Los que conocen la historia de Colombia saben que este país nunca, en casi doscientos años de vida republicana ha conocido la paz. Desde que en 1830 un grupo de negociantes de partidos encabezados por Francisco de Paula Santander, José María Obando, José Hilario López, Florentino González, Vicente Azuero, Francisco Soto, … asumieron que la política era cuestión de decisiones impuestas por bandas armadas, por la violencia y crímenes monstruosos, impunes y permanentes.
En Colombia entonces se institucionalizó el Estado de Sitio, el Estado de Conmoción, y se hizo natural para los que tomasen el poder, el desconocimiento de las Constitución, de las leyes, de la justicia. Con la muerte de Gaitán, la oligarquía comprobó que asesinando a mansalva a la población con fuerzas represivas entrenadas para matar en Estados Unidos, el poder lo tenían asegurado por siempre.
De modo que a cada protesta la reacción de los gobiernos era la masacre sin contemplaciones. Los ríos se llenaban de cadáveres, los campos y las ciudades colmados de osamentas, de cuerpos irreconocibles, con miles de desaparecidos.
Lo que se vino a descubrir a partir de la década de los cincuenta es que en Colombia no existe Estado Nación, por lo que Estados Unidos decidió asumir sus gobiernos como propios.
Los más monstruosos crímenes de la humanidad se han practicado en Colombia, y además, insistiremos una y mil veces, apoyados por Occidente, entiéndase: Estados Unidos y la Unión Europea.
En ningún país se violan más los derechos humanos que en Colombia.
Colombia es la madre y creadora de los FALSOS POSITIVOS. Colombia es la mayor productora de coca del mundo, con fuerzas paramilitares, con la DEA y con elementos guerrilleros involucrados en esta espantosa y formidable producción.