José Sant Roz
Muy probablemente el PSUV no se divida porque todos sus altos dirigentes hoy están en búsqueda de sobrevivir o redefinir una nueva política en medio de un gran naufragio. Saltar del barco (totalmente escorado) podría resultar más peligroso aún que buscar un nuevo puerto ideológico que los acoja. Será un milagro, sin embargo, que un chavista pueda sostener con integridad sus ideas y pensamientos dentro del actual sistema, supeditado en su totalidad al imperio. ¿Cómo gobernar y convivir con el capitalismo más feroz, tomando el recurso vital con el que nos sostenemos, el petróleo? ¿Cómo redefinirse en el panorama mundial para no entregarse a ese enemigo que veníamos combatiendo con tanto ahínco? Terrible pregunta… ¿Acaso acabará por identificarse con él?
¿Dónde estará hoy ese punto y ese puerto para recoger sus velas y redefinir nuevos rumbos? Ciertamente ya no está en Cuba. No estará en Nicaragua, Rusia o Irán. El único puerto a la vista al parecer es el mismísimo capitalismo.
De hecho, es difícil decir si el PSUV, por ejemplo, existe como partido socialista tal cual como fue concebido por Hugo Chávez. No podemos ver en este momento si se diferencia de AD o COPEI, de Vente Venezuela o Primero Justicia.
En el sector de la revolución, se observan ciertas voces disidentes pero cada vez de modo silentes y apocadas. El drama se resume en parte en que tuvimos cómicos por estrategas. Hordas de tránsfugas (de otros partidos) y demagogos administrando al estado como si fuesen taifas personales. Se presentaron como revolucionarios una inmensa turba de negociantes de partidos. Imagínense quienes se autoeligieron como profetas, como expertos económicos. Una multitud de redomados delincuentes monopolizaron ministerios y gobernaciones. Es difícil al día de hoy encontrar en ese turbión de fatuos como falsos “dirigentes” a alguien que pudiese ser calificado de verdadero hijo de Bolívar o de Chávez. Tuvimos, cuántos opinadores por pensadores. Una horda de fracasados, de farsantes y bandidos acaparando al estado con sus fechorías. No debía ser entonces ninguna sorpresa lo que nos vino a ocurrir el pasado 3 de enero.
Sigamos con el análisis:
Imagínense a todos esos profesionales egresados de las llamadas universidades autónomas, verdaderos burgueses, quienes asumieron roles vitales dentro del gobierno. Porque en el fondo siempre nos comportamos ante ellos como unos acomplejados, sintiendo que cualquiera “hijo de buena familia”, de la oposición en el fondo era mucho mejor que el más destacado de nuestros revolucionarios. Cómo gozaban nuestros funcionarios rojos rojitos echándoles una mano a un jeque de la oposición que necesitaba, por ejemplo, una ayuda o un cargo. Por este camino fuimos llegando poco a poco a lo que nos ocurrió el 3 de enero.
Nunca dejamos de sentir de que eran ellos, a los jeques de la IV República a quienes debíamos nombrar como asesores por lo que siempre dejamos de lado a los nuestros. No sé a quién se le ocurrió ver a frívolos animadores de televisión como visionarios políticos. Y luego a mercantilistas convertidos por el amiguismo en ideólogos y estadistas. Al mismo tiempo se colocaron a miles de jóvenes en altos cargos por el solo hecho de ser chamos, para a la postre concluir que estos fulanos jóvenes ya estaban podridos antes de madurar.
Luego se fueron colando en otros altos cargos a militares, altos oficiales, quienes comenzaron a hacer negocios funestos con la república. Comenzaron a regentar empresas del estado y empresas privadas, que como decía Bolívar era lo que más daño le podía causar a un patriota. Esos militares padecían del SÍNDROME DE SANTANDER:
Veamos lo siguiente para comprender lo que nos pasó con los militares. Llegó a ser tan absurda la manía mercantilista del general y Presidente de la República don Francisco de Paula Santander quien llegó a propuoner a Bolívar formar una compañía nacional para hacer el Canal de Panamá. Con este motivo, Santander envió una carta especial el 22 de septiembre de 1823, exhortándole a Bolívar a que se convirtiera en el protector de la referida compañía formada con algunos capitales extranjeros. La respuesta de Bolívar fue severa; no sólo estaba dispuesto a no tomar parte, “sino que me adelanto a aconsejarle que no intervenga usted en ella. Yo estoy cierto (agregaba) que nadie verá con gusto que usted y yo, que hemos estado y estamos a la cabeza del gobierno, nos mezclemos en proyectos puramente especulativos, y nuestros enemigos, particularmente los de usted, darían una mala interpretación a lo que no encierra el bien y la prosperidad del país… Estoy resuelto a no mezclarme en este negocio, ni en ningún otro que tenga un carácter comercial”.
