CULTURA ALIMENTARIA Y NUTRICIONAL EN TIEMPOS DE PANDEMIA

Por Anali Jiménez*

Actualmente se ha evidenciado cambios en los hábitos de consumo de la población. Como consumidores se ha tendido a preferir dietas menos nutritivas, menos frescas y más económicas, adaptándose al consumo de Productos comestibles, para saciar el hambre y disminuir el stress y la ansiedad causados hoy por la pandemia. Por otra parte, la actual economía amenaza la cadena de suministros de alimentos, especialmente a la de alimentos frescos y saludables (frutas, verduras, legumbres, pescado, entre otras).

Para entender las dinámicas actuales de la producción y el comercio de alimentos, su impacto en el consumo y en las maneras de alimentarnos, hay que enfocarse en el carácter estructural que involucra la seguridad alimentaria la cual se ha visto exacerbada a causa de la pandemia. Ya que
la alimentación está relacionado con la producción, proceso de importación, comercialización,  la relación con la oferta agregada de alimentos y el relacionado con los problemas de acceso alimentario por parte de las familias (sueldos y salarios); pues en relación a ellos, no se han
aplicado las medidas política alimentaria asertivas, sino por el contrario nos ha llevado a una economía mercantilista, disfraza de un individualismo matizado que nos ha llevado a cerrarnos en una autodefensa para mantener un modelo capitalista en la producción de alimentos que va
afectando solo a la población más vulnerable o empobrecida.

Lo más importante es que como profesionales e investigadores comencemos a mirar las diferentes estrategias que se han tomado en tiempo de pandemia, para orientar en cuanto a modificar la cultura alimentaria. Lo que comemos no solo afecta a cómo nos sentimos, sino que
cómo nos sentimos también afecta a nuestra manera de comer; por lo que debemos empoderar a los consumidores para que tomen control de su alimentación.

Es sabido que una mala nutrición supone mayores riesgos de contraer enfermedades, entre ellas, el sobrepeso y la obesidad, así como las enfermedades crónicas asociadas a estas condiciones, esto sin duda alguna incrementan las posibilidades de que, en caso de contagiarse con COVID-19,
sea mayor la gravedad de la enfermedad.

Por contraposición, una alimentación saludable – compuesta de una variedad de alimentos con alto valor nutritivo – contribuye a un buen funcionamiento del sistema inmunitario.

Es decir, estamos ante una situación donde los consumidores, además de preocuparse por el abastecimiento de alimentos y su seguridad alimentaria, requieren y demandan herramientas para saber cómo integrar recomendaciones de alimentaciones fáciles, asequibles, conscientes y
saludables, para sobrevivir y recuperarse de la pandemia.

(*) Docente de la Universidad Politécnica Territorial del estado Portuguesa “Juan de Jesús Montilla”, adscrita al PNF en: Seguridad Alimentaria y Cultura Nutricional

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