Qué espantoso holocausto provocó la derecha en Venezuela

Uno se da un paseo en Mérida, por centros comerciales otroras tan concurridos, y los encuentra ahora desiertos, casi en ruinas: sus tiendas, sus heladerías, sus restaurantes o ferias de comida. Yo recuerdo que la derecha vivía apostando por la ruina del gobierno. Yo recuerdo cuando los escuálidos se enfurecían cuando el barril de petróleo venezolano se disparaba. Recuerdo cuando la Universidad de Los Andes  apostaba porque el bolívar fuerte se fuera a pique, y celebraban con locura cuando DolarToday se iba por las nubes. Y sobre todo recuerdo los días previos al 12 de febrero de 2014, cuando la MUD se lanzó toda a la calle a montar barricadas, a trancar avenidas, a quemar universidades (18 en total), a quemar instituciones, a destruir las estaciones del Trolebus y a quemar sus unidades; a contaminar con gasoil las aguas de los diques que la población de Mérida consume; a destruir con disparos de armas de guerra los transformadores que dan electricidad a la ciudad; a quemar las cavas que llevaban comida o a saquearlas; a inundar de basura las calles; a bloquear los hospitales y el Seguro Social donde atendían a los pacientes con cáncer; a quemar carros de bomberos y ambulancias; a matar con francotiradores a guardias nacionales. Durante tres meses de guarimbas, muchos dueños de esos centros comerciales colaboraron con los guarimberos para que resistieran; les dieron dinero para que compraran chopos y pólvora, y muchas ferretería poderosos abastecieron a los guarimberos con guayas, alambres púas, clavos (miguelitos) y aceite quemado para que lo derramaran por las avenidas. El alcalde de Mérida facilitó toda la chatarra posible para convertir a la ciudad a un hervidero espantoso de escombros. No se recogía la basura, y mataron a tantos inocentes, como la profesora Gissele Rubiral, por ejemplo. Y murieron tantos ancianos que no podían acceder a los centros hospitalarios ni ambulatorios. Fue durante esa época cuando vimos la antesala total del acaparamiento y de la escasez de alimentos y medicinas. Horror, horror, y mil veces horror. Y lograron todos esos pendejos lo que querían, para que después se dijera que todo era culpa del gobierno. Y muchos comercios entraron en ruina. Y la gozadera de muchos profesores universitarios que se la pasaban viajando y comprando carros se les vino a pique. Es decir, vivieron a plenitud el síndrome de Sansón, el que para matar a los filisteos derribó las columnas y él mismo se mató.

Autor: 

José Sant Roz

...vivieron a plenitud el síndrome de Sansón