Abg. Eduardo Orta Hernandez
“El bombardeo comenzó…los obuses cayeron en la pared, cerca de las torrezuelas, abriendo allí anchas troneras. José Bello subió a lo más alto de la fortaleza, y con toda la fuerza de sus pulmones, gritó: “hijoeputas, no nos van a asustar”. Y allí permaneció, dando sus instrucciones en voz alta, insultando al distante enemigo”.
“Señor presidente honorables diputados… yo pido solemnemente que el Congreso declare la guerra a Inglaterra… Que los cachorros de Caracas venguen con sus garras, el atropello que hemos sufrido…” Cipriano Castro
Domingo Alberto Rangel, nacido en Tovar Estado Mérida, escritor, político, hombre de fuego vertical, decente, un volcán de saberes distribuidos por manos y pluma bolivariana, patriota y antiimperialista, prolijo e insurgente, pero lo mejor es que fue un historiador de marca mayor, consagró años de vida al estudio de nuestra historia nacional, sin separar la teoría de la acción revolucionaria.
.Me voy a referir a unos de sus libros: Cipriano Castro. Semblanza de un patriota (1), de relevante interés actualmente, el punto a tratar es sobre la actuación política de Cipriano Castro ante el bloqueo de las costas venezolanas, ejecutado por parte del imperialismo europeo (Alemania, Inglaterra e Italia) en 1902-1903.
De interés mayúsculo saber cuál fue el comportamiento del pueblo venezolano y la del propio presidente de la república, en el momento de la agresión imperialista, veamos:
Domingo Alberto, en relación de la reacción del pueblo venezolano, nos dice:
“…En 1902-1903 la fuerza naval más poderosa del mundo bloqueó las costas venezolanas, fue bombardeada la Guaira al igual que la fortaleza de San Carlos en el Zulia y paralelo se inicia, se pone en marcha la indignación nacional, fue apedreada Mac Gregor y la Casa Breuer y la Van Dissel, todas las casas alemanas e inglesas fueron rodeadas por la muchedumbre,…todos el pueblo se reunía en la plaza Bolívar y la Pastora y pedían armas para defender la patria ante el hecho que «la planta insolente del extranjero profanó el sagrado suelo de la patria», repetía la garganta de los oradores y coreaba la multitud enardecida. La gente marchó a la Casa Amarilla a reclamar armas al presidente de la República junto a los presos de la rotunda recién liberados». (2)
Así reaccionó un pueblo herido en su soberanía, ofendido en su memoria, en su identidad jirajara, en su estirpe caribe, cumanagotos, meregoto, arawaka, descendientes de los taínos, heredero de la mayor gestas emancipadora latinoamericana, por cuya venas corre sangre de Guaicaipuro, Simón Bolívar, Antonio José de Sucre. Pueblo que no midió ni le importo la desproporcionada magnitud de la fuerza militar invasora, dispuesto estuvo en sacrificar la vida en defensa del sagrado territorio, ante las fuerzas imperiales que bloquearon y bombardearon nuestros puertos.
Ahora veamos cuál fue el comportamiento político del presidente Cipriano Castro, en la aciaga hora del bloque imperialista:
El presidente Cipriano Castro con el mayor arrojo en defensa del sagrado suelo de la patria, evaluó la superioridad militar, el poder de fuego, la capacidad de los invasores imperialista, no obstante, no se rendía, no se entregó, frente a esa realidad, presentó batalla, ideó, planificó la resistencia y los futuros combates, liberó los presos políticos o los políticos presos, organizó al pueblo, expuso ardientes y enérgicos discursos públicos en contra la agresión extranjera, no se rindió ni contradijo sus ideales y formación política antiimperialista.
