Por: Roberto José Urbano-Taylor *
Vuestras Altezas me enviaron a las Indías y (…) “ me hicieron grandes
mercedes y me ennoblecieron que dende en adelante yo me llamase Don, y
fuese Almirante Mayor de la Mar Océana y Virrey y Gobernador perpetuo de
todas las islas y tierra firme que yo descubriese y ganase, y de aquí en
adelante se descubriesen y ganasen en la Mar Océana, y así me sucediese
mi hijo mayor, y así de grado en grado para siempre jamás.”
(Colón, Préambulo de la Bitácora del primer viaje).
La gran aventura
El jueves 6 de septiembre de 1492 una pequeña flota de tres barcos zarpa de La
Gomera, isla del archipiélago de Las Canarias, al mando de Cristóbal Colón, hasta
entonces un ilustre desconocido, aunque avezado marino. Adentrándose en el Mar
Tenebroso (Océano Atlántico), la flotilla pretendía encontrar nuevas rutas de
navegación entre oriente y occidente. Navegando por el oeste aspiraba llegar hasta
Asia, donde los europeos se abastecían de seda, telas, porcelana, perlas, oro,
plata y algodón, así como de las demandadas e inestimables especias,
consideradas el oro del Siglo XV, utilizadas en la conservación de alimentos, la
fabricación de perfumes, la elaboración de medicinas y como aromatizantes y
condimento de comidas y bebidas. Este comercio había estado monopolizado por
las Repúblicas italianas de Venecia, Génova y Pisa, a través de las rutas terrestres
de la seda y de las especias.
Bizancio (667 a.C), la antigua Constantinopla (330 a.C), capital del Imperio Romano
de Oriente (Estambul, 1930) , ubicada entre los estrechos de Los Dardanelos
(Helesponto) y del Bósforo (Estrecho de Estambul), que comunican el Mediterráneo
con el Mar Negro, representaba una zona estratégica vital para el intercambio
comercial entre Europa y el Medio Oriente, al servir de punto de conexión entre el
continente asiático y el europeo. La conquista de Bizancio en 1453 por los
otomanos, incidió en este tráfico comercial, pues en la medida en que los turcos
imponían su dominio en el Medio Oriente el precio de las mercancías aumentaba,
al incrementarse los aranceles que gravaban el paso de las naves europeas a
través de la zona sometida bajo su control.
Esta fue una de las causas que motivaron la expedición de Colón y sus
compañeros, que en realidad se trataba de una aventura que había comenzado un
vienes 3 de agosto a las ocho de la mañana de ese mismo año, cuando la nao
Santa María y dos carabelas (La Pinta y La Niña), zarparon de Puerto de Palos,
Provincia de Huelva (Nueva Andalucía, España), con una tripulación de 90 a 100
hombres, entre pilotos, marineros, criados del Almirante, calafateros, despenseros,
toneleros, contramaestre, médicos, alguaciles, un físico, un veedor real, un
escribano, un Intérprete para entenderse con el Gran Khan de Cathay y demás
personajes, con quienes el imperio español se proponía entablar relaciones
comerciales y políticas.
Otra de las causas de la expedición colombina, era la necesidad del Imperio Español
de expandir su comercio y controlar una ruta comercial hacia Las Indias, nombre
con el que Asia era identificada; en particular, la región comprendida entre el
sudeste y sur de este continente, desde Indonesia hasta llegar al Indostán. Las
Molucas, archipiélago de Indonesia, eran proveedoras de canela, nuez moscada,
clavo de olor, jengibre y pimienta, actividad que permitió identificarlas como “ Islas
de las Especias”. A Las Molucas se sumaban Cathay (China) y Cipango (Japón)
como puertos comerciales de interés. Se trataba también de una expedición
conquistadora. España necesitaba nuevos espacios para afianzar sus dominios.
Portugal, la potencia rival, adentrándose cada vez más en el Atlántico, se había
apoderado de Madeira (1419-20) y Las Azores (1427), exploraba el sur de África,
había llegado al cabo de Buena Esperanza (1487) y estaba empeñaba en
monopolizar también el comercio.