¡Qué franqueza, con qué visión ética, con qué ánimo procuraba ayudar a su amigo para que no se perdiera en
las pequeñeces del capital! ¡Cómo lo alertaba de los peligros inmorales que hoy seducen y sacuden tanto a nuestros partidos! ¡Cómo seguía los pasos de su gobierno en la Gran Colombia para advertirle lo que podía hundirlo! Sin embargo, ya sabemos lo que recibió en pago por tan nobles enseñanzas.
Es un hecho probado en la historia que aquellos que tienen fuerte tendencia hacia los negocios, hacia las especulaciones en el comercio, son por naturaleza verdaderos tiranos, sinvergüenzas y ladrones: para confundir se llaman a sí mismos “liberales”, demócratas y libres pensadores.
Por un raro malabarismo genético se encontraban éstos
—“liberales”— en los desechos del evangelio comercial. En los detritus de las tragedias europeas. Tomando las migas de una prédica baja y miserable cuya base era la consecución del placer y el éxito. Los poetas no podían tener un lugar entre aquellos alucinados por el bienestar material. Bolívar era un mendigo a los ojos de los magnates colombianos y como tal un tipo inútil; nada melodioso a los oídos “libre pensadores”. Porque pensar libremente es y ha sido desde el siglo XVII la excusa que han tenido los ricos para exigir cada vez más poder a los gobiernos.
Iban, pues, las doctrinas de la libertad sostenidas por la
conveniencia burguesa y el egoísmo personal. No importa que el Estado se hunda con tal que los negocios de unos pocos no sufran pérdidas; y el patriotismo tiene valor si existe algún bien material qué defender. Por eso Santander y su élite necesitaban ser ricos primero para luego ser patriotas. Un círculo vicioso que hizo de los pueblos más adelantados de Europa un amasijo de autómatas y propietarios sin alma.
Pero resultó que el Hombre de las Cuentas —es decir el “DE LAS LEYES”— no entendía o no conocía la tragedia mercantilista de los ingleses, porque insistía:
“Monroe suplicó al Congreso que le pagasen las deudas que había contraído por servir a su país y le han decretado ciento y pico mil de pesos. ¡Qué diferencia entre Monroe y Bolívar que nunca ha pedido sino la misma ración del soldado!”
Aquello no lo decía Santander porque tuviera en más al Libertador que al ministro yanqui. No, sus actos futuros probaron que su naturaleza era un reflejo del sentimiento mercader de los norteamericanos a quienes luego imitó tanto en su estilo de gobierno. Su propia ceguera moral ante los consejos de Bolívar lo probaron.
Y luego le sobrevino lo peor al gobierno de Nicolás Maduro. Lo peor de todo fue cuando la “REVOLUCIÓN” comenzó a ser infiltrada por una banda de pastores evangélicos. Ahí fue el acabose, la pava, la maldición final.
Todo ese turbión estaba haciéndonos pedazos internamente desde que murió el Comandante Chávez, digo, hasta que llegamos a lo que estamos viviendo hoy, perdidos, desorientados, confundidos… Porque Maduro fue perdiendo el tino. Es un buen hombre, pero carecía del fuelle para enfrentar a la canalla interna que le estaba minando el poder con subterfugios mercantilistas. Hizo todo lo que pudo, y eso hay que reconocérselo.
De todo tuvimos en esta REVOLUCIÓN sobre todo muy pocos hombres serios, formados para el combate de las ideas, para la resistencia y el verdadero amor a la patria. Es desolador ese General en Jefe Padrino López, quien resultó menos que Pirro aquel guerrero que con sus victorias casi acaba con su país[1].
Por lo que el referido PROYECTO no aguantó el chaparrón de diez precisos misiles junto con el secuestro de su jefe en funciones. Nunca se elaboró una estrategia sobre qué hacer en caso de que cayera el jefe supremo, como si supo hacerlo Irán. Desarticulado y sin mando la REVOLUCIÓN, pues, todos los dirigentes se entregaron, capitularon o se pasaron al bando contrario.
