¿CÓMO FORJAR LA CONCIENCIA HISTÓRICA NACIONALISTA?

Autor: Eduardo Orta Hernández.

“El primer deber de un gobierno es darle educación al pueblo”

Simón Bolívar

«El amor…a la patria no es el amor ridículo a la tierra, ni a la yerba que pisan nuestras plantas. Es el odio invencible a quien la oprime, es el rencor eterno a quien la ataca».

José Martí.

La conciencia nacional expresa el profundo sentido de la patria. Para que sea posible esa forja es necesario tener una concepción de la historia, teniendo presente los intereses y aspiraciones del pueblo, en la construcción de una conciencia histórica que surge -no hay otra manera- del conocimiento de nuestro pasado para la comprensión del presente y diseñar nuestro futuro a partir de la investigación, de la disciplinada y organizada divulgación de lo descubierto, de lo aprendido en un ejercicio para la democracia del saber. “Que todos sepan lo que no deben ignorar” (Simón Rodríguez)

Es esa conciencia histórica la que permite la construcción de una nación libre y soberana de imperios y fuerzas extranjeras colonizadoras, también evita la desmovilización del pueblo en el logro de ese objetivo mayor que es la independencia y libertad de dominios y que no le sea indiferente los peligros y acechos contra la patria. 

La conciencia histórica que sea el resultado de la investigación, que ha sido divulgada, difundida y analizada.

¿Cómo hacer historia para poder, masivamente, crear la conciencia histórica del pueblo?

¿Cómo encauzar el originario sentimiento por el territorio donde se nace o se vive, que trascienda lo primariamente emotivo, subjetivo y adquiera la categoría de objetivo y culmine en una fortalecida conciencia histórica sobre valores patrios?

¿Cómo crear una conciencia histórica que vincule la vida de cada ciudadano con el territorio que lo vio nacer, con la patria, su historia, sus luchas colectivas, sus próceres y emancipadores y sobre todo con defensa de cualquier agresión extranjera?

El estudio de la historia es la única o la más importante herramienta que le permite a los ciudadanos, de manera consciente, intervenir como sujeto y protagonista en la construcción de la soberanía de la patria, comprender está en todas sus dimensiones, sin sujeción extranjera. Es la herramienta que vincula su pasado histórico con un presente de lucha y el fortalecimiento de los valores que lo identifican como pueblo, para superar la resistencia y lo haga vencedor contra cualquier nueva forma de colonialismo.

Es tarea fundamentar una política de enseñanza de la historia, de la verdadera historia insurgente, la escrita por la lucha de los pueblos, para confrontarnos con la verdad. No es la historia escrita con el grafito dirigido por los amos del poder, no es esa historia del relato heroico y de las hazañas que esconde al pueblo como el verdadero protagonista.

Para construir una conciencia histórica nacionalista, bolivariana, soberana no podemos edificarla sin explicarnos racionalmente, críticamente, juzgando con rectitud y sabiduría  los hechos históricos, los acontecimientos y fenómenos sociales, sin tener repuestas de lo que hemos sido, somos y podemos ser, sólo  es posible entenderlos, comprenderlos, con el estudio de nuestra historia, acercándonos a ella con el método y la metodología adecuada, dialéctica, del juicio de las contradicciones, de la confrontación de la realidad social  y política,  con esta herramienta de la ciencia de la verdad, que permita construir un conocimiento distinto, diferente, liberador y que confronte, en el campo de las ideas, al divulgado por una élite de intelectuales, de narradores de hechos históricos, desde la cosmovisión dominadora colonialista de la «historia», cuyo propósito es la opresión, el sometimiento a partir de sus medias  y oscuras «verdades», que convierten a los ciudadanos en repetidores de un conocimiento, de unas “verdades” escritas para que no surja el saber liberador, universal, plural y democrático.

Entre el año 2000 y 2013 Venezuela fue un desbordado hervidero volcánico, todos los océanos existente en la difusión de nuestra historia, en la creación de un sentimiento nacionalista, bolivariano y latinoamericano, cuyo principal  protagonista fue el  presidente Hugo Chávez Frías, fue grande el esfuerzo en la divulgación de textos, en creatividad, se desató con fuerza desconocida el amor por el estudio de la historia, fue creada editoriales como el Perro y la Rana y se organizó, la aún existente feria internacional del libro que se trasladó a las entidades territoriales. Un empeño impulsado desde la institución presidencial, que convirtió el estudio de los hechos históricos en una identidad nacional. 

