Las universidades autónomas quedaron fuera de la Constituyente

El edificio del Rectorado de la ULA parece un hotel cinco estrellas de la Riviera o Mónaco. Impecables carros de lujo, choferes a montón que no encuentran donde colocarse, y hasta banderas y escudos que guarnecen su entrada, entre la más reluciente, la de Estados Unidos. Usted podrá ver en ocasiones como estos vehículos pasan a dejar niños de los “pesados” por colegios,  Escuelas o Institutos. Es decir, la mayoría de los vehículos oficiales son utilizados para asuntos particulares. Algunos, incluso, los usan para vacacionar (les tapan las siglas de la ULA, y pa’lante), y además les colocan unos sibilinos vidrios oscuros que nadie puede saber quién lleva dentro. Todo un patrimonio que cuesta más que un laboratorio con cien computadoras modernas. Una flota jamás decae, porque la reponen antes que un microscopio que se dañe, antes que campanas extractoras de miasmas químicas, imprescindibles para los humanos; son más importantes que los reactivos para investigar en Química, o los aparatos electromagnéticos en Física, o las becas necesarias para los estudiantes brillantes. Usted se pasea por el Rectorado y allí todo brilla: En sus umbríos pasillos hay esplendor; cunden mayordomos y ujieres atentos, delicadas damas, prestas a complacerle con un té o un cafecito. Nada falta, todo pareciera sobrar. En muchas Facultades cuesta a veces encontrar cuarenta cuarenta mil bolívares para llamar a un herrero y fijar una reja, en el Rectorado esos cuarenta mil bolos se van en un soplo cuando el Rector llega y ordena que se elija un prestigioso restaurante para discutir en la cena un asunto de partido que le urge. Porque en la Universidad venezolana lo que importa son las disputas de parcelas políticas, que se llevan todos los ojos de las caras. Nosotros en la ULA no podemos ver, porque hace muchos años nos arrancaron los ojos los señores reptores (es decir los que reptan por los rectorados). Eso sí, en cuanto ocurre un hecho de significativa importancia social en el país, los “universitarios” prestos meten su cuchara: hacel juergas de hambre, marchas, publican remitidos cargados de dolor sobre el hambre y la injusticia, hablan con ardor de que se debe preservar la autonomía y aburren a media humanidad con legajos y mamotretos inextricables sobre la igualdad, el saber y la libertad. Cuando ocurrió la masacre del Caracazo, la ULA publicó el más ardoroso remitido a favor de las clases necesitadas cuando al mismo tiempo estaba haciendo un negocio multimillonario para renovar la flota de sus bellísimos autos. Su cuchara fue larga y profunda en lo de la Constituyente, pero en toda aquella gesta no quisieron que ni por asomo la mencionaran ni tocaran.

¿Ustedes han visto un gesto de generosidad por parte de algún equipo rectoral subastando esa flota de carros lujosos como Chávez ordenó salir de la suya (de aviones), y usar ese dinero para paliar algunos males? Naranjas. Y eso sin mentar la fulana viajadera insulsa por cualquier motivo. Ni mencionar ese platal que se echa por la borda para difundir nimiedades por los periódicos. Pareciera que éstas no son universidades al servicio del saber sino de la propaganda. ¿Cómo es que un profesor titular jubilado puede seguir ascendiendo en escalafón, estando empantuflado en su casa? Eso ocurre en nuestras universidades. La jubiladera tiene diezmado al saber en este país. Chamos de 45 o 50 años recogiendo sus bártulos porque se van a comprar ropa interior a Cúcuta o a Miami. Gente que se va a hacer un doctorado durante seis años a EE UU o Europa y que llegan al país justo cuando se les cumple la jubilación y siguen de vacaciones. La producción de una piratería atroz en los trabajos de investigación. Robos y desmanes del patrimonio en casi todas las Facultades y como eso no es de nadie... La monstruosa politiquería metida más allá de los tuétanos en los concursos de oposición y la asignación de cargos. ¿Qué hacer con ese mar de choferes que cunden por todas partes, de brazos y cerebros caídos? ¿Cómo fue posible que un contingente de docena y media de trabajadores que deberían cumplir servicios, por ejemplo, en TV-ULA, se mantuvieran cesantes (pero cobrando) porque se dañaron durante años unos equipos?

¿Por qué los Consejos Universitarios no siguieron en ejemplo de la Constituyente y refundaron el sentido de la Academia y del trabajo creador, empezando por autocancelarse por vacua, por mediocre y carente de imaginación?

SIN PATRIA NI RESPONSABILIDAD ALGUNA...