Análisis político crítico sobre el rol participativo y protagónico de la mujer latinoamericana, caribeña y venezolana…

Por: Politólogo Yosmira Coromoto Suárez González
La brecha entre la norma y la vida
El papel activo y fundamental de la mujer en América Latina y el Caribe, y
en particular en Venezuela, revela una contradicción profunda: aunque los
marcos legales han avanzado hacia el reconocimiento formal de la igualdad
y la paridad, la realidad de la participación política sigue atrapada en
estructuras patriarcales, coloniales y de clase que limitan su ejercicio real.
Venezuela es un claro ejemplo de esta paradoja. La Constitución de la
República Bolivariana de Venezuela de 1999 proclamó la igualdad plena y
estableció un andamiaje institucional para las mujeres, pero la participación
activa que se promueve desde el discurso oficial ha funcionado, en muchos
casos, como una herramienta de movilización que no ha logrado
transformar las dinámicas de poder ni aliviar las cargas de cuidado que
recaen sobre las mujeres.
Por lo tanto, un análisis crítico debe ir más allá de los avances normativos y
examinar las condiciones estructurales, las epistemologías coloniales y las
prácticas políticas que moldean y limitan el protagonismo femenino en la
región.
El marco normativo venezolano: logros formales y desafíos en su
implementación
No se puede negar que el punto de partida legal es fundamental. Venezuela
logró el derecho al voto femenino en 1947, un verdadero hito en la región.
Sin embargo, fue la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela
de 1999 la que realmente estableció las bases para un modelo inclusivo, al
consagrar en sus artículos 21 y 88 la igualdad entre hombres y mujeres,
además de reconocer el trabajo del hogar como una actividad económica
que aporta valor. A partir de ahí, se construyó una estructura institucional: la
Ley de Igualdad de Oportunidades para la Mujer, la creación en 2009 del
Ministerio del Poder Popular para la Mujer y la Igualdad de Género, y la Ley

Orgánica sobre el Derecho de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia
(2007, reformada en 2014 y 2021), que incluyó la "violencia política" como
una forma específica de agresión contra la participación de las mujeres.
En el ámbito electoral, la Resolución del CNE N°080721-658 de 2008
estableció la paridad y alternancia con un mínimo del 40% y un máximo del
60% por sexo, y para 2015 se lograron niveles de paridad en algunas
instancias del Estado. Sin embargo, la distancia entre la ley y la realidad
sigue siendo un problema. La propia Constitución de 1999 contempló
medidas de acción positiva, pero la falta de regulaciones efectivas sobre
paridad ha mantenido a las mujeres en un estado de baja visibilidad en el
Poder Legislativo. Aunque existe un "sólido marco regulatorio", esto no ha
garantizado que las mujeres puedan ejercer el poder en condiciones de
igualdad real. El reconocimiento legal de la violencia política, aunque es un
avance, pone de manifiesto que la participación femenina sigue siendo un
campo en disputa y, a menudo, hostil.
La "participación protagónica" bajo la lupa: maternalismo,
instrumentalización y dobles cargas
El discurso oficial en Venezuela ha puesto en un pedestal la "participación
protagónica" de las mujeres, especialmente a través de los consejos
comunales, donde ellas representan alrededor del 70% de las vocerías. Sin
embargo, al mirar más de cerca, encontramos que este protagonismo está
teñido por una visión maternalista que asocia la participación política de las
mujeres con sus roles tradicionales de cuidado. La literatura sobre la
"maquinaria de género" estatal documenta cómo se convocaba a las
mujeres a la acción política apelando a su "amor" y a su papel como
cuidadoras, instruyéndolas a participar sin "descuidar sus labores
domésticas". Esta lógica no solo perpetúa la división sexual del trabajo, sino
que la reinterpreta como una virtud revolucionaria.
Las consecuencias tangibles de esta contradicción son evidentes. El
informe de 2026 de la Red de Mujeres Constructoras de Paz, titulado "Sin
nosotras no hay transición", revela que el 68% de las madres con hijos
menores dedica ocho horas o más al día al trabajo del hogar no
remunerado, en comparación con solo el 8% de los padres. Esta carga
desigual limita su disponibilidad para la formación y la acción política.

Además, el mismo estudio indica que, aunque el 74% de las mujeres ha
participado en alguna actividad pública en los últimos cinco años, esa
participación se centra casi exclusivamente en el voto, con apenas un 2%
de involucramiento activo en partidos u organizaciones políticas. El 31%
señala que el machismo y la falta de espacio por parte de los hombres son
las principales barreras. Así, el "protagonismo" se convierte, en muchos
casos, en una presencia activa pero sin un verdadero poder de decisión.
Voces críticas desde Venezuela: Nora Castañeda y Gioconda Espina
En medio de este contexto, el pensamiento feminista venezolano ha
proporcionado herramientas de análisis esenciales. Nora Castañeda,
economista y feminista, no se quedó solo en la denuncia: desde que fundó
el Banco de Desarrollo de la Mujer en 2001, promovió un enfoque feminista
revolucionario que desafiaba no solo las estructuras económicas y políticas,
sino también las ideas predominantes sobre la identidad femenina en
Venezuela. Su propuesta unía la autonomía económica con una conciencia
colectiva de derechos, un aspecto que a menudo se ve ahogado por el
asistencialismo estatal.
Por otro lado, Gioconda Espina, una de las voces más brillantes del
feminismo en Venezuela, ha subrayado la importancia de diferenciar entre
"movimiento de mujeres" y "mujeres en movimiento". Su trabajo alerta sobre
el "inconsciente saboteador" presente en las políticas públicas y cómo el
Estado puede absorber la energía participativa de las mujeres sin realmente
cambiar las relaciones de poder subyacentes. Espina, cofundadora de la
Coordinadora de Organizaciones No Gubernamentales de Mujeres en 1985
y de la revista La Mala Vida, defiende una tradición crítica que no se
conforma con una inclusión superficial, sino que demanda una
transformación de las condiciones estructurales que convierten la
participación femenina en una carga adicional en lugar de un ejercicio pleno
de ciudadanía.
Las perspectivas decoloniales en América Latina y el Caribe: la
colonialidad del género y la trampa de la inclusión
Para entender el caso de Venezuela, es fundamental no verlo de manera
aislada, sino dentro de un contexto regional más amplio. El feminismo
decolonial en Latinoamérica y el Caribe ha dejado claro que la opresión de
género en esta parte del mundo está profundamente conectada con la

