Entre asesinos y barricadas.
Pedro Pablo Pereira M
Meses de terror, de asedio, de destrucción, de muerte… en todo el país y, en mi caso, en el Municipio Campo Elías, que no escapó al bandalismo encabezado por el adeco Omar Lares alcalde de este Municipio, acompañado de sus consejales y personal de la alcaldía como Nicanor Parra consejal adeco como segundo coordinador, el consejal Ciro Lobo, Cavin Arocha Juan Correa el burgomaestre Hezlen Ruiz, quien llamó a los empleados a sumarse a las guarimbas, igualmente los miembros de la cámara municipal, una secretaria de la Administración, José Morales, Director de Transporte, el Dr. Leonardo Martínez, así como Juan Pedro Lárez hijo del alcalde, junto con personal de la Alcaldía, participó en el destrozo del Banco Bicentenario, una estación del Trolebús y un automercado de los chinos. Las comunidades de San Rafael, Las Frutas, San Miguel, , Asoprieto, Aguas Calientes, El Palmo, Bella Vista entre otras, sufrieron graves consecuencias. Este alcalde, desobedeciendo una orden emanada por el Tribunal Supremo de Justicia de mantener el orden y la seguridad en su territorio, se dedicó a encabezar las guarimbas, dándoles carácter oficial, sumergiendo a la ciudad de Ejido en un terrible caos de terror, de miedo, de inseguridad, de asesinos y muertos, jamás vivido en esta ciudad, otrora la “La ciudad de la miel, de las flores y de las mujeres bonitas”.
Se dice que el alcalde huyó a Cúcuta, pero otros informan en voz muy baja que el asesino se encuentra escondido en Ejido. Es importante que el SEVIN, le siga los pasos, que y lo saque de su escondite para que para que él y sus secuaces paguen sus crímenes.
Yo viví este infierno en carne propia. Este miserable contrató a la peor calaña de delincuentes para matar, destrozar y embasurar la ciudad. Sus bandidos empezaron el bochinche criminal en marzo con trancas diarias y asaltos a los camiones y gandolas de transporte de alimentos, además de cobrar peaje bajo amenaza a todos los conductores en los semáforos, de modo que el transporte público que, a diario, transporta pasajeros a la ciudad de Mérida y viceversa, se tenía que parar obligatoriamente para evitar daños a las unidades. El mismo calvario se vivía en el Municipio Libertador de Mérida, cuya alcaldía estaba en manos de otro bandido y criminal.
Un día que logré pasar antes de que empezaran las guarimbas en Campo Elías, llegué hasta Fundacite. Unos encapuchados que trancaban el paso querían quitarme el morrar para cargar sus botellas de gasolina, piedras y otros implementos de tranca, pero uno de ellos les dijo que me dejaran tranquilo, que él me conocía.
Cuatro meses sin poder trabajar debido a las trancas y manifestaciones. Por lo menos en Mérida las trancas y manifestaciones llevadas a cabo por cuatro o cinco sujetos (¿estudiantes?), se volvieron costumbre y a la gente le parece raro el día que no se den estas actividades, pero en Ejido nunca se habían visto; de modo que resultaron una novedad, introducida ahora, por el alcalde bandido y sus compinches, prófugos en ese basurero llamado Cúcuta, acogido por el país del narcotráfico, del paramilitarismo institucional y de los asesinatos en cadena.
En mayo de este año 2017, las fuerzas revolucionarias organizaron una marcha con todas las comunidades desde el sector Aguas Caliente hasta el terminal del Trolebús en Ejido; desde un liceo situado a unos 25 metros de la vía, grupos de liceístas violentos salieron de sus aulas para lanzarnos piedras. A ubna profesora que bajaba conmigo en la marcha, le dieron en una pierna y tuvo que apoyarse en mí para no caer. Nos protegimos tras un peque matorral. Ninguna autoridad del liceo salió a detener a los jóvenes violentos.
