Breve valoración de la Revolución Ciudadana

 

“Yo venía envuelto con el manto de Iris, desde donde paga su tributo el caudaloso Orinoco al Dios de las aguas. Había visitado las encantadas fuentes amazónicas, y quise subir al atalaya del Universo.

Busqué las huellas de La Condamine y de Humboldt; seguilas audaz, nada me detuvo; llegué a la región glacial, el éter sofocaba mi aliento. Ninguna planta humana había hollado la corona diamantina que puso la mano de la Eternidad en las sienes del dominador de los Andes”.

Simón Bolívar: “Mi Delirio sobre El Chimborazo”. Domingo, 13 de octubre de 1822

A seis meses de conocer en Quito a Manuela Sáenz, su Libertadora

Un Taxi

Comienzos de 2007. A Ecuador me fui de espontáneo para unirme al encuentro internacional contra las bases militares gringas, en particular la que tenía EEUU en el puerto de Manta.

Como coordinador del Centro Nacional Antiimperialista Simón Bolívar venía impulsando este tipo de actividades y habíamos realizado denuncias y varias movilizaciones contra las maniobras militares yanquis en el Caribe.

En el viejo aeropuerto, que ya se hacía pequeño y peligroso por estar incrustado en medio de Quito, tomé un taxi para ir al hotel que conseguí más cercano al campus de la Universidad, en cuyas aulas sería el evento. El taxista –como casi todos los de su oficio- era un buen conversador. Yo –como casi siempre prefiero hacer- contradije su amable invitación a ocupar el asiento posterior y me acodé en el estrecho espacio delantero. A su lado, para entrevistarlo sobre la situación social y política del lugar –como siempre hago- durante el trayecto.

El hombre, quizás cercano a los setenta años –su cansancio se notaba igual en el desgastado carrito- fue obsequioso en el diagnóstico: “Mal, esto está mal por acá. ¿La gasolina? Carísima. La comida también. No hay trabajo. La política de los últimos años ha sido un caos. Más de dos millones se han ido del país. ¿Supo eso que los bancos nos robaron los ahorros? Son unos descarados. Lo único que abunda es la pobreza y los corruptos. Vamos a ver si con el nuevo gobierno la cosa se enseria y esto cambia”.  

Ese mi primer viaje al pequeño hermano bolivariano, estuvo lleno de aprendizajes y sublimes coincidencias. Me informo por un cartel de dos noticias, una buena y otra mala: que Serrat se presentaba en el Teatro Nacional, pero las entradas estaban agotadas. No me resigné a la segunda, invoqué mis más tercas energías mohánicas[1] y corrí a las taquillas. Sorpresas (¿casuales o causales?) de suerte: logré adquirir el único boleto disponible, que en este caso, desmentía a la Biblia de cabo a rabo.

En solitario, y en el más apartado rincón del aforo, la última silla en la última fila, otra vez tarareé entre desconocidos las canciones del querido juglar. Al salir del recital, supe que entre el coro de serratianos, estaba el recién electo presidente Rafael Correa. Pude saludarlo personalmente y desearle suerte en su inmenso reto. “Ah, ¿de Venezuela? Bienvenido”, me dijo sonriente, y de seguidas agregó: “Un abrazo a Chávez”.

De camino al hotel el aire se inundó del aroma húmedo del césped, la calle estaba oscura, hice caso omiso de la llovizna fría, mis pensamientos y mi espíritu se sentían complacidos por el brillo interior que alimentan la esperanza y la poesía.

El encuentro contra la base militar gringa en Manta fue un éxito de los movimientos sociales, que el gobierno de Correa honró unos meses después.

Los deseos de cambio del amigo taxista parecían tener asidero en las nuevas realidades que comenzaba a construir el laborioso y honrado pueblo de Alfaro.

Una luz en la mitad del mundo

“Sólo con una ardiente paciencia conquistaremos la espléndida ciudad que dará luz, justicia y dignidad a todos los hombres.