Colón tenía derecho a la décima parte de la mercancía de cualquier clase, sea
“perlas piedras preciosas oro plata speciería” que hallara, lograra ganar y hubiere
en los lugares conquistados. En esta misma proporción tendría derecho en los
beneficios del comercio, en los límites del Almirantazgo. Podía contribuir en una
octava parte en la armazón de navíos que fueran a negociar a las tierras, recibiendo
como contraprestación una proporción igual en las ganancias que se obtuvieren.
Además, disfrutaría de los privilegios que derivaban del título otorgado con carácter
vitalicio y hereditario, de Almirante de todas “las islas y tierra firme que por su
mano o industria se descubrieran o ganaran [conquistaran] en las dichas mares
oceanas” (1) . Todos estos privilegios estaban sujetos a la condición de que la
empresa resultara exitosa. .
Tomando el rumbo trazado, la flota se había desplazado desde Huelva a Las
Canarias, con el propósito de aprovisionarse de alimentos y reparar La Pinta, que
presuntamente había sido dañada por su propio dueño y era capitaneada por el
experimentado navegante Martín Alonso Pinzón. La gente de a bordo era nativa de
Sevilla, Córdoba, Segovia, Lepe, Santona, Ayamonte, Santa María de Architúa,
Moguer, Vizcaya, Tavira, La Redondela, Huelva, Murcia, había un genovés, un
calabrés y entre ellos se encontraban cinco criminales, según asegura Alice Bache
Goul) (2).
Entre esta heterogénea tripulación se encontraba un hombre que no obstante
haber pasado a la Historia como el primero en avistar tierra no pudo beneficiarse
del premio de diez mil maravedíes (3) ofrecido por los Reyes Católicos Fernando e
Isabel para el primero que la viera. El mismísimo Colón se lo impediría. Juan
Rodríguez Bermejo, mejor conocido por sus compañeros como Rodrigo de Triana,
fue la víctima de este humillante despojo.
Ningún sacerdote acompañaba a esta gente, a pesar de contar la expedición con
la aprobación de los franciscanos y la confesada intención- según lo afirma Colón
en su Bitácora- de llevar el cristianismo a las tierras del Gran Khan (4). La religión
se instrumentalizaba para que sirviera como herramienta de conquista destinada
a borrar la cultura del pueblo sometido y afirmar la del conquistador, permitiendo su
identificación con éste, facilitándole su dominio y asimilación a la sociedad
esclavizante.
Aunque expresamente la evangelización no era un objetivo señalado en el acuerdo
convenido con la Corona, de manera implícita se encontraba contemplado en otros
documentos. Colón llevaba consigo un salvoconducto expedido por los soberanos
españoles, dirigidos a cualquier autoridad con las que pudiera contactar. Entre los
fines de su misión, el documento señala que había sido enviado, “ por los mares
océanos a las partes de las Indias”, “ para aumento de la fe ortodoxa”. Pero en la
Corte muchos no aceptaban los estudios del marino genovés y desconfiaban del
éxito de su expedición. Consideraban errados sus cálculos y cabe presumir que
los religiosos no querían exponerse a una aventura.
La tierra identificada en los cálculos de Colón no aparecía
Desde que las naves pusieron proa a la mar para seguir su derrota, en diversas
oportunidades aparecieron a la vista de los expedicionarios inequívocos indicios de
encontrarse en las cercanías de tierra firme o territorio insular. Alcatraces, pardelas,
rabos de junco y bandadas de aves surcaban los cielos; hasta algunos pájaros se
acercaron a las embarcaciones, mogotes de hierba, algunos con cangrejos, se
veían flotar en las aguas y una ballena se asomó en el mar.
El martes 25 de septiembre fue un día desconcertante para todo el mundo. El
navegante genovés y Martín Alonso Pinzón examinaban un mapa donde el primero
tenía dibujada un grupo de islas y ambos suponían encontrarse en sus alrededores.
Colón presumió que si no habían dado con ellas, ello obedecía a las “corrientes
marinas que siempre habían echado los navíos al Nordeste y que no habían andado
tanto como los pilotos decían.”