Fue prolija la edición y distribución de libros, en esos trece años y un constante estímulo, la invitación a leer, a educarse, a investigar y a conocer nuestra realidad histórica desde la resistencia indígena y la de los afrodescendientes, de los pueblos latinoamericanos y del mundo. 

Trece años inolvidables -a principio del siglo XXI- de combate frontal en contra el analfabetismo político, social e histórico, que iba creando las bases para un conocimiento liberador y para el encuentro de nuestra verdadera identidad cultural e histórica, desde las fuerzas transformadoras del pueblo como protagonista y creador de su propia historia. 

Fue permanente el discurso presidencial, el énfasis en crear la conciencia histórica desde el conocimiento liberador, cuyo principal protagonista era el pueblo, alejado del mesianismo y de investidura salvadoras. Fue la búsqueda del verdadero saber histórico como herramienta necesaria e indispensable para crear y consolidar la política de soberanía nacional. Se implantó en el alma nacional la importancia y utilidad por el estudio de la historia. 

Una nueva realidad política se presenta con la muerte del presidente Hugo Chávez Frías, que aunque de muchas maneras -con menor fuerza- se continúo dándole relativa relevancia a la forja de una conciencia histórica nacional, que no logró avanzar y trascender el periodo 2000 al 2013, en cuanto a la darle la trascendental importancia al estudio de la historia, desde la instrumentación metodológica, a su fomento en todas las localidades, desde las más pequeña aldea o asentamiento poblacional. No se ha logrado que el estudio de la historia sea tarea de primer orden en la política de cada municipio, de cada parroquia, de cada comuna y Consejo Comunal de cada Estado. 

Entre 2013 y 2025 el tiempo fue devorado, sin atender sustancialmente este principal aspecto, hubo anuncios sobre la necesidad de la descolonización cultural y cognitiva, como el establecido en el plan de trabajo de la Presidencia de la República Bolivariana de Venezuela del año 2023, sin mucho avance, a pesar de las intenciones descolonizadoras, no obstante la loable y gratificante labor del Centro Nacional del Estudio de la Historia y del visible trabajo pedagógico de la institución del Cronista de la Ciudad de Caracas y del Centro Simón Bolívar, la red de historia, memoria y patrimonio y de otras iniciativas, como el instituto para la descolonización y de preocupados escritores y promotores culturales. 

Pero eso no basta, el accionar para el estudio de la historia, esa ingente necesidad de construir una conciencia histórica nacionalista, bolivariana y soberana, hace falta una audaz y racional política de Estado que democratice el saber histórico desde los municipios. 

Necesario es crear una institución para el estudio, análisis y difusión de la historia local y nacional en todos los Municipios del país o refundar la institución del cronista de las ciudades y del campo. Es hacer de la historia insurgente el centro, el motor del hacer, de la creación de la conciencia histórica.

Es necesario crear o partir de lo existente y si es así, sobre lo que hay se debe transformar.  La institución del cronista de las ciudades y del campo debe ser autónoma, soberana en su administración, propósito y función. Un ente no sujeto al poder demoledor y caprichoso de circunstanciales mayorías legislativas municipales, que no pocas veces, a lo ancho y largo del país, irrespetan al cronista y lo tratan como un funcionario subalterno, prevalidos de su poder de censura inquisitorial y que con subterfugios y mañas inventan concursos y novedosas ratificaciones, con el único y mediatizado propósito de despedir, destituir al cronista oficial que no complace indebidas exigencias o que piensa y actúa con libertad y soberanía. 

