Por Manuel Bertoldi
10 Puntos para el debate y la orientación política de las fuerzas populares de
Nuestra América
1- La reciente agresión militar de Estados Unidos y el secuestro del presidente
Nicolás Maduro constituyen el ataque más grave y explícito que el imperialismo
estadounidense ha ejercido en toda la historia de la nación venezolana. Al mismo
tiempo, representan la ofensiva imperial más profunda contra los proyectos
soberanos de nuestra región en lo que va del siglo XXI y ruptura del derecho
internacional establecido desde 1945 pos segunda guerra mundial.
En sus propias declaraciones públicas, Donald Trump dejó en claro que el objetivo
central de esta operación es retomar el control directo de las reservas petroleras
venezolanas, las más grandes del mundo. Desde el punto de vista políticoestratégico, la operación vuelve a colocar en el centro de la agenda la histórica
Doctrina Monroe: en los documentos del Departamento de Seguridad
estadounidense se afirma abiertamente la necesidad de recomponer el control
sobre los recursos naturales estratégicos de toda Nuestra América.
2- Hasta ahora, un desembarco frontal y masivo de tropas estadounidenses en
territorio venezolano resultaba inviable debido a la amplia movilización y
organización del pueblo venezolano, así como por su capacidad concreta de
confrontación (con al menos ocho millones de ciudadanxs armadxs en defensa
activa del proceso bolivariano). A ello se sumaba que la comunidad internacional
difícilmente hubiese tolerado una ocupación terrestre abierta, en un contexto
mundial ya convulsionado por los bombardeos de Israel sobre Gaza y el creciente
rechazo global a la guerra.
3- Un elemento importante a considerar es la política interna de Estados Unidos, en
donde Trump no cuenta con la correlación de fuerzas adecuada en favor de una
intervención militar a gran escala, incluso dentro del movimiento MAGA. Incluso
la “Operación Resolución Absoluta” produjo signos de desestabilización en el
escenario político interno, cuyo impacto aún está por verse de cara a las próximas
elecciones de medio término en noviembre de este año. La popularidad de Trump
viene en baja con derrotas electorales en Nueva York, Virginia y New Jersey. En
los últimos meses con conflicto abierto con los sectores agrarios y una baja
histórica de popularidad en ese sector y sin poder resolver el problema
inflacionario a nivel general. No sólo el alcalde de Nueva York y sectores del
Partido Demócrata se pronunciaron abiertamente en contra de la intervención,
sino dentro del mismo Partido Republicano diversas voces cuestionaron el accionar de Trump, incluyendo el vínculo político con Corina Machado y su
descarte.
4- La operación militar ejecutada por Estados Unidos contó con una estructura
logística de gran escala: alrededor de 150 aeronaves, el despliegue de buques de
guerra estratégicamente ubicados en el Caribe con capacidad de ataque
misilístico, y la intervención de unidades de élite como la Delta Force. Se trató de
una operación minuciosamente planificada, que incluyó ensayos en una maqueta
a escala real en territorio estadounidense, así como una acción de infiltración
previa por parte de la CIA en Venezuela.
Durante el operativo se produjo un enfrentamiento militar abierto en el que
Estados Unidos asesinó a cerca de 50 combatientes -32 de ellos de nacionalidad
cubana- y, previamente, se habían llevado a cabo ataques selectivos contra
instalaciones militares clave para la defensa del país. Estos bombardeos también
produjeron bajas civiles y militares cuyo número aún no ha podido cuantificarse.
Las operaciones mediáticas que buscan instalar la idea de una “traición interna”
relativizan deliberadamente estos hechos y omiten el dato estructural: hoy Estados
Unidos es la principal potencia militar del planeta, con una superioridad
tecnológica abrumadora respecto de cualquier país de nuestra región.
5- La estrategia en curso por parte de Estados Unidos continúa la misma línea que
viene desarrollando desde la muerte de Hugo Chávez: quebrar internamente al
proceso político bolivariano y, en particular, destruir la alianza cívico-militar que
lo sostiene. La escalada actual logró, por el momento, descabezar el liderazgo
político mediante el secuestro del presidente Nicolás Maduro. Sin embargo, la
conferencia de prensa encabezada por Delcy Rodríguez -actual responsable de la
conducción política- junto a Diosdado Cabello, Vladimir Padrino López,
ministros y altos mandos de las FANB, mostró con claridad la vigencia de la
unidad cívico-militar y el control efectivo del aparato estatal por parte de las
fuerzas del chavismo.
6- En paralelo, se ha desplegado una operación psicológica y mediática destinada a
presentar a Delcy Rodríguez como figura de “transición” y supuesta garante de
los intereses estadounidenses en el país. Este dispositivo busca, por un lado,
fracturar internamente a la fuerza política bolivariana y, por el otro, presionar para
que el chavismo ceda ante las exigencias imperialistas.
Frente a este escenario, es necesario tener en cuenta dos elementos centrales. En
primer lugar, la probada trayectoria de lealtad a la revolución bolivariana de la
familia Rodríguez y del conjunto de cuadros políticos que hoy conducen el
proceso político-militar. En segundo lugar, la necesidad de reanudar canales de
diálogo internacional, en un contexto en el que Estados Unidos había roto
unilateralmente dichas instancias y donde, a nivel global, las perspectivas
revolucionarias y socialistas atraviesan una etapa de retroceso. El análisis de este
momento exige un equilibrio muy fino: sostener la soberanía y la independencia de Venezuela, al mismo tiempo que se preserva la continuidad del proceso político
bolivariano frente a la agresión imperial.
