Por: Eduardo Orta Hernández
Soy Cagua. Soy Caribe. Soy Meregoto.
Caminar los espacios que conecta el centro de Cagua con la Urbanización la Segundera es conectarse con un ambiente de limpieza, con la avenida recién construidas y aceras peatonal, que permite a los transeúntes ir y venir, hecho costumbre producido por la invitación del actual sano ambiente.
Son tres kilómetros de recién sembrados árboles, una hilera en su parte sur y norte, con una data de cuatro a cinco años y otros más recientes, los primeros ya tienen su floración para el disfrute de la población, es verdaderamente agradable ver como sus verde copas se mueven al ritmo del viento, la erguida estampa de los Apamates bien cuidados, con un permanente mantenimiento durante un quinquenio, cuando florecen un regalo de la naturaleza para la vista, para la admiración, toda una agradable estética.
Así, ha habido una adecuada política municipal, en materia de arborización ornamental en el mencionado trayecto, también las hay en otros espacios, usted ve y disfruta de los distintos matices de el flamboyán y la Jacarandá, el Araguaney, los imponentes Pinos, presente en Corinsa, el cuido y el plantar también en la carretera nacional que conduce a Villa de Cura, en el tramo Cagua y las oficinas de tránsito terrestre y un poco más allá, sin descuidar algunos barrios, cuya entrada saludan, con grata sonrisa los ojos de quién mira las siembra de plantas ornamentales, en las avenidas y plazoletas, junto a los parques para la recreación y el ejercicio, una población por siempre excluidos, ahora dispone de canchas y modernos aparatos para mantener el cuerpo a tono. Es una verdad limpia, a la vista de todos, que se impone al proselitismo electoral, a las mezquindades de adversarios y opositores.
Espacios para la verdadera comunicación del ser humano con la naturaleza, cuando se siembra, se crean plazas arboladas, se cuida y se mantiene de manera constante, ahí se siente la comunicación espiritual entre el verde paisaje, el hombre, la mujer y el niño.
Mantener en el tiempo esa acertada iniciativa, depende -no de los futuros gobiernos municipales-, sino que su continuidad se garantiza, cuando junto a la siembra, el mantenimiento de lo hasta ahora hecho y lo por hacer, se vaya transfiriendo a la sociedad organizada, a los Consejos Comunales, a las Comunas, a las Asociaciones Civiles, a la Juntas de Condominio, a los centros de enseñanzas, a los comerciantes, a los deportistas, todos estos, junto al gobierno municipal, es la garantía que permanezca -lo logrado- de forma infinita, no debe -la política de arborización- depender de la sola voluntad y de los criterios de futuros Alcaldes, así se corre el riesgo que sea abandonada la siembra y su mantenimiento, en el supuesto caso, que otros representantes del gobierno municipal, no tengan ningún interés en la sensata y racional política arbórea, adelantada en el Municipio Sucre. Si el interés es crear una cultura verde, por tiempo indefinido, necesariamente se debe superar lo paternal, el individualismo y proteger la política pública de arborización, de futuros resultados electorales. Los ciudadanos tienen que dejar de ser simples observadores y convertirse en sujetos activos.
La arborización se tiene que concebir como una propuesta integral de la ecología social sobre la planificación urbana, que no puede excluir el ejercicio de la ciudadanía, el civismo y la soberanía territorial, no queda limitada a la estética de la transformación del paisajismo, ya que es una filosofía de la vida, en la comunicación armoniosa entre el ciudadano, el espacio público y la naturaleza. Incluye lo estético, lo climático, la salud y la vida, la lucha contra el calor y el calentamiento global.
Otro aspecto relevante, es que se emprenda, en todo el territorio, en todo espacio público la siembra de árboles frutales, el beneficio sería grande al ver florecer y madurar los mangos, los mamones, el cotoperiz, los granados, las guanábanas, el tamarindo, el caimito, el níspero, incalculable el beneficio para la fauna, las aves, las ardillas, las iguanas, el ser humano, en tiempo de cosecha todo es de utilidad.
Es en sí mismo, la creación material de un corredor biológico urbano que provea alimentos para los seres vivos a partir de una sólida enseñanza del respeto al árbol desde la infancia
Para lo anterior, tanto en la siembra y mantenimiento de plantas ornamentales y frutales, así como aquellos árboles de grandes copas, por ejemplo el Jabillo, la Ceiba, el Cedro, el Caro Caro, El Samán, además de los arriba mencionados, entre otros, necesario el protagonismo y la participación del pueblo organizado, así como construir política de permanente concientización, sería una activa pedagogía militante, para crear una sólida cultura ambiental, una cultura verde, que permita las herramientas para elevar el amor y el sentir por los árboles y la siembra en general.
Para diseñar una constante educación en todo el municipio, necesario y útil que se organicen foros, conferencias, seminarios, se elaboren materiales escritos, se cree las bibliotecas ambientales y una red de vigilantes municipales en el área ambiental, sin olvidar las brigadas escolares de estudiantes y maestros, que hagan respetar (con el concurso de la comunidad organizada) lo sembrado, así como la cosecha de los frutos y el respeto a la fauna y a las aves, de esta manera, todos contribuimos en la creación de un ambiente de bienestar, de salud y recreación.
Todo espacio público, las calles, las avenidas, las islas o camellones, los terrenos municipales y hasta los privados, debe estar sembrado, ello beneficia al clima, a los seres humanos, a los animales, nos permite vivir dentro de un ambiente acogedor, que invite a recorrer y caminar entre la sombra y escuchar el cantar de las aves, compartir las frutas con las ardillas, entre olores de las flores, las Trinitarias, las Magnolias, los Rosales, los Jobos, el Merey, así presente en el agradable ambiente, la felicidad de los niños y las miradas complacientes de sus abuelos, de sus padres. Cundir masivamente la ciudad de árboles y de parques es vida y salud, es construir patria, preservar el planeta tierra, ejercer soberanía y desarrollar la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela y las leyes ambientales.
Al sembrar, al reforestar se cuida el ambiente, el suelo y esto, sin duda alguna, es un acto de defensa del territorio y un ejercicio directo de la soberanía al resguardar el futuro biológico y comunitario de la nación.
Por lo pronto, nos queda cuidar lo hecho, lo existente, así como lo ya sembrado -en pasado tiempo- por el hombre o la naturaleza y avanzar hacia el logro definitivo de una ciudad verde, sembrada, amable, de buen clima, participativa, protagónica y amante de las áreas verdes, alejada de la quema, de la irracional tala y de desérticos y agrestes espacios.
Cagua, 23 octubre 2026
Polvorín. Explosión insumisa de ideas. Un combate por la vida. Somos historia y poesía insurgente.