Cagua, de pueblo agrícola autosuficiente a pueblo industrial dependiente…

Por: Eduardo Orta Hernández.

Soy de Cagua. Soy Caribe. Soy Meregoto.
Cagua, municipio Sucre del Estado Aragua, un hermoso valle, a pie de la estribación de la cordillera de la costa, que denomino como parque municipal Meregoto, -aun cuando no es la denominación oficial- su actual topónimo es una apología al delito, justificación para no nombrarlo, ya que en el imaginario del pueblo constituye un indígena atravesado por una lanza, desde el ano hasta la garganta, torturado, agonizante, que durante días espera la muerte, en manos de la violencia conquistadora, hasta que fallecen, como consecuencia de su firme convicciones de libertad, por la defensa de sus tierras y su cultura. Un orónimo que, por su sadismo, e inhumana práctica me niego a pronunciar o a escribir, de hacerlo sería un elogio, una exaltación, una defensa pública de un acto criminal, por demás, no puede constituir, ni es un acervo, ni un patrimonio cultural de nuestro pueblo. Representa la simbología de morir asesinado, mediante la penetración de una estaca o vara en contra de todo aquel aborigen que se resistía y combatió la invasión, la conquista y colonización extranjera del arcabuz, del caballo, el mastín, la pólvora, los acolchados trajes, el acerado casco, la biblia y la cruz.
El Parque Municipal Meregoto de la Resistencia Indígena, constituye el único relieve de altura del municipio sucre, cercano a los 800 metros sobre el nivel del mar, con una variedad de aves y faunas que han ido desaparecido, con importantes fuentes de agua, que aún hoy día existen como reminiscencia de un pasado de abundancia, un área geográfica que se constituye como el único pulmón verde de la ciudad, lo que obliga a su esmerado cuidado y a preservarlo, por ello, hemos propuesto que se declare parque municipal Meregoto de la resistencia indígena y así evitar continúen las invasiones y construcciones de ranchos o viviendas, o que las ansias y voracidad rapaz de urbanistas y constructores (como ocurrió en parte) pretendan continuar urbanizando, hasta convertir ese mágico espacio en “colinas para residencia exclusivas,” para el disfrute privado y así obtener las utilidades económicas sobre la muerte del ecosistema de Cagua, la destrucción del ambiente y de vestigios de nuestra originaria cultura, al extremo que en el pasado reciente, a principios de este siglo XXI, lo tasajearon y construyeron un conjunto residencial sobre el cementerio indígena, que denominaron irónicamente como “Tierra Santa”, años de cultura aborigen destrozados, debajo de cimientos de concretos, o desplazados por modernos piratas y filibusteros, ignorantes de la ciencia de la antropología, etnografía, arqueología. Una manera de preservarlo definitivamente y evitar que desaparezca, ese hermoso pulmón verde es declararlo Parque Municipal, con el topónimo de Meregoto en honor y recuerdo de nuestra población originaria.

Cagua, un espacio de tierras muy fértiles, clase A1, cuyas características edafológicas, agrológicas o naturales, permitían una gran variedad de productos para el consumo humano, se veían a escasas cinco cuadra de la Plaza Sucre, a 5OO metros grandes extensiones de tierras -denominadas haciendas- como la de Sabana Larga, El Carmen, entre otras, con sus trapiches y molinos, cultivadas de zanahoria, caraotas, maíz, papa, yuca, ocumo, cambures, berenjena, frijol, quinchonchos, caña de azúcar, repollo, lechuga, tomate, cebolla, ñame, ocumo, apio, perejil, cebollín, cilantro, pimentón, ají, entre el olor a bosta, la cría de vacas y toros, porcinos, ovinos, caballar y mular y de las aves de corral, la infaltables gallinas o los pavos y conejos. Existía una armonía entre la vocación del suelo y la actividad económica que sobre el mismo se ejecutaba. Se producía comida, dentro de los límites geográficos de la ciudad, para una población que vivía en la tranquilidad de una existencia sana, fresca y agradable.