En ese escenario de bloqueo, ejecutado por la más grande fuerza naval del mundo, para ese entonces, evidentemente era un panorama militar desventajoso para la República, no obstante, el fervor, las convicciones de lucha y las posibilidades de combatir a los poderosos imperialistas, siempre estuvo presente en el pensamiento político militar del presidente Cipriano Castro, así textualmente nos expone Domingo Alberto Rangel, en el citado libro:
“…El agresor, dice Castro, tiene ventajas en la costa. Podría desembarcar y ocupar algunas ciudades. Nuestra resistencia allí no sería suficiente para contenerlo. Hasta Caracas podría ser ocupada, su que una ciudad grande es un problema para una fuerza de ocupación. A nosotros nos tocaría en ese caso replegarnos hacia el interior del país. Las costas serían ocupadas por el enemigo. Pero en todo el interior, sobre todo, en los llanos, seríamos intocables. Las distancias y las dificultades nos permitirían destruir cuánta fuerza envíen contra nosotros. Aquí mismo debemos escoger ya los compañeros que desde ahora deben irse a los llanos a prevenir allí las operaciones de mañana, si el enemigo desembarca, cómo me temo… desde los llanos vendremos a la costa a cada rato a perturbar y a molestar al enemigo. Y en Europa,..habrá protestas”.
EE.UU consintió y apoyó el bloqueo, pero con el expreso mandato que las potencias europea no desembarquen ni invadan tierra firme, so pena de intervenir e iniciar una confrontación, que los europeos no estaban dispuestos a confrontar, debido a que ya Estados Unidos era la principal potencia del hemisferio occidental y se había consolidado con fuerza la doctrina Monroe.
En ese escenario “…El Ministro de Gran Bretaña en Caracas se reúne, para conversar sobre el bloqueo con H.L Boulton, Nicomedes Zuloaga, H. Planchar y Juan Erazo. El Ministro habla con brutal franqueza: hay dos limitaciones graves, Una: que los Estados Unidos no podrían tolerar una agresión europea en América Latina, no por ustedes, por ellos mismos que pretenden ser los amos, y mal podrían soportar una acción ajena en sus predios.
La otra limitación viene del pueblo venezolano. He visto a la gente de Caracas estallando ya. Unos días más y se lanzan a la guerra contra nosotros…contra nuestras propiedades aquí. Hay que solucionar ya este conflicto…”
La solución del inglés fue que se le propusiera a Cipriano Castro que los Estados Unidos fuera el mediador y resolviera mediante el arbitraje sobre la deuda venezolana. (aparente motivo del bloqueo), así los apellidos venezolanos citados se encargan de hablar con Castro y El Ministro, con Ministro gringo. Fue inmediato el accionar del plan, visto que las proclamas de Castro incendiaron al pueblo de Caracas y “eso es peligroso”.
Acordado el asunto, los venezolanos de la reunión inician la conversación con Castro describieron un horrendo panorama, “sementeras incendiadas, costas solitarias, choques armados, emboscadas incesantes que llevaría al conflicto a proporciones incalculables”. Hay que evitar ese peligro afirman los mensajeros del inglés”.
“¿Ustedes creen que las potencias desembarquen?, le pregunta Castro, buscando ganar tiempo. Sí contestan al unísono los visitantes. Pero no pasarán de las costa, rebate Castro… Además sin el interior las costas no valen nada.”
H. L. Boulton, le expresa al presidente: “Si el bloqueo continúa, vendrá una insurrección de la gente indignada, nadie sabe qué harán, se nos escapará a todos El control de la situación, arderá Venezuela…y continúa, General Castro ¿por qué no colocamos el conflicto en manos de Estados Unidos, que ese país actúe como árbitro? Los ingleses aceptarán y Alemania queda sola si se resiste. Castro responde hay que pensarlo, los visitantes son una tromba. General todo minuto cuenta, si te tardamos está resolución arderá Venezuela… Repiten el argumento. Exclama Castro: está bien voy a llamar al ministro americano Bowen para consultarle. Boulton rie…seguro está que el ministro inglés cuando citó a los cuatro comerciantes ya había acordado con su colega de Estados Unidos.”
Los comerciantes se retiran y a solas comentan: “Ya cedió, dijo Zuloaga, exacto comentó Santana”. Los Estados Unidos tomaron en sus manos la controversia.
(1) Domingo Alberto Rangel. Cipriano Castro. Semblanza de un patriota. Editado por la Fundacion Simón Bolivar. Julio 2009. Pags 225
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