“LA MANO INVISIBLE“ DIRÁ HASTA CUANDO LOS CONSUMIDORES TENDRÁN CARAS DE BOLSAS

Yandel González Hernández

1 .Se pasaron un tiempo estudiando el comportamiento de los clientes cuando eran invitados a donar una pequeña cantidad de dinero a una desconocida Fundación. La invitación se realizaba en el momento de pagar en caja el precio de los productos que habían adquirido en el establecimiento, cuando compulsivamente los compradores sienten la necesidad de escapar del lugar después de recorrer los anaqueles y de “meterse en la cola” del punto de venta.

La pregunta era automática:

—¿Señor (a) quiere ud donar Bs 30 o el vuelto de su compra para una Fundación?. La gente generalmente asocia esta denominación a una entidad con fines benéficos que atiende necesidades de ciertos grupos de personas. La mente evoca medicinas, sillas de ruedas, lentes, bastones, o atención médica especializada dispensada a diversos transtornos del neuro desarrollo, limitaciones físicas o sensoriales, como autismo, síndrome de Down, baja visión, transtornos en la marcha etc. Cediendo a esta presunción, casi nadie se resistía al pedido de la voz dulce y sonrisa ensayada de la cajera, que despedía a la víctima con un “¡gracias por su colaboración!”

2. El experimento arrojó resultados tan favorables que al poco tiempo la solicitud pasó a convertirse en costumbre mercantil en las grandes cadenas de supermercados ,de farmacias y tiendas, dando lugar a que el descuento comenzara a efectuarse en forma automática.

Fue entonces cuando la duda sobre el destino de esa “donación” tomó cuerpo en los clientes de estos negocios, especialmente, si alguno de ellos era un abogado no desprevenido. Las preguntas, que nunca tenían respuesta, comenzaron a llover en voz alta : ¿Cómo se llama esa fundación y dónde opera? Y afloraron también resistencias : “Este negocio no me puede obligar a donar a nadie lo que yo no consiento, porque la donación es un acto voluntario”. “Este establecimiento se está haciendo propaganda con el dinero ajeno y eludiendo impuestos porque estaría declarando al SENIAT, como donación propia , el monto del dinero que han arrebatado a los clientes”.

Como las preguntas resultaban inquietantes y el silencio no podía responderlas, “la fundación” como mecanismo de captación de recursos, pasó a llamarse simplemente “bolsa”. Con el “carrito” lleno de mercancía o las cestas de medicinas sobre el mostrador, las cajeras, esta vez sin la ensayada sonrisa y voz acaramelada, comenzaron a preguntar a secas a los clientes:

—¿Señor (a), desea llevar bolsa?

— ¡Claro que sí, como piensa que voy a cargar todo eso en las manos?, era la habitual respuesta.

3 .No disponiendo de otra opción, desvalidos de cualquier protección, a regañadientes , los clientes empezaron aceptar una imposición absurda, equivalente a que en un restaurante o tasca se preguntara a los comensales si quieren platos, cubiertos,tazas y vasos, con la idea de cobrarles su uso e incrementar las ganancias, ya engrosadas con la participación en el 10% de las propinas de los mesoneros.

Los órganos de defensa del consumidor parece que no se han percatado de tan censurable práctica de estos establecimientos mercantiles. Es necesario que intervengan antes de que su conducta coercitiva sea copiada por comerciantes de otro rango.

Cada tienda de una cadena de supermercados expende unas 7.000 bolsas diarias, mientras requiere de unas 210.000 mensuales, las cuales con su logotipo y nombre estampados , son vendidas a un precio que oscila entre Bs40 y Bs50 . Y si usted tiene la osadía de solicitar se le explique la razón de esa venta, quedará sin respuesta: La cajera está adecuadamente entrenada para hacerse la sorda . Adicionalmente con este abuso que deben soportar, los consumidores son utilizados como tontos útiles haciéndolos instrumento de promoción del establecimiento comercial, pues las bolsas de variados diseños , modelos y colores, que compran, constituyen un excelente medio de propaganda ambulante que los clientes ponen a circular al salir a la calle exhibiéndolas en sus manos.

4. A este abuso de la adquisición obligada de las bolsas, que incrementa el valor de los productos, se añade el de reintegar en bolívares al cliente, la mayor parte del saldo de la suma pagada en dólares, porque extrañamente nunca tienen disponible el cambio exacto en aquella divisa , aunque la marcan en su oferta. Los más “avispados” proponen no dar factura si se les paga en divisas y como contraprestación “generosa” rebajar un porcentaje del precio marcado.

