“…El peregrinaje devastador de la conquista no detiene su marcha…
Hay un deber inflexible e imperioso, el decir la verdad, toda la verdad, a los pueblos de América”
José María Vargaas Vila.
Por:
Eduardo Orta Hernández.
Soy Cagua. Soy Caribe. Soy Meregoto.
DIVULGAR LA HISTORIA DE LOS AMOS
No pocos cronistas oficiales y oficiosos, algunos comunales e “insurgentes”, “revolucionarios y protestatarios”, aunque no todos, existen muy honrosas excepciones, afortunadamente son la mayoría, piensan y reproducen las ideas del positivismo, quedando atrapados en las categorías e interpretaciones de los “amos” de la historia, de los vencedores, de los prebostes de la oligarquía, servidores del saber monárquico, herederos de costumbres y “valores” para la conservación de un orden impuesto hace 534 años, apellidos insignes, reconocidos por acríticos, objeto de homenajes, condecoraciones y reconocimiento estatal y privado. Plumas racistas, segregadora y justificadora del “descubrimiento”, de la conquista, de la colonización, de la neocolonización, de la colonidad, del tutelaje, de sus “valores” para la opresión y la imposición de una cultura de elite, segregadora, discriminante, desigual, oprobiosa y puntal de la nueva y moderna conquista, acompañada con toga, birrete, estolas y báculos, diplomados, maestrías, postgrado y postdoctorado como símbolo de “autoridad”, se destacan también por lo que callan, por bajar la voz, algunos murmuran alrededor de una mesa de cantina, temen publicar la verdad, los rodea un sepulcral y estruendoso silencio, que los convierte en cómplice al darle más valor a cargos burocráticos, a los discursos en tarima y a los micrófonos prestados, que a los resultados de la investigación, de la ciencia, de la historia, de la antropología, arqueología y demás disciplinas sociales, y lo más cumbre, del resultado de sus propias lecturas e indagaciones, que les muestran irrefutablemente la verdad histórica, que esconden y tergiversan o que obvian y silencian por comodidad y ventajas, en sacrificio de la rectitud, de la estricta conformidad con la realidad y certeza o con el resultado de su labor académica.
Son protagonistas de una historia que callan, tergiversan y distorsionan, son maestros de ceremonia de godos y mantuano, actúan como cronistas del Rey, en sus discursos se mimetizan con el lenguaje del colonizador, llaman a nuestra Valencia como “La Nueva Valencia del Rey”, o a Barquisimeto como “Nueva Segovia de Barquisimeto”, adora al epónimo “El Empalao”, pero nada expresan sobre el empalamiento contra nuestros aborígenes, ni de su resistencia, nada les importa el interés histórico que representa el cerro, para la cultura de la identidad local y nacional. Aceptan y celebran, como serviles corderos, los onomásticos, los epónimos, los topónimos y orónimos de conquistadores y colonizadores.
SENTIR Y EL HACER DEL DESCUBIERTO
Sentirse que se es un ser descubierto, es cuando se carece de vista y se escribe la historia con las manos de conquistadores, no les importa el pueblo sufrido, aunque digan lo contrario, no tienen amor a la patria, poco les importa la nación, el encuentro de la verdadera historia, la construcción de un mañana libre, soberano e independiente, se declaran neutrales, imparciales y objetivos.
Acompañan saraos y fiestas en cada año, de manera sucesiva, para celebrar las fundaciones de las ciudades coloniales y con tal hacer, niegan los originarios pueblos indígenas, para ellos, nunca existieron los poblamientos anteriores a la conquista y colonización.
Son radicales, hacen oposición, en nombre de la “tradición”, a que se remuevan, quiten del lugar los monumentos y estatuas de genocidas y pederastas, aun cuando en la hipótesis de ser sustituida por próceres de la emancipación de los pueblos del mundo, de educadores, hombres y mujeres que han aportado cultura, educación, arte y ciencia, se niegan de manera radical a que se sustituya los epónimos de las plazas denominadas Colón y los nombres de reyes, virreyes, marqueses, condes, vizcondes, príncipes y princesas del sistema monárquico, son las referencias y los nombres de las avenidas y calles de nuestra “república”, en su práctica, en su hacer, el “descubierto,” niega que los sustituido lleven el nombre de Francisco de Miranda o de Simón Rodríguez, reafirman los epónimos como “El Empalao” y rechazan el de Meregoto, prefieren llamarse Juan Rey que Juan Patria.
