Vamos a una muerte segura con una política conciliatoria!

Ya no hay margen para las dudas o las vacilaciones. ¡La revolución está en peligro! Sólo hay dos posibilidades ante ella: o avanza decididamente, para movilizar cada gramo de fuerza para aplastar la contrarrevolución, o caerá derrotada. NO ES POSIBLE UN CAMINO INTERMEDIO.

El gran error que se ha cometido es imaginar que la revolución podría detenerse a medio camino. Es extremadamente peligroso pensar que es posible desarmar al enemigo adoptando una política conciliadora. Esto es como intentar convencer a un tigre que come hombres que coma lechuga. Cada intento de conciliar precisamente ha tenido el resultado contrario al que se pretendía. Con cada paso atrás, los enemigos de la revolución exigen diez más. Ahora no son posibles más retiradas o compromisos. Abrigar la más mínima duda sobre esto sería invitar al desastre.

Chávez denunció el intento de un capitán reaccionario de tomar el petrolero Pilín León - el nombre de una antigua Miss Mundo - como "un acto de piratería". Esta descripción es correcta. El capitán Daniel Alfaro, un empleado de PDVSA, ancló el miércoles su petrolero lleno con 280.000 barriles de gasolina en la ciudad occidental de Maracaibo. Los oficiales de la marina tomaron el jueves el barco y estuvieron hablando con su tripulación, esto es lo que dijo el general Alberto Gutiérrez, jefe del mando del ejército en el estado de Zulia. Este sabotaje en alta mar contó con el apoyo de los propietarios del remolcador. Zulia Towing, la mayor empresa privada remolcadora en el lago Maracaibo, puso sus trece remolcadores al servicio de la huelga, esto se lo dijo un trabajador a Associated Press a condición de mantener el anonimato. La empresa realiza rutas naciones e internacionales, incluidos los petroleros.

Esta es una clara evidencia de la conspiración nacional de las empresas privadas relacionadas con la industria petrolera, que es de suma importancia, para llevar a cavo una campaña de sabotaje a escala masiva. El hecho de que un trabajador revelara la acción de los empresarios a condición del estricto anonimato, es suficiente para demostrar quién está realmente detrás de la huelga. De la misma forma, las terminales del país dejaron de cargar los petroleros el miércoles. Esta es una seria amenaza. Si un grupo de capitanes marinos reaccionarios consiguen adueñarse de la tropa petrolera, pueden infligir un serio daño a la economía. Según algunos informes de prensa, al menos otros cinco petroleros anclaron en señal de protesta y se esperaba que se unieran más el jueves. Es necesaria una acción decisiva para frenar este sabotaje, pero anoche (jueves) el gobierno todavía no había arrestado a la tripulación del petrolero porque dijo que estaba buscando reemplazos.

Este es el segundo intento de golpe. Diecinueve personas perdieron la vida durante el último golpe del 11 de abril. Los oficiales disidentes destituyeron a Chávez al día siguiente, pero dos días más tarde volvió a su cargo, después de que un gobierno interino aboliera la constitución, aupado por una insurrección popular. Consideramos que el presidente Chávez cometió un serio error el pasado mes de abril cuando no consiguió aprovechar la situación favorable que existía, después del fracaso del golpe, para desarmar y arrestar a los contrarrevolucionarios y confiscar sus propiedades. Esto se habría realizado, en nuestra opinión, de una forma relativamente indolora en ese momento. Sin embargo, se perdió la oportunidad. El resultado es la actual insurrección contrarrevolucionaria que ya pronosticamos el pasado mes de septiembre.

Es el momento de emprender una acción decisiva, pero la situación no durará para siempre. Es necesario actuar firme e inmediatamente contra la contrarrevolución. Chávez ha asegurado a los venezolanos y clientes internacionales - mencionó específicamente a los EEUU - que usaría a las fuerzas armadas para mantener a flote los petroleros. Acusó a los dirigentes de la huelga de perseguir la misma estrategia que provocaron su caída en abril: enfrentamientos callejeros, una huelga general y cierre de la industria petrolera, todo respaldado por los medios de comunicación de Venezuela. Según Chávez: "Cada vez que estos sectores convocan una huelga es porque tienen una carga en la manga, un cuchillo oculto".

