Manuel Gragirena
Déjame procesar esta vaina con calma…
Trump ha escrito; si lo hubiese dicho, pudiéramos suponer que se le «chispoteó», pero no, lo escribió, y cuando alguien escribe algo es porque lo pensó. Trump escribió: «Reino Unido y Francia se negaron a unirse a la DECAPITACIÓN DE IRÁN, pero ahora están molestos porque no tienen combustible para sus aviones o barcos. ¿Qué esperaban? ¡Vayan a buscar su propio petróleo! O tengan un poco de ‘valor tardío’, vayan al Estrecho de Ormuz y TÓMENLO. ¡Nosotros tenemos mucho, deberían habernos comprado a NOSOTROS!».
Debo recordar —pues es posible que entre tanta vaina se nos olvide— que Donald Trump es el presidente de los Estados Unidos de América y no es Al Capone resucitado.
No soy experto en sociolingüística, pero sí he visto muchas películas de gánsteres, y de las muy viejas, en blanco y negro; así que, al enterarme, por Telesur, de lo escrito por Trump en su propia red social, inmediatamente recordé ese inconfundible «estilo gánster». Un lenguaje extorsionista, patán, propio de quien arrebata sabiéndose más fuerte.
«Vayan al Estrecho de Ormuz y TÓMENLO», escribió sin tapujos. Les propone a franceses e ingleses ser partícipes del robo; busca cómplices descaradamente. Definitivamente es un carajo que cree que el mundo son las calles de Nueva York, hediondas a pipí y pupú.
No sé cómo van a reaccionar los líderes de Europa ante tal humillación, pues los ha llamado cobardes, cosa que no son; pues al decir que esa guerra es ilegal y al echar a un lado la lealtad automática de la OTAN, están, todavía, en el marco del sentido común.
Definitivamente, el mundo está en manos del pueblo de los EE. UU.; solo ellos pueden quitar a Trump… por las buenas.