En México, después de más de veinte años peleando para derrotar una oligarquía que gobernaba desde hace casi un siglo, López Obrador logró un triunfo arrollador y comienza en su país un ciclo que da continuidad a la Revolución Mexicana de Pancho Villa y de Zapata, así como el gobierno de Lázaro Cárdenas, en la segunda mitad de los años 1930. Enfrentará duros desafíos, entre ellos el gobierno de Trump, la violencia del narcotráfico que controla extensas áreas del país, la miseria producida por años y años de neoliberalismo, y el aislamiento en el continente. 

El desempeño de los dos gobiernos demostrará quién trilla el camino correcto y quién se equivoca ampliamente. Los latinoamericanos que votarán para presidente de sus países en 2019 tendrán los ojos puestos en esos gobiernos para escoger qué camino quieren para sus países.

Si el camino del más grande aumento del salario mínimo de la historia del país, del reconocimiento de los derechos de los inmigrantes, del combate frontal a la corrupción, de la disminución de los altos salarios de los empleados públicos, incluyendo a los del judiciales, de la defensa soberana de los intereses de su país frente a la agresiva política de los EEUU, la de la prioridad en la defensa de los más pobres.

O el camino de la subserviencia total a los intereses de los EEUU –incluido el beso a la bandera y continencia a sus representantes– de promoción de los intereses de los bancos y el ataque a los salarios, a los empleos, a los trabajadores, la educación democrática y la promoción de las escuelas militares, a la guerra en contra de los gobiernos con los cuales tiene divergencias, a la privatización de las propiedades publicas y su desnacionalización,  a la organización de gobiernos con los mas corruptos políticos del país.

Bolivia, Argentina y Uruguay, entre otros países, darán una nueva configuración al panorama político de América Latina con sus elecciones en octubre de 2019. O se confirma la tendencia al fortalecimiento de la derecha y la extrema derecha del continente, o se les contiene y se refuerza la izquierda latinoamericana.

Bolsonaro encontrará nuevos aliados o López  Obrador verá roto el aislamiento al que el Imperio lo quiere condenar. 

Se diseñará un final de segunda década en el continente con nuevas perspectivas y esperanzas o se cerarrá con un horizonte negativo. ¿Será un octubre rojo? ¿Argentina retomará  el camino que ha permitido al país recuperarse de la peor crisis de su historia o seguirá entregada a la recesión, al desaliento y el FMI? ¿Bolivia seguirá el más importante ciclo de su historia, dando continuidad al gobierno de Evo Morales o volverá a la triste historia que tuvo en el pasado? ¿Uruguay seguirá siendo el país que apunta hacia nuevas conquistas sociales y culturales o volverá a ser dirigido por las oligarquías tradicionales y conservadoras?

¿Latinoamérica dará por encerrado el ciclo protagonizado por Hugo Chávez, Lula, Néstor y Cristina Kirchner, Pepe Mujica, Evo Morales, Rafael Correa, o lo renovará con los que sepan estar a la altura de los inmensos avances que han proyectado la imagen de una América Latina en lucha contra de las desigualdades y las injusticias, un continente dirigido por líderes legítimos, soberanos y de los que nos enorgullecemos siempre?