Esto es absolutamente correcto, pero es necesario pasar rápidamente de las palabras a los hechos decisivos. Las denuncias por sí solas no pararán la contrarrevolución. Se debe confrontar con el movimiento revolucionario de las masas. Se la debe resistir en las calles y arrestar a los dirigentes. Los directores de fábrica contrarrevolucionarios y los capitanes de barco deben ser destituidos y el funcionamiento de las fábricas, muelles y barcos debe estar en manos de los comités de trabajadores e ingenieros leales a la causa de la revolución. Los oficiales que se nieguen a actuar contra los enemigos de la revolución también deben ser arrestados.

Estas medidas, por supuesto que serán atacadas en la prensa amarilla que las calificará de tiránicas y dictatoriales. Todo es basura. No hay un solo supuesto gobierno democrático en todo el mundo que tolerara el sabotaje deliberado de la economía con el propósito de la subversión del presidente legalmente electo. Esos llamados demócratas como Bush y Blair, si se sintieran amenazados, no dudarían en recurrir al ejército y utilizar toda la fuerza de a ley para proteger el sistema capitalista. Cuando un gobierno de izquierdas intenta defenderse contra una amenaza intolerable, respaldado activamente y organizado por una potencia extranjera, ¡supuestamente es un tirano! ¿No es esto la hipocresía más monstruosa?

Por ahora parece que el ejército se ha mantenido al margen. Se ha desplegado a la Guardia Nacional en Caracas para "evitar los enfrentamientos entre los seguidores de Chávez y los opositores". El dirigente contrarrevolucionario, Carlos Fernández, jefe la mayor federación empresarial de Venezuela, ha acusado al gobierno de poner francotiradores dentro del edificio de la compañía petrolera en Caracas, para disparar contra los protestantes de la oposición. El objetivo de esto es bastante claro: preparar el terreno para el uso de la violencia por parte de las fuerzas contrarrevolucionarias.

Constantemente aparecen rumores. Otro "héroe" del populacho contrarrevolucionario, el jefe sindical de derechas Manuel Cova, dice que la policía secreta intentó asaltar su casa el jueves pero que lo impidió una protesta de sus vecinos. Utilizando estos supuestos incidentes como pretexto, los reaccionarios han anunciado más manifestación de oposición para el viernes y durante todo el fin de semana. Se han celebrado marchas de la oposición en las ciudades de todo el país y se han producido varios enfrentamientos entre los manifestantes, los seguidores de Chávez y las fuerzas policiales. En Caracas, los manifestantes pro y contra Chávez se están movilizando. La marea de la contrarrevolución una vez más se ha enfrentado a la resistencia de las masas que han tomado las calles. La tendencia hacia la guerra civil aumenta según pasan las horas.

En escena han aparecido los llamados mediadores: la Organización de Estados Americanos, las Naciones Unidas y el Centro Carter de Atlanta con sede en Georgia. Su objetivo es intentar asegurar que la contrarrevolución burguesa triunfa con la menor dificultad posible. Actúan aproximadamente como el "vecino bueno" que interviene cuando una banda de ladrones están a punto de cortar a alguien la garganta, piden a la víctima que no haga mucho ruido para que no alborote al vecindario, llegan a un "acuerdo" amistoso, que por supuesto significa entregar todo el dinero (posiblemente) a cambio de salvar la vida. La continuación del cierre empresarial y la negativa del gobierno a convocar elecciones anticipadas han, afortunadamente, descarrilado las conversaciones de paz patrocinadas por estos buenos vecinos.

La burguesía internacional está mirando estos acontecimientos con preocupación. La Unión Europea y los embajadores de los veintidós gobiernos miembros de la OEA, publicaron el jueves declaraciones apoyando los esfuerzos del secretario general de la OEA, el general César Gaviria, para volver a reiniciar las conversaciones. Les gustaría ver derrocado al gobierno de Caracas, pero temen una repetición de los acontecimientos del pasado mes de abril y temen que esta vez las cosas vayan demasiado lejos.

