¿Podrás dormir tranquila?

Luisa Ortega Díaz, en base a la Carta que me enviaste

Por: Zulika King 

Disculpa por haber hecho pública esta carta, ya que me la enviaste en el plano personal. Solo he querido recordarte el compromiso que adquiriste a la hora de tu nombramiento.

Recuerdo como si fuese hoy, el día que te visité en tu despacho, cuando aún no eras fiscal general y, al hilo de nuestra conversación, te dije que serías la próxima Fiscal General de la República y con esa humildad que te caracterizaba me respondiste: ¿Tú crees? Y te dije estas palabras: “Mujer de poca fe”. ¿Recuerdas?

Pues así fue, al mes aproximadamente se dio tu nombramiento, lo cual motivó una carta de mi parte para ti, camarada de entonces, a tu nuevo despacho, para felicitar a la valiente mujer y camarada.

Recuerdo que en esa carta te decía, entre muchas otras cosas, que me sentía muy orgullosa de tu nombramiento y que nadie mejor que tú, por todas las cualidades que reunías para suceder al camarada y valiente Isaías Rodríguez.

Recuerdo haberte dicho que no dudaba de que estarías a la altura del compromiso histórico y que como mujer me sentía plenamente representada por la talla de mujer que eras. Te comenté que el país podía estar tranquilo y confiado por estar ahora tú al frente del Ministerio Público.

Luisa, la vida a veces nos pone en una encrucijada a la hora de tomar decisiones. En lo particular, puedo decir que este es uno de esos casos. Siempre he tratado de ser coherente con mi pensamiento y acción. He sido leal a mis principios e ideales revolucionarios, pues no podía ser menos, dado que fui formada en lo político e ideológico por un gran revolucionario, como fue mi padre Douglas King, del cual pienso que extraje lo mejor.

Él me enseñó, aparte de muchas cosas, que entre un principio y un amigo, sin duda me debía quedar con el principio, y así ha sido mi conducta a lo largo de mi vida. Esto es lo que motiva estas líneas, pues no me puedo callar y hacerme cómplice de mi silencio.

Desde que estuve aquella vez en tu despacho, siempre me llamó mucho la atención esa mirada limpia que te acompañaba y tu seguridad al hablar, que hoy no tienes porque sabes que no honras la verdad. Sin duda, tu conciencia te traiciona y te hace dubitar a la hora de hablar. Reconozco que me duele en demasía que una mujer de tu trayectoria e ideales revolucionarios se haya perdido en el camino.

Lo que es peor, amiga, es que siendo tú la Fiscal General de la República y como bien me referiste en tu respuesta a mi carta de felicitación por tu nombramiento, asumías “el arduo camino de hacer justicia”. Es deplorable que ese compromiso tuyo no haya quedado sino en una mera declaración de intenciones al tiempo de hoy.

¿En qué momento perdiste el camino? Para usar un eufemismo. ¿Olvidaste que quien traiciona a sus ideales y principios se traiciona a sí mismo? ¿Cómo es posible que hoy te veamos haciendo causa común con aquellos herederos de la IV República, esos que asesinaron, desaparecieron, torturaron a nuestro pueblo en los famosos calabozos del oprobio y en los nefastos e innombrables teatros de operaciones?

Es curioso que hoy dirijas la Comisión de la Justicia y la Verdad, para esclarecer los hechos y hacer pagar a los responsables de semejante ignominia histórica. Es inaudito, Luisa, que te pongas de espaldas ante los hechos que vienen acaeciendo en los últimos meses, de violencia y terrorismo en las calles del país. Vemos con estupor cómo el fascismo galopa por el territorio nacional gracias a las órdenes emanadas de los dirigentes políticos de la ultraderecha venezolana. Esos que no tocas ni con el pétalo de una rosa.

¿Te has percatado, Luisa, de que cada vez que te pronuncias ante los medios de comunicación de manera inmediata se desatan y aumentan exponencialmente los actos de violencia y terrorismo, dejando muertos, heridos e ingentes pérdidas materiales, y una sociedad presa, a la que se le conculca el derecho al libre tránsito? ¿Acaso no entrañan tus declaraciones una responsabilidad de tu parte?

¿Y qué decir del uso de niños y niñas en los actos terroristas, eufemísticamente llamados guarimbas? El Ministerio Público no se ha pronunciado al respecto, al menos no con tanta publicidad como en cambio sí han tenido tus propias declaraciones en contra del gobierno bolivariano, de la Asamblea Nacional Constituyente y del Tribunal Supremo de Justicia.

¿No te resulta sospechoso el hecho de que cada vez que te pronuncias por los medios, son recogidas tus declaraciones por los líderes de la oposición y utilizadas para atizar el terrorismo y te hacen ver como la heroína de hoy, cuando te despreciaban ayer? Eso es para preocuparse, Luisa. Dejemos los sueños ingenuos e infantiles atrás, como dice la canción. A buen entendedor, pocas palabras bastan, amiga.

Me niego a aceptar la posibilidad de que pudieses haber sido tocada por el Departamento de Estado Norteamericano a través de sus fichas acá en el país. Solo el tiempo lo dirá; pero, tus acciones parecen contradecir mi deseo.

¿Sabes? Hoy más que ayer tengo el convencimiento de que estoy del lado correcto de la historia, piso firme y veo claro el horizonte de mis convicciones, esas que quizás tú también otrora tuviste. Y es por eso que no me queda más, Luisa, que decirte adiós en dolor mayor, pues el cariño, admiración y profundo respeto que te he profesado te encargaste con tus actos de sepultarlo. Yo veré qué hago con ese cariño y tú ve a ver qué haces con tu conciencia, pues no te has comportado a la altura del compromiso de una fiscal general, sino como un actor político, y como bien sabes, tu cargo tiene una gran cuota de responsabilidad en todo el horror que está sucediendo en nuestra patria.