Así la poesía no habrá cantado en vano”

Rimbaud

No pretendo entrar en asuntos internos de este país hermano; mi impulso sensible y respetuoso, consiste en -más que hacer el relato de lo visible u opinar sobre los estilos de su liderazgo, que corresponde exclusivamente al soberano pueblo ecuatoriano- tratar de acercarme al espíritu de una década durante la cual Ecuador nos regaló nuevos espacios para seguir soñando una mejor humanidad.

En 2016 el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo calificó así el éxito del esfuerzo gubernamental: "Ecuador tiene una de las agendas sociales en América Latina más innovadoras, efectivas e interesantes para el punto de vista de Naciones Unidas y justamente está en un momento de focalizar sus políticas sociales y económicas para salvaguardar a las personas”.

Esfuerzo premiado por la ONU en enero de este año 2017 con la elección de Ecuador para presidir el G77 que agrupa 130 naciones, donde el presidente Correa afirmó que su país "continuará el trabajo en la promoción de la igualdad económica y social en el mundo, que sólo podrá lograrse si se erradica el flagelo de la pobreza, la inequidad y la exclusión, y si todos los pueblos alcanzan el derecho de vivir con soberanía, dignidad y paz. Para ello debemos entender que paz no es solamente la ausencia de guerra…Paz sin justicia es sencillamente pacificación. La insultante opulencia de unos pocos, al lado de la más intolerable pobreza, son también balas cotidianas en contra de la dignidad humana”.

Ya en 2013 el líder brasileiro Luiz Inácio Lula da Silva, al felicitar a Rafael Correa, resaltó que “los pueblos de América Latina y Ecuador, particularmente, merecen estar orgullosos por la fuerza política lograda en las últimas etapas.”

Un salto espectacular del país de las tristes despedidas masivas, de los millones que huyeron de la pobreza que se ensañaba con su prole, al país florecido de estima que se declara feliz a menos de dos lustros del despegue ciudadano.

Fue como vencer el espíritu gris que dibuja Icaza en Huasipungo, superar la melancolía perpetua de Vasija de Barro, trocando el cepo de la resignación por la algarabía multicolor de guacamayas amazónicas.

Es el Ecuador que hemos visto desde las distancias que recorrió Bolívar dos siglos atrás para ir a besarlo.

Los informes de los organismos financieros mundiales –a regañadientes por la viril denuncia que Correa les espetó- no tuvieron escapatoria y tuvieron que reconocer los avances fiscales, austeros y bien administrados, que convirtieron a Ecuador en el mejor inversor de sus recursos provenientes del petróleo.

La CEPAL, constantemente ha otorgado a las medidas económicas implementadas en la Década Ganada, un sitial de honor, por mantener un enfoque de crecimiento con justicia social, sin menospreciar las objetivas necesidades de inversión privada, pero sin desmeritar tampoco el papel estelar del Estado en la planificación normativa y estratégica, en la definición del modelo y las normas que lo viabilizan, y las regulaciones de rigor para contener el afán desmesurado de lucro del capital especulativo, parasitario y antinacional.

Las adversidades naturales, con el lamentable terremoto en la Costa Pacífica, junto a coyunturas económicas negativas como la baja internacional de los precios petroleros, impactaron enormemente las metas programadas, con proyectos en marcha que se vieron truncados, y aun así, acumula más méritos por tener que ajustar presupuestos y destinar ingentes recursos a atender la tragedia humana, lo que se hizo –y se sigue haciendo- ejemplarmente; la Revolución Ciudadana no sacrificó las inclusivas políticas públicas que son el signo distintivo de los procesos progresistas suramericanos en este siglo.  

Recientemente, en junio, al asumir la vicepresidencia de la Mesa de Estados Parte sobre Derechos de Personas con Discapacidades, la jefa de la delegación Rocío González de Moreno expresó: "La inclusión no es una metodología, ni una bandera de lucha. La inclusión debe convertirse en una manera de ser, de pensar y de actuar”.

