José Sant Roz
Querida Rosa Amelia, te escribo con el amor de aquellas primeras victorias (6 de marzo de 2016) cuando cantábamos la Internacional, imaginando que acabaríamos venciendo, cuando todo nos parecía distinto, en medio de tantos dolores,… hasta el sabor del sueño…
He leído tu artículo publicado en Aporrea, donde percibo una amalgama de justificaciones inexplicables para hacerte ahora antichavista, algo también parecido a unos dolores tardíos, a peros sobre todo algo parecido al rencor. Ahora resulta que te sientes incomprendida, y te defiendes con expresiones de doble filo en los que veo que la ironía se nutre de la incomprensión y con algo de arrepentimiento. Ya sé que estás quemando tus naves y que luego te irás del país, y te olvidarás para siempre de la política. Lástima. Los próximos pasos serán ir acercándote a aquellos que en el pasado parecían tus enemigos naturales, todo por ciertas actitudes o “ingratitudes que te han hecho sufrir”, como si las ideas y las ideologías han de tomarse como si fuera algo personal, cosas que yo también he sufrido y que he tenido que tolerar y entender.
Yo fui de veras muy crítico en la época de las Vacas Gordas cuando aquí a todo el mundo le sobraba el dinero hasta para hacer locuras cuando Chávez llega y le paga a las universidades todas las deudas del pasado, al punto que conocí colegas que se llegaron a comprar hasta tres carros de un solo golpe, con todo ese dineral, y aún as{i siguieron diciendo que la situación económica seguía insoportable, que estaban a punto de morirse de hambre y que lo mejor que había que hacer era emigrar. Ahora, a tres años de la muerte de Chávez, en medio de tantas dificultades, en mi caso, no voy a salir a decir que esto es un infierno, para que la derecha, crecida como está, venga y mal interprete mis críticas. En mi caso no estoy dominado por las amarguras. Dolores sí tengo muchos. Yo también tengo críticas por montones qué hacer y pudiera ponerme en plan de escribir otro “Titanics” como el que corre por ahí, pero yo en este momento prefiero dejar que los Titanics los escriba la gente de la MUD, al tiempo que me mantendré en lucha frontal contra la derecha, dentro del terreno revolucionario, con los camaradas que me acompañan en el combate.
A tu parecer, querida amiga, para ti como que no existe ninguna GUERRA ECONÓMICA, como muchos los sostienen. Tampoco los gringos nos amenazan ni nos atacan. El día que nos invadan y veamos los misiles caer sobre nuestros pueblos también diremos que eso es mentira. Están de modas las cegueras, obedecemos a ciegas al poder dominante. Mira, amiga, hará unos años atrás, un colega matemático, argentino como tú, que trabajaba en la Facultad de Ciencias, se dio un viaje a su país, para visitar a sus familiares. De regreso me contó, que cuando fue a hacer mercado (en Buenos Aires) se enfrentó a un cuadro que le produjo una inmensa vergüenza, el hecho de tener que ver cómo aquellos, sus compatriotas apenas si podían comprar un poco de espaguetis para llevar algo a la mesa, pero en cambio, el carrito de nuestro colega iba atestados de artículos caros. El dinero a los argentinos no les alcanzaba para nada. No valía nada. Argentina era un desastre, un caos, tierra arrasada. Y no era el socialismo lo que había fracasado allí, sino el neoliberalismo, como también está fracasando en toda América Latina. El proyecto socialista no ha fracasado en Venezuela, querida amiga, estamos en medio de una guerra y todavía resistimos, todavía batallamos contra rémoras, lacras atávicas y enemigos poderosos. Si tú crees que esto ya no da para más como lo escribes, no pienses en absoluto que Ramos Allup o María Corina Machado vendrán a sacarnos del marasmo, para llevarnos a la cúspide de un bienestar milagroso. Si hoy en Argentina encuentras de todo en los anaqueles, también eso mismo de momento pasa en la espantosa Colombia donde hay una desigualdad que provoca vértigo y asco, con multitud de fosas comunes, que en sólo está semana mataron a cuatro dirigentes sociales, algo que ha dejado de ser noticia. Te fuiste muy lejos para ver anaqueles llenos, y vanagloriarte de ello, en los que dices que puedes comprar de todo, cuando, amiga, Cúcuta te quedaba tan cerca.