7- El contexto mundial es un elemento clave para comprender la situación actual.
Deben descartarse, de antemano, los análisis que suponen una división rígida del
mundo en la cual Rusia y China se limitarían únicamente a declaraciones públicas
frente a los hechos ocurridos en nuestra región. En primer lugar, una intervención
militar abierta por parte de estas potencias nos colocaría, en cuestión de segundos,
al borde de una guerra nuclear a escala global. Pero además es necesario observar
cuáles han sido, efectivamente, sus orientaciones políticas en los últimos años. Ni
China ni Rusia han impulsado una política de bloques con lógica de “reparto del
mundo” en términos tripartitos. En cambio, han promovido vínculos materiales –
tecnológicos, energéticos y militares- con diversos países de Nuestra América. En
el plano económico, consolidaron el espacio de los BRICS y avanzaron en
esquemas de intercambio comercial en monedas alternativas al dólar, incluidos
acuerdos con Venezuela. Ambas potencias, a su vez, se pronunciaron de manera
clara y contundente en favor de la liberación de Nicolás Maduro y su restitución
a territorio venezolano.
8- En nuestra región, tuvieron lugar posicionamientos claros de Brasil, México,
Uruguay y Chile, que reivindicaron el principio de no injerencia en los asuntos
internos de los Estados y condenaron la agresión militar de Estados Unidos contra
Venezuela. Sin embargo, estas declaraciones presentan una debilidad sustantiva: el denominador común ha sido la omisión deliberada de toda referencia al
secuestro del presidente constitucional Nicolás Maduro y de la primera
combatiente Cilia Flores. Esta omisión no es casual. Responde a la confluencia de
dos factores. Por un lado, el temor a la administración Trump: existe un cálculo
cauteloso frente a la volatilidad, el comportamiento imprevisible y la tendencia a
actuar con impunidad del presidente estadounidense, quien ha demostrado
reiteradamente su desprecio por el derecho internacional e incluso por los límites
constitucionales internos de su propio país. Por otro lado, opera una debilidad
política doméstica, asociada al “lastre Maduro”. Los gobiernos de la región –
incluso los progresistas- parten de posiciones de fragilidad interna. La falta de una
defensa firme y sostenida de la legitimidad de las elecciones venezolanas de 2024
generó un escenario en el cual cualquier posicionamiento que pudiera
interpretarse como apoyo a Maduro es percibido como un riesgo electoral. En
países como Colombia o Brasil, con procesos electorales en el horizonte,
predomina el temor a ser interpelados por una oposición y unos medios que llevan
años construyendo una imagen profundamente negativa del liderazgo bolivariano.
9- En este marco, resulta imprescindible seguir construyendo perspectivas unitarias
amplias, con capacidad real de movilización en cada uno de nuestros países y en
el conjunto del Sur Global. Una eventual derrota o quiebre de la Revolución
Bolivariana significaría un retroceso histórico de enorme magnitud para las aspiraciones populares y para los procesos de ruptura con el orden hegemónico,
cuyos efectos podrían medirse en décadas. Es necesario disputar con fuerza las
narrativas producidas por Estados Unidos y los grandes medios de comunicación
globales. Esa disputa debe expresarse tanto en el plano de la comunicación política
y cultural como en la intervención concreta en los espacios institucionales
nacionales e internacionales. Al mismo tiempo, debemos anticiparnos y recrear
formas novedosas de acción política y organización militante, capaces de sostener
niveles altos de movilización y compromiso social. En el centro de cualquier
estrategia común debe colocarse una exigencia clara e irrenunciable: la liberación
inmediata de Nicolás Maduro y su restitución a Venezuela como máximo líder del
proceso revolucionario.
10- Las horas que atravesamos son decisivas e históricas para los pueblos de nuestro
continente y del mundo. Las fuerzas populares no podemos titubear. Es necesario
convocar a la movilización y asumir una posición de vanguardia en la defensa de
la Revolución Bolivariana, de la soberanía de Venezuela y de la libertad de
Nicolás Maduro. Debemos comprender que el escenario permanece abierto. En
Venezuela, el chavismo mantiene el control político y militar del Estado. En el
continente existen procesos políticos de enorme importancia -como los de Brasil,
México y Colombia- que necesitan consolidarse, continuar en el gobierno y
proyectarse hacia el futuro. Al mismo tiempo, Estados Unidos ha manifestado de
manera abierta su intención de intervenir en Colombia y Cuba, lo cual confirma que se trata de una ofensiva más amplia sobre toda la región. Frente a ello, la tarea
estratégica es avanzar en la más amplia unidad en defensa de la soberanía, la
autodeterminación de los pueblos y la continuidad del proyecto emancipador de
Nuestra América.
Las Madres de Plaza de Mayo nos enseñaron a los pueblos del mundo que,
incluso en los momentos más duros, jamás hay que bajar los brazos ni entregarse a
la desmoralización. Su ejemplo de dignidad, organización y perseverancia demuestra
que la verdad y la justicia sólo se conquistan mediante la unidad consciente y la lucha
sostenida de los pueblos. Hoy, frente a esta nueva agresión imperial, retomamos ese
legado. Con organización popular, con firmeza política y con la más amplia unidad,
defenderemos la soberanía de Venezuela y de Nuestra América. Porque tenemos la
convicción profunda de que la lucha colectiva es el único camino que hará posible
nuestra victoria.