Nunca mejor ilustrado como en la lección de la Década Ganada, coronada con el triunfo que Alianza País logró para Lenin Moreno, a quien deseamos todos los éxitos, junto a la sabiduría y la salud para concretarlos.

En la vanguardia de los derechos: de expulsor humano a campeón del refugio

“Qué lejos está mi tierra y sin embargo que cerca, o es que existe un territorio, donde las sangres se mezclan”

Daniel Biglietti

Milonga de andar lejos

Este Ecuador del siglo XXI mostró al mundo –sin estridencias ni poses oportunistas y utilitarias como hacen ciertas potencias- un rostro tan renovado, que los cambios tuvieron importantes impactos sociales y paradigmáticos avances epistemológicos.

Los conceptos de movilidad humana y ciudadanía universal se pierden de vista como rupturas creativas en un mundo signado por masivas migraciones forzosas producto de las guerras imperialistas y las secuelas del colonialismo que aún azotan sin piedad a naciones enteras.

Las concepciones que infunden de egoísmos absurdos a una parte numerosa de la humanidad, en beneficio de corporaciones transnacionales sin escrúpulos, se toparon con el pensamiento humanista revolucionario de Alianza País, expuesto con brillo por su líder natural Rafael Correa y una pléyade de militantes venidos de diversas experiencias de lucha por una mejor sociedad.

Esta visión –enmarcada en los procesos de reformas progresistas suramericanas- quedó plasmada en una Constitución garantista, modernizadora de la democracia y las instituciones, socializadora de la economía, reivindicadora de la herencia libertaria del pueblo ecuatoriano, soberanista, profundamente ecologista, poblacionalmente inclusiva y con una autoridad moral inmensa que sólo el poder originario constituyente –ese tan temido por las oligarquías- puede otorgar.

Y de seguidas, el conjunto de leyes que desarrollan la nueva arquitectura constitucional de la Revolución Ciudadana para bien de ese hermoso país. Esto no quiere insinuar perfecciones vanidosas ni sugerir ilusas “victorias finales”, estamos en presencia de procesos, no lineales y ascendentes -menos irreversibles- que deben irse consolidando a pulso, contra el tremendo obstáculo que representa, como muro ideológico, el pasado hecho (malas) tradiciones y prejuicios, azuzadas a diario por poderosas campañas que la “artillería del pensamiento” conservador-neoliberal, no cesará en ningún momento. 

Fui testigo durante siete años del esfuerzo gigantesco de Ecuador en favor de las personas necesitadas de protección internacional. En 2010 el Registro Ampliado de Refugiados –a cuya última fase asistí en Ibarra con los amigos Mohamed Alwash y Luís Varese de ACNUR- permitió acoger con formalidad legal a decenas de miles de ciudadanos colombianos víctimas de la tragedia humanitaria que sufrieron por la histórica conflictividad sociopolítica.

Para 2016 pasaban de sesenta mil personas refugiadas en Ecuador, una cifra récord mundial si tomamos en cuenta la dimensión modesta del presupuesto nacional que se echó al hombro con mucho coraje este auxilio tan generoso. Esto se llama voluntad política, que el saber popular sintetiza como “querer es poder”.

En términos per cápita, es con creces el mayor índice de refugiados del planeta. Tuve el honor de acompañar y defender en foros internacionales –pongo a Juan Meriguet por testigo de excepción- esta notable ofrenda que un país pequeño en lo material, magnificaba en tributo a la humanidad que soñaron los ancestros Libertadores y utopistas como Montesinos y Las Casas.

La mirada fraterna

“Porque no es lo que importa, llegar primero y a prisa, sino llegar con todos y a tiempo” León Felipe

“De vez en cuando hay que hacer una pausa, contemplarse a sí mismo sin la fruición cotidiana, examinar el pasado rubro por rubro, etapa por etapa, baldosa por baldosa, y no llorarse las mentiras, sino cantarse las verdades”. 

