Pedro J. Borges R.
Han transcurrido casi 120 días de aquella madrugada del 3 de enero que jamás debe ser olvidada por ningún venezolano y registrada en la historia para que también la tengan presente en su memoria las futuras generaciones.
En aquella oportunidad, el hecho de ser invadidos por el imperio norteamericano y a pesar que estaba anunciado, dejó perplejo a millones de venezolanos. Sin embargo, rápidamente se tomó la decisión oportuna de aferrarse a lo estipulado por nuestra Constitución y juramentar a la Dra, Delsy Rodríguez como presidenta encargada de la República Bolivariana de Venezuela.
Pero hoy, y una vez que las aguas se han calmado, consideramos serenamente que la decisión fue oportuna y acertada. Se debe destacar que la tarea asignada no es fácil, pero en ésta breve etapa se han dado una cantidad de cambios que benefician a todos. Transcurrido este tiempo, la población venezolana ve con optimismo las posibilidades de crecimiento económico y que su situación va a cambiar para mejor en la medida que transcurran los días. Una de las tareas que con mayor énfasis se ha propuesto la presidenta encargada, es la del levantamiento de las sanciones impuestas por el imperio norteamericano. Las sanciones económicas se han constituido en una poderosa arma criminal. Sólo éste levantamiento hará posible que retornen las urgentes y necesarias inversiones nacionales e internacionales a Venezuela, que se traducirán en empleos y calidad de vida. Ya se está trabajando en resolver la grave crisis del sector eléctrico, ha planteado la mandataria ir responsablemente aumentando el ingreso de los trabajadores en la medida que se reponga nuestra economía, se está trabajando para resolver de manera inmediata la problemática hospitalaria que afecta sin lugar a dudas a los más vulnerables, ha ido renovando las caras en el alto gobierno, desechando la nociva política de los «enroques», entre muchos cambios. En líneas generales hay una notable expectativa positiva por el futuro del país.
Sin embargo todavía hay quienes critican la política de la diplomacia de paz. La presidenta ha privilegiado el diálogo con todos los sectores, incluido el gobierno norteamericano. No nos queda otra opción que sentarnos a dialogar con ellos. Hoy en día Irán, pese a que los norteamericanos asesinaron a su líder religioso, el Ayatolá Jamenei, de haber matado a sus comandantes militares, a sus científicos, a miles de sus ciudadanos, pese haber destruido con bombardeos gran parte del suelo de ese país, los iraníes están dialogando con los norteamericanos. Repetimos, no queda otra opción. En Venezuela ha vuelto el diálogo constructivo con los diferentes sectores de la vida nacional. Con los líderes empresariales, que ojalá no estén pensando en sacar sus capitales de Venezuela en detrimento de nuestra economía, con la dirigencia opositora, que ojalá no estén pensando en revivir sus criminales «guarimbas» y quemar vivos a quienes ellos consideran «chusma», ha habido reuniones con líderes sindicales, que ojalá estén dispuestos a llamar a elecciones sindicales y dejar esos cargos que han ostentado por décadas. Se dialoga con académicos, religiosos y en fin, con casi todo el abanico de representación nacional. Presumimos que la presidenta se ha planteado la estrategia de enrumbar al país hacia los indicadores económicos que tuvo Venezuela hace 20 años cuando contó, por ejemplo, con el salario mínimo más elevado de América Latina; con un consumo nacional que rondaba los 180 mil millones de dólares, cuando había crédito y teníamos un elevado nivel de vida, cuando los venezolanos viajaban al interior y al exterior por cientos miles a disfrutar. Y para ello, presumimos, se ha planteado el diálogo constructivo como una formidable táctica que con seguridad nos llevará a un horizonte promisorio.
Es necesario que para este repunte no vuelvan a aparecer las detestables figuras de Rafael Ramírez, Tareck el Aissami, Tellechea, Hugbel Roa y tantos otros delincuentes que tanto daño le causaron a la Patria. La lucha contra la corrupción, la ineficacia, la indolencia, la intolerancia, la burocracia y demás males que por décadas nos han aquejado, deben ser duramente castigados y además constituir una política de Estado. A esos venezolanos que están en el exterior con méritos académicos brillantes o que se dedican al trabajo con dedicación y a aquellos que se han dado a la tarea de denostar de Venezuela y que han sido los responsables en gran medida de la xenofobia en contra de nuestros connacionales en el mundo, a todos habrá que hacerles un reiterado llamado a que retornen a la Patria y tenderles la mano para que se reintegren al trabajo creador.
Definitivamente estamos ante un nuevo despegue económico y ante una nueva realidad social, cultural y espiritual de este gran país, del mejor país del mundo, Venezuela. Vayamos juntos al encuentro de este esplendoroso amanecer. ¡LO LOGRAREMOS!