En mi comunidad se vivió días de terror. Teníamos que soportar insultos groseras ofensas verbales y, sobre todo, las dos trancas en la entrada y salida de la comunidad. Destrozaron árboles, sacaron las rejas de las alcantarillas y los lugares estrategicos los llenaron de escombros y basura. El proyecto de Carnetización de la Patria fue asediado y amenazado con quemarlo, lo que obligó a los trabajadores empleados de dicho proyecto, trasladarlo a la comunidad de San Miguel, pero allá también les llegó un grupo de malandros habitantes de una ranchería y los carnetizadores tuvieron que esconder la maquinaria y las computadoras en una casa vecina. Los malandros lanzaron piedras y destrozaron los ventales de vidrio del Módulo, a la vez que disparaban armas de fuego, dándole un plomazo en una pierna al joven Wilson García del Frente Francisco de Miranda. Los vecinos reaccionaron y los enfrentaron con machetes, piedras y palos los sacaron corriendo. Despues de las elecciones del 30 de julio, el equipo de carnetización volvió a Bella Vista. Es lamentable que ese grupo de malandros que habitan en ranchos con paredes y techos de latas, hayan salido a guarimbear, poniéndose de parte de los bandidos de cuello blanco, lo que se cree que fueron contratados para tal fin.
La mayoría de los habitantes de la comunidad donde yo vivo son escuálidos, la revolución es minoría; sin embargo, esa mayoría es la primera en recibir la caja de los CLAPS, siempre están muy pendientes para ser los primeros en la cola cuando la comida llega. En mi caso traté de salir poco a la calle o lo hacía en horas tempranas de la mañana, ya que todos saben mi posición política, además de ser vocero de Contraloría del Consejo Comunal.
El primer mes de guarimba, colocaban a grupos de jovencitos hasta de catorce años, los cuales no tenían idea de lo que estaban haciendo y para qué lo hacían. Luego fueron desplazados o cambiados por jóvenes muy agresivos tanto con la gente, como con animales y árboles. Ya en las últimas semanas antes de las elecciones del 30 de Julio, aparecieron personas mayores de más de treinta años, con canas y barbas blancas. Se supone que estos diferentes grupos se les pagaba, de otro modo, no habrían salido a guarimbear durante largas horas. Allí estaban metidas las manos del alcalde Larez y sus fieles consejales de la derecha.
La casa del PSUV de Campo Elías, situada en la Avenida Pernández Peña, fue asaltada y destruido e incendiado su moviliario. La ciudadana Gloria Hernándes, consejal por la Revolución, recibiió una pedrada en un brazo.
Ejido es una ciudad satélite de la ciudad de Mérida; más del ochenta por ciento de sus habitantes mayores de edad trabajan en Mérida. Salen muy temprano al trabajo y regresan en las últimas horas de la tarde; por esa razón es una ciudad pacífica, de modo que, tanta maldad, bandidaje, odio y destrozos fueron inducidos por los líderes de la Derecha asesina.