Mario Benedetti

En eso que llamamos de manera simple y genérica “la izquierda”, solemos ser muy insistentes y duros en la crítica; herramienta insustituible para ser mejores seres humanos y combatir errores, pero que en términos de “mirarnos el ombligo”, a veces nos lleva a severidades no constructivas y a cierta conducta implacable rayana en la autoflagelación. Pero nunca debemos abandonar la crítica, ni menos la causa emancipadora que abrazamos como proyecto de vida.

Con sumo respeto y querencia, me propuse consultar algunas opiniones de gente estudiosa y luchadora que miran al proceso transformador en Ecuador, desde las geografías que nos alejan físicamente haciéndonos criaturas del mismo y diverso cosmos sentipensante, y la historia, esos sueños inconclusos que tanto nos asemejan.

Lo hice con toda la intención de acercar a posibles lectoras y lectores en Ecuador (a quienes va dirigido en esencia el texto), la mirada fraterna que les sigue de cerca con la atención amorosa de la familia bolivariana. 

Comencemos con Lusbi Portillo, profesor universitario de antropología y perseverante luchador social por reivindicaciones indígenas y ambientales, quien estima que se trata de “una revolución para vivir bien, apegado a la Constitución y las leyes”; mientras que el escritor y docente agroecológico Mario Fernández, cree que el proceso ecuatoriano “no influyó significativamente en el continente”.

Un crítico moderado del chavismo, Pedro Ramírez, comunicador social, gran lector de literatura y filosofía, maestrante en antropología, nos aportó su opinión: “Estimo positivo el gobierno de estos últimos años en Ecuador. La victoria del candidato de Alianza País es una evidencia de ese éxito”.

Rodeado de computadoras, el doctor en física Antonio Aguillón, antiguo dirigente de la Juventud Comunista en la Universidad del Zulia, considera que “es un proyecto de liberación nacional, con una dirección socialdemócrata de avanzada; ahora asediado por la reacción, busca ganarse, erróneamente en mi opinión, el apoyo de lo que denominan centro político”.

La socióloga dominicana Ynés Gerardo, militante de la solidaridad y los derechos de género, quien comparte responsabilidades entre Ginebra y Santo Domingo, lo dice así: “Yo la considero bastante positiva y estoy de acuerdo con los recientes llamados que ha hecho Correa, hay que valorizar lo obtenido en términos de autonomía política en Ecuador y en la región”; coincidiendo con el sociólogo Edward Govia, excelente guitarrista por demás, quien destaca lo siguiente: “Una democracia progresista eficiente, que ojalá avance mucho más en la construcción del Socialismo del Siglo XXI”.

El historiador Luís Prieto, profesor jubilado de la Universidad de los Andes, nos resume su opinión: “Creo que no pasó de ser un Estado de Bienestar reformulado, según los tiempos, influenciado por el conocimiento en Economía de Correa”. Por su parte, el joven diplomático y politólogo indígena José Martí Uriana, destaca “una experiencia transformadora en una época de cambios en Latinoamérica, que al igual que la Revolución Bolivariana, es un "mal ejemplo" según el capitalismo imperial”.

El periodista barranquillero Argelio Pérez se decanta por el tema de la economía y la lucha anti corrupción: “Ha sido un ejemplo de coherencia entre lo prometido y las realizaciones. Ha mantenido una economía estable, controlando la inflación y ante todo manteniendo a raya la corrupción; es un ejemplo de gestión administrativa”.

Desde la Barinas de Chávez, el poeta Leonardo Ruíz sentencia: “Creo que la mayor contradicción es haber mantenido una economía dolarizada. Contradictorio con la inclusión pregonada. Por lo demás, ha sido un proceso político y socialmente digno, con un gobierno más o menos solidario con el movimiento emancipador”.