La impunidad es la madre de esta creciente ola de terrorismo, la cual amenaza la vida de inocentes y fortalece las acciones criminales en lo político, en lo social y en lo económico, conducidas abierta y flagrantemente por los dirigentes de la oposición, como ha quedado pública, notoria y comunicacionalmente demostrado.

Como bien sabes, y no podrás negar, hemos observado crímenes de odio. Se ha desatado el racismo por las despreciables hordas de la derecha enferma, disociada, llena de ansias de poder, que busca muertos para justificar la intervención militar extranjera en nuestro país.

Han atacado incluso lo más puro e indefenso de una sociedad, sus niños, hasta desde el vientre materno. ¿Cómo siendo tú mujer no condenas enérgicamente y actúas judicialmente para hacer pagar a los responsables de semejantes crímenes? Primero atacaron la maternidad en El Valle y ahora la guardería infantil del Ministerio de Hábitat y Vivienda en Chacao. ¿Acaso no viste los videos? ¿Te parecen un montaje? Perdóname, no hay peor ciego que el que no quiere ver.

Y no se trata de imputar solo a los actores materiales, sino a los intelectuales. Por mucho menos que eso tú misma imputaste a Leopoldo López. ¿O sería que lo hiciste porque la víctima de ese entonces fue precisamente la sede del Ministerio Público? ¿Será que las sedes de otros ministerios y demás instituciones y bienes públicos, son menos que la del Ministerio Público?

Ahora me parece que huyes hacia adelante, solicitando el antejuicio de mérito a los magistrados del TSJ, antes que ellos te lo hagan a ti, o la Asamblea Nacional Constituyente, si acaso llegare a ser cierto que tú y tu esposo usufructuaron a título personal una avioneta que estaba bajo resguardo del Ministerio Público, según lo ha denunciado por televisión nacional el presunto dueño de esa aeronave. ¿Habrá sido por eso que tal vez también huiste hacia adelante denunciando la supuesta ruptura del hilo constitucional casualmente a pocos días de que el TSJ ordenara al Ministerio Público devolver esa aeronave a sus propietarios?

¡Cuánta celeridad para solicitar antejuicio de mérito a los magistrados del TSJ, y cuánta lentitud para hacer lo propio con los diputados de la Asamblea Nacional y gobernadores que dirigen los actos terroristas! Y eso que tu solicitud contra los magistrados es supuestamente para que Venezuela logre la paz. ¿Acaso la paz no se lograría sencilla y llanamente si los cabecillas de estos crímenes son imputados por la institución que tú presides?

¿Será que nos llevaremos la sorpresa de que te atreverás también irresponsablemente a solicitar antejuicio de mérito contra el camarada Presidente Nicolás Maduro? Esto sería la guinda del pastel.

Hay dos afirmaciones públicas que tú has hecho que me parecen absolutamente temerarias. Una, fue acusar a la Guardia Nacional, en colectivo, en genérico, de haber asesinado al joven Pernalete, sin tener individualizado al autor específico, en caso de que realmente haya sido un funcionario adscrito a ese cuerpo castrense. La segunda, fue acusar al Sebin de amenazar a familiares tuyos, según audio difundido públicamente de una entrevista que te hizo Mari Pili Hernández, sin demostrar que efectivamente es un hecho cierto que haya sido el Sebin y que además realmente hayan ocurrido tales supuestas amenazas. Esto me hace pensar que parecieras estarte adhiriendo a un guión premeditado. Pero más allá de eso, lo que me parece gravísimo, desde ese mismo institucionalismo que tanto dices defender, es que la cabeza de la institución que detenta el monopolio de la persecución penal, sea tan ligera a la hora de hacer en público semejantes acusaciones sin haberlas probado previamente.

Hoy me pregunto si podrás dormir tranquila, habiendo tantas familias enlutadas de la patria. Perdona la dureza de estas palabras, pero mi conciencia así me lo dicta. No sé por qué extraña razón, aún me duele; pero no permitiré que el cariño se imponga por sobre la razón. Ojalá te vuelvas a encontrar a ti misma, a la revolucionaria de ayer, a “la china” de hermosos sentimientos humanistas que alguna vez fuiste. Convencida estoy que tienes un compromiso ineludible ante la historia, de ti depende dónde te ubicará la misma. Recuerda que la aplicación de la justicia no es una opción, es tu deber, pues la sociedad en su conjunto así te lo reclama. Para que pueda haber paz, necesariamente tendrá que haber justicia.

Esta situación está llegando al punto de una guerra fraticida. ¿Y sabes qué? De seguir la vorágine de terrorismo y de acoso a los revolucionarios como lo hemos visto, quizá por tu inacción me tenga que convertir en una asesina a la hora de salvaguardar mi vida en legítima defensa, cuando vengan por mí esos que tú no detienes y que, todo lo contrario, fortaleces con tu accionar irresponsable.

Cierro con la consigna de siempre en mis escritos: Chávez vivirá mientras el pueblo luche y yo decidí seguir luchando. ¡Hasta la victoria siempre, nosotros venceremos y la verdad brillará! ¡Qué viva la Revolución Bolivariana profundamente chavista! Con todas sus fallas y errores es nuestra revolución, y la defenderemos.

Nuevamente, adiós en dolor mayor.

 

"LUISA ORTEGA DÍAZ, EN BASE A LA CARTA QUE ME ENVIASTE"