José Sant Roz
Arturito Manzanilla, mejor conocido como “El Carrasco” era un joven muy despierto y activo en negocios “mercantiles” bien oscuros en El Vigía, Mérida. Mulato de color pero no de alma. A partir de 1998, con el triunfo de Chávez El Carrasco comenzó a prosperar en negocios de medio pelo. Se le veía otra cara, haciendo un chanchullo aquí y otro allá. Simpático y entrador, extrovertido, luciendo buenas pintas que un socio le traía de Cúcuta. En 1999 se hizo visitador médico, luego en 2001 cambió de ramo y se dedicó al asunto de las rifas de carros por los lugares de Tovar, Santa Cruz y Pueblos del Sur. En 2003 montó un comercio de electrodomésticos con artefactos traídos de Cúcuta y finalmente en 2007 con el asunto de CADIVI montó una oficina donde le tramitaba solicitudes de cupos de dólares a cientos de campesinos muchos de ellos colombianos. Con esta última “empresa” estafó cientos de miles o millones de dólares al gobierno nacional… En 2009 puso una ferretería que le reportó muy buena pasta. Ya para entonces estaba, pues, en la crema de la oposición a la dictadura chavista…
Andaba forrado Arturito luciendo carros nuevos, viajando cada cuatro meses a Miami, México, España o Argentina. Se casó, tuvo tres niñas, compró una bella finca en Bailadores, un hotel en Mucuchíes, dos apartamentos de lujo uno en El Vigía y otro en Mérida. Las rumbas y el “amor” lo traían loco, en cada puerto una… Como todos los de su clase ya para el año 2010 estaba muy convencido de que Chávez era el peor dictador y comunista de la tierra, y que él tenía que buscar la manera de emigrar porque de un momento a otro el comunismo podía expropiarle cuanto había ganado y conseguido con el sudor de su frente.
Tenía al frente de sus negocios a cinco socios menores, y cansado de andar temeroso con lo que podía pasar con sus bienes de fortuna se unió al gran movimiento democrático de Leopoldo López, María Corina Machado y Enrique Capriles; él era uno de los más poderosos financista de este grupo en el Occidente del país. A partir de 2013, unido a la Iglesia comenzó a financiar las guarimbas y toda clase de protestas que estallaban en San Cristóbal y Mérida. En 2015 trajo un batallón de sicarios y paramilitares de Colombia y asedió y paralizó a todos los Andes. En 2017 dejó para siempre a Venezuela. Pasó primero a Colombia, luego a Ecuador y después a Perú. En 2021 logra establecerse en Miami, solicitando el fulano TPS, y logra cultivar exquisitas veladas con Orlando Urdaneta, Franklin Virgüez y la crema y nata de los exiliados criollos, asiduos visitantes de Arepazo.
Todo va avanzando viento en popa para establecerse definitivamente con su bella familia en EEUU todos ellos como ciudadanos norteamericanos. Pasa temporadas turisteando en Las Vegas, en Nueva York, en Los Angeles e incluso en lugares como Hawái y Las Maldivas. “La buena vida”, decía.
En 2024, todavía el TPS no le llegaba.
En febrero de 2026 el ICE lo cogen preso en Ocean Drive en momentos en que iba al volante en su auto Audi, con su esposa y sus tres hijas. Ante las autoridades procura explicarse, mostrar sus documentos y sobre todo sostener que es un denodado luchador por la libertad de su país. Le contestan los ICE que ya Venezuela es el estado número 51 de la Unión, pero que las personas como él son de segunda clase como los puertorriqueños y que por lo tanto deben regresar a sus lugares de origen. A la esposa doña Elvira la trasladan con las pequeñas a una casa de acogida con vigilancia policial. A El Carrasco lo meten en una mazmorra donde le echan la comida como a un perro. Duerme en una colchoneta asquerosa y se puede bañar solamente dos veces a la semana. Enferma El Carrasco, pierde diez kilos, comienza a padecer males cardíacos y en este estado pasa tres meses hasta que con la ayuda de una ONG es hospitalizado.
Hace una semana El Carrasco recobró su libertad mediante un habeas corpus, y aunque ahora se le ha dicho que con un parole podrá impedir que ICE lo vuelva a detener. Ahora ha optado por no contar nada de lo sucedido sino sólo a sus familiares, mantenerse recogido en casa sin salir por lo menos durante un año de ser posible. En los momentos más difíciles pensó en radicarse en Colombia con su bella familia y olvidarse del adorado y dorado fulano Delirio Americano, pero no pudo. Ese el tipo de vida que le gusta por lo que debe adaptarse a él a como dé lugar, a esas nuevas circunstancias siendo como es toda su familia mulata. Y lo ha dicho por todo el cañón: “Prefiero vivir aquí incluso siendo despreciado, que allá con todos los dones y privilegios de un gran magnate”. Que él está dispuesto a sobrellevar cualquier peligro o amenaza por parte de las autoridades de EE UU, cualquier condición de nivel social por su color, pero que él está decidido a soportar todo con tal de vivir en el país de Jhon Travolta, de Trump, de Mike Mouse, del Hombre Araña, de Superman, de Robocop,…
El Carrasco ha ratificado además a sus más íntimos amigos que aunque en Venezuela llegara a gobernar doña Dinorah Figuera para él ese país seguiría siendo un país comunista “y lo será –recalcó- hasta fin de mundo, y jamás y nunca volveré a él…, Dios me ampare y me favorezca”… Punto…