Por Roxana Elizabeth Springer
La propuesta de Estados Unidos para poner fin a la guerra que lanzó con Israel contra Irán ha sido rechazada en Teherán, según ha declarado este miércoles un alto funcionario político iraní a Press TV.
El funcionario, familiarizado con los detalles de la propuesta, indicó que el momento en que concluya la guerra no lo determinará el presidente de Estados Unidos, Donald Trump. «Irán pondrá fin a la guerra cuando decida hacerlo y cuando se cumplan sus propias condiciones«, señaló.
El funcionario detalló, además, las cinco condiciones bajo las que Irán aceptaría poner fin a la guerra:
- Un cese total de la agresión y de los asesinatos por parte del enemigo.
- El establecimiento de mecanismos concretos que garanticen que la guerra no se imponga nuevamente a la República Islámica.
- El pago garantizado y claramente definido de daños y reparaciones de guerra.
- La finalización de la guerra en todos los frentes y para todos los grupos de resistencia de la región.
- El reconocimiento y garantías internacionales del derecho soberano de Irán a ejercer autoridad sobre el estrecho de Ormuz.
Propuestas «excesivas» para Irán
Washington ha intentado avanzar en las negociaciones a través de diversos canales diplomáticos, presentando propuestas que Teherán considera «excesivas» y desconectadas de lo que describe como un fracaso de Estados Unidos en el campo de batalla.
El funcionario comparó estos contactos con las dos rondas previas de negociaciones realizadas en la primavera de 2025 y el invierno de 2026, que calificó de engañosas, y subrayó la determinación de Irán de continuar su defensa y de asestar «duros golpes» al enemigo hasta que se cumplan sus demandas.
Estas condiciones se suman a las exigencias ya presentadas por Teherán durante la segunda ronda de negociaciones en Ginebra, añadió el funcionario, señalando que Irán ha comunicado a todos los intermediarios que actúan de buena fe que la tregua depende de la aceptación total de sus términos.
«No habrá negociaciones antes de eso», enfatizó, al tiempo que reiteró que las operaciones defensivas de Irán continuarán hasta que se cumplan dichas condiciones. «La guerra terminará cuando Irán decida que debe terminar, no cuando Trump prevea su conclusión», agregó.
La otra carta que puede paralizar los mercados energéticos
El bloqueo del estrecho de Ormuz y las continuas hostilidades en la región son un duro golpe para los países del golfo Pérsico, que, antes del conflicto, proporcionaban casi una quinta parte del suministro mundial de petróleo.
Formalmente, varios países conservan rutas alternativas de exportación que evitan el estrecho de Ormuz. Sin embargo, su capacidad para compensar los volúmenes previos a la guerra suscita cada vez más dudas.
Para algunos Estados, la situación es totalmente crítica. Kuwait, Catar y Baréin carecen prácticamente de vías alternativas de suministro, por lo que dependen directamente de la situación en el estrecho.
Incluso para quienes disponen de rutas alternativas, las posibilidades son limitadas. Los Emiratos Árabes Unidos y Arabia Saudita intentan redirigir los flujos, pero esto es solo una solución parcial.
En este contexto, Riad intensificó el uso del oleoducto Este-Oeste, con el objetivo de sortear el cuello de botella del estrecho de Ormuz. El oleoducto compensa parte de los envíos del reino; sin embargo, los expertos dudan de su confiabilidad y señalan su vulnerabilidad.
La ruta petrolera ‘olvidada’ de Arabia Saudita
Construido en la década de 1980 en medio de la guerra entre Irán e Irak, este oleoducto estratégico se concibió inicialmente como un plan de contingencia en caso de crisis. El sistema de doble ramal, con una extensión de unos 1.200 kilómetros, conecta los yacimientos petroleros orientales de Arabia Saudita con el puerto de Yanbu, en la costa del mar Rojo, evitando por completo el vulnerable estrecho de Ormuz.
Durante mucho tiempo se mantuvo como una ruta de reserva, un elemento de infraestructura para tiempos difíciles. En el contexto de la continua escalada, el oleoducto se ha convertido de hecho en la única arteria viable que permite al reino mantener sus exportaciones de petróleo.
Sin embargo, ni siquiera este es capaz de compensar plenamente las pérdidas derivadas de las restricciones en el estrecho de Ormuz, convirtiéndose más bien en un apoyo temporal que en una alternativa completa.