Aprendiendo sobre el lenguaje nazi… ¿De dónde provienen ciertas palabras y expresiones que se imponen en la jerga política…?

Por Maria Moreno, Pagina12

¿De dónde nos vienen las palabras y expresiones que usamos en los días que vivimos en presente y que se imponen por sobre las jergas y, al parecer, sobre la política? No me refiero a “gentes de bien “ o “niños envaselinados”, que ya son frases de autor, aunque ese autor sea Jaimito, el niño chancho de los chistes. Me refiero a palabras como “roto”, ”oscuro”, ”tóxico” y sin contar las acuñadas por TikTok que embadurnan de jocosas invenciones las lenguas de América.

LTI

“El lenguaje es más que sangre”, es la cita de Franz Rosenzweig que abre el libro LTI La lengua del Tercer Reich, apuntes de un filólogo de Victor Klemperer. La expresión LTI, erudita y exterior a la lengua alemana, significa (no voy a pretender que lo sabía antes de leer el libro): Lingua Tertii Imperii. LTI recopila las palabras y significados que mutaron bajo el totalitarismo durante los años hitlerianos y más allá, entre las víctimas mismas (judíos) en la inercia del futuro y a pesar de que una sola de esas palabras era realmente nueva: ”desnazificación”.

Kemplerer analiza la lengua del nazismo infectada en toda Alemania como militarizada y pobre, literal y centrada en las victorias con cucardas, cuyo héroe sería el corredor de coches con su gorro de piel y sus botas de gran expedicionario; literal en sus palabras, todo su cuerpo entregado a la lucha en la fuerza bruta. Las innumerables fotografías al aire libre de la iconografía nazi no son la orden de vida sana sino la invocación del cuerpo, de la raza como potencia suprema y asesina de quienes no alcancen sus ideales genésicos. Una aria convencida por la voz del Führer, citada por Klemperer, afirmaba que al ver una cabeza rota por una jarra de cerveza y otra herida por un cuchillo podía reconocer en la primera a un nazi y en la segunda a un comunista. La mediación del cuerpo por arma blanca pertenecería a los” impuros”, no en cambio el panzer, al bólido, a la motocicleta, el odio a toda forma de saber, lo antiintectual presente en toda forma de dominio.

Rotos como metáfora o qué

Quisiéramos saber si palabras que hoy hablamos descuidadamente y sin darles categoría política son los tumores de una lengua mileísta, si se deben a otros muchos automatismos y de distinto origen, si simplemente pasarán con el paso al costado del león o se sostendrán como rémora como cuando decíamos “proceso” aun repudiando su planificación abyecta.

Una voz y nada más, libro de Mladen Dolar tiene un capítulo dedicado a la voz en política.

Dolar encuentra más fácil ocuparse de la voz totalitaria, como si la democrática, las democráticas, lo sumergieran en las complejidades de la retórica y sus figuras que suelen comprometer en voz alta determinadas entonaciones, ritmos, cadencias.

Luego de pedir disculpas por sus simplificaciones que compensa con la importancia de sus objetos de estudio –Hitler y Stalin–, Dolar dice que existe una diferencia sustancial entre la voz en el fascismo y en el stalinismo: “El Führer bien puede ser el jefe del gobierno del Tercer Reich, comandante en jefe del ejército y desempeñar muchas funciones políticas, y sin embargo no es el Führer en virtud de las funciones políticas con que resulta estar investido, ni por elección, ni a partir de sus capacidades. Es la relación de la voz lo que lo hace ser el Führer y el lazo que vincula con él a los súbditos es puesto en acto por un lazo vocal, su otra parte es la respuesta a la voz mediante la aclamación masiva, que es un rasgo esencial del discurso”. El Führer legislaría a viva voz, sustituyendo a la ley, es decir, suspendiéndola. El modelo expositor stalinista sería, en cambio, el de alguien que lee evitando todo toque personal, cuanto más inexpresivo sea –al igual que el empleado del registro civil cuando enumera las obligaciones de los esposos durante la celebración de un matrimonio a la manera de una canilla que gotea–, “cuanto más parezca desconocer el texto que lee, más encarnará su lugar de instrumento de las leyes históricas, de monocorde apéndice de la letra escrita”.

¿Ya pasarán?

¿Estamos “rotos” como simples cosas o somos como esa piezas orientales que se valoran en las cicatrices de sus grietas?

¿Hablamos de “oscuridad” porque no vemos o somos animales nocturnos que, con antenas, ven incluso ciegos?

¿Somos tóxicos como el fentanilo o porque estamos embrujados como el chichipío del tango Malevaje? Lo que es seguro es que el lenguaje es un virus y como un virus puede desaparecer como las palabras que hablan por nosotros cuando las palabras no marchan por todos y para todos.

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