Guillermo Guzmán
Los resortes de la censura y de la inhibición ponen la verdad de bajo perfil porque dada la agresión, eso bloquea la cabeza; en contrario, el conocimiento la desbloquea.
Desde Chávez, decirle la verdad al pueblo ha sido y ha de ser una premisa de alto voltaje; a diferencia, la oposición y sus medios de difusión de embustes, por todos conocidos, y tal como el 11 de abril de 2002 cuando el golpe de Estado que tumbó al Comandante Supremo de la Revolución, la oposición golpista no hace otra cosa que embustear y cambiar de máscaras tratando de meterle gato por liebre al pueblo.
No obstante que la sabiduría popular venezolana supera escollos, lo ético, de parte nuestra es adelantarnos y decirle al querido pueblo la verdad desnuda ya que a diferencia de la mentira, de la Fake News contrarrevolucionaria, su antípoda, y que siempre anda vestida con ropa infame, la verdad revolucionaria nunca debe estrenar máscaras sino que debe andar a los cuatro vientos con la cara pelá porque así, de todas todas, la zumbó el Comandante Chávez, cada vez y sin esguinces, y particularmente cuando nos indicó que eligiéramos a Maduro como Presidente de la República Bolivariana de Venezuela.
A la sazón fue de sobresaliente impacto el énfasis de sus orientaciones en ese momento tan complicado, tan complejo, tan desbastador y el tener que expresarnos una verdad tan cruda y dura, desnuda, y de ese calibre: “…yo se los pido, elijan a Maduro…”, nos espetó con inusitada butría.
En esa entonces, al principio de una nueva etapa para la Revolución Bolivariana, o mejor decirlo, el entrar al desarrollo de una secuencia la mar compleja porque la ausencia física del Presidente Chávez nos empujó de un solo golpe a esa nueva secuencia y al frente de la cual nosotros situamos a Maduro como nuestro mascarón de proa, el pueblo se mantuvo firme y claro y desde entonces, supimos sortear la guerra feroz que en conchupancia con el enemigo imperial la oposición interna desarrolló y desarrolla.
La inmediata liberación de Maduro es crucial para Venezuela y eso hay que decirlo sin ambages y además hay que elevar el tono. Al respecto no hay moneda de cambio ni exigencias vanas. Queremos que el flujo petrolero se consolide para bien de todos pero no a cambio de la dignidad y la soberanía de Venezuela y de todos los pueblos de América del Sur.
Si la Casa Blanca está convertida en un fango eso es competencia del pueblo gringo y de quienes dicen gobernar en nombre de dicho pueblo, pero nosotros somos pueblo y gobierno decente, no crápulas.
El chavismo es para Venezuela lo que las cabillas a las paredes y Maduro y Cabello representan la expresa representatividad de Chávez. De modo que, en consecuencia, el ataque a Maduro es un solapado ataque contra Chávez, que ya es decir contra Bolivar; para imponer la balurda, mohosa e impresentable tesis del “destino manifiesto” y de la “doctrina monroe”.