12 de octubre «día de la raza». Razones geopolíticas, preguntas y respuestas…

Por: Eduardo Orta Hernández
Soy de Cagua. Soy Caribe. Soy Meregoto
Breve ensayo historiográfico.

Estudio crítico, investigación e interpretación de las causas que dieron origen al día de la raza y a la hispanofilia americana, a través de una estatuaria y monumentaria colonizadora.

“….Ahora la misma tierra que vieron aquellos invasores está allí, y sigue sin pertenecernos. Se quedaron eternamente con ella, con sus recursos y con sus tesoros, y hasta nos quitaron el alma, porque hicieron de nosotros unos zombies contentos de nuestras servidumbres. El mayor crimen después del “descubrimiento” fue despojarnos del derecho a tener criterios propios, a ser soberanos, a tener dignidad, a vivir con independencia….”

José Sant Roz. En Ensartaos

PLANTEAMIENTO Y PREGUNTAS CIRCUNSTANCIADAS.

La hipótesis que voy a plantear es que el día de la raza fue un hecho impuesto por factores de la geopolítica internacional, iniciativa del poder político extranjero, a los 400 años transcurridos desde la llegada de Cristóbal Colón.

El día de la raza no existió durante cuatro siglos (400 años) siguientes a la conquista, cuatro veces 100 años, desde el día que el navegante europeo “holló, pisoteó con su planta insolente” tierra en Macuro, Estado Sucre, Venezuela.

¿Por qué de pronto, en la última década del siglo XIX, y durante todo el siglo XX, hasta el segundo año del S. XXI, después de un largo y sepulcral silencio de 400 años, surge una de manera inesperada, como el Covid o el Ébola, un afiebrado reconocimiento a los conquistadores y colonizadores, seguido de la declaratoria del día de la “raza”?

Una sucesión de estatuas y grandiosos monumentos, creación de plazas y avenidas, como acto seguido a la declaratoria mencionada, recién aparecen los epónimos de Colón, Cortez. Fajardo, Lozada, Garcí González de Silva, Ojeda, entre otros, en todos los países de América Latina y hasta con topónimos degradantes o denigrantes como “El Empalao”, para designar el nombre del cerro de Cagua, Aragua, Venezuela, convertidos en acervo y patrimonio cultural de la nación. del ¡¡Vaya pa la auyama!!

¿Cómo es posible la declaratoria de un día como de día la “raza”. ¿Cuál “raza”? “En la terminología botánica o zoológica, una raza es una subespecie. Afirma Andrés Manuel López Obrador, que “no tiene sentido el concepto de raza. El razonamiento es que en el caso del hombre todos somos sapiens sapiens”, capaces, inteligentes y sabios.

En esa fiebre de la declaratoria del día de la “raza” nada importó, ni la inexistencia de la subespecie humana, ni lo irracional, ni lo contrario a los valores humanos, como el hecho que se identifique con el topónimo de “El Empalao” a un lugar de resistencia y combate indígena, o que los invasores genocidas sean los nombres de Escuelas, calles y avenidas y se le construyan monumentos y plazas en su honor y reconocimiento, por haber dado muerte y haber arrasado las floreciente cultura aborigen.

El empalamiento, una vara introducida por el ano, atravesaba el cuerpo del indígena rebelde y tras varios días de sufrimiento y dolores fallece. Método que utilizaron los invasores para torturar y causar la muerte de nuestros ancestros. Detestable, que por Ley sea ese topónimo, parte de nuestro acervo y patrimonio cultural, idéntica repulsión y falta de juicio que el cerro llevará como topónimo el nombre de Hitler. Mussolini o Juan Vicente Gómez.

