Por: Eduardo Orta Hernández
Soy Cagua. Soy Caribe. Soy Meregoto.
Agarrados de las manos, muestra solidaria y de comunión y amistad, acompaño a mi vecina al barrio, quien no tiene carro y le sobra dignidad y preocupación, en su angustia por sus hermanos.
Se empacó algunos alimentos, unas cositas para la bebe recién nacida, la tercera de Petra, joven de 28 años, sin profesión ni estudio, es la jefe de calle, junto a su hermano en la Ubch. Colaboradores y dispuestos a todo las 24 horas, los 365 días del año, cada vez que el partido los necesita. Siempre libres por desempleados y sin obligación escolar.
En total son cinco, una, la mayor responsable y diligente, cuidadora de sus menores hermanos -aunque todos adultos- jamás los ha abandonado, es la arrecha de la casa, todos se le paran firme, quiso estudiar, lo intentó, curso tres años de medicina, a pesar de la extremada pobreza, pero que va, tuvo que trabajar vendiendo perro calientes y dejar los estudios.
Que lastima, seguro estoy, sería una insuperable profesional, pues tiene un elevado sentido de hacer el bien al prójimo, cuántas abuelas o abuelos abandonados y solo, -en el barrio,- se enferman y ella presente y a su lado, ayudando al cuidado de la salud. Es vocación, es servicio, es entrega y solidaridad humana. Pero ni modo, entre tanta miseria, sin apoyo real gubernamental, sin política sociales, pudo más la realidad material que su voluntad de estudiar. Terminó con cuatro niños, bellos, son una bendición de los Dioses ancestrales, los nuestros, los borrados a la llegada de los conquistadores, por supuesto, no continuó estudiando. Quizás después retome los estudios, porque tiene guaramo y carácter, “tabaco en la vejiga”, como me dijo Rafael Camejo, el coplero, cantador de Barinas, el que se lució en el festival de Villavicencio.
El hermano varón, de 22 años, disciplinado José Jesús, nombre de santo, según la cristiandad, un buen muchacho, responsable, digno, honrado, ahorrativo, alejado de vicios y alcohol, una maravilla, trabaja en un supermercado, entra a las 7:30 de la mañana y termina su jornada a las 7:30 de la noche, doce horas diarias de lunes a lunes, sin protección social, sin seguro, sin beneficios ni oportunidades de estudiar, sin vacaciones, sin medicina, sin quien le atienda la salud cuando se enferma. En el rancho duerme en una cama sencilla que comparte con su hermano menor. No tiene televisor ni nevera. Se me olvidaba José Jesús, es padre de un niño, de dos años, es su adoración, por cosa de la vida, el solo (sin la madre) lo está criado, con el apoyo de su hermana mayor, los domingos lava la ropa y la cobija después de salir del trabajo apurado a las 3:30 pm. La ropa de él y la del niño. Cuando se enferma el bebé, es una angustia, carece de dinero para comprar la medicina, ya que gana 5O dólares semanales, pagados a BCV y gasta 10 verdes o lechugas en pasajes.
¿Cómo vive? En permanente privación y en la miseria, sin oportunidad de estudiar, sin futuro. Me cuenta que a veces quiere ir al cine, al circo o al zoológico (esa cárcel de animales) y pasear con su hijo, pero ni real ni tiempo para esos privilegiados gustos que otros sí disfrutan. Una vez, con lágrimas, me dijo, “quiero estudiar, sacar el bachillerato, pero como, no puedo, eso es soñar en lo imposible, mi vida es una miseria”. Hubo silencio de mi parte. Me conmovió, no tuve palabras, de hablar, con ese tremendo nudo en la garganta, seríamos dos lo que llorariamos, inundando al pueblo con tanto sentir.
Pensé, vivimos en un país petrolero, lleno de oro, coltán, hierro, con grandes ríos, hermosas autopistas, rascacielos, lujosos centros comerciales y un sinfín de cosas, un largo etcétera, incluyendo los funcionarios con blindadas camionetas, a quienes nunca se le ha conocido trabajo fijo ni ejercicio profesional, esto no es justo. Si el pueblo estuviera organizado, existiera partido, organización y gobierno revolucionario, fuera el gran alivio, la luz al final del túnel, pero estamos jodidos, la esperanza dispersa, intervenido y tutelado, nuestras riquezas en manos extranjeras, del coloso que Bolívar denunció como el gran diseñador de nuestras miserias y calamidades. .
¡¡Carajo!! volvimos atrás, retrocedimos a finales del siglo XIX y buena parte del XX, ¡¡CUUUUÑO!!, las ocho horas de trabajo, las ocho horas para distraerse y las ochos horas para dormir, acaso no costaron huelgas masivas, luchas, manifestaciones y castigo, privación de libertad, persecuciones, crímenes, despidos, el patíbulo, la horca, la silla eléctrica y los muertos en las calles, obreros asesinados que lucharon por esa reivindicaciones, conquistadas con sangre, al punto de ser reconocida en las leyes laborales y en las Constituciones de distintos los países, como derechos fundamentales del hombre, la mujer y la sociedad.