Una institución que se debe fortalecer y adecuar a las necesidades de los nuevos tiempos, debe contar con recursos económicos, con una partida presupuestaria que cubra todos los gastos administrativos, de publicaciones periódicas, de salarios y sueldos decentes y de protección social de sus miembros, acorde con su alta misión pedagógica, así como tener una bien dotada biblioteca, una sala para conferencias, talleres, seminarios, conversatorios, foros, simposios y salón de audiovisuales, también tener una la imprenta municipal para la divulgación de su labor didáctica, de sus trabajos de investigación, acompañada de los recursos económicos para  una verdadera, seria y periódica política editorial, para la publicación de la historia local, regional y nacional, así como una revista mensual cuya impresión sea suficiente para la labor que se propone, todo ello para la construcción de un conocimiento histórico y cognitivo descolonizador.

Ha de ser una institución que se conciba como un ente multidisciplinario, con la incorporación de profesionales afines a los historiadores: antropólogos, sociólogos, arqueólogos, editores, geógrafos, informáticos, fotógrafos, etcétera. Incluso prever como máxima preocupación la creación de los niños cronistas, una maravillosa idea adelantada y creada en Cagua, por el poeta Oscar Orlando Conde Fernández. 

Solo así, avanzaremos en la construcción de la conciencia histórica nacionalanista, bolivariana, simón rodrigueana, mirandina y zamorana, es la forma de encontrarnos con nuestra verdadera identidad, libre de la cultura colonialista, esto posibilitará dar las futuras batallas cognitivas, tan necesaria en una nueva etapa de agresiones a nuestra soberanía, de la directa presencia del dominio imperial y de la imposición de sus “valores” para la dominación.

Una institución municipal autónoma en todas las localidades del país para el estudio de la acción humana en la comunidad, su desarrollo, sus conflictos, sus transformaciones, explicar la totalidad de la vida en común. 

Es educar en la historia, sobre la memoria de los pueblos, de sus recorridos como comunidad humana, valerse de «la historia  como maestra de la vida» que educa en el pasado, analizando el presente para construir el porvenir, el futuro, que examina la acción humana no como narrativa individual y heróica, sino como acción humana colectiva.

Un pueblo con un pensamiento crítico, con conciencia histórica, ha adquirido el conocimiento necesario para transformar el hecho histórico (la sociedad) que interpreta. El pueblo educado, culto, con una sólida memoria histórica y una blindada identidad nacional, no le es dado a ser engañado y siempre pensará en soluciones transformadoras y libertarias. El estudio de la historia es la artillería para combatir el colonialismo del saber, es la garantía para triunfar dentro del alma de un pueblo. 

Desconocer la historia es un eslabón acerado y muy fuerte de la cadena de la opresión y la dominación de un pueblo,  imposibilitado que logré comprender que el colonialismo no solo es la conquista y ocupación de un territorio, la opresión del pueblo, sino que también es el control de la economía a través de las finanzas, de los recursos naturales y del monopolio de los sectores más dinámicos de la economía nacional. La historia le permite comprender que esta es una modalidad distinta que garantiza el dominio imperial, sin la presencia militar directa.

Los gobiernos lo saben, tienen conocimiento de la gran importancia de la historia para formar la conciencia patriótica nacional, pero no hay apoyo,  ni fomento de estimular organizadamente en todo el territorio nacional, en cada municipio, en cada alcaldía, comuna y consejo comunal, en las escuelas y liceo, en todo espacio público, el estudio histórico de los pueblos, ni hay bibliotecas, ni imprentas, ni política editorial masiva, ni fomento serio y coordinado de las lecturas como política de Estado, como tampoco refundar la institución del cronista de las ciudades o del instituto de historia en cada municipio. 

Para el colmo de todos los males, encontramos a unos (abundantes) «representantes» políticos sin disciplina de leer libros de historia, ni de ningún tipo, sin darle la importancia que tiene su estudio carecen de los fundamentos teóricos sobre la realidad, la identidad nacional y su vínculos con el poder, siendo frágil, débil su ideario, su pensamiento, “líderes” que queda atrapado en la cultura de las clases dominantes, así obstaculiza y frena el cambio social, careciendo de la conciencia que le permita descubrir su ignorancia.

Cierro este breve ensayo con el pensamiento de Simón Bolívar cuando afirmó: «Brindo por la verdad que siempre sale a la luz…por los hombres valientes que siempre hacen lo correcto…por América que merece libertad, construida con honor, no con la mentira del veneno».

Polvorín. Explosión insumisa de ideas. Un combate por la vida. Somos historia y cultura insurgente.

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