Sin embargo, rato después el capitán de La Pinta, desde la popa de su navío, hizo
estremecer de alegría a la tripulación cuando gritó creyendo haber visto tierra. Se
echó de rodillas a dar gracias a Dios. Los de La Niña, subieron al mástil y lo
confirmaron. A Colón le pareció que se encontraban a 24 leguas. Todos entonaron
el “Gloria in excelsis Deo”. Sin embargo, tras navegar unas 17 leguas la ansiada
tierra no aparecía por ninguna parte, y un sentimiento de frustración embargó a todo
el mundo.
Al día siguiente, la flota torció el rumbo hacia el sudoeste, pero al encontrar un
cúmulo de nubes bajas en lugar de la tierra que se creyó ver, debió retomar el rumbo
al oeste.
Once días después del espejismo visto inicialmente desde La Pinta , la paciencia
se colmó. El 6 de octubre ocurrió un amotinamiento a bordo que Martín Alonso
Pinzón, imponiendo su autoridad, logró sofocar. Este mismo día el capitán español
sugirió a Colón cambiar el rumbo más al suroeste. El genovés, según sostiene
Salvador de Madariaga, desechó la idea por puro orgullo, dijo suponer que el capitán
no se refería a Cipango, por eso decidió mejor ir a tierra firme y más tarde a las
islas.
Al siguiente día que era domingo, al levantarse el sol, la gente de La Niña- carabela
que iba adelante y era capitaneada por Vicente Ñañez Pinzón-, creyó avistar tierra,
izó una bandera en el tope del mástil y disparó una lombarda (5) en señal del
hallazgo. .
En la tarde, grande fue la decepción y de nuevo el desaliento embargó a la
tripulación al no encontrar la anhelada tierra. Sin embargo, las bandadas de pájaros
que volaban al suroeste indicaba que la tierra se encontraba en esa dirección y
Colón se vio obligado a seguir el consejo de Martin Alonso, enrumbando la flota en
el sentido indicado, una hora antes de ponerse el sol. Las corrientes marinas y los
vientos alisios lo irán a favorecer.
El miércoles 10 de octubre la tripulación no soportaba el agotador viaje y la gran
tensión emocional originada por navegar en mares que le eran desconocidos. Colón
la animó recordándole los provechos que podía obtener y el premio ofrecido por
los Reyes Fernando e Isabel. Pero le advirtió que los reclamos eran simples
quejasy que su intención era llegar a las Indias y proseguiría el viaje hasta
encontrarlas.
Las Indias no aparecían y había una justificada razón: Los cálculos del Almirante
estaban totalmente errados. La circunferencia de la tierra la había estimado en
24.000 kilómetros, con un radio aproximado de 3820 kilómetros, errando su
apreciación en unos 16.000 kilómetros (6). Este grave error le estaba impidiendo
llegar desde Europa a Cathay , navegando por el oeste. El jefe de la expedición
estimaba que Cipango se encontraba en la misma latitud de Las Canarias y distaba
de esas islas unos 3860 Kilómetros, cuando realmente lo separaba una distancia
de 19.300 kilómetros. De Europa a Las Indias, calculaba un trayecto de 3600 km,
como máximo 4780km, siendo realmente de España a Cathay, unos 24.000
kilómetros.
La certeza que tenía el marino genovés en sus erróneos cálculos fue reforzada
durante su estadía en Las Canarias. En La Gomera había recogido testimonios
ofrecidos por personas dignas de credibilidad que juraban ver tierra todos los años
al oeste del archipiélago. Entre los informantes se encontraba Inés de las Casas,
quien había sido la última titular del Señorío de las islas y madre de Guillén Peraza
de las Casas, muerto durante el enfrentamiento con los “guanches”, a los que
pensaba aniquilar en Las Palmas, para apoderarse de esta isla (1447).
Por eso, en su desconcierto, Colón buscaba calmar a la tripulación suministrándole
informaciones falsas sobre el trayecto realmente cubierto por las embarcaciones,
reportando distancias inferiores a la navegada, tratando de ponerse al abrigo del
riesgo de un motín a bordo.
