Ruth Cueto *
Deseo traer ante este escenario dos temas que durante estos días se han tratado en algunas aulas de nuestras instituciones educativas como parte del cierre del calendario escolar, motivadas por la sensibilidad social ante los hechos devastadores ocurridos en varias regiones del país el reciente 24 de junio, provocados por dos terremotos casi en paralelo, especialmente en la zona de La Guaira. De lo dicho en el párrafo anterior rescataré dos frases: “hechos devastadores ocurridos” y “provocados por dos terremotos”. Ante esto, cabe cuestionar: ¿Será que los hechos naturales ocurridos pudieron ser menos devastadores si la conciencia social se hubiese impuesto a lo largo del tiempo?
Veamos qué nos dice la Inteligencia Artificial (IA) cuando establece la diferencia entre fenómeno natural y desastre. Mientras que a menudo los sismos o terremotos se entienden como eventos geológicos naturales, su transformación en un desastre devastador suele estar ligada a factores humanos, como la falta de normas de construcción sismorresistente, el crecimiento urbano desordenado y la carencia de sistemas de prevención. Si bien el fenómeno no se puede evitar, su impacto letal puede reducirse significativamente aplicando la tecnología adecuada.
Sobre esta aseveración, se puede ubicar una variada bibliografía que la respalda. En síntesis, es fundamental comprender que una cosa es el fenómeno natural en sí mismo y otra muy distinta es la responsabilidad social sobre los efectos que este tiene en la vida de las personas. De allí que cada vez más se hable de eventos socionaturales.
De nuevo, la IA nos ofrece ideas guías muy convenientes de ampliar: «Los eventos socionaturales son fenómenos originados por la naturaleza que se convierten en situaciones de riesgo debido a la vulnerabilidad de la población y a una infraestructura inadecuada. Se desencadenan cuando un proceso natural —como lluvias intensas o sismos— choca con asentamientos mal planificados, lo que agrava su impacto destructivo. Por tanto, la intervención humana es lo que transforma un evento natural en un desastre”.
SÍ, LA INTERVENCIÓN HUMANA, entendida como las elecciones y decisiones que tomamos de manera individual o colectiva, es determinante ante una situación, un espacio y un tiempo definidos. Para comprender estos eventos, la gestión de riesgos diferencia tres elementos fundamentales: la amenaza (el fenómeno natural, como un terremoto o una tormenta), la vulnerabilidad (la incapacidad de una comunidad para resistir, recuperarse o adaptarse a los daños) y el riesgo (la probabilidad de una catástrofe debido a la coincidencia entre la amenaza y una alta vulnerabilidad). Si a esta ecuación se suman casos de corrupción, intereses económicos inmobiliarios, negligencia institucional y falta de supervisión, queda en evidencia la profunda responsabilidad social.
Ahora bien, no TODOS tenemos claros estos conceptos. La claridad en el manejo de los mismos durante un proceso de reconstrucción es absolutamente necesaria, entendiendo que esta no es solo física y material. Se trata también de una reconstrucción de nuestras conductas, actitudes y creencias; de replantearnos dónde recaen las responsabilidades ante las desgracias vividas y comprender que, como individuos y sociedad, tenemos la capacidad de prevenirlas o minimizarlas.
Frente a las adversidades, es común que las personas recurran a mecanismos de defensa [Freud, 1923] para evitar el conflicto interno y el displacer, protegiendo así su autoimagen. Estas estrategias operan por debajo del umbral de consciencia, lo que significa que el individuo no se da cuenta de que las utiliza, alterando temporalmente su percepción de la realidad.
Esto se evidencia cuando, en lugar de asumir la responsabilidad de un error o inadecuada decisión (como construir en zonas prohibidas), se recurre a la racionalización extrema o a la externalización, atribuyendo la culpa a designios divinos o a la naturaleza u otra fuente. Como señalan Baumeister, Dale y Sommer (1998), la finalidad principal de estas tácticas es amortiguar las amenazas externas e internas, resguardando la percepción positiva del yo. Por lo tanto, aunque estas estrategias promueven el bienestar psicológico a corto plazo, incrementan la adaptabilidad y mantienen la coherencia interna, lo logran manipulando la consciencia sobre percepciones y sentimientos perturbadores (Cramer, 1998).
Solemos creer ideas que nos justifican y nos hacer quedar bien ante nuestras propias decisiones, tales como: «Son fenómenos naturales, ante los designios de Dios ¡qué podemos hacer!», «Así lo dispuso Dios» o « ¡Dios mío! ¿Por qué a nosotros?». Al mismo tiempo, omitimos la realidad al no decir: «Construí o compré en un sitio en el cual estaba prohibido» o «Hace años nos dijeron que no podíamos construir aquí y regresamos».
Atendiendo a lo anterior, parece pertinente vincular estos conceptos con el de resiliencia, el cual también cobra relevancia en las actividades de cierre de año o semestre. En este sentido, resulta tan importante promoverla como advertir sobre la existencia de una resiliencia agotada y desgastada. En otras palabras: “La gente resiliente se agota de serlo”.»