Entonces qué carajo pasó en Venezuela, se creó una moderna Ley del Trabajo y la más adelantada Carta Magna del mundo, que establecen los elementales y superlativos, en grado máximo los derechos de los trabajadores, pero se volvió pura paja, sal y agua, ilusión para pendejos, a pesar de su cumplimiento durante los primeros años, mientras su humanista creador estaba vivo, porque después de muerto, todos, el gobierno, sus instituciones y los “desgañotados” dirigentes “clasistas” y sindicaleros, traficantes del hambre ajena. Se han olvidado, la han echado al cesto de la basura, pregúntale a los comerciantes, dueños de supermercados, ferreterías, tiendas e industriales, etc, Nadie la cumple, son letras muertas, bueno antes del 2013 y después del 2000, la vaina era distinta, el tipo, el presidente si hacía respetar los derechos de los obreros y se llevaba por delante a quien fuera, cuando se trataba de defender al pueblo humilde y trabajador. Pero, ahora la vaina no es así, que lastima, no hay sindicatos clasistas, ni nadie que defienda y ayude a organizar en este sálvese quien pueda.
Manuel es el otro de los hermanos, huérfano, igual que el resto, por muerte prematura de su padre, no estudia, cómo, si no tienen para comer y mucho menos para comprar los útiles escolares. Para mantenerse, para alimentarse paren todos los días, algo caliente cae al estómago, una vez al día, otra veces, dos veces y muy raro que sean las tres papas, en alguna oportunidades, los vecinos se manifiestan y le dan un plato de comida.
El otro es Pedro, yo le digo el filósofo, ese carajito se la sabe de verdad todas, no es pendejo, pero tampoco malo, ni un bichito, al contrario tiene un gran corazón y como es un buen observador y habla poco, tiene unas vaina de sabio, como la vez que sin cédula, una alcabala policial paró el bus, se quedó sentado, no se bajó, los policías pasaron por su lado y nada ocurrió, el resto lo bajaron y les revisaron hasta el alma, pero
pero a Pedro ni lo observaron. ¿Y como hizo? nada. Se quedó quieto y como mide 1,20 cmts, con una cara y un cuerpo de niño, sentadito y tiesito se quedó al lado de una señora que no conocía, con gran temple, con todos los nervios bajo control, se puso más chiquito de lo que es, se encogió y convertido, un ser de 25 años, en un bebé, en un niño, por su apariencia y constitución física y uuuf salvo el trance. Hay que tener seguridad, dominio de sí mismo, confianza, nervios de acero, valentía, voluntad e inteligencia para bailarse una cuadrilla de los azules. El pueblo es sabio y valiente como decía Alí Primera.
Otro día, le dijo a la hermana, está bien que tú sea solidaria con los vecinos y le preste el budare a Gertrudis, pero ella ayer compró un aire acondicionado, dos televisores y una nevera, con los reales que le enviaron sus hijos del exterior, caramba y no tenía 10 dólares para comprarse el budare de hacer las arepas y quitarse de encima esa limitación. Pero no, mejor venir cada mañana, esperar que se enfríe el platón, una vez, que tú, hermana, lo has usado, para poder ella ir a hacer las redonditas esas. Aaaah, no, la viveza criolla, esa que heredamos de la colonia, porque los indígenas no tenían esa conducta individualista y aprovechadora, tenemos, tu lo sabes, cinco siglos bajo dominación de un sistema de aprovechamiento, lucro, apariencia, acumulación, egoísta, miserable que educa para eso, para ser vivo y sacar ventaja en todo lo que se pueda. Ponte pila, ayuda, pero no sea pendeja, vivimos en un mundo de “vivos y avispaos” por culpa de la cultura capitalista
Quedé pensando, eso lo dijo Pedro, todo creen que es “bolsa o pendejo”, pero el hombre, con cuerpo, cara y timidez de niño, piensa razona de una manera, que cuando habla tiembla la tierra.
Cinco muchachos contra el mundo, se ayudan, con los operativos, que si del gas, de las comidas, las bolsas y cuando la vaina aprieta, arrancan para el cuartel y se alistan para servir a la patria, unas semanas o meses, allá comen y así pasan la hambruna, consiguen unos churupos y cuando deciden se dan de “baja” y repiten lo mismo tiempo después, los militares ya lo conocen y comprenden, se han convertido en su apoyo en los momentos de crisis.
No estudian, son cinco hermosos seres humanos, de grandes sentimientos, no se abandonan, se ayudan entre si, solidarios en la comunidad con todo aquel que requieren de sus manos generosas, son expresión viva de un pueblo que se debate entre la opulencia, la riqueza, la corrupción, el buen vivir para unos pocos, por una parte, y por la otra, de la pobreza, la falta de oportunidades, el abandono gubernamental, la muestra de honestidad y servir al bien común, la mayor expresión de la solidaridad humana en cada detalle, en cada actuar que requiere el vecindario, sin esperar recompensas y reconocimientos.
Esto hay que cambiarlo, no joda, no es justo, ni digno que nuestra juventud viva en la miseria, sin oportunidades y trabajando como esclavos.
Polvorín. Explosión insumisa de ideas. Un combate por la vida. Somos historia y poesía insurgente.
Cagua, noviembre de 2026.