El grito de Rodrigo de Triana
A pesar del error en el que había incurrido, la suerte no abandonaría a Colón.
Aparentemente, por fatalidad, estaba destinado a llegar a otras tierras hasta
entonces desconocidas para los europeos. Seguro de sus cálculos, iba a creer
hasta su muerte, que había llegado a la zona oriental de Asia, en las cercanías de
Cipango (Japón); o sea, creyó se trataba de Las Indias y no de un continente. Se
apropió de esas tierras en nombre de los reyes Fernando e Isabel, llamaría indios
a sus habitantes y los convirtió en súbditos de la Corona Española, de acuerdo con
el protocolo formal que cumplió.
En efecto, el jueves 11 de octubre había retornado la calma en la pequeña flota.
Buen viento y buena mar hicieron este día. Colón narra que en la nao Santa María
vieron pardelas y un junco verde. En La Pinta, miraron una caña y cogieron un
palillo que parecía labrado con hierro, vieron una hierba terrestre, un trozo de caña
y una tablilla . Los de La Niña también observaron señales de tierra y un palillo con
escaramujos. Ahora todo el mundo tenía la certeza que la tierra se encontraba cerca
y la tensión creció.
A las dos de la madrugada del viernes 12 de octubre, desde la cofa de La Pinta,
Rodrigo de Triana acabó con la angustia colectiva al rasgar el silencio con gritos
atronadores anunciando tierra. Se disparó con alegría la lombarda y se arriaron las
velas esperando la llegada de la nao de Colón. Habían transcurrido 2 meses y 9
días desde que la flota había partido de Puerto de Palos, y 33 días de haber
zarpado desde La Gomera, punto desde el cual hizo un recorrido de 3000 millas.
Sin embargo, este hombre que pegó uno de los gritos más famosos que recuerda
la Historia, no pudo cobrar los 10.000 maravedíes ofrecidos por la Corona de
España al primero que avistase tierra.
El ahora Don Cristóbal Colón, Almirante de la Mar Océano , Virrey y Gobernador,
aseguró que el día anterior, a las diez de la noche, estando en el castillo de popa
de su nao, vio lumbre, tan pequeña que no se atrevió afirmar que era tierra, llamó
entonces al repostero de estrados del Rey, Pedro Gutiérrez, y éste confirmó verla.
Se lo diría también al veedor Rodrigo Sánchez de Segovia, quien no vio nada
“porque no estaba en el lugar donde pudiese ver.” Después, según explica el
Almirante, se había visto una o dos veces más y parecía “como una candelilla de
cera que se alzaba y levantaba” y a poca de su gente le pareció indicios de tierra,
sólo él tenía la certeza de que era tierra. Por eso les ordenó hacer buena guarda
en el castillo de proa y que mirasen bien y les prometió regalarles un jubón de seda
al primero que la avistase (7). Sería dos horas después de la media noche, cuando
la tierra apareció a los ojos de Rodrigo de Triana.
Samuel Eliot Morrinson, afirma que en ese momento Colón se encontraba a 35
millas de Las Bahamas, distancia desde la cual hoy en día ni siquiera es posible
distinguir un faro que existe en la isla Watling, tenida como la célebre Guahananí,
bautizada San Salvador. Se puede agregar, que tampoco se divisa Cayo Samaná,
ubicada en el centro oeste de Las Bahamas que conforme a estudios de la National
Geografic (Luis y Ethel Cox Marden, 1986), es realmente Guahananí- entonces
habitada por indios taínos o lucayos-, al comparar su geografía con la descrita en
su diario de a bordo por el Almirante.
Colón quería también ser el primero en avistar tierra y por eso reclamó para sí el
premio ofrecido por los reyes españoles, motivo por el cual negó el mérito a Rodrigo
de Triana. Como consecuencia, tampoco le entregó el jubón de seda que había
ofrecido para estimular la vanidad de los marineros. Le faltó humildad y honradez
para reconocerle al pobre marinero Rodrigo de Triana el real premio que se había
ganado.