Los estados vecinos de América del Sur tienen buenas razones para estar preocupados. En el momento actual no hay un solo régimen capitalista estable desde Tierra del Fuego hasta Río Grande. En Buenos Aires, desde donde escribo estas líneas, los niños están muriendo de desnutrición en el país que era la décima nación industrializada del planeta, un país con un inmenso potencial agrícola que podría alimentar a todos los americanos y que ahora está padeciendo algo como el hambre.

A través de este vasto continente, con su colosal potencial para la producción de riqueza, millones de hombres, mujeres y niños, están sufriendo la pobreza, el desempleo y el hambre. Están inquietos y descontentos, y su descontento, lentamente pero de una forma segura, se están convirtiendo en furia hacia sus opresores nacionales e internacionales. La elección de Hugo Chávez fue una expresión del ardiente deseo de cambio. Como también lo fue la elección de Lula en Brasil y Gutiérrez en Ecuador.

Pero un cambio de gobierno no es suficiente. Lo que se necesita es un cambio de régimen, un cambio radical en el sistema social. Lo que se necesita es romper de una vez por todas con el poder de las oligarquías que dominan este continente y chupan su sangre. Sin embargo, la oligarquía que disfruta la riqueza y el poder, no lo entregarán sin luchar. No va a entrar el poder voluntariamente. Hay que arrebatárselo.

La elite dominante utilizara todos las artimañas a su disposición. Ahora están movilizando a la clase media en Venezuela, están apelando a las capas atrasadas de la población que están desencantadas por la ausencia de progreso en el frente económico. Sin embargo, Chávez todavía tiene un apoyo de masas. La clase media de los paseos marítimos de Maracaibo, docenas de personas que salieron a la calle haciendo sonar sus cacerolas y encendían las luces de sus coches en apoyo de la tripulación del Pilin León, no tienen estómago o resistencia para una lucha seria. La acción decidida de las masas dispersaría rápidamente a los rebeldes.

Es el momento de movilizar toda la fuerza de las masas revolucionarias para infligir una derrota decisiva a la contrarrevolución. Pero esta vez el movimiento no deben detenerse en la mitad del camino. Es necesario destruir la base social y económica de la contrarrevolución. Esto significa la expropiación de la tierra, los bancos y las grandes empresas, junto con toda la propiedad de los conocidos contrarrevolucionarios y la de los imperialistas estadounidenses.

Algunos dirán que estas medidas provocarán a Estados Unidos y les dará una excusa para intervenir contra Venezuela. Pero los Estados Unidos ya están interviniendo del lado de la contrarrevolución venezolana, lo lleva haciendo desde hace mucho tiempo. Washington no necesita ninguna excusa para estas intervenciones, como demuestra claramente el caso de Irak. Resultaría fatal imaginar que, modificando nuestra posición, retrocediendo y haciendo concesiones para agradar al embajador estadounidense, esto hará que George W. Bush suavice su postura. ¡Todo lo contrario! La debilidad invita a la agresión. Estas concesiones sólo animarán a los imperialistas y a sus agentes locales para que hagan exigencias aún más insolentes.

Es verdad que tomar medidas decisivas para defender las conquistas de la revolución, hará necesario pasar de las medidas defensivas a un programa ofensivo de expropiación. Pero no hay otra salida. La burguesía venezolana - esa quinta columna corrupta y degenerada que quiere vender el país al imperialismo a precio de ganga - ha pasado a la ofensiva. Ha sido consecuente e implacable en la defensa de sus intereses de clase. La clase obrera debe ser igualmente determinada y valiente en la defensa de los suyos. No puede haber vuelta atrás, no es posible ningún compromiso: o se lleva la revolución hasta el final o sucumbirá.