Una guara dice una larense. “Medio palo”, dijo una firme cagueña, que lleva por nombre Victoria, quien agregó: “alguna vaina esconde esa repentina declaratoria, a mí no me van a joder con ese cuento para inocentes, esos malvados e indeseables de hoy día, son unos vivos, celebrar que nos envainaron, hacer fiesta por los asesinatos de nuestra gente, olvidar la violación de nuestras inocentes niñas y mujeres aborígenes, no recordar que el conquistador Juan Rodríguez Suárez, alimentaba a los perros mastines, con niños indígenas, así, ¿cómo izar la bandera nacional cada 12 de octubre para rendir honor al día de la “raza”? ¿Cómo no rechazar el hecho que a los niños prescolares y a los alumnos de primaria, colectiva y masivamente, en todas las instituciones educativas, fueran obligados a pintar la cara del pederasta genocida Colón y dibujar las tres carabelas, La Niña, La Pinta y la Santa María? Eso tiene muy mal olor”.

“Construir plazas y estatuas, nombrar avenidas, ciudades, escuelas, y cerros con el nombre del invasor, impulsado por las altas esfera del poder público, para rendirle pleitesía, vanagloria y exaltar, sumisa y obedientemente a aquellos que nos conquistaron y nos “jodieron bien jodido”, nos encadenaron y esclavizaron, eso es como raro. Cosas de loco. Que se vayan pa allá. Pa otro lao, con ese cuento, más bien, pa el carajo,” decía un viejo sabio de Humocaro Bajo, del Estado Lara, descendientes de los Jirajara.

Juana, otra avanzadora, expresó: “por algo Chávez borró ese día de la raza, ¡verdad! ¿Por qué sería? Dejó ver qué el indígena existía y existe y que dió combate contra el español conquistador”. Pedro dijo: “vacíe nos jodieron bien jodido y vamos a besarle el trasero”, eso parece que hacemos al ver tantos homenajes de repente.” Se preguntó, el llanero Hammurabi: “¿Es que es mérito invadir, asesinar, arrasar con una cultura y un pueblo? ¿Es que hay que rendirle tributo al primer Adolfo Hitler aparecido en 1492, en nuestra América? Eso no es culpa del llano.”

¿Por qué el poder político, la monarquía, los conservadores, los “dueños” del mundo y del capital, de repente les da la piquiña -usted sabe dónde- de inventar y declarar tan colonialista fecha? ¿Por qué esperar 400 años, y no antes, para declarar el 12 de octubre día de la raza? ¿Hemos pensado en eso? ¿Le hemos buscado explicación y respuesta a esa serie de preguntas?

Ni durante la conquista y la colonia, ni en los años de la guerra de independencia, ni en la Colombia bolivariana, ni durante los gobiernos conservadores y liberales al inicio de la República, ni en la confrontación federalista, ni en la época del gobierno eurocentrista de Guzmán Blanco, ni el de Cipriano Castro, todo un periodo, un montón de años, desde 1498 hasta 1921, exactamente 423 años habían pasado, sin que en está “tierra de gracia” existiera homenaje ni culto a Colón y a los conquistadores y colonizadores, hasta que en el gobierno de Juan Vicente Gómez, el día 12 de octubre fue declarado como tal «dia de la raza».

Apenas 81 años duró tal declaratoria como «día de la raza», “Un peo en chinchorro, dijo josefa”, comparado con los 423 años anteriores. A partir de ese año 1921, bajo la dictadura de Gómez y la pujanza de la doctrina Monroe, es que se inicia y se fortalece la estatuaria de Colón y otros conquistadores, como el «Caballero de la capa rojas», Juan Rodríguez Suárez, quien en Mérida tiene su monumento estatuario y plaza, sanguinario conquistador que alimentaba los perros mastines con carne de niños indígenas vivos, como ya hemos dicho

Seguida y continúa ha sido la fiebre de ensalzar con epónimos o topónimos de origen hispano, aquellos “superhéroes” relacionados con la conquista y colonización, en estas vírgenes tierras, lo cual tiene el mismo sentido imperial y es parte y causa de la geopolítica para aquel momento.