La hoy urbanización Corinsa, El Toco, Ciudad Jardín, Prados, El Bosque, La Segundera, Tamborito, Las Vegas, y la seca y desértica Ciudadela, donde el sol revienta el alma con sus largas y pavimentadas avenidas sin un árbol sembrado, eran espacios sombreadas por grandes túneles de árboles de Ceiba, Jabillo, Jobo, Caobas, Caro Caro, Guasimo, así como una variedad de arbustos, lugar y hogar de los Araguatos, de sus gritos se escuchaban en la Avenida Sabana Larga, a escasa cinco cuadras de la Alcaldía o centro de Cagua y en sus alrededores. Arbolada que era la habitación de las Iguanas, el Turpial, el Arrendajo, la Paraulata, el Loro, el Gonzalito, el Canario, la Reinita, el Pico de Plata, el conejo, los panales de miel, las abundantes abejas y otras especies, que han desaparecido o han disminuido grandemente su población, hasta casi no ver su presencia. ¡¡Qué destrucción tan grande de un hábitat para la vida!!

milenarios bosques, grandes árboles, aves y fauna silvestre desaparecido en escasas décadas, no mayor a treinta años, junto a los mangos, mamones y tamarindo, la guanábana, el higo, la toronja, la naranja, el almendro, el caimito, el níspero, el mamey, la granada, la cereza, la ciruela, el cotoperiz, la guayaba, todo sembrado en los patios de las casas y en los terrenos eran cultivados consumidor por los residentes y comercializados, así se constituían en parte del sustento diario de cada familia y la solución para su alimentación frutal, entre tubérculos, granos y vegetales y para la obtención del honesto peculio.

Si se quiere podemos decir que Cagua era el paraíso terrenal, porque su suelo como recurso natural era la máxima fertilidad, árboles, agua y tierra óptimas para sembrar toda una gran variedad de alimentos, de frutales y plantas medicinales, así como la cría de animales domésticos. Existía una rica y racional correspondencia entre el recurso suelo y la actividad que el hombre ejecutaba sobre la tierra. Era en mi opinión, la Cagua del esplendor, de la belleza, de vivir en armonía plena entre el hombre y su ambiente.

Todo ello era la Cagua de hasta hace pocos años, aproximadamente a principios de la década de los años 60-70 del siglo XX, cuando comienza un proceso de industrialización y un agresivo urbanismo, que continúan imparable hoy día, que atrajo un rápido crecimiento poblacional, asentados sobre el suelo que durante miles de años aportaba y era la base de la sustentación humana desde el original poblamiento Meregoto, desde que fue verdaderamente fundada la ciudad por nuestros ancestros aborígenes.

Conviene destacar, suelos con la características de fertilidad de los de Cagua son limitados en su extensión, representan el dos por ciento (2%) del territorio nacional, lo que nos obliga a un esmerado cuidado y a una celosa preservación, lamentablemente, una sociedad cuyo modelo se fundamenta en la acumulación de capital, en la explotación del hombre y de los recursos naturales de forma irracional, no se puede esperar, sino el contradictorio uso del espacio, su distorsión, su aniquilación o destrucción, sin importarle la seguridad y soberanía agroalimentaria. Terrible que se invadan, se construyan urbanismos e industrias, sobre suelos cuya fertilidad de una pulgada cuadrada, la naturaleza requiere para su creación entre 800 y 1000 años, con el agravante que tenemos un país desierto hacia el sur y el llano venezolano.

