JOSÉ SANT ROZ
Ya para el 25 de enero de 1928 Rómulo Betancourt, no ve otra salida que la acción política de calle. Basta de sólo leer, de sólo discutir, de sólo soñar, ha llegado, como dice Marx, la hora de transformar, de volcarlo todo, de salir de las mamparas. Dar la batalla al lado de los pobres; ir al enfrentamiento directo con las fuerzas opresivas con un lenguaje sin fraude; organizar manifestaciones para hacer la revolución moral truncada desde hace un siglo; incendiar los corazones para la última liberación. Todo esto late en sus sienes, pero algo lo detiene, algo penoso lo frustra. Siente que le falta algo que inutiliza su impulso, algo de conocimiento y de fe en sí mismo, una filosofía, una técnica, una ciencia.
Se reúne en Caracas el Consejo Supremo de la Federación de Estudiantes de Venezuela (FEV), presidido por el bachiller Raúl Leoni, y allí Rómulo consigue una excelente tribuna.
El bachiller Leoni era un joven (tenía 23 años) algo apocado y sencillo, llegado de Upata. Al nacer, lo habían inscrito en el Consulado francés de Ciudad Bolívar, porque descendía de corsos; es decir, propiamente no se consideraba venezolano, porque con esta condición se mantuvo hasta que llegó a la universidad. Para el momento en que decide participar como revoltoso en los carnavales de 1928 no es venezolano. Este bachiller visitaba con frecuencia la embajada francesa en busca de referencias sobre el país de sus ancestros, porque guardaba la secreta esperanza de radicarse en París una vez que se graduara de abogado. Además, quería aprender francés. Cuando en 1923 la legación francesa lo citó para que se aprestara a cumplir el servicio militar, entonces él consideró que de momento más bien le convenía mantener su ciudadanía e identidad, en una especie de limbo legal. El panorama europeo se presentaba preñado de tormentosos nubarrones como para dejar una tierra en la que nada le faltaba.
Se escogen, pues, las fiestas carnestolendas para provocar un rebullicio contra el gobierno. La gente se emparranda, se disfraza y toma aguardiente, y vale la pena echar una paradita para ver qué hace el tirano. El pretexto es la coronación de la reina universitaria Beatriz (Peña) I. Para ésta época de 1928, ya Leoni había sido amonestado por la policía, y temiendo que el gobierno lo metiera tras las rejas, con 60 libras de grillos en los tobillos, decide definitivamente olvidarse de los conflictos europeos, y le participa al Ministerio de Relaciones Exteriores que va a solicitar su pasaporte francés. Aunque en la embajada le atienden obviando trámites, no pueden evitar que las investigaciones de la policía de Gómez le señalen como comprometido en alborotos estudiantiles. Leoni aspiraba hacerse revolucionario con la excusa de que no estaba nacionalizado venezolano, y provocar agitaciones bajo el amparo de un país poderoso como Francia. La legación francesa ya le había dado el visto bueno para que hiciera sus gestiones ante el Ministerio de Relaciones Exteriores de Venezuela como ciudadano francés. Buscaba Raúl un salvoconducto, porque en caso de que la situación se tornase peligrosa, de la manera más tranquila podría trasladarse al puerto de La Guaira y tomar el Pellerin de Latouche.
Los trámites se hicieron interminables. Al revoltoso organizador de fiestas lo encarcelan, el embajador de Francia lo reclama por ser francés y el despacho del Ministerio de Relaciones Exteriores contesta que no acepta que una potencia extranjera se entrometa en nuestros asuntos. Añade la nota de nuestra Cancillería, que lamenta de un «venezolano» que hubiese querido renegar de su nacionalidad «para acogerse a otra, siendo tanto más extraño el caso por tratarse de un joven versado en leyes y que como presidente de la Federación de Estudiantes había encabezado la agitación política haciendo tanto alarde de patriotismo».
A continuación, transcribimos el oficio que envía don P. Itriago Chacín al señor ministro de Relaciones Exteriores, relativo a la nacionalidad del señor Leoni.
DOCUMENTOS 153
Nacionalidad del Señor Raúl Leoni Estados Unidos de Venezuela Ministerio de Relaciones Exteriores Dirección de Política Internacional.
No. 648.
Caracas, 25 de abril de 1928
Señor Ministro:
Tengo el honor de comunicar a V. E., con relación a su atenta nota número 32, del 16 del corriente mes, que el Ministerio de Relaciones Interiores manifiesta al de mi cargo que el Ciudadano Raúl Leoni, nacido en Upata, Distrito Piar, del estado Bolívar, es venezolano al tenor de lo dispuesto en el Artículo 28 de la Constitución Nacional. Y si a la luz de la legislación de Francia el señor Raúl Leoni posee también la nacionalidad francesa, esta circunstancia no podría, en territorio de Venezuela, prevalecer sobre la nacionalidad venezolana.
En tal virtud, y descontada desde luego, la decidida buena voluntad con que el gobierno de Venezuela desea satisfacer en la medida de lo posible cualquier solicitud de la delegación de Francia, al digno cargo de V. E., esa razón de principio impide dar a lo pedido por vuestra excelencia la consideración especial a que habría lugar si Leoni poseyese sólo la nacionalidad francesa.
Válgome de la oportunidad para reiterar a V. E., las seguridades de mi alta consideración.
P. Itriago Chacín