El Almirante de la Mar Océano y Virrey de las Indias, lo legó a Beatriz Enrique de
Arana, su amante, a cuyo cuidado había dejado a sus hijos Diego y Hernando, antes
de emprender el viaje. Como se diría hoy en día, fue de su parte un acto de
corrupción, prevalido de su autoridad y con el infaltable ingrediente de las faldas,
aunque Morales Padrón supone que fue más por gloria que por codicia, cosa que
no disculpa la falta de ética de quien se confesara cristiano y repudiara a los
“moros” ( musulmanes).
¿ Casualidad, causalidad o profecía cumplida?
Se afirma que ningún hecho es casual, que todo tiene una causa y que la fatalidad
no existe, que nada es previsible en el devenir del hombre; sin embargo, hay
quienes continúan creyendo en el azar o en las profecías, por eso tratan de
penetrarlas en sus confusos y enigmáticos mensajes. Se impone entonces
recordar, que mil quinientos años antes del arribo de la pequeña flota española a
este continente, Lucio Anneo Séneca, en su famosa tragedia “La Medea” (8),
habría incluido una desconcertante profecía que ha sido motivo de diversas
especulaciones y reflexiones. Según ella. “Años vendrán en el transcurso de los
tiempos en los cuales el océano aflojará los lazos de las cosas y aparecerá el
mundo en toda su grandeza, Tetis (9) descubrirá nuevos orbes y ya no será Thule
(10) la última de las tierras” (Acto II. Escena III El Coro).
La profecía, así lo aseguran -entre otros- su hijo Hernando, se cumplió en la
persona de Colón (11), quien se cubriría de gloria por haber arribado contra todo
pronóstico a este continente, de existencia ignorada por el mundo hasta entonces
conocido, al cual no buscaba.
Lo cierto es que además de su gravísimo error de cálculo, todo conspiraba contra
el Almirante en su empeño de llegar a “Las Indias” por el occidente; hasta los
mismos dioses se interpusieron en su camino para evitarlo. Fue Tetis, encarnada
en las corrientes del “Mar Tenebroso” y los alisios, la que extraviándolo en sus
dominios, lo salvó de la muerte segura donde se dirigía y señalándole un camino
distinto al de su derrota, permitió al navegante llegar a Thule para mostrarle “el
mundo en toda su grandeza”, en la última de las tierras por conocer , aunque él
mismo no pudo reconocerla, y por eso se puso a buscar otros espacios y reinos
que allí no existían. Tal era su confusión, que llegó a creer que Cuba, era Cipango.
Colón ante la Historia
Hoy martes 12 de octubre, han transcurrido 529 años desde que Colón, gracias a
un error de cálculo y a los elementos de la naturaleza, llegó a las tierras de “Abya
Yala”, conocidas como América, nombre originado también en medio de una
gran confusión. Pasaría mucho tiempo antes de que se desmontara toda la
historiografía y la narrativa creada por el conquistador sobre el “Almirante de la
Mar Océano” y su expedición, posibilitando a todos los pueblos del mundo conocer
los verdaderos fines de su expedición y las fatales consecuencias que debieron
soportar los pueblos originarios a causa de su fortuito hallazgo , convertido en
“Descubrimiento”, y éste a su vez, en título para justificar la esclavitud y el
exterminio de las pueblos asentados en las tierras “descubiertas”, la confiscación
de sus territorios, la destrucción de sus ciudades, el saqueo de sus riquezas, el
borramiento de sus culturas.
En la Edad Media la Corona de España no comprometía su ejército regular para
extender sus dominios. Contrataba a particulares que asumían la misión a cambio
de beneficios y prebendas, para después actuar conforme lo ameritaran las
circunstancias. En el caso de Colón, de acuerdo con el contrato otorgado
(Capitulaciones de Santa Fe). […] “vuestras altezas fazen al dicho don Christobal
su virrey e gobernador general en todas las dichas tierras firmes e yslas que como
dicho es el descubriere o ganare en las dichas mares; e que paral regimiento de
cada huna e qualquiere dellas, faga el election de tres personas para cada oficio, e
que vuestras altezas tomen y scojan uno el que mas fuere su seruicio; e assi seran
mejor regidas las tierras que nuestro Sennor le dexara fallar e ganar a seruicio de
vuestras altezas”… [¡Cualquier parecido con la coincidencia es pura realidad!.].