Corresponde también preguntar ¿Una data de 81 años es suficiente para considerar como propia una cultura extraña y de dominación, basta esas ocho décadas para constituirse en nuestra sagrada simbología e identidad nacional y valor supremo de virtudes, que hay que proteger y cuidar, destinar grandes sumas de dinero en la construcción y mantenimiento de los monumentos y estatuas colonizadoras, a tal punto de ser imposible un cambio, modificación o derogación de lo establecido y decidido por la monarquía europea a finales del siglo XIX? Y lo más arrecho, que cronistas e historiadores, inclusive, parte de los llamados insurgentes, se desgarran las vestiduras por por defender las estatuas que ha sido removida de su usurpador lugar y guardadas, sustituida por algún prócer de la independencia, se sienten ofendidos y hasta exigen la aplicación de resoluciones administrativas que contrarían el preámbulo, la motivación y el texto constitucional, incluyendo acuerdos con organismos internacionales, que vincula obligatoriamente el hecho, que los epónimos y topónimos, el acervo y patrimonio cultural, deben fomentar la educación para la paz y el respeto a los derechos humanos. ¿La simbología y la práctica de Colón y compañía no cumple con tales preceptos. No es ejemplo de fomento de paz ni de respeto a los derechos humanos, a punto de que si estuvieran actualmente vivos, los conquistadores y colonizadores, serían juzgados y condenados como criminales de guerra, por delitos de lesa humanidad. Esos filibusteros de la historia patria, hombres y mujeres de escritura tibia y complacientes, burócratas, profundamente mantuanos y gordos de exquisita y “admirada” escritura, se comportan como inquisidores a lo Torquemada, como sobresalientes protagonistas de las cruzadas, en la defensa del espíritu colonialista y en contra de los “herejes”, la pluma y la escritura de historiadores verdaderamente insurgentes, de documentadas y auténticas razones, que desnudan, desvisten el coloniaje de la cultura del oprobio, del sometimiento y de quienes piensan en favor de una patria, sin vínculos ni sometimiento cultural, espiritual, económico o material.

Interesante y didáctico es preguntarse: ¿Si luego de casi 800 años de dominación Musulmana, España celebra y conmemora la batalla de Guadalete, donde triunfó el dominio árabe sometiendo a los españoles? ¿Existe algún municipio español que tenga la media luna musulmana como emblema en su insignia? ¿Hay en España plazas con bustos de los conquistadores musulmanes Ziyad y Nusair?

La respuesta es negativa, nada hay o existe en toda la geografía española que le rinda culto a los 711 años de dominación Musulmana, ni exaltación de sus conquistadores con estatuas, ni reconocimientos a su simbologías con epónimos o topónimos. ¿Es pecado seguir ese ejemplo?

¿Por qué hacer nuestro y defender una estatuaria y simbología colonialista, motivo de confrontación entre venezolanos, historiadores, científicos sociales, cronistas, entre otros, incluyendo a «insurgentes» no anticolonialistas, cuya disputa es por una estatuaria, que es complemento de la declaratoria del «día de la raza», impuesta por la monarquía y factores de poder externo, cuyo origen nada tiene de nacional ni corresponde a la cultura venezolana?

RAZONES GEOPOLÍTICA QUE EXPLICAN EL DÍA DE LA RAZA

La declaración del «día de la raza», y la consiguiente estatuaria y monumentos, epónimos y topónimos colonialistas, fue una realidad impuesta de intereses geopolíticos externos, nada tiene que ver con nuestros valores culturales nacionales, con ella se consolidaba la presencia cultural hispánica como centro de poder en América.

En 1892, en el IV centenario del primer viaje de Cristóbal Colón, la reina María Cristina, el día 23 de septiembre, decretó y proclamó el 12 de octubre como DÍA FESTIVO NACIONAL.

He ahí -o un poco antes- su punto de partida, cuatrocientos años después de la conquista y colonización con todo y su costo, significado material y cultural para los pobladores originarios de la civilización azteca, maya e inca y demás pueblos ancestrales, hasta proyectarse en nuestros días..

Para 1890, dos años antes que la reina María Cristina de España, decretara el 12 de octubre como día festivo nacional, las aspiraciones hegemónicas del imperio norteamericano, promueve el panamericanismo y se constituye la primera conferencia en Washington.

