
Caracas, 12 de abril de 2026
Atención
Sen. Rick Scott
Capitolio de Estados Unidos
Su despacho.-
Saludos senador Scott.
Me cuesta profundamente ser amable con usted, pero dice un dicho muy viejo, al menos en mi país, que «lo cortez no quita lo valiente».
Nunca antes había tomado la decisión de enviarle una correspondencia a alguien, precisamente, de su investidura, porque he considerado que a veces es mejor «no gastar pólvora en zamuros», más si a la persona que hay que darle respuesta deja entre dicho su personalidad, su entereza, y sus principios, que a todas luces andan por suelo, al parecer, sin que a usted le preocupe o le incomode.
Siendo más directo, de entrada le diré quien soy: un periodista venezolano, formado en la ilustre Universidad del Zulia, hace ya 4 décadas atras, en dónde me enseñaron, además de promover el periodismo con equilibrio y altura, a reforzar mi amor y respeto por mis semejantes, sobre todo por los más vulnerables, dentro y fuera de mi país, pero además enarbolando siempre la bandera de la paz.
Aunado a ello, sentimos un respeto profundo por los DDHH, pero al mismo tiempo por la libertad e independencia de los pueblos soberanos, y por la igualdad entre los hombres, cosa, que lastimosamente no ocurre en EEUU.
Usted, desgraciadamente, junto al gobierno de su país, viene irrespetando de manera descarada estos principios, que son irrenunciables en una verdadera sociedad democrática, como erróneamente EEUU quiere hacerle ver al mundo que lidera de manera pulcra, pero todos sabemos que no es así.
Paso ahora a ser más directo con usted.
Por lo general, cuando las personas de la tercera edad, como usted y yo, llegamos a esa etapa tan importante de la vida, tendemos a convertimos en verdaderos guardianes de las cosas buenas que alientan a los pueblos a vivir mejor.
Me explico: yo, que ya pasé los 70, y creo que usted debe estar próximo a cumplir los 80, si es que ya no los cumplió, deberíamos andar por ese mismo sendero que nos ofrece el destino, ya en el ocaso de nuestras vidas, procurando reforzar la paz y la cordialidad entre los pueblos, pero sobre todo, orientando a nuestras sociedades para que desatiendan los llamados de odio, que tanto daño le causan a las familias del planeta, precisamente por mensajes o narrativas erradas como las que usted a diario pregona.
Si, no se asombre. Los venezolanos apegados al amor, a la cordialidad y a la hermandad, entre los pueblos, venimos notando que usted, pese a que nombra a Dios para confundir, su conducta, como lo ha venido demostrando, apunta en otra dirección.
En lo personal siento, y me dispensa el atrevimiento, que usted encarna al propio eje del mal, es decir, al mismo diablo, pues sus constantes mensajes en contra de mi país, buscando quizás satisfacer intereses propios, hacen ver de manera clara que no andamos equivocados.
Por ello tomamos la determinación de reprocharle, a través de estar carta, su conducta, que a todas luces merece nuestro cuestionamiento.
Usted, y vale el recordatorio, desde hace tiempo atrás irrespeta todo principio internacional, por cuánto viene actuando de manera injerencista en los asuntos internos de Venezuela.
Si, así como lo escucha: a todas luces, repito, usted viola la independencia y la soberanía de Venezuela. Pretende hacer ver, incluso, antes de la reprochable invasión, que somos una colonia o un protectorado de EEUU, y eso está muy, pero muy lejos de la realidad, al menos mientras corra sangre patriota por nuestras venas.
Le recuerdo que usted no está investido por las leyes de su nación para que actúe como lo viene haciendo, desde hace mucho tiempo.
Se ha convertido en un instigador, en un provocador, que procura todos los males para la sociedad venezolana, solo porque decidimos escoger un sistema de gobierno, que en estos aciagos momentos da un giro sin norte seguro.
Pese a que el presidente Trump llegó a un acuerdo con la presidenta (e) Delcy Rodríguez, para lograr la estabilidad de nuestra nación, usted se ha atrevido a querer romper con ese plan de paz y entendimiento entre EEUU y Venezuela, que el propio mandatario estadounidense planificó y está dirigiendo para bien de ambas partes.
A usted no le asiste, repetimos, ningún derecho al querer interferir en este importante acuerdo, menos ofender y pretender exponer al escarnio público a la presidenta Delcy Rodríguez, quien además de ser una dama, viene dando muestras de que es una persona pensante, eficiente, decidida, amiga del pueblo estadounidense, pero también amante de la paz y de su Patria, como lo ha venido demostrando, con la frente en alto.
Déjeme decirle algo, senador Scott. Usted con su conducta permanente deja ver que apoya sin recato a la violenta MCM, quien llamó y alentó todo el tiempo a las tropas estadounidenses para que invadieran a su propio país. Esto nos hace ver que a usted le asiste un marcado interés que el fascismo gobierne en Venezuela, pero sobre todo creemos, y no nos retractamos, que busca, además, satisfacer intereses personales, quizás a través de jugosos contratos con la explotación petrolera y con el oro.
Para no extendernos más, utilizó está misiva, a nombre de la mayoría del pueblo venezolano, para exigirle que cesen sus ataques, que no continúe tratando de enlodar las buenas relaciones que hasta ahora tiene el presidente Trump con la presidenta Rodríguez, a quien exalta y alaga cada vez que la nombra, pues es un derecho irrenunciable que tenemos todos los venezolanos de querer vivir en paz, en un mundo multipolar, en dónde todas las naciones del mundo tienen derecho a estrechar relaciones entre si, bajo un marco de cordialidad, igualdad y respeto, sin que ninguna de las partes salgan afectados.
Yo aspiro, por mi parte y por mi avanzada edad, retirarme pronto del periodismo con el deber cumplido, aunque creo que moriré sosteniendo el lápiz y el papel, quizás escribiendo la realidad de lo que le ha acontecido en perjuicio de la soberanía de mi país, por culpa de su nación. En su caso, le repito, por su edad, debería retirarse a vivir sus últimos años al lado de sus bisnietos, y eso sí, procure que no surja alguien cercano a su descendencia y le cuenten con detalles lo nefasto que fue su bisabuelo, mientras ocupó, erroneamente, el puesto de senador de EEUU.
Sin más, le deseo salud y que Dios lo perdone y contribuya a limpiar su alma de tanto odio.
Atentamente,
Lic. Italo Urdaneta
Comunicador Social