El título de Almirante era un privilegio equivalente al de Almirante de Castilla, el de
mayor jerarquía de la nobleza castellana. Al retorno de su viaje, con este título en
sus manos, Colón pide a los reyes un cardenalato para su hijo. Considera que lo
tiene más merecido que Giovanni Di Médice, hijo de Lorenzo El Magnífico, Cardenal
desde los 13 años de edad, coronado más tarde en 1489 como Papa León X (12).
Conforme se evidencia del párrafo del contrato transcrito, en su condición Virrey y
Gobernador Colón se encontraba facultado para proponer a los reyes una terna de
candidatos para la designación de todas las autoridades de las tierras que
“descubriere o ganare”, uno de los cuales sería escogido y designado por los reyes
en el cargo creado.
Cabe ahora preguntarse : ¿Cómo fue la gestión de gobierno del Almirante como
Virrey y Gobernador? En las averiguaciones relacionadas con el juicio que le fue
abierto por las denuncias que pesaban en su contra, a Colón se le sindica de
perseguir con perros rabiosos a los indígenas rebeldes que se negaban a pagar
impuestos y huían a los montes buscando escapar de sus castigos, sometiendo a
la esclavitud y enviando a las minas a quienes corrían con el infortunio de ser
capturados ; los testimonios evacuados lo acusan de ahorcar numerosas personas
, hambrear a la población al privarla de la alimentación necesaria y negarle la debida
remuneración por las obras que ordenaba construir.
Basándose en documentos inéditos encontrados por la archivista Isabel Aguirre en
el Archivo General de Simancas (Valladolid), la historiadora del Consejo Superior
de Investigación Científica de España, Consuelo Varela, desnuda el verdadero
rostro de Colón, oculto y rodeado durante largo tiempo con una máscara de héroe
mítico y una aureola casi de santo, poniendo al descubierto que durante el ejercicio
de su mandato como Virrey y Gobernador de Las Indias, en las primeras fases de
la colonización, se comportó como un verdadero déspota, malvado , tirano y avaro.
En su obra “La caída de Cristóbal Colón. La pesquisa de Bobadilla” (13), Varela
incorpora y analiza testimonios que permitirían a Francisco Bobadilla enjuiciar al
Almirante , le acarrearían la destitución de los cargos que ejercía, su detención, y
remisión a España, cargado de cadenas. El Comendador de la Orden de Calatrava,
duramente criticado y estigmatizado por la historiografía, oyó unas 23 declaraciones
. entre ellas, la de Fray Ramón Pune, que sustentan la causa instruida a Colón en
La Española (Santo Domingo) y revelan el comportamiento abusivo de éste y de
sus hermanos Diego y Bartolomé, durante su gobierno instalado en las tierras
tomadas en posesión en nombre de los Reyes Católicos. De acuerdo con las actas
cursantes en el expediente abierto al Almirante, entre los hechos particularmente
oprobiosos que le imputaron, resaltan su negativa a bautizar a los indígenas, con el
propósito de eludir la prohibición que impedía someter a los cristianados a la
esclavitud; la aplicación de condenas sin proceso previo alguno, la venta en
subasta pública de esclavos blancos, la orden de cortar la nariz , colocarle grilletes
y convertir en esclavo a un joven sorprendido robando trigo, así como el castigo de
una mujer que tratando de criticar la altivez de Colón, dijo que éste era de baja
clase y que su padre había sido un tejedor. Bartolomé, ordenó cortarle la lengua,
pero antes sometió a la mujer al escarnio público, paseándola desnuda en un burro
por las calles. Cristóbal Colón lejos de reprobar la conducta de su hermano, a quien
había nombrado Adelantado, Prefecto de La Española y lugarteniente del Virrey, lo
felicitó por haber actuado en defensa del honor de la familia.