La conferencia de Washington, estuvo precedida por la Unión Iberoamericana, fundada el 25 de enero de 1885, devenida en Unión Hispanoamericana, fusionándose en LA Asociación Hispanoamericana y en noviembre de 1900 -ocho años después del cuatricentenario- se realiza el Congreso Hispanoamericano, celebrado en Madrid, fuertemente marcado por el concepto del hispanoamericanismo Español.

Todo el pensamiento conservador que apoyaba la monarquía, decidieron que en lo político deberían fortalecer, tratar de recuperar y estrechar las relaciones de España y Portugal con los países de América, que habían logrado la independencia política de la metrópolis europea. Ello ante el hecho cierto, que las ex colonias españolas estaban siendo cada vez más influenciados por la presencia norteamericana y su doctrina Monroe.

Esa fue la razón geopolítica, una respuesta europea al Panamericanismo promovido por los Estado Unidos de Norteamérica, que se estaba disputando el territorio y la influencia sobre las antiguas colonias españolas, era años de plena expansión de los intereses y de la influencia cultural gringa, que considera que «América tiene un hemisferio para sí misma» (Thomas Jefferson), cuya base doctrinaria toma cuerpo con Jhon Adams, establece que cualquier «intervención europea en América se ve como una agresión a los intereses norteamericanos» (doctrina Monroe), reafirmada con la política del gran garrote (Theodore Roosevelt).

Frente a ello España debe reaccionar con política que hiciera sentir su presencia ante esa realidad de fuerza mayor, de la imposición de la política norteamericana, el sentir la debilidad o pérdida de la presencia hegemónica española, es de tal gravedad que para 1898 “pierde” sus últimos dos bastiones, no le vale de nada sus fortificaciones militares en Cuba y en Puerto Rico, ante tal hecho, definitivo, le urge entonces acentuar, la estrategia geopolítica iniciada una década antes, impulsa, desde la Corona y con el apoyo de los gobiernos locales y de la burocrática intelectualidad y serviles “historiadores” a lo Briceño, Picón, Magallanes y Morón, una nueva hegemonía espiritual y cultural, mediante la imposición del sentir hispano, se valieron de una fecha y de una sarampionosa estatuaria, cuyo mayor exponente es Cristóbal Colón y el resto de la cofradía. Es la ideología de la exaltación, y vanagloria de los conquistadores, que se hacen nuevamente presente en América, para neutralizar el impulso anglosajón y a la vez, para intentar “lavarse la cara” por tantos atropellos y violencia ejecutada contra los originarios indígenas, así proyectan e imponen en el alma del pueblo latinoamericano, la cultura europea para la postración y el vasallaje. Una manera de justificar y de “blanquear” la memoria nacional.

Frente a esa realidad de presencia gringa en estos pueblos nuestro americanos, como bien dijo Martí, España creó el día de la raza y la simbología coloncista, difundió y posicionó en toda América a los conquistadores y colonizadores, como hombres de bien, a quienes se le reconoce sus “méritos” en “beneficio” de la civilización, por el “descubrimiento” de esta parte del mundo. ¡¡Mayor descaro imposible!!

Construyó, España monárquica, una fecha y una simbología de poder y de presencia, mediante la declaratoria del día de la raza y una masiva estatuaria, para hacer sentir la cultura y el dominio español, lo logró con el apoyo de los gobiernos y de las majestuosas obras monumentales, en punto claves de muchos países y ciudades de sus “antiguas colonias”, su propósito, entre otros, fue intentar “limpiar” la cara del verdadero significado de los tres siglos de dominio, oprobio, genocidio y esclavitud, posesionandose como parte de la identidad latinoamericana, hasta crear una cultura de aceptación general y lograr ser considerada, dicha estatuaria y monumentaria, acervo y patrimonio cultural. El pueblo quedó atrapado ante un conocimiento difundido para la aceptación y el perdón del criminal, del acto de la conquista y colonización, así mismo, enjaulados y encadenados de cuerpo, alma y manos, escritores de oficio y oficiosos, especialistas en desvirtuar los hechos históricos, callar la verdad y ocultar, a cambio de treinta monedas y que se les permita hablar con micrófono ajeno y ver su nombres en portadas impresas y su biografía en las solapas.

