Del libro de Juan Ramón Guzmán… «Que Chávez y mi patria no se pierdan»…

¿Qué es una nación?
Concepto de pueblo: tiempo y espacio…
Un pueblo, para que sea considerado un Estado-nación
dentro del orden mundial y del derecho internacional
público, en teoría1, debe tener suficientemente
claro su origen, esencia y presencia en dos ámbitos
que le son fundamentales: uno inmaterial y otro material.
El ámbito inmaterial es un hilo invisible sincrético
que une y preserva a la identidad, la hermandad, la idiosincrasia,
el fin común, la lengua, la cultura, la historia, la
patria, entre otras muchas categorías, de igual importancia
(que aquí no menciono, para no extenderme).
El ámbito material es el territorio. Un pueblo sin territorio
es un pueblo mutilado, sin expresión física; en este
ámbito espacial, se manifiestan y se desarrollan categorías
tan importantes, como la soberanía, la pertenencia (ojo, no
me confundan la pertenencia con la propiedad), el trabajo, la
tierra, la riqueza, el sentir, lo telúrico, entre muchas otras.
Clases sociales, lucha y Estado…
Pero… un pueblo, aunque posee todas esas categorías
que le dan unidad, a lo interno de sí, y por los distintos modos
1 Digo en teoría, porque en la realidad hay pueblos que poseen en sí a ambos
ámbitos (como es el caso de Puerto Rico, entre muchos otros), y no se les da
el reconocimiento a tener su propia soberanía y su propio Estado.
18 Juan Ramón Guzmán
de producción que haya conocido, socialmente está dividido
en dos clases: una que domina y otra que es dominada.
Y para que estas clases sociales, a lo largo y ancho
de su devenir histórico, no continuaran matándose unas a
otras por el control del dominio, unos 500 años atrás, comenzó,
primero en la filosofía y luego en el derecho, a gestarse
la figura y el carácter capitalistas de una institución supra
que se colocará por encima de éstas, a modo de dirimir sus
conflictos, que, poco a poco fue tomando cuerpo nacional,
teniendo como base al pueblo y al territorio. A esa institución
supra se le dio el nombre de Estado (que ha resuelto de
manera parcial dichos conflictos, solamente en el aspecto
“formal”).
Pero, ¿qué es el Estado? El Estado, para decirlo en
su acepción más llana, es un conjunto de normas institucionales
que rigen a la convivencia. Sin embargo, ¿quiénes
ejecutan esas normas institucionales que rigen a la convivencia?
Seres humanos que integran a ese mismo pueblo.
No hay de otra.
Entonces, el conflicto, la lucha de estas clases, que
ahora tiene a esa “balanza institucional” (El Estado) toma
otra forma, dado el reconocimiento y aceptación que ambas
le dan. El control del dominio, por el que antes se mataban,
ahora lo tiene el Estado. Por eso decía que la resolución
de la lucha era parcial y sólo, formal.
Carlos Marx, a quien el mundo le debe tanto, por
sus geniales estudios, dice que el Estado es y siempre será
expresión de la clase que domina y, por lo tanto, ambos,
Estado y clases, deben desaparecer de la convivencia de los
seres humanos, mediante un nuevo modo de producción, que
llamó comunismo (y al que él no pudo teorizar a profundidad,
porque falleció mientras lo pensaba, dejando sólo trazos
y pinceladas, de las cuales han salido múltiples inter¡
Que Chávez y mi Patria no se pierdan! 19
pretaciones, de otros científicos sociales y otras científicas
sociales, que han querido terminar la tarea).
Esta discusión global, este próximo 14 de marzo,
cumple 133 años2, y aún no termina…
Epílogo…
Pero, ya aterrizando, ¿por qué les digo todo esto?
En especial, me dirijo a mi país, Venezuela. Porque
pareciera que no tuviéramos claro a los tres componentes
que configuran a nuestra Nación: el pueblo, el Estado y el
territorio. Esta lucha histórica, en la que estamos todos y
todas inmersos e inmersas, trasciende al control del Estado
por parte de una clase, desplazada de “sus” antiguos privilegios.
Nos están disparando directo al corazón de la nación,
no para dominarnos, o por “el cambio de un gobierno
por otro”, no; nos están disparando directo al corazón de
la nación para desintegrarnos, para borrarnos del concierto
de naciones que conforman al mundo. Y ese arrase, que es
promovido desde el exterior, no perdonará ni siquiera a
esa clase social que a lo interno de Venezuela hoy se presta,
consciente o inconscientemente, a facilitarles el plan.
Uno, cuando nos hacen sentir que no valemos nada
como pueblo (al punto de llegar a creérnoslo), en esa magnificación
perversa de lo minoritariamente malo, sobre la
invisibilización atroz de lo mayoritariamente bueno, que
somos; cuando nos imponen un canibalismo fratricida
por medio una hiper-especulación, en la que un sector de
2 Me estoy refiriendo a la propuesta del comunismo como discusión global, que
marco como punto de partida con la muerte física de Marx.
20 Juan Ramón Guzmán
nuestra población participa alegremente en detrimento de
las grandes mayorías, sin tomar en cuenta valores como la
hermandad, la patria, la ética, la honestidad, que definen a
la categoría pueblo.
Dos, cuando las grandes corporaciones mediáticas
mundiales se orquestan para desprestigiar a la institucionalidad
del país, de que los poderes no funcionan, de que
nos dirige un “régimen dictatorial”, además de acusar al
país de violar principios fundamentales, como los derechos
humanos (cuando los índices de los organismos de la
ONU dicen lo contrario), al punto de que naciones conocidas
por sus claras violaciones a los derechos humanos, con
un cínico caradurismo, nos consideran un Estado fallido o
forajido.
¿Habrá algún venezolano o alguna venezolana que
piense que esos ataques a nuestro pueblo y a nuestro Estado,
están desvinculados del deseo de fraccionar y de recolonizar
a nuestro territorio? ¿Que piensen que el territorio es un
cuerpo inerte y ajeno a estos planes? La persona que así
lo piense es ingenua. Ahí está Yugoslavia, latente, fresco
todavía su recuerdo, de los grandes manantiales de sangre
que se derramaron, señalándonos cuál es el objetivo final
en una guerra, cómo se planifica, e inclusive de lo dificultoso
en precisar el tiempo en que termina, que es el mismo
tiempo en que se tarda para borrar a un país de los espíritus,
de los mapas y de los corazones.
Hasta aquí les dejo esta ya larga reflexión…
Acarigua, 22 de febrero de 2016

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