Para los imperialistas y la burguesía el crimen de la revolución no es que ha hecho esto o aquello, que se haya comportado imprudentemente o utilizado un lenguaje no diplomático. Su único crimen es que existe. La contrarrevolución tiene sólo un objetivo, destruir la revolución. Para actuar en legítima defensa el objetivo de las masas revolucionarias debe ser la destrucción de la contrarrevolución. La chusma pequeño burguesa es capaz de hacer mucho ruido en las calles, pero cuando se enfrenten con una muestra de fuerza se dispersará como paja movida por el viento. Esto se pudo ver en abril y lo veremos una vez más. La condición es que las masas demuestran una completa determinación que no haya más intentos de compromiso.

En la ecuación de la guerra civil - porque es lo que se está desarrollando ante nuestros ojos - la conducta de las fuerzas armadas es decisiva. En las filas superiores del ejército y la policía, indudablemente hay elementos, al descubierto u ocultos, que han sido comprados por la contrarrevolución y la embajada estadounidense. Hay otros que están inseguros ante que camino coger y que están dudando entre el pueblo o la reacción. Pero por cada contrarrevolucionario, descubierto o encubierto, hay otros diez, cincuenta o cien soldados leales a la revolución.

En ninguna otra parte las consecuencias de una política vacilante e inconsecuente han demostrado ser más negativas que en el ejército. Al no conseguir purgar en su momento los altos mandos del ejército de elementos reaccionarios, los conspiradores han podido continuar su trabajo sucio en los barracones. Estos elementos están presentes y quedó claro en el golpe de estado de abril. Desde entonces, se han visto obligados a ser más prudentes, pero muchos de ellos todavía están allí.

Sólo una ofensiva seria por parte de las masas puede alterar la correlación de fuerzas dentro del ejército y situarla del lado de la revolución. Una acción decisiva para aplastar la contrarrevolución paralizará la voluntad de los reaccionarios en el cuerpo de oficiales y animará a los soldados de la tropa y a los oficiales que están del lado de la población.

La clase obrera debe ponerse a la cabeza de la nación. Debe mostrar una solución a los millones de parados, pobres urbanos, mujeres, jóvenes y campesinos sin tierra. Debe establecer órganos de poder estables en la forma de comités electos. Formar Comités por la Defensa de la Revolución en cada centro de trabajo, en cada barrio, escuela, universidad, granja y barracones del ejército. Vincular estos comités sobre bases locales, regionales y nacionales. ¡Debéis tomar el poder en vuestras manos!

La amenaza de la contrarrevolución contiene un peligro mortal. Una vez en el poder, la máscara sonriente de la "democracia" será desechada para revelar la violencia de la clase dominante. Los empresarios, banqueros y terratenientes han pasado un miedo terrible. Querrán tomar su venganza en la población, hacerles pagar por los años de "caos" y anarquía", demostrar quien es el jefe, enseñarles una lección que nunca podrán olvidar.

Las masas deben armarse contra este peligro. La única solución es el armamento del pueblo y la formación de una milicia popular bajo el control de comités revolucionarios. Permitir que las milicias patrullen los barrios para protegerles contra el terrorismo contrarrevolucionario y los saqueos. En lugar de saquear tiendas en busca de comida - actos de desesperación que sólo empujar a los comerciantes en brazos de la reacción - los comités locales deben establecer un firme control sobre el transporte y la distribución de comida.

El precio de la comida y otros artículos básicos de consumo debe estar controlado por los comités de trabajadores, amas de casa y pobres urbanos, para evitar la especulación, la estafa y asegurar que todo el mundo tiene lo suficiente. Se deben dar pasos inmediatos para resolver el problema de la vivienda, confiscando todas propiedades las vacías e infrautilizadas, las segundas viviendas de los ricos, etc.,

Los trabajadores deben tomar inmediatamente las fábricas y establecer el control obrero para reiniciar la producción. Los directores que han colaborado con el cierre empresarial deben enfrentarse a una disyuntiva: o hacen que la producción empiece de nuevo, o irán a la cárcel. Los directores corruptos, ineficientes y contrarrevolucionarios deben ser destituidos y sustituidos con personas honestas, ingenieros, graduados y otras personas preparadas para servir a la causa de la revolución.