El día 30 de Julio, día de las elecciones viví unos momentos difíciles y peligrosos. Nos informaron que el centro de votación era en el Liceo Ricardo Guillén, ubicado entre la Avenida Bolívar y la Avenida Centenario de la ciudad de Ejido. A las cinco de la mañana salí de mi casa hacia el centro electoral. Habían tres personas en la cola y empezó a caer una llovizna menuda. A las cinco y media nos avisaron que, por razones estratégicas, se había cambiado el centro electoral para el terminal principal del Trolebús, debido a que allí había mucha más seguridad. Todos salieron casi corriendo hacia el nuevo centro indicado señalado. Yo no podía correr debido a la enfermedad de mi pierna izquierda. Quedé solo por la semi oscura avenida Centenario, llena de escombros. Apoyado en mi bastón fui sorteando las barricadas hechas con escombros, troncos y montones de basura. Escuché voces como de personas que conversaban detrás de mí. Traté de rezar pero el rezo se me había olvidado tiempos atrás. Soy medio ateo, a pesar de mis trece años encerrado en un monaterio de religiosos. Porque los monasterios son fábricas de ateos. La menuda lluvia seguía opacando a la debil luz de las escasas bombillas. Era asqueroso caminar por aquella avenida hermosa unos días atrás. Colchones podridos y semiquemados, plumas de gallinas, rejas de alcantarillas atravezadas sobre trozos de bloques… los pantalones semi mojados con la lluvia. Las voces desaparecieron. Reinaba la soledad. ¿Regresarme? No. No debo regresarme, la Patria necesita mi voto. Tengo que cumplir con mi Patria ahora que me necesita, aunque sea yo una minúscula gota de agua, me dije. Había caminado más de la mitad del trayecto. Por lo menos me quedaba un cuarto de hora o veinte minutos para llegar. La pierna me empezó a doler tal vez por la irregularidad del piso y el efecto de la lluvia que había mojado parte del pantalón.
Tambien es de destacar aquí la valentía de muchos compatriotas como los hermanos Pablo Emidio y Teófilo Garcia Guzmán, las valientes mujeres como Ilse Coromoto Pereira, Angélica Chacón, entre otras, que salieron a defender
Mientras caminaba bajo la leve lluvia y sorteando la cadena de obstáculos, pensé en un amigo, muchas veces le acompañé a la Universidad y algunas de esas veces enfrentamos serios peligros: el Profesor José Sant Roz. En su chevetico, subiendo o bajando de la Facultad de Ciencias, saltaba por encima de barricadas ante la perplejidad de los encapuchados armados de piedras y palos y yo con los nervios tensos como cabillas y afianzando los pies contra el piso del auto como si estuviera frenando. O, como en una conferencia sobre la CIA en Venezuela que dio nuestro citado Profesor en la Casa de la Cultura en Barquisimeto, nombrando con nombre y apellido a los aliados de esa organización terrorista norteamericana y que según comentarios, algunos de esos personajes estaban allí en dicha conferencia.
Llegué al terminal del Trolebús lugar donde habían reubicado varios centros electorales pertenecintes a diferentes comunidades, las colas para cada mesa eran largas, la gente aprovechaba para contar sus chistes y, así matar el tiempo. Hice mi cola correspondiente a la “tercera edad” y logré votar a las dos de la tarde, en ayunas ni almuerzo, apenas con un café que me brindó un amigo. La Patria nos llamaba con urgencia, yo respondí con mi pequeñito granito de arena para contribuir a la eliminación de las guarimas, las trancas y los asesinatos llevados a cabo por la asesina Derecha del Alcalde y de sus secuaces.
En la noche me enteré que en una comunidad de este Municipio, vía CDI, los habitantes de la comunidad Las Frutas, los señores Dilque Vega, Roviro Angulo y Mario Rodríguez, trancaron el portón de entrada y salida con cabillas soldadas, impidiendo así, que los habitantes de esa comunidad salieran a votar. Estos bandidos fueron responsables de que unas diez familias no pudieran ejercer su derecho al voto y se perdieron más de cuarenta votos.
Este insólito caso fue denunciado en La Defensoría del Pueblo.
Por otra parte, Yuraima Uzcátegui, Marcolina de Muñoz con sus nietos, el concejal Ciro Lobo y el colombiano Daniel Dasilva, trancaron la calle Bolívar de Ejido. La familia Rojas Araque, Rebeca Rojas, José Miguel Rojas; éste último amenazó a los comerciantes para que cerraran las puertas de sus comercios o los quemaban, así como varios jóvenes de las residencias El Trigal.
A pesar de las múltiples dificultades que muchas personas afrontaron ese día 30 de Julio, las vencieron y salieron a votar y ahora tenemos ASAMBLEA CONSTITUYENTE PARA SEGUIR TENIENDO PATRIA LIBRE Y SOBERANA.