíamos si era un hombre o una mujer”.

Salgo y me encuentro con Julieta. Compra de una piñata. Un pato blanco que traigo en la mano porque no hay bolsa suficientemente grande como para envolver. En la esquina de Sociedad, cuando paso, uno dice:

“- ¿Como que andamos de cacería?”

10 de Noviembre

Me levanto a las 6 y media a.m. Julieta coloca el muñeco de Clara en la cuna. A las 9 se despierta Clara y pasa toda la mañana jugando con el juguete. Me dice que le llamará Lico Zabarze.

“El Gol Bajo”. Este cuento fue escrito en mayo de 1962. Me costó mucho trabajo escribirlo. Lo empecé en miles de formas. Hasta que una tarde, en presencia de Luis Cordero Velázquez y Domingo Fuentes, en la imprenta de este último, lo escribí de un tirón. Recuerdo que ellos me decían que se me había acabado la chispa. “Boto toda la chispa en En el Tumulto, decía Fuentes.

Les voy a probar que no, le contesté y me senté en su escritorio. Al cabo de unos minutos se los entregaba sin corregir.

¡Pero que mal escrito! Exclamaron.

Me eché los borradores en el bolsillo sin volverlo a ojear. En junio, el 4 me embarqué para Chile. El 15 de Julio aparecía mi relato “Sin Cielo” en la primera página de “El Siglo”. Y unos días antes de empezar a trabajar como corrector de pruebas en la Empresa Horizonte, en la Biblioteca de El Pedagógico, en compañía de Mariano Rodríguez, le di los toques Finales a “El Sol Bajo”.

Sus personajes son reales. El tema es real. Sus personajes, hasta la fecha, viven aún. Claro que no era así en efecto la realidad. La imaginación trabajó un poco. No obstante todos los elementos utilizados o que aparecen en él existieron, Pedro es el comandante Pablo, Carlos es el comandante Cruz. “José soy yo”. La emisora nos fue enviada. Pablo y yo salimos en exploración a buscar el sitio para colocarla. Pero Cruz no estaba con nosotros. Había sido trasladado a otra zona. A los Humocaros. Y aquí fue donde trabajó la imaginación. Dejé a Cruz en ese sitio, en el relato, por considerarlo como un símbolo de nuestra generación. Yo, como en efecto dice en el relato, lo conocí en la montaña. Pero puedo decir que ya lo conocía a través de lo que oía hablar de él. Lo traté poco, pero me dejó una honda impresión. No sé si ha leído el relato. El relato apareció en mi libro Sin Cielo y en el Suplemento Dominical de El Venezolano. Cruz se escapó (por segunda vez) de una cárcel de Betancourt. No sé donde se encuentra en la actualidad.

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