Eduardo Orta Hernandez
Errantes y perdidos
llegaron sus barcos,
sus caballos,
sus perros mastines,
la explosión turbulenta,
la pólvora,
el fuego del arcabuz,
las balas, sus cañoneras,
fueron los misiles de ayer.
Sus cuerpos cubiertos,
blindados por escudos,
armaduras, corazas de acero
rebotan las flechas,
en ropas para la guerra.
Apareció,
multiplicados por miles,
Caín,
en colectivas quijadas de burros,
la biblia y la cruz,
su misericordia
en proyectiles de hierro,
en afiladas espadas,
y relucientes cascos,
botas y zapatos de cuero.
Fueron aceptados
en el jardín del edén,
naturaleza pura
la abya yala
verdadero paraíso terrenal,
cubierto de sabiduría ancestral,
de bondad, confraternidad,
solidaridad, amor,
vida vivida en armonía,
una sola entidad,
ser humano y naturaleza
el perfecto equilibrio.
Con caras de inocentes
contaminadas de viruelas,
de cólera,
sus pies de hongos, virus y bacterias,
aquel 12 de octubre de 1492,
profanaron morada y libertad,
violentaron derechos e identidades,
arrasaron cultura, formas de vida,
asesinaron pueblos enteros,
empalaron y se divirtieron,
acumularon tesoros y riquezas,
se declararon ayer y hoy
dueños de nosotros,
de nuestros recursos,
somos su botín,
prolongados por los siglos,
en renovado coloniaje,
y dominio sangriento,
presente el tres de enero de 2026.
La resistencia de ayer
continuará en el combate de hoy,
por la vida, la soberanía, la libertad,
es obligatorio romper las cadenas,
del nuevo Colón, Cortez, Pizarro,
Lozada, Almagro, Ojeda,
vestido de águila,
de franja roja, blanca y azul,
entre 50 opresivas, sangrientas estrellas,
algún día venceremos
con Bolívar y Martí.
Cagua, 12 de octubre de 2026
Eduardo Orta Hernández
Soy Cagua. Soy Caribe. Soy Meregoto
Polvorín.