BOLÍVAR: "Cuando me hablan de valor siento renacer toda mi alma"

Nada elevaba más el espíritu de Bolívar que cuando veía gente decidida al combate. Él era el primero que le echaba bolas para meterse en el combate, el que daba el ejemplo más aguerrido. Él en cada segudo estaba en el candelero animando a los flojos, a los quedados, a los que dudan. Pero también cuando Bolívar tenía un grupo combativo su alma se encendía y era capaz de hacer milagros.

Coño, nos hace falta algo de esto en este momento, CARAJO!

Se les dio mucha cuerda: Hoy tampoco se acaba el mundo, pero la verdad es que a la derecha, a esos bandidos se les dio mucha cuerda, y hay que reconocer que hay chavistas asustados, preocupados, temerosos. Hoy la derecha sale alborotada, insolente, desafiante y agresiva y nosotros andamos apocados, recogidos, duditativos, y todo porque q esos coños de la derecha se les dio mucha cuerda. Eso no debió pasar. Y es que ese pensamiento dominante optó por acojonarnos, y lamentablemente en muchos aspectos lo ha conseguido. No debimos haber llegado a eso, les dimos mucha cuerda. A la derecha nunca se le debe dejar que coja mucha cuerda porque se insolenta y se envalentona a la vez. A las 7:30 de la mañana salí a recorrer la ciudad de Mérida y no había un solo centro electoral abierto, en cambio todos los sifrinos y todas las viejas pajarracas salieron pepitas, frescas, gritonas y violentas a mentarle la madre al presidente Maduro. Con qué dolor recordé aquella época cuando nosotros salíamos de madrugada a recorrer las calles haciendo sonar la diana del combate, de la victoria. Con qué dolor, coño!

Les dimos mucha cuerda…

Así es, desde la madrugada he escuchado algunos morteros en esta ciudad de Mérida podrida y encochinada por cuatro meses de trancas y guarimbas. Ahora suenan las cornetas de los carros de lujo y de los camiones. Amanecen las pajarracas de la derecha con los rosarios colgados en sus inmensas papadas gritando: ¡Tenemos hambre, queremos libertad! Los sifrinos se colocan sus mejores zapatitos y franelas, y su gorrita caprilera (robada a los chavistas), totalmente encalambrinados y cogen hacia sus fulanos centros de votación que nadie sabe dónde carajo quedan, llevando papel, tinta y almohadillas para estampar sus huellas como quien va para un picnic o una feria.

Qué arrechera, nojoda!

 

Autor: 

Pedro Pablo Pereira