Horacio Duque
A Colombia llegó el «ciclo reaccionario» (o de restauración conservadora radical, como en un eco de la restauración contrarrevolucionaria desplegada a lo largo del siglo XIX para aplastar los alcances de la revolución francesa) de la mano de un outsider cocinado en los centros globales de la ultraderecha reaccionaria asociada con el «Proyecto 2025» (https://www.aclu.org/project-2025-explained ) de la Fundación Heritage (Ver https://www.heritage.org/ ) que propende por un giro conservador, ultraliberal y por las políticas de «mano dura» en América Latina (Bukele), alineadas y reforzadas por la influencia de Estados Unidos con su nueva doctrina Monroe 2.0 y la nueva Estrategia de Seguridad Nacional que ya tiene en su inventario el secuestro de Nicolás Maduro, el protectorado venezolano, el bloqueo naval a Cuba y un nuevo plan contra la drogas gravitando muy duramente en México, Brasil, Ecuador y Colombia.
El «Proyecto 2025» se centra en el ajuste fiscal, la liberalización económica y la reestructuración del Estado como lo ha hecho Milei en Argentina con su famosa motosierra; en la acción punitiva y penitenciaria resignificando los conocidos estados de excepción como lo ha hecho Bukele en el Salvador.
De la Espriella lo que ha hecho es aterrizar en nuestra realidad esos postulados con su programa de gobierno de tres hojas y sus lenguajes anti políticos y demagógicos mediante la confrontación cultural y la «emocionalizacion de la política», en un escenario en que el patriotismo es el significante vacío encargado de sumar el malestar contra la corrupción, la inseguridad urbana, la violencia rural y la arrogancia burocrática.
Pero la esencia de esta plataforma de la ultraderecha colombiana es hacer trizas las reformas sociales aprobadas en los últimos 4 años por el gobierno popular del Pacto Histórico.
Esas reformas sociales están referidas a los procesos de reforma agraria, entrega de tierras y formalización de títulos rurales a miles de familias campesinas; la jurisdicción agraria; la recuperación de las horas extras y los recargos dominicales y festivos de millones de trabajadores; la entrega de la Renta ciudadana a más de 3 millones de adultos mayores; al incremento del salario mínimo y la adopción del salario vital; al ordenamiento del territorio alrededor del agua; la transición energética; al realce de los derechos de la mujer y de los jóvenes; la gratuidad de la educación universitaria; la intervención de las Empresas de Salud monopólicas y corruptas; la reforma pensional; la garantía de las libertades democráticas; el respeto por la protesta social; y la pluralidad en el debate público; la rebaja del precio de la gasolina; la eliminación de la prima de los congresistas; la caída de los índices de pobreza; y la reparación de las víctimas.
Es por todo eso que viene la nueva derecha «revolucionaria» y que una fuerza política como el Pacto histórico y su candidato Ivan Cepeda deben enfrentar con la movilización popular. Cepeda tiene toda la autoridad ética y la legitimidad política para asumir este reto, tomando distancia, desde luego, de sectores corruptos que se han aprovechado de sus privilegios burocráticos en importantes entidades del Estado para acumular descomunales fortunas mediante la contratación directa con Operadores de bolsillos como Aldesarrollo, Fupad, Asosupro, Asomoducar, Sierra Nevada y otros contrataderos en los que prominentes senadores y parlamentarios del Pacto Histórico tienen sus refugios oscuros y criminales.