No te sientas culpable por nada, por lo que puedas comprar allá en esa tierra bendita de Macri, sencillamente hay que entender un poco la realidad, más nada. La MUD dice, con el talante de Macri, que ellos nos van a salvar solicitando un préstamo al FMI por cerca de 50.000.000 dólares, de modo que si con las una y mil trácalas con las que han venido saboteado el proceso bolivariano consiguieran llegar al poder, antes de que regreses, probablemente podrás, al llegar a Mérida, comprar más de lo que exigen tus caprichos.
Imagínate lo que aquí sufrimos durante la espantosa guerra de independencia, aquella época cuando los españoles se llevaron todo, y que entonces Bolívar se hubiese puesto a chillar porque estábamos “peor que antes”. De hecho, estábamos mil veces peor que cuando nos esclavizaban los godos, y lo íbamos a estar por otro siglo más. Que la lucha es larga. El mismo Bolívar lo dice horrorizado: “Me ruborizo al decirlo: la independencia es el único bien que hemos adquirido a costa de los demás. Pero ella nos abre la puerta para reconquistarlos bajo vuestros soberanos auspicios, con todo el esplendor de la gloria y de la libertad”. Tú eres muy inteligente Rosa Amelia, y sé que esto no te será difícil entenderlo y asimilarlo. Sin embargo, te recomiendo leerlo varias veces.
El pueblo venezolano fue el que más sufrió en el proceso de la independencia latinoamericana, pero eso era preferible que pedir que retornaran las cadenas para que tuviéramos un poco más de comida, de confort, de paz o de salud. Yo no creo que la vida se haya deteriorado, amiga, lo que se ha deteriorado es la vieja comodidad que teníamos, pero que además hemos ganado en la contemplación de nuestros huesos y de nuestra desolación en un grado más de lo que desconocíamos. Y eso hay que agradecerlo. Quiero que entiendas una cosa, me siento orgulloso cuando no uso algo que no proviene de nuestra invención, de nuestra industria. Si algo no producimos, me parece bien que no esté en mi mesa, y es un signo importante el que tengamos conciencia de que todo lo que necesitemos provenga de nuestras manos, de nuestro ingenio. Te voy a confesar algo: a mí me encanta la austeridad, tener sólo lo necesario, aunque te digo que tampoco soy todo el hombre austero que debería ser. ¡Cuántas cosas me sobran, cuántas cosas tengo que no necesito, Dios mío! Pero como admiro a genios como el matemático ruso Andrés Zavrostky quien vivió entre nosotros muchos años en Mérida que sólo tenía en su casa una mesa y cuatro sillas, y un catre para dormir, y todo su sueldo lo repartía entre gente necesitada.
Recuerdo un hecho surrealista que ocurrió en Venezuela hace unos 35 años: se descubrió que en el Seguro Social durante décadas se estaban entregando medicinas que sólo contenían azúcar quemada porque todos los insumos para hacerlas se las robaban los administradores, y todos los orondos personajes que pasaban por el ministerio de Sanidad. Se pudo comprobar que más gente se hubiera muerto por haberse tragado las medicinas hechas por los famosos laboratorios de la Bayer o de la Pfizer, que los que engullían aquellas pastillas acarameladas, y en absoluto quiero justificar este descomunal robo, pero si quiero llamar la atención que en mi país se trasiega demasiados medicamentos innecesarios para males inventados o que no existen. ¡Cómo se devoran antibióticos! La gente hace más mercado para comprar medicina en Venezuela que para comer. No se diga para acicalarse, sobre todo las mujeres, para operaciones y que “estéticas”, etc., etc…y por el estilo multitud de otras cosas que no necesitamos y que m{as bien nos hacen daño..