colonialidad del poder. María Lugones introdujo el término "colonialidad del
género" para ilustrar cómo la colonización impuso un sistema de género
binario y jerárquico que transformó las sociedades originarias y racializó las
diferencias. Esto implica que la participación política de las mujeres en
Latinoamérica no puede ser analizada sin considerar la intersección de
género, raza y clase.
Por otro lado, Ochy Curiel, una feminista dominicana, lleva esta crítica a un
nivel más práctico. Ella señala que la "política de la inclusión" (más mujeres
en posiciones de poder) no ha alterado la lógica subyacente: "algunas
incluso manejan el tren, pero el tren sigue en los mismos rieles, avanzando
en la dirección sexista, racista y clasista de siempre". Para Curiel,
decolonizar el feminismo en Latinoamérica y el Caribe implica ir más allá del
binarismo entre teoría y práctica, así como descentrar el sujeto
euronorcéntrico que el propio feminismo regional tiende a reproducir. La
participación no es emancipadora solo por el hecho de existir; es la forma y
el contenido de esa participación lo que realmente determina su capacidad
de transformación.
Ahora, siguiendo esta misma línea, encontramos a Rita Segato, quien ha
destacado cómo la colonialidad sigue presente en nuestros días,
"disfrazando la desigualdad de género en el contrato ciudadano". Segato
pone en tela de juicio los límites del progresismo latinoamericano y el papel
que algunas mujeres desempeñan en los gobiernos, subrayando que su
entrada en la esfera pública no ha logrado desmantelar el mandato
patriarcal. Por otro lado, Lélia Gonzalez, una destacada intelectual
afrobrasileña, introdujo el concepto de "amefricanidad" y fue clave en la
creación de un feminismo negro que desafía al mismo tiempo el sexismo, el
racismo y las desigualdades de clase, dejando claro que la vivencia de las
mujeres negras y pobres no puede ser reducida a un sujeto "mujer"
universal.
Para concluir, es fundamental buscar un protagonismo que realmente
transforme en lugar de simplemente adaptarse.
El papel activo y protagónico de las mujeres en Latinoamérica, el Caribe y
Venezuela se presenta, desde esta perspectiva crítica, como un terreno
lleno de tensiones sin resolver. Aunque Venezuela cuenta con un marco
legal avanzado y una rica tradición de pensamiento feminista crítico, la

participación real de las mujeres sigue atrapada en un maternalismo que las
utiliza como cuidadoras de la revolución, en una división sexual del trabajo
que les roba tiempo y energía para involucrarse en la política, y en una
colonialidad de género que racializa y jerarquiza sus vivencias. Esta
discrepancia entre lo que se cree y lo que es posible es el corazón del
problema.
Un protagonismo verdaderamente emancipador no se mide solo por la
presencia en eventos o por ocupar cargos formales, sino por la capacidad
de cambiar las estructuras que generan desigualdad. Como señala Ochy
Curiel, la inclusión sin decolonización puede convertirse en una trampa. La
tarea que queda por delante en Venezuela y en la región es crear las
condiciones materiales necesarias (como el cuidado compartido, la
autonomía económica y espacios libres de violencia política, entre otros)
para que la participación de las mujeres deje de ser un sacrificio adicional y
se transforme en un ejercicio pleno de poder y ciudadanía.
Referencias bibliográficas
– Angeleri, S. (2025). ¿Una banca revolucionaria? La historia de Nora
Castañeda y su liderazgo en el Banco de Desarrollo de la Mujer de
Venezuela. El perro y la rana.
– Curiel, O. (s.f.). Entrevista y planteamientos sobre descolonización
feminista y política de la inclusión.
– Espina, G. (s.f.). Movimiento Feminista, militante de izquierda. 
– Fernandes, S. (2022). Toward an Afro-Latin American Feminism:
Notes on Lélia Gonzalez. Routledge. 
– IPYS Venezuela & Red de Mujeres Constructoras de Paz. (2026). Sin
nosotras no hay transición: la mujer venezolana y su participación
política para la democracia. 
– Lugones, M. (2008). Colonialidad y género: hacia un feminismo
descolonial. 

– Naciones Unidas. (s.f.). La representación igualitaria e inclusiva de la
mujer en los sistemas de adopción de decisiones en la República
Bolivariana de Venezuela. OHCHR. 
– Segato, R. (2026). Entrevista en El País: "Los hombres tienen que
burlarse del mandato de la masculinidad". 
– Varios autores. (2022). Género, sexualidad e izquierda: la "maquinaria
de género" en Venezuela. CLACSO.

Por: Politólogo Yosmira Coromoto Suárez González
Correo [email protected]
ORCID: 0009-0005-0475-3258
Maestrante en Ciencias Comunales

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