Veníamos de llevar golpe tras golpe, en medio de una pertinaz guerra solapada con EE UU, nunca declarada. Así que Trump no puede ahora venir a decir que nos derrotó y que por tanto todo el trofeo obtenido de los bienes del derrotado le pertenecen a EE UU. E incluso Trump trata de decirnos que debemos sentirnos orgullosos de ello.
No sé si pueda hablar ahora de RETIRADA. Sin estamos en eso. Una RETIRADA siempre resulta difícil y peligrosa después de una estruendosa derrota. La retirada en una situación difícil es a menudo la maniobra más compleja, tal como reflexionaba Milan Kundera al decir que retroceder y ejecutar una retirada es la más difícil de las maniobras, aunque popularmente se afirme que «una retirada a tiempo es una victoria» o que «una retirada no es una derrota» según Miguel de Cervantes. Este es un cuadro muy delicado en este momento, que debería ser de estudio en todos nuestros cuadros políticos, pero estos estudios ya no existen. De hecho, nunca existieron ni siquiera en tiempos de Chávez. La dirigencia política de la revolución siempre fue reacia a este tipo de estudio y de educación. Se hicieron miles de intentos pero todos fracasaron.
Ni siquiera el pensamiento de Bolívar se estudió seriamente.
Deberían, por ejemplo, realizarse encuentros para analizar la situación del país en los que se plantee la necesidad de encarar al imperialismo yanqui, pero NO se hace. De hecho se dando órdenes en sentido contrario. Se está produciendo una total desmovilización. Todo está pasando sin sacudir las conciencias, sin provocar pronunciamientos en las instituciones del Estado. El actual estado de desánimo nos aplasta. Se mantiene un desconcierto que abruma, que desarticula a toda posible organización.
Se exige aclarar en este momento este deprimente panorama. ¿Qué fueron de aquellas fuerzas otrora tan activas, tan visibles y dispuestas a unirse a la milicia, a dar la vida por la patria? Escuchamos a Luis Britto García, y de hecho sostiene verdades tan estremecedoras y crudas, con datos e investigaciones irrebatibles, pero vemos que se sigue manteniendo un silencio tan espantoso como desconsolador en el resto de nuestros pensadores e intelectuales revolucionarios, aquellos que copaban los más decididos frentes de lucha hasta hace pocos meses atrás.
Pareciera que se espera el milagro revelador de una estrategia que hasta ahora se mantiene muy bien disimulada.
Al tiempo que toda esperanza va muriendo lentamente, se suscitan cambios que muestran una dirección contraria a los que nos señalaba en Comandante Chávez.
Mario Silva en teatros defensivos hace candentes análisis por las redes y sin embargo no consigue elevar el nivel de la conciencia nacional, de la lucha. Sus seguidores se mantienen capciosos. Hay un escepticismo y un desgano brutal, y todo producto de la manera como fuimos sorprendidos el 3 de enero, y en el que todo nos ha llevado a un marasmo brutal. Y además, porque de algún modo todos somos culpables. Esa culpa nos aplasta. Esto de hecho no pudo haber sido una REVOLUCIÓN con tan perniciosos elementos incrustados en el centro y en el alma de nuestros más sagrados proyectos.
Lo peor y más doloroso es que aquellas multitudinarias marchas, aquel virtual y vigoroso poder de las masas, hoy se encuentra en franca desarticulación, en franca retirada y desmovilización. Se prohíbe hablar dentro del chavismo de imperialismo yanqui, salir a quemar una bandera gringa podría significar una LOCURA. Protestar contra la presencia de los poderosos lobistas del imperio, contra sus más criminales senadores que entran y salen a Miraflores como Pedro por su casa, provocaría alarma y hasta horror.
¿Cómo fue que pudo ocurrir todo esto?
Para completar está esa visita reciente a la ONU de nuestra presidenta (E) allí cerca donde se encuentra secuestrado por los malditos gringos el hombre que hasta hace poco era nuestro Presidente. Y sólo se mencionó allí a Maduro para decirle al planeta entero que es un CRIMINAL y un DICTADOR. Lo dijo Trump.
Desconcierto TOTAL, pues en este momento.
[1] Sus victorias contra los romanos fueron tan costosas en vidas que dieron origen a la expresión «victoria pírrica» (un triunfo con un coste tan alto que equivale a una derrota).