Las industrias y los urbanismos deben estar ubicados en aquellos espacios que sean aptos para tales actividades, en áreas adecuadas para dichos usos. Es contradictorio, por ejemplo, que el mineral del hierro se encuentre en el Estado Bolívar y haya empresas metalmecánicas en el centro del país, espacios carentes de ese mineral, irracional que el 36 por ciento de la población se asiente sobre el 4 por ciento del territorio nacional (Caracas- La Guaira, Miranda, Aragua, y Carabobo), que el 80 por ciento de las inversiones públicas y privadas se concentren en el dominio Costa Montaña. ¿Y dónde o cómo queda el llano y el sur de Venezuela? Deprimido, abandonado, carente de servicios, de industrias, de comercio, de vialidad, de hospitales, universidades, instituciones y poderes públicos, que concentrados al norte del país, olvidan la existencia y la necesidad de inversiones públicas y privadas, de sedes de la administración y del poder estatal, ausentes los ministerios y la gruesa acción de gobierno, medido en calidad y cantidad, en soluciones en las mencionadas zonas o áreas territoriales.

Es así como vemos que en Guanarito no hay servicio de encomienda, que en Guasdualito un acto ilícito, el hurto o cuatrerismo debe ser tramitado en la Fiscalía de San Fernando, a 700 kilómetros de donde ocurrieron los hechos ilícitos, los agravio penales, o que en parte de ese territorio nacional, del llano y del Sur venezolano, de esa geografía de los grandes ríos, de la cultura del agua y del ganado, la población, (en extensos espacios), no cuenta con los servicios de la Librería del Sur, no tiene acceso a la publicaciones de está editorial y de ninguna otra, unos ejemplos concreto como una población y un territorio quedan excluidos o invisibilizados, para un simple trámite como la certificación de notas de estudios, jubilaciones, corrección de errores en la nómina ministerial o adquirir una novedad o un libro, debe usted trasladarse desde el Amazonas o el Elorza, desde los Tanques, residencia del cultor y cronista Ivan Herrera, en Portuguesa hasta Caracas, para ilustrar de manera sencilla la vida diaria.

Cagua un espacio intervenido por un proceso de fracasada “sustitución de importaciones”, con una industria fuertemente intervenida por el capital extranjero, de enclave e incapaz de abastecer el mercado nacional, conforme a fines y propósitos para la cual fue diseñada e impulsada. Una industria sobre un espacio agrícola, que lo redujo y acabó, que contamina sus aguas subterráneas y superficiales como el río Aragua, hoy día canal de desagüe de aguas servidas y de contaminantes industriales, con la vegetación originaria talada, desaparecida, al igual que sus aves y fauna y también entre aplausos y vivas de un supuesto y negado progreso y desarrollo impulsado desde la administración de los poderes públicos. Todo un contrasentido.

Venimos de vivir en la armonía, en la paz, dentro de un espacio de buen clima, de aguas claras y cristalinas, de la sana recreación, del autoabastecimiento, de la suficiente producción alimenticia, de la comidas sanas, de la proteína creada en patios de las casas, de terrenos arbolados, de aire no contaminado, para convertir ese paisaje en un ambiente hostil, agresivo, negador de la vida y del buen vivir, en tiempo de tala, de quema, de contaminación industrial, de pavimentación y cemento sobre la pequeña y reducida capa vegetal que aún queda, a esto no se le puede llamar desarrollo ni progreso, sino todo lo contrario, atraso y desdicha en el uso del suelo, así estamos en la organización Geoeconómica sobre espacio dependiente del capital. El responsable de esa distorsión y contra natura, es el modelo expoliador capitalista. Es el sistema capitalista.

La civilización para superar el presente estado de cosas, requiere pensar en una sociedad humana, fundamentada en el humanismo democrático y en la idealidad avanzada, de convivencia comunitaria, es aprender de nuestra cultura indígena, buscarnos en las letras de historiadores, geógrafos, cronistas, sociólogos, antropólogos, arqueólogos, en la sabiduría campesina. Definitivo es que dentro del actual modelo de acumulación y explotación no hay ninguna solución, sino la desaparición de la especie humana, la destrucción del planeta tierra.

Cagua, 5 octubre de 2026.

Polvorín. Explosión insumisa de ideas. Un combate por la vida. Somos historia y poesía insurgente.

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