LOS SIN PALABRAS

Por:

Eduardo Orta Hernández.

 

Silencio temeroso,

cruel, cómplice.

Escritura presa,

doblegada, complaciente.

¿Te importan las muertes?

¿Te duele la soberanía,

hollada, pisoteada, violada,

por las garras sangrientas del águila?

Tu boca cubierta de telaraña,

bóveda triste y tenebrosa,

impide que nazca la selva,

el canto, la esperanza futura.

Cueva lúgubre, tapizada,

no comunica

el recuerdo de los vencedores

de Carabobo y Ayacucho,

la gloria de la emancipación,

la independencia del pueblo,

¡el grito de 1811!,

ni el odio al oligarca,

ni el «viva a la libertad»,

ni el rugido

de «tierra y hombres libres».

Esconde hermético, sin luz

en tu callada fauce,

degradado hocico,

la proclama de Bolívar:

«el hambre, la miseria

en nombre de la libertad»

Tu no pronunciada voz

es fragmento de patria traicionada, despedazada, invadida, explotada,

neocolonizada, ¡¡saqueada!!

por el pico curvo carroñero

en las sombras de sus extendidas alas.

Tu grafía ignora

que son trazos

sobre hojas de sangre,

las oculta

en tumbas abiertas,

en tu abdicación,

en tus versos, en tus prosas

de honor vencido.

Tu callar es oprobio

es valle infértil, desolado,

es encierro que asfixia,

que asesina futura simiente,

lleva la marca del diablo

en tus oraciones ocultas,

en tu lengua incinerada,

inútil, ¡¡cobarde!!

Rehuyes hablar con voz de llano,

alto, brioso, valiente, soberano,

escondida la lanza

en tu voz encadenada, enclaustrada.

El sol de mil voces libres

florecerán mañana,

serán gotas de todas las lluvias,

de todas las batallas,

estallido triunfal

sobre naves invasoras,

sobre las 50 filibusteras estrellas,

¡congeladas y muertas!

 

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