Ojalá nunca dejes de ser austera, amiga, y agradéceselo a la revolución bolivariana. Agradece también que muchos estemos resistiendo, dispuesto a morir no porque nos falte un medicamento ni un kilo de espagueti, sino por un balazo de esta derecha desenfrenada que ha hecho y está haciendo lo imposible por destruir el país. Que lleva 16 años en esta espantosa guerra. Que te consta.
Mira, amiga: yo nunca he hecho una cola, y sé que aquí en Venezuela nadie se muere de hambre. Más muertos de hambre hay en EE UU, en Canadá, en Argentina, en Las Batuecas o en España que en Venezuela. Métete eso profundamente en la cabeza, y no es cuento en absoluto. Yo nunca me reí de los gallineros verticales; y ahora me he metido a sembrar, y me he arrepentido no haberlo hecho antes, me parece maravilloso. Y mucha gente está sembrando ahora, gracias a la revolución bolivariana. Imagínate si será de maravilloso el socialismo del siglo XXI, que con un precio del petróleo que rozó los 20 dólares el barril, aquí se sigue viviendo en Jauja, comiendo hasta con el peligro de perder la línea. Nadie ha perdido su trabajo, se sigue aumentando el sueldo y el número de pensionados, la Misión Vivienda construyendo como siempre, y se sigue batallando. Claro, reconociendo que no tenemos las “exquisiteces” que llegaban antes de Europa o EE UU.
Y te digo que te equivocas de plano cuando dices: “… pero también sé que vivir en un país de anaqueles vacíos -por falta de previsión- hasta vencer al «enemigo del gran Imperio» es un error epistemológico de un proceso político donde hubo Socialismo del siglo XXI mientras hubo plata para pagar la franquicia.”
Me parece éste, un texto plagado de injusticia. Aquí hay cambios, que tronaron en Argentina, en Bolivia, Ecuador y el mundo entero, y no lo puedes negar. Aquí se atendió a mucha gente pobre, se les dio la mano, se les sacó de abajo, se movilizaron las misiones, y ríos de dólares que antes se llevaban los amantes del becerro de oro, llegaron de veras al pueblo. La propia Argentina recibió una mano harto generosa de Chávez con aquel fabuloso préstamo que puso contra las cuerdas al FMI y a muchos banqueros estafadores de EE UU. No creo que tú concuerdes con la Misión Maqueta de Julio Borges y digas que es mentira que aquí la Misión Vivienda construyó un millón de soluciones habitacionales, y que desconozcas que este programa continúa imparable pese a todas las adversidades que estamos sufriendo.
A toda esa gente que se le hace un mohín involuntario en el rostro cuando se menciona a Venezuela, te lo digo me resbala; no son realmente venezolanos. Me imagino ese mohín, y me da arrechera. Esa es la gente que quiere tener patria pero que se la regalen con todos los placeres que les gusta disfrutar; tal vez una patria agringada, sin querer mover un dedo, sin tenerla que parir o sufrir, sin sabérsela ganar. No le vamos a regalar ni a darles de gratis el bienestar que desean tener a costa de que sean otros los que se la trabajen, los que se la ganen en el campo de la guerra dura de todos los días; aquí no hay nada abortado, y estás muy equivocada, amiga. El proyecto del socialismo del Siglo XXI, no se hizo para gente que tira la tolla a las primeras de cambio. Tampoco para lo que sólo quieren hacer literatura con el dolor, con las adversidades, con eso que llaman fracaso.
Bueno, no por todo eso te dejaré de querer; para nada. Recibe un gran abrazo. Salúdame a Modesto Emilio si lo ves. Tu amigo eterno,
José