(EN LA GRÁFICA VEMOS A ARGENIS CON LA ACTRIZ CORINA AZOPARDO)
Yo creo que José Antonio de Armas Chitty, como Bernal Díaz del Castillo, se dijo: «Por ahí están escribiendo unos cantos sobre mi tierra sin conocerla. En cambio yo que la he cantado otrora en romancero voy a emprender el verdadero y sentido canto, porque yo aquí me hallo presente y la conozco como la palma de mi mano».
Tal vez José Antonio de Armas Chitty se repitió la nota de Bernal Díaz del Castillo e insistió: «En la cual historia hallarán cosas muy notables e dignas de saber e también van declarados los borrones e cosas escritas viciosas en otros libros». Y no señaló nombres para que no dijeran que Armas Chitty lo que tiene es envidia. Y así, de esa manera diciéndose, inició, desde el umbral, su «Canto Solar a Venezuela».
José Antonio de Armas Chitty estuvo en sus primeros tiempos imbuido en el romancero español y en Antonio Machado y de allí salió con «Candil», «Tiempo de Aroma» y «Retablo». Después le vino esa forma de poesía que son unos cuentos que tituló «Cardumen» y subtituló «Relatos de Tierra Caliente». Como que no podía desprenderse tan fácilmente de la tierra de los Ipire, de la comunidad, y no pudo resistir la tentación y se metió a historiador.
«Porque yo voy a las comunidades, parece decir, porque la historia de Venezuela sólo podrá hacerse después que se conozcan las comunidades. Y allí ve usted que me entierro en «Zaraza, o Biografía de un pueblo»; o en «Tucupido, o la Formación de un Pueblo del Llano»; en «Islas de Pueblos, o dos Archipiélagos de Pueblos»; uno del Guárico y otro de Anzoátegui; en «Caracas, u Origen y Trayectoria de una Ciudad», y en «Guayana, su Tierra y s Historia».
Y cada vez que Armas Chitty se internaba en nuestra geografía iba viendo los fantasmas de los andaluces que, borrosos, cruzaban el Neverí. E iba Armas Chitty sintiendo unos fantasmas, y la tierra era para él un espejismo. El canto le iba brotando en verso libre, pero con el ritmo, todavía, del romancero. Sin embargo, en ese quehacer en que divisa hombres borrosos por el Unare, hace un alto y entra en la biografía con «Fermín Toro» y un poco con «Vida Política de Caracas en el Siglo XIX». Esto le va ayudar en su «Canto Solar a Venezuela», pues todo es como
una noche de vigilia y de luna,
como la noche en que Andresote al frente de sus mesnadas incendia al Yaracuy
antes que baje el lucero.
Pero simultáneamente (sólo así puede escribirse un canto completo sobre la patria) Armas Chitty se enfrenta con la geografía, y saca «Algunas Capitulaciones en la Geografía de Venezuela».
Y Armas Chitty parece andar con «los hombres mitad hierro y sudor», esos hombres que
van hacia el Meta, hacia el silencio
(poblado del Meta,
el silencio inasible donde nace el
(crepúsculo.
Hacia El Dorado, una pausa de fiebre,
donde a través de los muros de agua,
(ángeles de ceniza
conducen al día tembloroso entre
(mentas púrpuras,
y los diamantes guían ciudades en la
(niebla,
y los hombres se bañan en cascadas de
(oro,
y los soldados con ojos en el pecho, altos
(como colinas,
vigilan con áspero silencio la entrada
(a Manoa:
una ciudad donde la primavera y la sed
(tiene cauce,
y el amor se juega como naipes, en
(mesas de luna,
al medido relámpago que sube un río
(de caderas.
Para ello Armas Chitty ha recorrido toda la amplia geografía y cuando le preguntan que por qué escribió ese canto, responde con violencia: «¡Porque yo quiero a Venezuela!». Y las palabras, escuetas como las dice, no dan la idea cabal como cuando le canta a Garci González, o a Berrío, que navegaba hacia la aurora,
más allá de los ranchos insomnes que
(huyen como venados,
por el tardo Orinoco que navega hacía
el día,
oteando los manglares…
Tierras y hombres se unen. Los hombres y la naturaleza. Y el Lenguaje. Como que Armas Chitty también escribió un «Vocabulario del Hato», lo que nos dice que es otro acercamiento a las fuentes de la historia y de la poesía. Cosa igual ocurre con Camilo José Cela, que siendo novelista, cuenta con un «Diccionario Secreto». Aunque aquí la cuestión del lenguaje no sea más que indagatoria. Y en efecto, es buceo del pueblo y de las gentes. No se puede hacer, como pretenden muchos por allí, historia con la poesía. El que se escriba, por ejemplo, un tratado de historia en verso no quiere decir que sea poesía o nada. La poesía, antes que nada, es cosa sentida, vivida, no fría truculencia verbal o cerebral. Con su «Canto Solar a Venezuela», José Antonio Armas Chitty sale airoso.
CARACAS, DOMINGO 13 DE JULIO DE 1969
SUPLEMENTO CULTURAL de «El Nacional»…