QUE LOGRA ESPAÑA CON LA DECLARACIÓN DEL DÍA DE LA RAZA

Los factores del poder imperialista europeo, con la declaración del «día de la raza», varios propósitos lograron:

Primero: La exaltación, a escala planetaria, de la conquista («descubrimiento») y de la «raza” hispana.

Segundo: Atrapar la conciencia de los pueblos americanos, posicionar y consolidar la cultura de la admiración desbordante, de la simpatía, del éxtasis por el pasado colonial y sus «valores», sus «héroes» y sus simbologías, consintiendo, aprobando y apoyando el tutelaje de España.

Tercero: constituyó la razón geopolítica, la respuesta europea al Panamericanismo promovido por los Estado Unidos de Norteamérica, que se disputaba el territorio de las antiguas colonias españolas, era de la plena expansión de los intereses y de la influencia cultural gringa, que considera que «América tiene un hemisferio para sí misma» (Thomas Jefferson), cuya base doctrinaria toma cuerpo con Jhon Adams, que establece que cualquier «intervención europea en América se ve como una agresión a los intereses norteamericanos» (doctrina Monroe), reafirmada con la política del gran garrote (Theodore Roosevelt).

Dentro de ese escenario geopolítico de disputa, de confrontaciones y de dominios cultural y material, se declara la existencia del mal llamado «día de la Raza», para el 12 de octubre y con ello la aceptación festiva de su estatuarias y símbolos, constituyendo (en honor a la verdad) una celebración continental del genocidio, del reconocimiento a los hombres y a los métodos que lo hicieron posible.

Fecha y cognomentos hispanos, impuestos en todo el continente territorial de las antiguas colonias de España, como respuesta al avance cultural y político de EE.UU en los territorios emancipados formalmente, pero vuelto nuevamente colonia por la penetración y el dominio de la economía y de la cultura.

DEFENDER LA NACIÓN DE CUALQUIER FORMA DE HEGEMONÍA CULTURAL

Sin melindre de historiador, sin delicadeza de ningún tipo, con clara definición insurgente, con el sagrado compromiso de patria libre y soberana, debo proclamar que la ruptura de esa simbología del poder hegemónico cultural, expresado en las estatuarias y monumentaria colonialista, en la sumisión y exaltación de los protagonistas del sometimiento, de la servidumbre, del esclavismo y del genocidio es contradictorio y niega los valores superiores de la nación, del pueblo venezolano y a vigentes normas y principios constitucionales, que proclama el Estado social y de derecho, la consagración de la verdad histórica, el combate a toda visión eurocentrista y racista, de discriminación, de trato supremacista, de negación de la cultura indígena, esa irracional pleitesía y vanagloria de los responsables del mayor holocausto de la humanidad, celebrando su existencia y sus acciones, elevándolo a la condicion de héroes y con ello practicando apología al delito, irrespetando el derecho a la identidad, a las distintas formas de vida, de cultura de los pueblos originarios, es contrario a la declaración de los derechos humanos, al sentir de los pueblos del mundo, cuando se alaba masivamente al vencedor, al dominador, al esclavista, al responsable de la muerte, de la tortura y del crimen, es impulsar y consagrar en el imaginario colectivo, la idea de comunidades indígenas arrasadas, perseguidas, vencidas, derrotadas, humilladas, empaladas, y destruidas ante la hoguera, la pólvora, el arcabuz, los mastines, el caballo, la cruz y la biblia, es un indígena arrinconado, sin fuerza y sin presencia, ante una brutal y magnificente monumentaria del conquistador vencedor.

Las estatuas y monumentos de Colón y su pandilla de delincuentes, es contraria al convenio 169 de la Organización del trabajo, tratado internacional que entró en vigor en 1991 y a la declaración de las Naciones Unidas, así mismo niega los principios y las normas establecidas en nuestra constitución y leyes especiales sobre el pueblo indigena y sus derechos humanos.

Es innegable que constituye una simbología que responde a los intereses geopolíticos imperiales y no a la identidad de los pueblos de nuestra Pachamama.