El descubierto esconde los gritos de los torturados, la sangre derramada de millones de seres humanos, los mordiscos de los perros mastines alimentándose de niños indígenas, las violaciones de niñas y mujeres, las amputaciones, la hoguera, los desmembramientos “ejemplares” con el rostro de la muerte, del asesinato a mansalva. Sobre ello no hablan ni escriben.
Su “ceguera” es peor de la descrita por José Saramago, su distinción es la entrega, el mimetismo con lo foráneo, su absorbida alienación a grado de estupidez, al defender desaforadamente y sin racionalidad, con creciente ignorancia, por ejemplo, la estatuaria y monumentaria colonialista, su argumento es que son parte de nuestro acervo y patrimonio cultural.
Increíble, pero solo la condición de descubierto lo explica, que diplomados, magister, doctores y postdoctores en historia se hagan los desentendidos, del hecho cierto, que ningún genocida, criminal o dictador, o quien haya sometido a tortura, violación y violencia a un pueblo, pueda constituirse en valor para ser parte del acervo y patrimonio cultural de una población o de una nación que ha sido sometida y vulnerada, no son un ejemplo a seguir. De ser así, sí los seres descubiertos tienen la razón, entonces, Adolfo Hitler, Benito Musolini y Michinomiya Hirohito y otros criminales de lesa humanidad, constituirían los epónimos de universidades, plazas, avenidas y hasta sus nombres identificarán a los pueblos.
Olvidan deliberadamente que todo epónimo y demás cognomentos, como parte integrante del acervo y patrimonio cultural de los pueblos, son ejemplo a seguir, referencia y promotor de la paz, de la armonía, del fomento al respeto de los derechos y la dignidad humana, y que sus acciones han sido en beneficio de la humanidad. Evidentes y habla por sí solo, los principios establecidos en la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela y en los acuerdos y convenios internacionales suscritos por nuestro país.
Así la cosa, ni Hitler, ni Colón, ni Juan Vicente, ni Eustoquio Gómez, ni Pizarro, ni Juan Rodríguez Suárez, ni Garci González de Silva, ni Ojeda, entre muchos otros, son ejemplos de paz ni de respeto a los derechos humanos, sino todo lo contrario, que de estar vivos serían enjuiciados como criminales de guerra por lesa humanidad, responsables del más grande holocausto y eco etnogenocida de los pueblos.
La actual presencia de estatuas, monumentos y epónimos colonialistas se explican por la anuencia de los gobiernos locales, en el momento en que la geopolítica internacional, el interés de la corona española requería legitimarse en los espacios americanos, luego de la emancipación, surge su necesidad de “lavarse la cara” y contener la expansión norteamericana diseñada por la doctrina Monroe. He ahí la explicación del origen de la masiva hispanofilia en toda nuestra América, Abya Yala, a finales del siglo XIX y durante todo el siglo XX.
Que extraño que los descubiertos no se pregunten o no se haya percatado que había pasado 400 años sin declaratoria del “día de la raza” y sin que ninguna plaza y otros espacios llevaran el nombre de los conquistadores o colonizadores, como tampoco se lucieran magnas y relucientes estatuas en honor y reconocimiento de su “heroica” obra de exterminio, asesinato y masacre de nuestra población originaria y de nuestra cultura.
Es evidente que la manera de pensar de todo aquel que se siente descubierto no va al encuentro del pueblo, de la nación, de la verdadera historia que permite construir un mañana libre, soberano e independiente. de nada sirve el sentir de patria grande en la boca y en las líneas de los letrados de escritura para el coloniaje y el tutelaje.
Para los “descubiertos”, los otro, los nativos, los aborígenes, los originarios son “salvajes”, “bárbaros”, “flojo”, “feos”, “incapaces de pensar”, nacidos para “obedecer y servir”, “sin derecho a rebelarse”, “sin autonomía”, “sin sentido de patria”. Toda la grafía del descubierto es para exaltar y justificar al colonizador de ayer y de hoy, impulsa una pedagogía que piensa como europeo o norteamericano, rechaza todo lo nuestro por considerarlo inferior, etiqueta de izquierda o comunista el resultado de las investigaciones históricas, su fin desvalorizar abiertamente o de manera encubierta y falaz.
Cagua, 17 de octubre de 2026
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