Cuando tenemos electricidad me siento raro, preocupado, NADA creativo… Miren esto…

José Sant Roz

A veces, cuando ya llevamos varias horas sin que nos llegue el fulano “fluido eléctrico” (como dicen los académicos), comienzo a preocuparme, a sentirme indispuesto. Me siento algo desubicado, y no sé si hasta culpable. Cómo se sentirán los cubanos, pienso, que a veces no la reciben durante toda una semana, o les llega por retacitos. Con los fulanos cortes eléctricos donde vivo, por ejemplo, quedamos sin agua. Otro derroche menos.

En medio de esas largas oscuranas he aprendido a entretenerme con ciertos ejercicios para la memoria. Me llegan igualmente recuerdos de mi adolescencia. Me viene a la mente un profesor que tuve en segundo año de bachillerato, medio jodedor, que le gustaba ponernos adivinanzas y entonces preguntaba:

  • ¿Porque en la Isla de Margarita las mujeres paren tanto?

Uno podía imaginarse muchas cosas, pero nos las guardábamos para nuestros adentros.

Entonces algún gran carajo respondía:

  • Porque no se consiguen paraguas cuando llueve, profe.

El profe contestaba:

  • Eximiste la materia. Ya no tienes que presentar el examen final. Veinte puntos, pícaro…

Resulta que para esa época (los años sesenta), en Margarita sólo había electricidad dos horas al día, y eso con suerte.

Y yo ahora me pregunto, cuando veo que repentinamente se encienden las bombillas: “¿-Hasta cuándo será que tendremos estos vaivenes?”

Uno como cualquier animal se va adaptando al medio, a las circunstancias, a las adversidades. A veces los cortes eléctricos son tan largos que uno se va acostumbrando a no tenerla y a hacer cosas que no dependan de ella. Voy y arreglo la cocina, reordeno libros, barro, me dedico a meditar (es decir a estar conmigo cosa que hago pocas veces), me desentiendo del maldito celular, recojo la basura, saco el perro a pasear, hago compras o leo. Me gustaría cultivar el arte de la jardinería, pero en un apartamento esto se hace complicado.

Cuando de pronto veo que por un milagro penoso, se encienden las bombillas, ya lo recibo sin interés alguno. Me da igual. Por ejemplo, ya no veo casi televisión que era algo que antes me interesaba un poco. Ya las noticias me las sé todas de memoria. Ya sé lo que los gringos seguirán haciendo con el mundo, y lo que nos tendremos que calar los pendejos de la tierra irremediablemente, y que esto en definitiva no tendrá compón, hasta que un día de estos el planeta vuele en mil pedazos. Por ejemplo, ponerme a ver deporte no me interesa en absoluto, y pienso al igual que la escritora Ana María Matute que el futbol es fascismo puro.

En las noches, cuando los cortes son prolongados (de cinco a seis horas) entonces me ilumino interiormente con mis imaginaciones (alucinaciones) o pensamientos. Recorro mi pasado que es largo, con sus cargas (muy pesadas, que lo dejan a uno extenuado y encorvado) o con esos pocos logros que dan pena. Me veo en la pavorosa dimensión de este mundo el cual contienen más de 300 mil millones de estrellas y otros tantos cientos de miles de millones de galaxias, a considerar qué importancia puede tener de extraordinario un ser tan diminuto como uno. Qué valor puede tener el estar vivo o no. Me detengo a pensar en esa veleidad tan espantosa que es el hombre. En nuestros políticos, por ejemplo, tan cómicos como farsantes. En todo aquello a lo que le dábamos tanta importancia y que hoy se ha ido a la mierda En ese misterio tan patético como insólito, cuando vemos que un hijo de puta de otro país llega y secuestra al presidente de otro y el planeta ve todo eso del modo más natural. Nada pasa, y si nada pasa igual da que el mundo exista o no.

Las películas que uno proyecta en su interior cuando estamos a oscuras son a la antigua, en Cinesmacope, con actores de primera, protagonizadas algunas por el cerdo naranja Donald Trump, la actriz María Corina Machado y otros burdos canallas como Marco Rubio y el Espriella. Son con guiones bien cutres, pero hay que calárselos porque están en todas las pantallas, y han arrasados con todos los Óscar, en Mejor Culebra, Reparto, Montaje, Manipulación, Truculencia, Estafa, Secuestro y Asesinato.

En verdad que nada es tan importante como uno cree. Nada, nada es tan importante queridos lectores, métanse eso en la cabeza. Ni la luz artificial que nos ilumina, sólo la interna, pero ésta se va apagando poco a poco…

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