Por: Eduardo Orta Hernández
La contaminación ambiental, el exterminio de lagos, ríos, las aguas negras y las inmundicias es lo que arrojan las industrias a los centros poblados. Es el resultado del modelo geoeconómico dependiente que sacrifica sus mejores áreas agrícolas, para que se asienten industrias químicas, de pintura, tenerías, de plástico, metalmecánicas, fármacos, cervecerías y otras, cuyos desechos caen al rio y lago de Valencia y Taiguaiguay, son inundados con alta concentración de metales pesados y otras sustancias tóxicas no biodegradables, vertidas a gran volumen, junto a las aguas negras domésticas y del uso agrícolas, ello no obedece a una razón social, ni se corresponde con las necesidades reales del país. Violenta toda racionalidad humana, ecológica o ambiental.
Las actividades económicas han estado en función de los intereses de acumulación de capital, del lucro foráneo, en armónica relación con factores de poderes internos, asociados a quienes controlan la industria manufacturera y la de la construcción, grandes urbanismos concentrados en una reducida geografía. Su razón de ser es acumular veloz y rápida la mayor plusvalía, sacrificando toda noción de planificación y ordenamiento racional del espacio.
La irracionalidad capitalista del uso del espacio en Venezuela, ha traído como consecuencia el cambio de uso y deterioro del suelo y del hábitat en general. Cagua un buen ejemplo, sobre un espacio de gran fertilidad, que en el pasado estuvo destinado a la siembra de renglones agrícolas para consumo humano, de una gran variedad, presente la siembra de papa, zanahoria, berenjena, caraotas, ocumo, yuca, apio, naranja, y otros tantos, entre frutales, tubérculos, oleaginosas, discurre la amable brisa sobre el rostro apacible y sano de sus pobladores, atravesado de este a oeste en su parte norte, por el hermoso río Aragua, que hasta la década del cincuenta, del siglo XX, era el seguro suministro de agua potable y disfrute de la población, no solo se consumían, sino que nuestros ascendientes se bañaban en dichos espacios, hoy día, triste y lamentablemente, es un canal de agua residuales, contaminadas y malolientes, vertido en su cauce, por las industrias, todo tipo de suciedad, así mismo deteriorados, intervenidos o desaparecidos otros afluentes y cada vez más distante, más profundo el nivel freático, también seriamente contaminado.
Aún es tiempo de volver a la Cagua verde, en aquellos espacios disponibles, el las calles y avenidas, en los barrios, en los urbanismos, como el de la La Haciendita, sembrar grandes árboles, variados frutales, que esté de nuevo presente el caimito, níspero, mango, mamón, cotoperiz, el delicioso mamey, los refrescantes tamarindos, junto al Chaguaramo, la Ceiba, el Jabillo, el Araguaney, el Apamate, el Samán, las flores y plantas ornamentales, de Ucaro, Lirios, Orquídeas, palmeras entre otros, en todo espacios públicos, como las plazas y los parques e incentivar y apoyar la siembra en los espacios privados. Es una Cagua ejemplo y para el disfrute, para la vida, con el rescate de un clima agradable no mayor a 22 grados gracias a la siembra. Se imagina, las aves, las faunas y el ser humano disfrutando los variados y gratuitos sabores de las frutas, del colorido ornamental y de un buen clima, reducido el efecto invernadero y aliviada la destrucción de la capa de ozono, una sería contribución a impedir el paso de los rayos infrarrojos, dañinos para la vida en el planeta. Cagua con su arboleda, plantas en todo sitio, sería una verdadera contribución contraria al desequilibrio y destrucción de la madre tierra, este pedacito de territorio de nuestra Cagua se merece esas manos amigas.
La arborización de Cagua, es una sería propuesta política -ya iniciada- que nos debe reunir a todos, acertadamente el Municipio viene adelantando, pero que le falta profundizar y considerar, con seriedad, la siembra de árboles frutales y conjuntamente incorporar a los vecinos, condominios, organizaciones o movimiento sociales, cámara de comercio, industriales, para que contribuyan y sean los verdaderos protagonistas participativos, con el apoyo institucional, se impulse acciones permanentes, en crear una conciencia, llamemos verde, a través de la educación ecológica y ambiental, en ese objetivo impulsar los necesarios cursos, charlas, foros, conferencias, para adultos, jóvenes y niños, así veríamos realmente unos resultados muy positivos y sobre todo porque toda la población se involucraría y apoyaría, más allá del destemplado grito partidista, más allá de la circunferencia de una “redonda de libertad”, que termina como guataparo o la plaza Altamira, para la bulla de un momento y de unos mediatizados intereses, sin la trascendencia humana que requiere un tema que es del interés de toda la comunidad de Cagua. Un tema que involucra nuestras vidas y las del planeta.
Lo importante es que mediante esa política municipal de siembra, arborización, cuido, mantenimiento, educación, pedagogía ambiental, ecológica y participación comunitaria, tendríamos un espacio llamado Cagua, Municipio Sucre del Estado Aragua preservado, con un uso racional, equilibrado y de respeto a la naturaleza, un punto crucial en la sociedad y puntal, ejemplo para otras experiencias en otros territorios del país, con unas “actividades humanas, que en vez de pretender dominar a todo costo el medio natural, deben adaptarse lo más estrechamente posible a la vocación del uso de los suelos».
Debemos repensar cómo deseamos vivir y bajo qué condiciones ambientales, privilegiar la vegetación autóctona de densa frondas y abundantes FRUTALES visitados y habitados por los loros, las iguanas, las ardillas, el turpial, arrendajo, el cristofué, el azulejo, el carpintero y gonzalito, que se produzca la sombra y vuelva el microclima, la frescura, la humedad, el aire sano y divino procesado por los árboles, que las flores sean el néctar para los colibríes (tucusitos) junto a la reinitas, vuelvan aparecer las abejas, las mariposas. ¿Cuánto de estás especies están desaparecidas a nuestra vista y disfrute? ¿Qué tiempo ha pasado sin usted ver esas aves y fauna? ¿Es un recuerdo, las horas en la plaza Sucre de Cagua, detener el paso para ver a los perezosos en su lento caminar, ver las ardillas saltar? Por obra de la inconsciencia y voluntad errada de la “autoridad” pasada, fueron desalojadas y desaparecidas. DEBERIAN DE VOLVER, que alguien lo permitiera. Las Perezas y las ardillas eran un símbolo de la plaza.
Cagua, 18 de agosto 2026
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