El estudio de Varela viene a ratificar lo afirmado por Fray Bartolomé de Las Casas,
sobre las crueldades del Almirante y lo acertado de las medidas adoptadas por
Bobadilla , calificado por su hijo Hernando Colón como “hombre maligno y de poco
saber”. Para el sacerdote dominico, la destitución como Virrey y Gobernador había
sido un castigo providencial, “no por los desmanes e injusticias que hacía a los
cristianos… sino por las grandes injusticias y guerras é imposiciones de tributos y
agravios que había hecho a los indios, y tenía propósito hacerle, con la granjería
que trataba de henchir toda la Europa de estos inocentes indios inicuamente
hechos esclavos” (14). Sin embargo, tan grandes resultaron los beneficios
obtenidos por el “Descubrimiento”, que las relaciones y compromisos entre el poder
político, económico y religioso se estrecharon hasta tal extremo, que Colón llegó
a ser postulado ante la Santa Congregación de los Ritos como candidato a la
beatificación, encontrando buena receptividad la propuesta entre los Papa Pio IX
(1846-1878) y León XIII ( 1878-1890).Se llegó a considerar como un hombre
providencial con una misión divina que debía cumplir. Se le negó su entrada al cielo
por no conseguírsele ninguna devoción.
Los hechos narrados y las situaciones descritas podrían conducirnos a explicar, por
qué en muchas partes del mundo los pueblos han comenzado a echar a rodar
desde su pedestal, los bronces del hombre que simboliza y resume la miseria del
imperio más poderoso y genocida de entonces y de los que hoy han tomado su
relevo. Los efectos originados por el contenido simbólico de estas manifestaciones
colectivas se reflejan en los rechazos que desde el establecimiento social se
construyen al margen de todo contexto social e histórico y se encuentran permeadas
de inocultables prejuicios. De ahí que la mediática de los grupos de poder da por
llamarlas “vandalizar estatuas”, mientras voceros de los restos de antiguos imperios
desaparecidos que aún viven de las nostalgias de sus viejas glorias, las califican e
interpretan como atentados de locos contra el patrimonio histórico y cultural de los
pueblos y naciones, afirmando con aires de superioridad que “no ven lo que ocurrió
en la Historia”, o con mal disimulo tratan de restarle importancia alegando que “eso
ocurrió hace mucho tiempo”, lo que en lenguaje corriente significa lo mismo.
Tampoco han faltado quienes en nombre del arte llaman a separar lo simbólico de
lo artístico, al personaje representado y al arte puesto de manifiesto en la obra
esculpida, que a su juicio sería lo que debe protegerse como patrimonio cultural.
Esta escisión artificiosa entre lo representativo-simbólico y arte olvida que las
estatuas no recuerdan a un ser abstracto sino a una persona concreta, asociada a
un contenido histórico, a un conjunto de valores y a una ideología, elementos que
en su conjunto han servido de inspiración al escultor en la creación de su obra, y
son las que en definitiva fueron tomadas en consideración para adoptar al
personaje como símbolo de una sociedad que pretende enaltecerlo, exponiendo su
figura al homenaje público para su perpetua memoria, que es lo que precisamente
provoca el rechazo de los pueblos que han aprendido a resemantizar la historia que
durante años le fue vendida en todos los escenarios y enseñada desde en el sistema educativo.
*Abogado. Asesor jurídico de la “Cátedra Libre Intercultural César Rengifo.”
Miembro del Consejo de redacción de la revista “Itanera”
(1) V. Capitulaciones de Santa Fe, documento otorgado por Fernando e Isabel el
25 de noviembre de 1492 que contiene los acuerdos convenidos con Colón por
emprender la expedición desde Europa hacia el oeste para llegar al continente
asiático y repartirse los beneficios que pudieran obtenerse o derivarse de las tierras
que llegare a conquistar; entre ellas, su Señoría a perpetuidad y hereditaria,
permitiéndole ingresar a la nobleza palaciega.
(2) (V. Goul Alice. IV. “Nueva lista documentada de los tripulantes de Colón en
1492”. Biblioteca virtual Miguel de Cervantes.