Hay que acabar con el poder de los grandes terratenientes en el campo, hay que nacionalizar la tierra y animar a los campesinos y trabajadores agrícolas a que ocupen las grandes propiedades.

Tan pronto como sea posible, se debería regularizar esta situación con un decreto de emergencia nacionalizando las principales empresas, la tierra y los bancos. Se debería diseñar un plan de producción con la participación de todos los trabajadores, científicos, técnicos, etc., con el objetivo de movilizar todo el potencial productivo de la nación en interés de toda la población, no para el enriquecimiento de un puñado de parásitos ricos.

Debería quedar claro que estas medidas no van dirigidas contra la clase media, los pequeños comerciantes o los pequeños empresarios, etc., cuya propiedad no será tocada. El enemigo de la revolución es la oligarquía responsable de la ruina del país y que roba y explota, tanto a la clase media como a la clase trabajadora. Al nacionalizar los bancos e instalar un régimen de economía planificada, será posible ayudar a los pequeños empresarios a través de créditos baratos en unas condiciones asequibles. Al nacionalizar el transporte y el comercio, incluidos los grandes supermercados, será posible eliminar los intermediarios que roban al pequeño campesinos mientras que ponen precios exorbitantes al consumidor.

Estos pasos cortarán el terreno bajo los pies de la contrarrevolución y dotará a la revolución venezolana de la base inquebrantable que supone el apoyo de las masas. Provocará ondas sísmicas por toda América Latina y reverberarán en todo el mundo.

A pesar de todo el poder del imperialismo estadounidense, no podría intervenir directamente. No sólo tiene las manos atadas con la invasión planificada de Irak, también se enfrentaría con una gran oposición de masas en su casa, empezando por los millones de trabajadores y jóvenes latinos, que ya están profundamente descontentos.

En su lugar, el imperialismo estadounidense intentaría basarse en los estados vecinos para intervenir. ¡Pero no es una proposición tan sencilla! Colombia tiene un gobierno de derechas pro-estadounidense pero está enredada en su propia guerra civil. Sería difícil para Lula justificar una intervención contra Venezuela y provocaría una crisis inmediata en Brasil.

En realidad, es tan inestable la situación que la revolución socialista en Venezuela afectaría a toda América Latina como una ficha de dominó cae detrás de otra. Lejos de contemplar una intervención militar contra la revolución venezolana, se enfrentaría al peligro de la revolución en su propio patio trasero.

¿Parece esto tan difícil? La alternativa es un millón de veces peor. Porque la única alternativa a este escenario es la derrota de la revolución y la victoria de la contrarrevolución en Venezuela. Las consecuencias de estas derrota serían extremadamente serias, no sólo para el pueblo venezolano, también para el conjunto de América Latina.

Los inicios del proceso revolucionario en Venezuela despertaron la esperanza de millones de pobres a través de todo el continente. Pero la revolución se detuvo a medio camino, y esto no es posible. No se puede hacer media revolución, de la misma forma que nadie puede medio nacer. Un nacimiento que se detienen a mitad del camino acaba en un aborto, dolor y muerte. Hay que desechar todas las ilusiones. Es el momento de mirar a la cara de la realidad. Es el momento de llevar la revolución venezolana hasta el final.

Sobre todo, es el momento de que todos aquellos que defienden la revolución y el poder obrero, se unan en un solo partido marxista, capaz y dispuesto a luchar dentro del movimiento bolivariano para poner fin a todas las vacilaciones y llevar la lucha hasta el final. El éxito de la revolución depende del factor subjetivo, es decir, del partido revolucionario y de su dirección. Armada con las ideas y el programa científico del marxismo, ninguna fuerza sobre la tierra será capaz de derrotar a la clase obrera.

¡Por un programa de democracia obrera e internacionalismo proletario!
¡Por un partido marxista!
¡Hacia la victoria de la revolución venezolana!
¡Hacia los Estados Unidos Socialistas de América del Sur!

Buenos Aires, 6 de diciembre de 2002

 

ALAN WOODS