Hugo Rafael Chávez Frías inicia, en esta parte del mundo y desde la trinchera del pensamiento de Simón Bolívar, Guaicaipuro, Hatuey, el día 10 de octubre de 2002, el rompimiento, la fractura de la hegemonía cultural y política de la monarquía española, que venía desde finales del siglo XIX al derogar, extinguir el “día de la raza” y declarar, decretar ese día, como el de “la resistencia indígena”, así se inicia para el restos de los países latinoamericanos una nueva etapa de la no simbólica hispanista, enriqueciendo la historiografía con un lenguaje pedagógico, para la libertad, el combate liberador y decolonial. Es la batalla porque en todo espacios público, se exprese la auténtica memoria de los pueblos, desde eliminar el día de la raza, los epónimos, topónimos, hasta la construcción de una nueva estatuaria o monumentaria, que hace presente y reivindica al pueblo indígena. Una nueva visión que considera al conquistador como símbolo del poder imperialista y colonizador, exponente y símbolo de una cultura para la servidumbre, la subordinación, la admiración y la genuflexión, el mesianismo y el superhéroe.

A MANERA DE CONCLUSIÓN:

Es evidente que nada tiene que ver tal declaratoria del «día de la raza», y el subsiguiente estatuario y cognomentos hispanos con nuestra cultura, ni con nuestra identidad originaria, ni constituye parte de los valores del pueblo venezolano y por lo tanto es obligatorio la revisión, reorientación y negación de todo aquellos que nos ha sido impuesto en interés y con fines imperiales que vulneran nuestra idiosincrasia, cosmovisión y nuestros verdaderos valores pluriculturales.

El «día de la raza» y las estatuaria y monumentos, los epónimos, topónimos y cognomentos colonialista constituye una imposición de la cultura de dominación colonial y una solución política a los requerimientos de aquel momento, exigidos para satisfacer la necesidad de factores geopolíticos de poder, en la confrontación Europa – EE.UU. No es casual que en 1931, el presidente norteamericano, Herbert Hoover, en una proclama, declare el 14 de abril DÍA DE LAS AMÉRICAS.

Visto el origen y los argumentos históricos expuestos, quienes defienden y se oponen a una nueva estatuaria y simbología no colonial, no pueden sostener sus «razones», por no ser, la actual estatuaria y simbología colonialista, parte de nuestro acervo y patrimonio cultural y menos constituirse en nuestra identidad como nación.

La razón de ser, el origen del «día de la raza» y del derroche estatuario y simbólico hispano, obedeció a los factores de poder extranjero, a los intereses de la geopolítica internacional.

Por además, no podemos seguir aceptando una estatuaria colonialista, porque, en palabras del maestro Saúl Rivas Rivas, «Ninguna nación, continente o pueblo libre, soberano e independiente, funda su herencia cultural en el culto al colonialismo y sus conquistadores»(2)

Lo conveniente, razonable, nacionalista y patriótico es seguir el ejemplo de César Regifo, quien expresó: «Rechazo la orden Diego de Lozada porque ese fue un bandido. A mí que me den en su lugar la de Guaicaipuro».

En el caso venezolano, tal cognomento del 12 de octubre como día de la “raza”, le llegó su dominio racista, discriminador, supremacista, y colonialista el día 10 de octubre de 2.002. fecha de ruptura de 81 años de dominio, exclusión y sometimiento, primero en la patria de Bolívar y luego en otros espacios de la América de Martí, gracias al pensamiento soberano, libre, autónomo del presidente Hugo Chávez Frías, que reivindicó las luchas, la resistencia, el combate digno de nuestros indígenas, de nuestros ancestros, originarios pobladores, en la defensa de sus tierras y de su cultura, pasando a ser denominado, el 12 de octubre como día de la resistencia indígena, en Venezuela. Van ya 24 años de una historia que se develó y muestra rota las cadenas que la oprimían en la pleitesía, que adoraba oficialmente a sus verdugos y pillos.

Cagua, 12 de octubre de 2026.

Polvorín. Explosión insumisa de ideas. Un combate por la vida. Somos historia y poesía insurgente.

Soy de Cagua. Soy Caribe. Soy Meregoto.

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