La analista política Mónica Saíz, desde Córdoba, Argentina, nos envía su valoración: “yo creo que es un movimiento democratizador,  soberanista, de la raíz de los movimientos de liberación nacional de Nuestra América. Tiene una fuerte impronta de la teología de la liberación. Se debaten entre su continuidad socialista o socialdemócrata. Lo segundo sería un retroceso o al menos un freno, pero el contexto latinoamericano de reflujo lo explicaría”.

Evaristo Pérez Suárez, escritor, artista plástico, experto en museología, profesor de la Universidad Bolivariana de Venezuela, nos comparte esta nota más amplia: “Valoro positivamente a la Revolución Ciudadana. Me gustaría añadir varias observaciones: 1) El nombre mismo alude a una visión urbano-céntrica que debe prever la ruralidad, lo campesino, no sólo el compatriota de la "ciudad", como idea, como paradigma. 2) Hay críticas a un posible extractivismo, pero la mayoría son iniciativas étnicas promovidas por Ongs, creo que sin realizar propuestas productivas alternativas que expandan la economía. 3) Se han beneficiado los ámbitos de exportación privados agrícolas, como cacao, plátano, pesca... Y se ha creado un mayor control y tributos que mantiene latente el binomio propiedad de medios de producción - participación popular. 4) Pendiente quedó la iniciativa del Sucre como valor de intercambio (aunque esta es una tarea de todos los países de la ALBA, anoto yo). 5) Requiere impulsar el desarrollo científico tecnológico en la industria petrolera. Pero, en general, sin duda ha incrementado la política de bienestar, rescate de infraestructura, turismo, carreteras, oferta universitaria, administración pública, y se ha sumado al desarrollo de una política internacional que asume los valores de la Patria grande libertadora. Esto es muy importante.”

Tales comentarios, diferenciados y sinceros, sometidos a la brevedad requerida por quien suscribe, nos dan una idea de dos asuntos que me interesa destacar: 1) que el destino de la Revolución Ciudadana no le es indiferente al colectivo latinoamericano, y 2) que se espera mucho más en términos de contribuir a la soberanía y emancipación social de las naciones del continente que los originarios gunas de la actual Panamá llaman Abya Yala.

Otro Taxi

“Vuelvo hermoso, vuelvo tierno, vuelvo con mi espera dura, vuelvo con mis armaduras, mis enfados, mis sospechas, mis activas certidumbres, pongo el pie en mi país”

Patricio Mans

2015. El trabajo como presidente de la Comisión de Refugiados de Venezuela me permitió volver a Ecuador en diversas ocasiones. Esta vez se trataba de una consulta global sobre desplazamientos forzosos y cambio climático, convocada en alianza por los gobiernos de Noruega y Suiza con ACNUR. Viajes éstos muy cortos y cansones –aunque provechosos en el aprendizaje y los aportes a causas solidarias- , donde el tiempo se va entre aeropuertos, aviones y largas horas de encierro y debates. 

El taxista que me llevó al majestuoso aeropuerto Mariscal Sucre –inaugurado por el presidente Rafael Correa el 19 de febrero de 2013- acababa de regresar de España a reencontrarse con los amores, olores, recuerdos y sabores de su terruño.

“¿Probó los ceviches y el locro?”, me preguntaba para abrir una conversación de 30 minutos por vías modernas que antes no existían o eran roídos caminos del Ecuador del pasado.

¿Y cómo fue ese proceso suyo de regresarse de España?, logré interpelarlo en una pausa del diálogo gastronómico, que por ser parte de mis “debilidades” preferidas, me había distraído del oficio sociológico que por vocación obligaba a entrevistar a mis anfitriones del volante.

“Yo estaba bien, pero extrañaba mucho. Estoy pagando mi piso en Pozuelo de Alarcón, a las afueras de Madrid. Se lo dejé alquilado a una hermana. Usted sabe, para cubrir la hipoteca. Allá no perdonan un retraso, lo desahucian rapidito. Eso ha sido horrible cómo han echado a la calle a muchas familias. No les importan ni las guaguas, ni las personas mayores. Aquí gano más y trabajo menos horas; me alcanza para vivir bien. Las hijas entraron a la universidad y no se paga, al contrario, a una le dieron beca, increíble”.