Otra modalidad de entrar en el bolsillo ajeno que se está ensayando en algunos establecimientos comerciales, es cobrar el precio en euros, pagado en dólares o bolívares, porque ya no se satisfacen con la otra divisa. Se esconden en el argumento de que “todo lo que no está prohibido está permitido” y negocian en esa moneda europea , que legalmente no lo está.

A estas “sanas conductas coercitivas”, se añaden las ofertas engañosas en las redes, web, o en lo mismos anaqueles, donde se estampan precios que después no se respetan en las cajas, burlando en su buena fe a los clientes, que en su mayoría se extrañan por el monto de la compra sin detenerse a revisar las facturas.

5. Otro engaño a los consumidores, esta vez a cargo de los productores, consiste en disminuir el peso o el volumen de los productos; algunas marcas han dejado de operar en kilogramos o litros, introduciendo a su propia conveniencia, empaques de 950 900 , 850 y hasta 800 gramos o de centímetros cúbicos o mililitros, calculado al mismo precio de un kilogramo o litro. En el rango inferior de peso, se han asomado a los 400 gm y 200 gramos, en lugar del medio kilogramo y un cuarto de kilogramo. En los productos de la salud, se sigue el ejemplo. Se aumenta el tamaño del envase y se disminuye el contenido de la medicina. Priorizan las marcas comercializadas ofreciendo los genéricos a un precio ligeramente inferior.

Estamos refiriéndonos solo al precio y a la cantidad del producto, porque hasta en la calidad se nota la malicia de algunos de los productores en defraudar al consumidor, al que se le desvía la atención a través de una atractiva presentación que no guarda relación con la calidad, mañas todas que se ocultan, por puro formalismo, en una información grabada en letras casi ilegibles. Valga la pena recordar aquí, el tránsito del viejo paquete de 5 galletas de soda, robustas y de olvidada calidad, sustituidas por las hoy conocidas 3 galleticas, quebradizas, casi transparentes, rebosantes de glutamato monosódico u otros resaltadores de sabor, para que si te atreves a comerte una, terminas comiéndote 3 paquetes.

  1. La cara de bolsa que le ven esos sectores a los consumidores se la repintan con la falacia de que los precios permanecen estables, porque en dólares siguen siendo los mismos, lo que variaría es la moneda nacional, promocionando indirectamente la imposición del signo monetario extranjero, como abiertamente alientan, como si esto fuera realmente la solución a la situación económica que atraviesa el país. Nada explican cuando el valor de la moneda nacional se recupera, porque entonces proceden a subir el precio de la mercancía en dólares.

Es necesario, que los órganos de defensa de los consumidores , de nombres rimbombantes, como el de “Superintendencia Nacional para la Defensa de los Derechos Socioeconómicos”, que parecen existir solo en el texto de la ley, tomen los correctivos necesarios dirigidos a desmovilizar a los agentes de estos censurables procedimientos que no se pueden justificar recurriendo al manido argumento de la “estructura de costos”, con la cual se pretende acceder sin resistencia a los escasos recursos de los consumidores, provenientes de sus sueldos, bonos e incentivos o de su trabajo de auto sostenimiento.

Sin duda alguna, la vocería a sueldo, vestida con traje de experto, argumentará, cartilla liberal en mano, que el Estado no debe ser comerciante ni impedir “ prácticas mercantiles saludables” porque sus fines son otros, que se debe respetar la libertad de comercio y dejar que la “mano invisible del libre mercado” consiga un “precio justo”; pero júrenlo que se resistirán aceptar que también se aplique al amo la inferencia que se deriva de la misma lección : Que los empresarios o comerciantes no se transformen en actores políticos ni en expertos en diseñar las políticas públicas no económicas del Estado, porque estas funciones son ajenas a sus propios fines, ni tampoco nada saben ellos de estos temas, como suficientemente y de manera tajante lo han demostrado en el país, cuando, creyendo que se trata solo de un asunto que se “compra y que se vende” como cualquier mercancia, se han desdoblado usando la camiseta de políticos y de expertos en cualquier materia, para solo cosechar miseria en detrimento del pueblo.

Nada raro sería, que algunos de sus malos comportamientos lo justifiquen estos comerciantes , empresarios y sus voceros, en la necesidad de obtener divisas, no en el llamado “mercado negro”, o mercado paralelo” por ser nombres que no les gusta y remite a conductas delictuosas, sino en el “mercado alternativo”, que suena más elegante , huele a licitud y sirve para darle validez a cualquier excusa.

¿ Cuándo fue la última vez, amigo lector , que le vieron a usted la cara de bolsa ?

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