De manera breve concebimos la resiliencia, como la capacidad para afrontar, adaptarse y recuperarse frente a la adversidad, el trauma o el estrés significativo. No significa evitar el sufrimiento, sino desarrollar recursos internos para seguir adelante y aprender de las experiencias con el fin de minimizar riesgos futuros. Podemos aplicar esta definición al individuo, a la familia, a la comunidad y a la sociedad ampliada.
Ahora bien, observamos como numerosas redes sociales alaban la resiliencia del venezolano, a pesar del tránsito por décadas de sanciones económicas iniciadas en 2015, acentuadas drásticamente entre 2017 y 2019, progresando de penalizaciones individuales a un bloqueo financiero y comercial integral. Esto limitó severamente las oportunidades de acceso del Estado y de PDVSA al mercado internacional, restringiendo la importación de insumos básicos y la exportación de crudo hasta la actualidad.
Vivimos inmersos en este marco situacional seguido de la pandemia COVID-19 (2020-2022). Luego, la extracción forzosa de la Pareja Presidencial, tras la Operación militar ejecutada por Estados Unidos el 3 de enero de 2026 y ahora, el reciente 24 de junio, se le suma un doble terremoto ocurrido en la Guaira con un aproximado de 4.500 muertos y unos 50.000 desaparecidos.
Al venezolano le ha tocado Sí o Sí ser resiliente. Es una realidad innegable
La cuestión es que parece que tantas décadas de lucha forzándose por ser resiliente está pasando factura. La «fatiga por resiliencia» es real. Forzarse constantemente a soportar situaciones extremas sin permitirse pausar o sentir el impacto emocional, agota los recursos psicológicos.
Llevar esta capacidad al límite sin el descanso adecuado puede causar estragos significativos, así lo advierten los expertos.
Qué están haciendo al respecto La Facultad de Agronomía de la Universidad del Zulia (FagroLUZ) y su Unidad de Orientación?
A cargo de las orientadoras Griselda Abreu y Johanna Gómez, se están llevando a cabo conversatorios sobre el duelo y la «resiliencia cansada», bajo la premisa: «Dos terremotos que no ocurrieron aquí, pero nos duelen igual». El objetivo principal es que el estudiante valide el contexto actual como un factor académico real. Se busca que reconozcan que tanto las condiciones económicas como el duelo colectivo afectan directamente su rendimiento y salud mental, sin que esto implique debilidad o fracaso.
-Analizan datos sobre el contexto estudiantil: La crisis socioeconómica tiene un fuerte impacto en la comunidad estudiantil. De acuerdo con datos de la Universidad Católica Andrés Bello (UCAB, 2024), el 78% de los estudiantes venezolanos sufre de ansiedad por la incertidumbre, mientras que el 65% se ve obligado a trabajar de manera informal para cubrir sus gastos. A esta realidad se suma la intermitencia de los servicios públicos básicos (energía eléctrica, agua), la cual reduce drásticamente el tiempo efectivo que pueden dedicar a sus actividades académicas.
-Asocian causas con sus efectos, examinando variables muy propias de la ciudad de Maracaibo:
1- Transporte intermitente = Menos horas de estudio.
2- Servicios básicos intermitentes=Menos horas de estudio
3- Inflación =Estrés económico constante.
4- Migración= Redes de apoyo reducidas.
5- Doble terremoto (24 de junio)= Duelo colectivo nacional
[En el Zulia, el transporte es pésimo y el deterioro se eleva a su máxima expresión. Dada la fuerte temperatura, los planes de suspensión de servicios públicos deben ser diferentes; pensando sobre todo en quienes no cuentan con aire acondicionado, ni ventiladores, y que posiblemente viven en casas donde predominan las láminas de zinc].
-También en dicha actividad debatieron sobre cuándo se adquiere el síndrome de fatiga por resiliencia, llegando a sentirse la persona cansada, agotada y deprimida, y se reconoció el ciclo que esto produce:
1. Se presenta un contexto de crisis prolongado.
2. Se genera un estado de agotamiento psicofísico resultante del desgaste continuo.
3. Se recurre a mecanismos de defensa y adaptación para poder continuar viviendo.
-Una de las tantas sugerencias planteadas es que, si estamos cansados de ser resilientes, debemos darnos permiso para descansar y luego seguir adelante. Mucho se ha escrito sobre el tema, por lo que sugiero profundizar en ello.
-Las profesoras Johana y Griselda invitan a mantener el esfuerzo a los resilientes estudiantes de Agronomía, quienes poco a poco están volviendo a llenar los espacios de la muy querida Facultad de Agronomía de LUZ:
“No nos cansemos de ser responsables de las elecciones y decisiones que tomamos, sobre todo de aquellas que amenazan nuestra integridad física y emocional. Decidamos por hoy y por mañana, porque sin intención afectamos, más de lo que quisiéramos, a quienes más amamos”.
Nuestro camino debe ir de la resiliencia individual a la familiar, comunitaria y social. Siempre resonará en mí esa voz que me decía: somos capaces de levantarnos cada vez que nos caemos; si estás cansada, descansa un momento y sigue adelante. Mi madre nos lo enseñó siempre, y hoy lo repito aquí para ustedes.