(3) Moneda acuñada en diferentes metales y distintos valores que circuló en España
desde los Siglos XII al XIX, incluso se le tuvo como moneda de cuenta. En la época
moderna, estuvo vigente en España como moneda acuñada en cobre desde el
reinado de los Reyes Católicos Isabel de Castilla y Fernando de Aragón (1479-
1504), hasta 1854 cuando se produjo la primera reforma del sistema monetario de
la reina Isabel II, al ser sustituida por el “céntimo real”, con el equivalente de 1
maravedí= 3 céntimos de real. Consultado en Wikipedia.
(4) Título empleado por la dinastía del conquistador mogol Gengis Khan, unificador
de todas las tribus nómadas mogoles convertidas en temible y poderoso ejército.
En el prólogo del Diario de a bordo del Primer Viaje, Colón afirma que el Gran Khan
y sus sucesores habían solicitado del Papa enviar a sus tierras religiosos cristianos,
sin que fuera atendida su petición. De esta manera, se perdían pueblos creyentes
en idolatrías o recibiendo en sí “sectas de perdición”. En un primer momento, Colón
llegó a suponer que en Cuba encontraría a Cathay y al Gran Khan.
(5) Esta arma de artillería consistía en un cañon de gran alcance y tamaño.
(6) V. Blog del Instituto de Matemáticas de la Universidad de Sevilla.
(7) Prenda interior de precio costoso, de moda en España en los S XV-16. Se
llevaba por encima de la camisa, su cuello era rígido, cubría desde los hombros
hasta la cadera y estaba unida a las calzas (prenda que cubría la parte inferior del
cuerpo) por medio cordones.
(8) En el mundo de la mitología griega, Medea era una dama princesa y hechicera,
hija del rey de Cólquida, comarca del Asia. en las cercanías de Armenia, donde el
oro era tan abundante que se decía que los palacios se construían con este
codiciado metal. Medea se enamoró de Jasón, jefe de los “Argonautas”, héroes
griegos que navegaban en un navío llamado “Argos”. Estos héroes se acercaban
a Cólquida a Colcos, con el propósito de apoderarse del “Vellocino de Oro”, que
era custodiado por un dragón y varios toros. Jasón se robó el valioso animal con la
complicidad de Medea, quien traicionada por su corazón, no fue fiel a su padre.
Jasón abandona tiempo después a Medea y ésta, despechada, mata a todos los
hijos que tuvo con el jefe de los Argonautas. Por último , Jasón muere aplastado
por su propio navío. Esta tragedia registrada por la mitología griega ha sido
elaborada como drama teatral por Eurípides en 431 a/C,por Séneca en 45 d/C y
Corneille en 1635
(9) En la mitología griega, Tetis era una Nereida hija del dios marino Nereo y de
Doris. Esta diosa del agua, junto a sus otras hermanas simbolizaba todo lo bueno
del mar. De cuerpo humano y extraordinaria belleza ni el mismo Zeus, dios del
Olimpo, ni Poseidón, dios de los mares, pudieron conquistarla. Temis había
vaticinado que el hijo de la pareja sería más poderoso que su padre y esto los hizo
desistir de su propósito.
(10) Con el nombre de Thule los clásicos se referían a cualquier lugar que pudiera
encontrarse más allá de los territorios y fronteras del mundo para entonces
conocido.
(11) Este texto es citado por Hernando Colón en una nota al margen de la obra, en
la que afirma que “ Esta profecía fue cumplida por mi padre, El Almirante Cristóbal
Colón en el año 1492”. Cf. Jesús Luque Moreno, citado por Fernando Aínsa, en
“Análisis de un presentimiento literario”, pg. 8 , Biblioteca virtual Cervantes.
(12) V. ECwiki. Enciclopedia Católica online.
(13) Edición y transcripción de Isabel Aguirre, Marcial Pons, Historia, 2006.
(14) Citado por D. Luis Vidart, en su conferencia “Colón y Bobadilla”, Madrid 1892,
consultada en la webb. Ver también González, Carlos Edsel ,”Una hoguera al
amanecer del Nuevo Mundo” Ediciones de la Universidad Bolivariana . Colección:
En pocas palabras. Serie: Ensayo. Caracas, 2011.
FUENTES
DE LAS CASAS, Bartolomé, “Relación del primer viaje de D. Cristóbal Colón para
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