¿Entonces ve ahora mejor a Ecuador?, le precisé sólo para ir concluyendo el tema de mi interés.

“¡Claaarooo!, fíjese, el cambio es notorio. Mire nada más este viaducto que estamos pasando, esta es una obra magistral y le ahorra tiempo a uno con el tráfico tan fluido que hay. ¿Vio cómo hay de tantos carros nuevos? El gobierno me ayudó con mi regreso. También me dieron facilidades con el crédito para el taxi; y así a muchas otras personas que conozco”.

Ciertamente que la fiebre por los autos también fue parte de la bonanza que vivió Ecuador esta década. Los accesos a la capital están tupidos de máquinas casi a toda hora. Tanto que el “placa y pico” ni se nota.

Menos si uno prefiere elevar la vista al cinturón de montañas que rodean el elevado andar por Quito y su comarca. Volcanes copete de nieve que magnetizan la pasión por conocernos más, por disfrutar la heredad que Bolívar alucinó en sus alturas.

Los últimos minutos del recorrido hacemos un silencio mutuo, quizá por cansancio, quizá para revisar en nuestro interior las vivencias narradas en la amena charla. En una parada por indicación del semáforo, ya cerca del aeropuerto, un letrero pintado en una pared recuerda esta frase de Eloy Alfaro: “Si en lugar de afrontar el peligro hubiera yo cometido la vileza de pasarme al enemigo, habríamos tenido paz, mucha paz, la paz del coloniaje”.

Caramba, me dije, de que buena madera está hecho este pueblo. Seguro tendrán un gran futuro. Las virtudes los caracterizan. La humildad y el decoro. Este presente de grandes logros que pronto pasarán desapercibidos en la cotidianidad de nuevas generaciones, debe multiplicarse proyectado a un futuro cercano, ese que se edifica día a día, como ladrillos de la liviandad que somos ante el tiempo. Sólo la enseñanza permanente de esta historia y la formación en valores, harán imperecedero el legado que está en pleno parto. Porque este Ecuador de hoy, es una luz en la mitad del mundo, que sigue anunciando el cambio de una época.

Permítanme concluir con la letra de esta canción que compuse en honor a las víctimas del terremoto, y que es mi himno personal para Ecuador.

Canción de Amor a Ecuador

I

Ecuador canción de Amor

Canción que baja del Ande

Canción que duele en la carne

Canción de un pueblo que sabe

Sacar sueños del dolor. (Bis)

Coro

Te canto para gritar un abrazo desde el alma

Te canto para besar las heridas de tu espalda

Y este canto lleva flores a los que recién volaron

Con alas de un resplandor que nuestros ojos cegaron.

Te doy mi fuerza Ecuador,  en esta canción de amor.

II

Ecuador canción de Amor

Canción que viene del mar

Del sol que sale a pescar

La sonrisa que el azar

Con empellones borró. (Bis)

Coro

Te canto para invocar la ternura que te sana

Te canto para juntar energías en la calma

Y este canto es la tarea de construcción y labranza

Con el esfuerzo creador de ancestrales esperanzas

Te doy mi fuerza Ecuador en esta canción de Amor.

 

[1] De Mohán, el “espíritu de las aguas”, nombre de mi pueblo natal, en idioma añún-nukü de Maracaibo. 

Autor: 

Yldefonso Finol Ocando

Venezolano. Economista, escritor e historiador. Estudios Superiores Político-Ideológicos (La Habana, Cuba), Experto en Derechos Humanos (Universidad de Salamanca, España), Derecho Internacional de Refugiados y Convenciones sobre Apatridia (ACNUR), y asesor en temas fronterizos colombo-venezolanos. Fue diputado del estado Zulia 1994-1999 y miembro de la Asamblea Nacional Constituyente de 1999.  Presidente de la Comisión Nacional para los...

Yldefonso Finol Ocando